viernes, 31 de enero de 2014

LA SAGRADA FAMILIA

En uno de los lados de un pequeño cofre, una ventana se abre a un frasco. Este receptáculo precioso, atravesado por la luz sin ser roto, es metáfora del seno virginal de la Madre de Dios, que fue atravesado por la «luz nacida de la luz» sin que fuera quebrada su virginidad. Sobre la mesa, una pera simboliza la dulzura y la suavidad de los sentimientos de María. En el suelo, unas humildes hormigas, que trabajan ocultamente, austeras, honestas, virtuosas y sociables, representan el modelo del buen cristiano. Son siete. Este número sagrado significa la perfección evangélica a la que lleva la imitación de la humildad de la Sagrada Familia. En la casa de Nazaret, la familia de Jesús nos brinda la amable escena de la felicidad doméstica. Esta felicidad es una bienaventuranza. Manifiesta el misterio de la salvación que se realizará en la eternidad, tras cruzar el sufrimiento y la muerte. José cepilla una viga que evoca el madero de la cruz, mientras que María borda bellamente un gran lienzo blanco. Jesús alza el encantador rostro de la niñez, alegoría de la humanidad llamada a renacer para entrar en el reino de Dios. Sin embargo, este niño nos revela su divinidad al sujetar con un hilo la pata de una curruca de olivo. Este pájaro, amigo del hombre, supera incluso al ruiseñor en el virtuosismo de su canto. Simboliza al Verbo de Dios bajado del cielo y venido a habitar entre nosotros, que somos cautivos de la carne. Por último, a los pies del Niño Dios, hay una chinche roja. Su «cuerpo de fuego» es testimonio del amor con que el Hijo de Dios arde por la humanidad. Y, cuando se la mira de frente, se descubre dibujado sobre su dorso el rostro estilizado de Cristo. Admiremos la fe que, en el siglo XV, empujaba a nuestros padres a reconocer la presencia simbólica del Señor hasta en los objetos más modestos de la vida cotidiana. Que los esposos cristianos puedan compartir esta fe de los humildes de corazón y vivir lo ordinario de su vida familiar, en el crisol de sus límites y de sus dificultades, como una liturgia de comunión en la caridad de Cristo. ¿Acaso, en la vida de familia, no va todo encaminado a dar la vida por amor?


Pierre-Marie Dumont

(Traducción del original francés: Pablo Cervera Barranco)


La Sagrada Familia, sacada de un Libro de Horas español, posterior a 1461, ms. 18193, f. 48v., The British Library, Londres, Inglaterra. 

© British LibraryBoard/Robana/Leemage.

A los obispos de Austria: La familia, en el c...


A los obispos de Austria: La familia, en el corazón de la Iglesia evangelizadora
Ciudad del Vaticano, 31 enero 2014 (VIS).-El Papa Francisco recibió ayer a los prelados de la Conferencia Episcopal de Austria al final de su visita “ad Limina” y entregó,a los obispos el texto del discurso a ellos destinado. En el texto, el Santo Padre habla de la simpatía de la Iglesia austriaca por el Sucesor de Pedro que se manifestó concretamente durante la visita del Papa Benedicto XVI al santuario de Mariazell en 2007, a pesar de que los años siguientes representaron una fase difícil para la Iglesia en ese país que se reflejó entre otras cosas en el descenso del número de católicos. Pero esa tendencia, escribe, “no puede encontrarnos inertes, sino alentar nuestros esfuerzos para la nueva evangelización, siempre necesaria”.
 
Francisco afirma que ser Iglesia “no significa gestionar, sino salir, para ser misioneros, para llevar a la gente la luz de la fe y la alegría del Evangelio. No nos olvidemos de que el impulso de nuestro compromiso de cristianos en el mundo no es la idea de la filantropía o de un humanismo vago , sino un don de Dios, que es el de la filiación divina que recibimos en el Bautismo . Y este don es a la vez una tarea. Los hijos de Dios no se esconden, aportan ,más bien, al mundo la alegría de su filiación divina .
 
“La Iglesia -prosigue citando el Concilio Vaticano II- comprende en su propio seno a pecadores", es decir, la santa Iglesia siempre tiene necesidad de purificación. Y eso significa que siempre debemos estar comprometidos con nuestra purificación, en el Sacramento de la Reconciliación.... Como pastores de la Iglesia queremos ayudar a los fieles, con ternura y comprensión, a redescubrir este admirable sacramento y experimentar en este don el amor del Buen Pastor. Os pido, por lo tanto , que no os canséis de invitar a los hombres al encuentro con Cristo en el Sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación”.
 
“Un área importante en nuestro trabajo de pastores -señala- es la familia, que se encuentra en el corazón de la Iglesia evangelizadora... La base sobre la cual se puede construir una vida familiar armoniosa es, sobre todo, la fidelidad matrimonial. Por desgracia , en nuestro tiempo vemos que la familia y el matrimonio en los países del mundo occidental, sufren una profunda crisis interna... La globalización y el individualismo postmoderno promueven un estilo de vida que hace que sea mucho más difícil el desarrollo y la estabilidad de los lazos entre las personas y no es favorable a la promoción de una cultura de la familia. Aquí se abre un nuevo campo misionero de la Iglesia , por ejemplo , en grupos de familias donde se crea espacio para las relaciones interpersonales y con Dios, en el que pueda crecer una auténtica comunidad que acoge a todos por igual y no se encierra en e grupos de élite. ..La preocupación de la Iglesia por la familia comienza con una buena preparación y un acompañamiento adecuado de los esposos así como con la exposición fiel y clara de la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio como sacramento es un don de Dios y, al mismo tiempo. un compromiso”.
 
De la familia, el Papa pasa a la parroquia, al “gran campo que el Señor nos ha confiado para que sea fructífero con el trabajo pastoral. Los sacerdotes y párrocos deben ser cada vez más conscientes de que su tarea de gobernar es un servicio profundamente espiritual. El párroco dirige siempre la comunidad parroquial , contando con la ayuda y al mismo tiempo con la valiosa contribución de los distintos compañeros de trabajo y todos los fieles laicos... Hay muchas personas que están en búsqueda, aunque no lo admitan. Todo el mundo está llamado; cada uno es enviado. Y no está dicho que el lugar de la llamada sea solo el centro parroquial... la llamada de Dios puede llegar en cualquier lugar de la vida cotidiana”.
 
“Hablar de Dios -finaliza- llevar a los hombres el mensaje de amor de Dios y de la salvación en Jesucristo, para todos los hombres, es el deber de todo bautizado. Y esa tarea abarca no solo el hablar con palabras, sino todo el actuar y el hacer.... Precisamente en nuestro tiempo, cuando parece que nos convertimos en " pequeño rebaño" estamos llamados como discípulos del Señor , a vivir como una comunidad que es la sal de la tierra y la luz del mundo”.
 
 

El Cardenal Antonio M. Rouco Varela en Roma a...

El Cardenal Antonio M. Rouco Varela en Roma acompañando a las familias neocatecumenales
(RV).- (Audio)  El cardenal Antonio María Rouco Varela, viajó a Roma para participar en el encuentro del Papa con las familias del Camino Neocatecumenal. Sobre esta misión habla para el micrófono de Radio Vaticano, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, recordando también el día de la misa de la familia en Madrid cuando él bendijo a los que comenzaban dicha misión. En la entrevista también habla sobre el encuentro de la mañana del viernes con el Santo Padre quien le recibió en audiencia junto con el Rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, el reverendo Javier María Prades López. 

“El Santo Padre es una sorpresa del Espíritu”, asegura el cardenal español en relación al Pontificado del Papa Francisco, y añade que “en España se está viviendo con una gran expectación” la era Francisco. (MZ-RV)

La tentación es el pan nuestro de cada día, e...

La tentación es el pan nuestro de cada día, el Papa el viernes en Santa Marta
(RV).- Cuando la presencia de Dios entre los hombres viene a menos, “se pierde el sentido del pecado” y de esta manera puede suceder de hacer pagar a otros el precio de nuestra “mediocridad cristiana”. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía de la Misa de la mañana en la Casa de Santa Marta. Pidamos a Dios, exhortó el Papa, la gracia que en nosotros no disminuya jamás la presencia “de su Reino”. 

Un pecado grave, como por ejemplo el adulterio, disminuido a un “problema de resolver”. La elección que cumple el rey David, narrada en la primera Lectura de hoy, se convierte en el espejo ante el cual el Papa colocó la conciencia de todo cristiano. David se encapricha de Betsabé, mujer de Urías, un general suyo, se la trajo y envió al marido al frente de batalla, causándole la muerte y de hecho perpetrando un asesinato. Sin embargo, adulterio y homicidio no lo impresionan tanto. “David se encuentra ante un gran pecado, pero él no lo percibe como un pecado”, observó el Pontífice. “No le viene a la mente pedir perdón. Aquello que le viene a la mente es: ‘¿Cómo resuelvo esto?’”:

“A todos nos puede pasar esto. Todos somos pecadores y todos estamos tentados y la tentación es el pan nuestro de cada día. Si alguno de nosotros dijese: ‘Pero yo jamás he tenido tentaciones’, o eres un querubín o eres un poco tonto, ¿no? Se entiende… En la vida es normal la lucha y el diablo no está tranquilo, él quiere su victoria. Pero el problema – el problema más grave en este pasaje – no es tanto la tentación y el pecado contra el noveno mandamiento, sino cómo reacciona David. Y aquí David no habla de pecado, habla de un problema que debe resolver. ¡Esto es una señal! Cuando el Reino de Dios viene a menos, cuando el Reino de Dios disminuye, uno de los signos es que se pierde el sentido del pecado”.

Cada día, rezando el “Padre Nuestro”, pedimos a Dios “Venga Tu Reino…”, lo que – explicó el Santo Padre – quiere decir “crezca Tu Reino”. Cuando en cambio se pierde el sentido del pecado, se pierde también “el sentido del Reino de Dios” y en su lugar – subrayó el Obispo de Roma – surge una “visión antropológica súper potente”, aquella por la cual “yo puedo todo”:

“La potencia del hombre en lugar de la gloria de Dios! Éste es el pan de cada día. Por eso la oración de todos los días a Dios ‘Venga tu Reino, crezca tu Reino’, porque la salvación no vendrá de nuestras picardías, de nuestras astucias, de nuestra inteligencia para hacer negocios. La salvación vendrá de la gracia de Dios y del entrenamiento diario que hacemos de esta gracia en la vida cristiana”.

“El pecado más grande de hoy es que los hombres han perdido el sentido del pecado”. Francisco citó esta célebre frase de Pío XII y después dirigió la mirada a Urías, el hombre inocente mandado a la muerte por culpa de su rey. Urías, dice el Papa, se convierte entonces en el emblema de todas las víctimas de nuestra inconfesable soberbia:

“Les confieso, cuando veo estas injusticias, esta soberbia humana, también cuando veo el peligro de que a mí mismo me suceda esto, el peligro de perder el sentido del pecado, me hace bien pensar en los tantos Urías de la historia, en los tantos Urías que también hoy sufren nuestra mediocridad cristiana, cuando nosotros perdemos el sentido del pecado, cuando nosotros dejamos que el Reino de Dios disminuya… Estos son los mártires de nuestros pecados no reconocidos. Hoy nos hará bien rezar por nosotros, para que el Señor nos dé siempre la gracia de no perder el sentido del pecado, para que el Reino no disminuya en nosotros. También llevar una flor espiritual a la tumba de estos Urías contemporáneos, que pagan la cuenta del banquete de los seguros, de aquellos cristianos que se sienten seguros”. (RC-RV)

LECTIO DIVINA Sembrar mostaza, cosechar piedad

INVOCATIO: Piedad, Señor, porque he pecado.

 

LECTIO: 2Sam 11,1-4.5-10.13-17.27. David deja embarazada a Betsabé, esposa de Urías, el hitita; A éste lo manda a primera fila para que lo maten.Sal 50,3-7.10-11Ten piedad, Señor, por tu bondad, porque he pecado. Mc 4,26-34. El Reino de los cielos se parece a un hombre que echa la semilla en la tierra.

 

MEDITATIO: Existe un vínculo profundo y moralizante entre las lecturas de hoy. Es como una invitación a elegir entre dos estereotipos. David o Jesús; el reino de la tierra o el de los cielos. En muchas ocasiones David es figura de Jesús. Ambos son reyes, los dos levantan un reino de las cenizas, tienen la misma cuna y a uno y otro, de modo distinto les espera una tarea mesiánica. La primera lectura habla del pecado de David y las consecuencias para el reino de Israel. El evangelio habla de la semilla del Reino que Jesús esparce en la tierra. La semilla que echa el Nazareno, con ser la más pequeña llegará a ser un árbol grande y frondoso que cubra con sus ramas el planeta entero.  David fue ungido rey de Israel cuando apenas cumplía los quince años. No tuvo escuela, salió del campo y del pastoreo como un producto bruto y salvaje. Poco se habla de su espíritu religioso. Fue un rey grande porque logró unificar el reino de Israel, pero muy mediocre como persona; salvando sus habilidades para la música y la poesía, David fue un mujeriego de al menos 8 esposas; un lujurioso de innumerables concubinas; un criminal despiadado al matar al esposo de su amante y a su propio hijo Absalón; un orgulloso y engreído por los éxitos de guerra. Un reino manchado de sangre y crimen el de David. Un reino de justicia y de paz, de amor y de gracia el de Jesús. El pecado de David es clamoroso, no por la lujuria y el abuso, sino por el asesinato de Urías. Y el pecado de David no es mayúsculo por ser de un rey, es mayúsculo porque es pecado. Y el pecado ofende igual si es de un rey o de un vasallo, de un blanco o de un negro, de un profesor o de un alumno, de un sacerdote o de un feligrés, de un hombre o de una mujer, de un libre o de un esclavo, de un santo afamado o de un libertino empedernido. En el tiempo del Rey David, el pecado de adulterio se pagaba con la muerte, pero no del varón, sino de la mujer. Injusticias humanas, miopías sociales, aberraciones legales. Cuando David embaraza a Betsabé, le preocupaba que la lapidaran y entonces manda llamar al esposo que está en batalla para que se acueste con ella y así no se sepa del adulterio. Pero Urías, lúcido o ebrio, jamás bajó a su casa. Entonces, el rey lo mandó a la primera fila de guerra para que muriera. A veces las expectativas sobre las personas hacen más grandes las hazañas y perores los pecados. Pero para Dios todos son igualmente hijos y el pecado del hijo menor le ofende tanto cuanto el del mayor. El pecado hiere el corazón del Padre sin importar quién lo cometió y con qué arma. Y sin embargo el rey perverso en el pecado, es el Santo profeta David en el arrepentimiento. David pasará a la historia no como pecador malvado sino como el gran rey arrepentido. Y allá en lo alto no andan a la caza de malvados, sino en rescate de los caídos. El reino de los cielos se parece a la semilla que echa el sembrador en la tierra y también al pastor que deja las noventa y nueve ovejas en búsqueda de la perdida. En el Reino con mayúscula se siembra mostaza y se recoge piedad.

 

ORATIO: Eres, Señor, lento a la ira y rico en piedad. Ninguna culpa nuestra por más grande, puede contra la semilla más pequeña de tu amor. Tu misericordia no conoce fronteras. Has sembrado sólo amor, amor y más amor y tu siembra sería para recoger mucho amor. Cosechas, en cambio, Padre de bondad, la abundancia de tu misericordia y las migajas de nuestro amor.

 

CONTEMPLATIO:  Sembrar mostaza, cosechar piedad

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ACTIO: Ejercicio de arrepentimiento. En el Reino, Dios siembra amor y cosecha piedad. Estos son los ejercicios para entrar en el Reino de Dios. 1. Oración de arrepentimiento con el salmo 50. 2. Arrepentirse de los errores, de la inconciencia, de la malicia, del pecado. 3. Suplicar la piedad de Dios, su compasión, su misericordia. 4. Sentir y experimentar el bálsamo de su perdón, la reconciliación con el Amor de Dios. 5. Alegrarse y exaltar la compasión de Dios que convierte al pecador en santo.

jueves, 30 de enero de 2014

Lectura Patrística Trabajé siempre con amor

San Juan Bosco, presbítero
De las cartas (Epistolario, Turín 1959, 4, 201-203)
Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene, ante todo, que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana. 
¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar; amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez. 
Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia los llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor. 
Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor. 
Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor. 
Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón. 
Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente. 
Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como nos conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos. 
En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.
R/. Acercaban niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.»
V/. El que acoge un niño en mi nombre me acoge a mí.
R/. «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.»

miércoles, 29 de enero de 2014

lectio Presentación del Señor Presentación del Señor.

Texto del Evangelio de San Lucas  2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Lectura. (Lectio): (lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central).
Este relato nos presenta tres acontecimientos: la "purificación de María", el "rescate" del hijo primogénito Jesús mediante un sacrificio prescrito por la ley y la "presentación" de Jesús en el templo. María ofreció el sacrificio de los pobres, donde nos hace ver que la familia de Jesús se contaba entre los pobres de Israel. El rescate significará que este niño  ha sido entregado personalmente a Dios en el templo, por eso "presentado", "ofrecido". Jesús es llevado al Templo por José y María. Y los ancianos Simeón y Ana son los que testimonian y anuncian la presencia del Mesías esperado durante tantos siglos. Simeón es portador de esa larga espera por la llegada del Mesías y ahora puede morir en paz, porque ha podido contemplar lo que muchos profetas y reyes habían deseado ver: al Mesías prometido. Ese cántico de Simeón es una maravillosa profesión de fe, puesto que proclama la misión salvadora de Jesús, Y lo llama por esos atributos: "Luz y Gloria de Israel", "para todos los pueblos". Y las palabras proféticas de Simeón dirigidas a María, donde le anuncian esa profecía de la cruz, le precisan el destino de Jesús: Él es el Salvador, y como signo que será contestado, exige por lo tanto, una decisión por parte de las personas. No existirá neutralidad frente a la persona de Jesús y su propuesta salvadora. Estas palabras dichas por Simeón se refieren al rechazo histórico del pueblo de Israel, y que se refieren a la muerte violenta de Jesús, que constituye "la espada" que herirá a la Madre, símbolo de la comunidad que se dispersará al perseguir a su Señor.
El testimonio de Ana, que era de aquellos que esperaban la venida del Mesías, nos la presenta como aquella mujer sabia y piadosa que interpreta el sentido profundo de los acontecimientos históricos y del mensaje de Dios escondido en ellos: "dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel".
Meditación. (Meditatio): (saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad).
Cristo, en la liturgia de hoy, es presentado como "Luz". Porque mis ojos han visto a tu Salvador... Luz que alumbra a las naciones". Por eso la procesión con 'candelas' (velas) encendidas, simbolizaba el caminar del Pueblo de Dios hacia la Luz definitiva  hecha visible en Cristo. Porque en la historia de la Iglesia se formuló a través de una procesión que se hacía por la calles de Roma y donde el Pueblo de Dios llevaba las candelas (velas) encendidas siguiendo a Cristo Luz del mundo y de las gentes. Cristo "Luz de Luz"; la Luz y la Vida es por eso la Vida misma de las naciones. La Fiesta de hoy es un anticipo de la Luz gozosa en la noche de la Resurrección.
Acojamos a Cristo la Luz viva y eterna. Todos nosotros que celebramos y veneramos con íntima participación el misterio del encuentro del Señor, corramos  y vayamos todos juntos con espíritu fervorosos a su encuentro. Que ninguno quede excluido de esta Luz, que ninguno se obstine en permanecer metido en la oscuridad. Sino que avancemos radiantes e iluminados hacia Él. Recibamos exultantes en nuestro ánimo, junto con el anciano Simeón, la Luz radiante y eterna: Cristo".
Oración. (Oratio): (desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios).
Señor, hace cuarenta días, celebrábamos con alegría tu nacimiento. Hoy conmemoramos el día dichoso en que fuiste Presentado en el templo por María y José, para cumplir con la ley de Moisés; con ello nos dices que vienes a encontrarte con tu Pueblo pues te esperaban con fe. Así fueron impulsados por el Espíritu Santo aquellos dos ancianos, Simeón y Ana, que te reconocieron como 'Luz de la naciones' y anunciaron a todos. También nosotros congregados por el mismo Espíritu del Señor venimos a tu encuentro y a reconocerte como Luz de todos los Pueblos. Y hoy te reconocemos al participar en la fracción del Pan, mientras llega el día en que te manifestarás glorioso. Amén.
 
La Paz con ustedes.

El Papa Francisco contra la usura, "plaga soc...

El Papa Francisco contra la usura, "plaga social que hiere la dignidad humana"
Ciudad del Vaticano, 29 enero 2014 (VIS).- Al finalizar la audiencia general, el Papa ha saludado a los fieles presentes dedicando unas palabras a “Carta di Roma” y “Casa Alessia”, dos asociaciones que trabajan ayudando a los necesitados y refugiados, animándolas a continuar con su importante trabajo.
 
Francisco ha saludado también a las familias de los trabajadores de Shellbox de Castelfiorentino (Italia) que han perdido sus puestos de trabajo, porque la crisis ha causado el cierre de la empresa. “Mientras expreso mi cercanía -ha dicho-, deseo que los organismos competentes hagan todo lo posible, para que el trabajo, que es la fuente de la dignidad, sea la preocupación central de todos”.
 
Y por último se ha dirigido a las Fundaciones Asociadas al Consejo Nacional Antiusura. “Espero que las instituciones intensifiquen su compromiso con las víctimas de la usura, dramática plaga social. No es cristiano y no es humano que una familia no tenga para comer porque tiene que pagar el préstamo a los usureros ¡Esta dramática plaga social hiere la dignidad inviolable de la persona humana!.”.

Mensaje del Papa a las academias pontificias:...

Mensaje del Papa a las academias pontificias: La conexión entre fe y verdad a la luz del amor
Ciudad del Vaticano, 29 enero 2014 (VIS).-Las Academias Pontificias celebraron ayer tarde en el Aula Magna del Palacio San Pío X su XVIII Sesión Pública cuyo tema ha sido “Oculata Fides. Leer la realidad con los ojos de Cristo”. La introducción de los trabajos corrió a cargo del cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura y del Consejo de Coordinación entre Academias Pontificias.
 
En el curso de la sesión, el arzobispo Pietro Parolin, Secretario de Estado, leyó un mensaje enviado por el Papa Francisco a los participantes en que recuerda que el tema de este año remite a una frase de Santo Tomás de Aquino, citada en la encíclica Lumen Fidei y que las Pontificias Academias debaten la relación entre dicho documento y la reciente exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”.
 
“En ambos documentos -escribe el Papa- invito a reflexionar sobre la dimensión 'luminosa' de la fe y la conexión entre fe y verdad ... a la luz de la perspectiva del amor. La fe conoce en cuanto está unida al amor, en cuanto el amor mismo aporta luz. La comprensión de la fe nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad... De aquí se derivan importantes consecuencias tanto para el actuar de los creyentes, como para el método de trabajo de los teólogos: 'La verdad queda hoy reducida a la autenticidad subjetiva del individuo, válida sólo para la vida de cada uno. Una verdad común nos da miedo, porque la identificamos con la imposición intransigente de los totalitarismos. Sin embargo, si es la verdad del amor, si es la verdad que se desvela en el encuentro personal con el Otro y con los otros, entonces se libera de su clausura en el ámbito privado para formar parte del bien común...En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos”.
 
“Esta perspectiva -la de una Iglesia en camino y toda misionera- se desarrolla en la Exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. El 'sueño de una opción misionera capaz de transformarlo todo' atañe a la Iglesia entera y a cada una de sus partes. También las Academias Pontificias están llamadas a esta transformación para que al Cuerpo eclesial no le falte su aportación. No se trata, sin embargo, de operaciones exteriores, de 'fachada'. Se trata, más bien, para vosotros de concentraros todavía más 'en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario'”.
 
El Santo Padre concluye su mensaje con el nombre de los galardonados este año con el Premio de las Pontificias Academias a los jóvenes estudiosos de teología que dan su aportación a la promoción de un nuevo humanismo cristiano. Se trata, en esta ocasión, del reverendo Alessandro Clemenzia por su obra “En la Trinidad como Iglesia. En diálogo con Heribert Mühlen” y la profesora Silvia Vaccarezza por “Las razones de lo contingente. La sabiduría práctica entre Aristóteles y Santo Tomás de Aquino”.

La confirmación es obra de Dios, que se preoc...

La confirmación es obra de Dios, que se preocupa de que nuestra vida sea plasmada a imagen de su Hijo. Catequesis del Papa
(RV).- (Con audio y video)  La audiencia general de este miércoles estuvo dedicada al Sacramento de la Confirmación. El Papa Francisco recordó que este sacramento ratifica la gracia bautismal, nos une más firmemente a Cristo: afianza nuestra relación con la Iglesia y nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para defender la fe y confesar el nombre de Cristo sin avergonzarnos de su Cruz.
“La Confirmación es obra de Dios, que se preocupa de que nuestra vida sea plasmada a imagen de su Hijo, de hacernos capaces de amar como él, infundiéndonos su Espíritu Santo. Este Espíritu no cesa de actuar con su fuerza en nosotros, en toda la persona y durante toda la vida”, precisó el Obispo de Roma. 
(RC-RV) 
Palabras del Papa Francisco y saludo en nuestro idioma:
 Queridos hermanos y hermanas 
Hoy nos centraremos en el Sacramento de la Confirmación. Junto con el Bautismo y la Eucaristía, forma parte un proceso único de iniciación cristiana, a través del cual somos insertados gradualmente en Cristo, muerto y resucitado y recibimos una vida nueva, haciéndonos miembros de la Iglesia. El término Confirmación indica que este sacramento ratifica la gracia bautismal, nos une más firmemente a Cristo: afianza nuestra relación con la Iglesia y nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para defender la fe y confesar el nombre de Cristo sin avergonzarnos de su Cruz. Como todo sacramento, la Confirmación es obra de Dios, que se preocupa de que nuestra vida sea plasmada a imagen de su Hijo, de hacernos capaces de amar como él, infundiéndonos su Espíritu Santo. Este Espíritu no cesa de actuar con su fuerza en nosotros, en toda la persona y durante toda la vida. Cuando lo acogemos en nuestro corazón, Cristo mismo se hace presente y toma forma en nuestra vida: es él quien reza, perdona, infunde esperanza, sirve a los hermanos más necesitados, crea comunión y siembra la paz. Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, venidos de España, Argentina, Chile, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a recordar que hemos recibido la Confirmación, a dar gracias a Dios por él y a pedirle que nos ayude a vivir como verdaderos cristianos y a caminar siempre con alegría, según el Espíritu Santo que hemos recibido. 
Muchas gracias. 

En su cordial bienvenida y saludos también a los fieles de lengua italiana, el Papa se dirigió en especial a los voluntarios de las fundaciones contra la usura, encabezados por el Arzobispo de Bari, y expresó su anhelo de que «las instituciones puedan intensificar su compromiso al lado de las víctimas de la usura, dramática plaga social que hiere la dignidad inviolable de la persona humana». Y como es tradicional, al final de la Audiencia General, el Santo Padre dirigió un saludo especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. 
Recordando la proximidad de la celebración de la memoria de San Juan Bosco, deseó a los queridos jóvenes que la figura de padre y de maestro de este santo los acompañe a lo largo de sus años de estudio y de formación. 
Después de animar a los queridos enfermos a no perder la esperanza aun en los momentos más duros del sufrimiento, Francisco exhortó a los queridos recién casados a inspirarse en el modelo salesiano del amor preventivo en la educación integral de sus hijos.
(CdM - RV)

Traducción del texto completo de la catequesis del Papa en italiano
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En esta tercera catequesis sobre los sacramentos, nos centramos en la confirmación, que debe ser entendida en continuidad con el Bautismo, al que está vinculada de manera inseparable. Estos dos sacramentos, junto con la Eucaristía, constituyen un único evento salvador que se llama: la "iniciación cristiana", en el que somos insertados en Cristo Jesús muerto y resucitado, y nos convertimos en nuevas criaturas y miembros de la Iglesia. Es por ello que en su origen estos tres sacramentos se celebraban en un solo momento, al final del camino catecumenal, que era por lo general en la Vigilia de Pascua. Así venía sellado el camino de formación y de progresiva inserción en la comunidad cristiana que podía durar unos cuantos años. Se hacía paso a paso, ¿no?, para llegar al Bautismo, después a la Confirmación y a la Eucaristía.

Comúnmente hablamos del sacramento de la "Confirmación", una palabra que significa " unción". Y, de hecho, a través del óleo, llamado "sagrado crisma" venimos formados, en la potencia del Espíritu, a Jesucristo, que es el único verdadero "ungido ", el " Mesías", el Santo de Dios. Hemos escuchado en el Evangelio como Jesús lee aquello de Isaías, lo vemos más adelante, es el ungido: "yo soy enviado y ungido para esta misión."

El término "Confirmación" nos recuerda que este Sacramento confiere un crecimiento de la gracia bautismal: nos une más firmemente a Cristo; completa nuestro vínculo con la Iglesia; nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe, para confesar el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de su cruz (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1303). Y por esta razón es importante tener cuidado de que nuestros niños, nuestros muchachos tengan este sacramento. Todos nos preocupamos de que estén bautizados y esto es bueno, ¿eh? Pero tal vez no tengamos tanto cuidado de que reciban la Confirmación: quedan a mitad de camino y no reciben el Espíritu Santo, ¡eh!, ¡que es muy importante en la vida cristiana, porque nos da la fuerza para seguir adelante! Pensemos un poco, cada uno de nosotros: ¿estamos, de verdad, preocupados de que nuestros niños y muchachos reciban la Confirmación? Es importante esto: es importante. Y si ustedes tienen niños o muchachos en casa que todavía no la han recibido y tienen la edad suficiente para recibirla, hagan todo lo posible para acabar esta iniciación cristiana para que ellos reciban la fuerza del Espíritu Santo. ¡Es importante!

Por supuesto, es importante ofrecer a los que reciben la Confirmación una buena preparación, que debe tener como objetivo conducirlos a una adhesión personal a la fe en Cristo y despertar en ellos el sentido de pertenencia a la Iglesia.

La Confirmación, como todo Sacramento, no es obra de los hombres, sino de Dios, que cuida de nuestras vidas para moldearnos a la imagen de su Hijo, para que podamos amar como Él. Y hace esto infundiendo en nosotros su Espíritu Santo, cuya acción impregna a toda la persona y durante toda la vida, como se refleja en los siete dones que la Tradición, a la luz de la Sagrada Escritura, siempre ha evidenciado. De estos siete dones… no quiero preguntarles si se acuerdan de los siete dones, no. Tal vez muchos lo dirán, pero no es necesario, no. Todos dirán es éste, ése, este otro... pero no lo hagan. Yo los digo en su nombre, ¿eh? ¿Cuáles son los dones? La Sabiduría, el Intelecto, el Consejo, la Fortaleza, la Ciencia, la Piedad y Temor de Dios. Y estos dones se nos han dado precisamente con el Espíritu Santo en el Sacramento de la Confirmación. A estos dones tengo la intención de dedicar las catequesis que seguirán a las de los Sacramentos. 

Cuando acogemos al Espíritu Santo en nuestros corazones, y lo dejamos actuar, Cristo se hace presente en nosotros y toma forma en nuestra vida; a través de nosotros, será Él -oigan bien esto, ¿eh?, a través de nosotros será el mismo Cristo quien orará, perdonará, infundirá esperanza y consuelo, servirá a los hermanos, estará cerca de los necesitados y de los últimos, creará comunión y sembrará la paz. ¡Piensen en lo importante que es esto: que es a través del Espíritu Santo, que viene Cristo para hacer todo esto en medio de nosotros y para nosotros! Por esta razón, es importante que los niños y jóvenes reciban este Sacramento.

¡Queridos hermanos y hermanas, recordemos que hemos recibido la Confirmación, todos nosotros! Recordémoslo ante todo para dar las gracias al Señor por este don y luego para pedirle que nos ayude a vivir como verdaderos cristianos, a caminar con alegría según el Espíritu Santo que nos fue dado. ¡Está visto, que estos últimos miércoles, a mitad de la audiencia, nos bendicen desde el Cielo: pero, ustedes son valientes, adelante!

(ER RV)

LECTIO DIVINA Un seguro en el amor

INVOCATIO: Tú eres mi Padre, mi Dios, mi Roca

salvadora.




LECTIO: 2Sam 7,4-17. El Señor elevará al trono a uno de los descendientes de David. El le

construirá una casa y Dios le dará un trono para siempre. Sal 88,4-5.27-30.

Le aseguraré mi amor eternamente. Mc 4,1-20. Salió el sembrador a

sembrar y parte cayó en tierra rocosa, o en medio de espinas o al borde del

camino o en tierra muy buena. 


MEDITATIO: Le aseguraré mi amor eternamente, dice el salmo. La clave de

lectura para un día tan ordinario como hoy es la seguridad en el amor. El amor

que prodiga una casa para vivir. Y el amor que se siembra en un campo pedregoso,

espinado, o al borde del camino. Todos los hombres de la tierra conocen la

promesa del amor. El pronunciamiento es siempre romántico, emotivo hasta las

lágrimas, sobrecogedor, alucinante. La puesta en práctica, con el tiempo, se

vuelve variopinta. A veces pierde brillo y color, pierde fuerza y entusiasmo,

se marchita, se debilita, se asfixia. A veces se mantiene y se incrementa como

la semilla que cae en tierra buena. A veces es tan segura como una casa

edificada sobre roca, como un hogar lleno de calor y apacible. El origen de la

creación del mundo y del hombre es el amor. Por más que los científicos se pierdan

en elucubraciones sobre el azar, sobre evoluciones cualitativas o explosiones

cósmicas, lo cierto es que hay un Dios enamorado del hombre y su promesa de

amor consta en las proporciones del universo, en los colores de la flora, en la

música de las aves, en el instinto salvaje de las fieras, en la impronta

inteligente y libre de los humanos. Pero todo esto sería poco sin la promesa de

una casa donde habiten juntos, sin la seguridad cierta de un amor que no

termina. ¿Quién puede prometer amor eterno? ¿Quién puede comprar un seguro de

amor?  Las parejas jóvenes de recién

casados suelen haber asegurado antes la casa, las provisiones de un trabajo

estable, la planificación de la prole, las vacaciones merecidas. Pero también

hay matrimonios sin más plan y sin más seguro que el amor mismo. Y distancia de

años de la boda, siguen buscando casa, trabajo, alimento. Y mientras esté el

amor, el amor será su casa y su trabajo y su alimento. ¿Qué pasaría si faltara

el amor? La liturgia de hoy responde a esta pregunta. Dios nunca tuvo una

morada donde habitar con su pueblo. Anduvo errante, en tiendas de campaña,

hambriento y enfermo pero siempre con su Pueblo. Le aseguró un amor eterno y

ahí está y ahí sigue. Suscitó leyes y alianzas de amor, y eligió entre los más

cualificados profetas, jueces, reyes para guiar a su Pueblo a la tierra de

promisión, casa de naciones. Y su pueblo era su casa porque moraba en medio de

ellos. Y se manifestó a su pueblo de distintas maneras, en el viento de paz, en

el fuego contra el enemigo, en la columna de nube, en la tienda de encuentro y

sobre todo en su palabra. Y hablaba Yahvé con los profetas y jueces y reyes

para sembrar su palabra entre toda la gente. Y al final de los tiempos su

Palabra se hizo carne y acampó entre los hombres. Y la Palabra cayó parte al

borde de las vidas humanas y parte entre corazones espinados y parte en duras

cervices y parte en espíritus buenos, afables, generosos. Es la promesa del

amor eterno, es el seguro del amor. Garantizado de por vida, duradero, único.

Pero hay un pero. El amor es siempre entre dos. El seguro es para siempre de

allá para acá, y ¿de acá para allá?




ORATIO: Padre

santo, padre de amor, has estado conmigo desde siempre, me has asegurado un

amor para siempre, me has adornado con todas las bendiciones, y sobre todo con

el don de los dones, tu presencia amorosa. Perdona mi debilidad, disculpa mi

falta de correspondencia. No permitas que me aparte nunca de ti. Disipa mis

dudas, fortalece mis debilidades, asegura mi amor. Me sacaste de la nada y no

tengo derecho a queja ni protesta. No juegas conmigo a los dados. Mi historia

está firmada por ti y es historia de amor de ti. Gracias Señor mío, mi Dios. 




CONTEMPLATIO:  Un seguro en el amor





ACTIO: Ejercicio. El amor de Dios es seguro. ¿Cómo

asegurar el mío? ¿Cuáles son las mejores medidas de seguridad? 1. La promesa de

fidelidad y de perseverancia, en cada sacramento hay una promesa. En el

bautismo, en la confesión, en la Eucaristía, en el matrimonio, en el sacerdocio…

2. Renovar diariamente la promesa. 3. Fortificar la promesa con la oración y

con la vigilancia. Pedir la gracia de la perseverancia. Vigilar los peligros

del mundo y de la carne en especial los medios de comunicación. 4. Poner medios

prácticos para mantenerme en la promesa.












                            

martes, 28 de enero de 2014

Lectura Patrística Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia

San Bernardo
Sermón sobre el Cantar de los Cantares 61,3-5
¿Dónde podrá hallar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador? En ellas habito con seguridad, sabiendo que él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me pone asechanzas, pero yo no caigo, porque estoy cimentado sobre piedra firme. Si cometo un gran pecado, me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor. Él, en efecto, fue traspasado por nuestras rebeliones. ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo? Por esto, si me acuerdo que tengo a mano un remedio tan poderoso y eficaz, ya no me atemoriza ninguna dolencia, por maligna que sea. 
Por esto, no tenía razón aquel que dijo: Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Es que él no podía atribuirse ni llamar suyos los méritos de Cristo, porque no era miembro del cuerpo cuya cabeza es el Señor. 
Pero yo tomo de las entrañas del Señor lo que me falta, pues sus entrañas rebosan misericordia. Agujerearon sus manos y pies y atravesaron su costado con una lanza; y, a través de estas hendiduras, puedo libar miel silvestre y aceite de rocas de pedernal, es decir, puedo gustar y ver qué bueno es el Señor. 
Sus designios eran designios de paz, y yo lo ignoraba. Porque,¿quién conoció la mente del Señor?, ¿quién fue su consejero?Pero el clavo penetrante se ha convertido para mí en una llave que me ha abierto el conocimiento de la voluntad del Señor. ¿Por qué no he de mirar a través de esta hendidura? Tanto el clavo como la llaga proclaman que en verdad Dios está en Cristo reconciliando al mundo consigo. Un hierro atravesó su alma, hasta cerca del corazón, de modo que ya no es incapaz de compadecerse de mis debilidades. 
Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios, por la que nos ha visitado el sol que nace de lo alto. ¿Qué dificultad hay en admitir que tus llagas nos dejan ver tus entrañas? No podría hallarse otro medio más claro que estas tus llagas para comprender que tú, Señor, eres bueno y clemente, y rico en misericordia. Nadie tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a muerte y a la condenación. 
Luego mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras él no lo sea en misericordia. Y, porque la misericordia del Señor es mucha, muchos son también mis méritos. Y, aunque tengo conciencia de mis muchos pecados, si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y, si la misericordia del Señor dura siempre, yotambién cantaré eternamente las misericordias del Señor.¿Cantaré acaso mi propia justicia? Señor, narraré tu justicia, tuya entera. Sin embargo, ella es también mía, pues tú has sido constituido mi justicia de parte de Dios.
R/. Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes; nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.
V/. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

Eres capaz de gritar cuando tu equipo hace u...

¿Eres capaz de gritar cuando tu equipo hace un gol y no de cantar las alabanzas al Señor? El Papa el martes en Santa Marta

(RV).- La oración de alabanza nos hace fecundos. Lo afirmó el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta. El Papa, comentando la danza alegre de David para el Señor de la que habla la Primera Lectura, subrayó que, si nos cerramos en la formalidad, nuestra oración se vuelve fría y estéril. 

“David danzaba con todas las fuerzas ante el Señor”. El Santo Padre desarrolló su homilía partiendo de esta imagen alegre, relatada en el Segundo Libro de Samuel. Todo el Pueblo de Dios, recordó, estaba de fiesta porque el Arca de la Alianza regresaba a casa. La oración de alabanza de David, continuó, “lo llevó a dejar toda compostura y a danzar ante el Señor” con “todas las fuerzas”. Esta, comentó, “¡era precisamente la oración de alabanza!”. Leyendo este pasaje, dijo, “pienso inmediatamente” en Sara, después de haber dado a luz a Isaac: “¡El Señor me ha hecho bailar de alegría!”. Esta anciana. Como el joven David – resaltó el Papa – “bailó de alegría” ante el Señor. “A nosotros – observó luego – nos es fácil entender la oración para pedir una cosa al Señor, también para agradecer al Señor”. También entender la “oración de adoración”, aseguró, “no es tan difícil”. Pero la oración de alabanza “la dejamos de lado, no nos viene espontáneamente”:

“‘Pero, Padre, ¡esto es para aquellos de la Renovación en el Espíritu, no para todos los cristianos!’. No, la oración de alabanza es una oración cristiana ¡para todos nosotros! En la Misa, todos los días, cuando cantamos el Santo… Esta es una oración de alabanza: alabamos a Dios por su grandeza, ¡porque es grande! Y le decimos cosas hermosas, porque nos gusta que sea así. ‘Pero, Padre, yo no soy capaz… Yo debo…’. Pero ¿eres capaz de gritar cuando tu equipo de fútbol hace un gol y no eres capaz de cantar las alabanzas al Señor? ¿De salir un poco de tu contención para cantar esto? ¡Alabar a Dios es totalmente gratuito! ¡No pedimos, no agradecemos: alabamos!” 

Debemos rezar “con todo el corazón”, prosiguió: “Es también un acto de justicia, ¡porque Él es grande! ¡Es nuestro Dios!”. David, recordó luego, “era tan feliz, porque el arca regresaba, regresaba el Señor: con aquella danza también su cuerpo rezaba”: 

“Una buena pregunta que podemos hacernos hoy: ‘¿Cómo está mi oración de alabanza? ¿Yo sé alabar al Señor? Sé alabar al Señor, o cuando rezo el Gloria o rezo el Santo lo hago sólo con la boca y no con todo el corazón?’ ¿Qué me dice aquí David, danzando? ¿Y Sara, bailando de alegría? Cuando David entra a la ciudad comienza otra cosa: ¡una fiesta!”

“La alegría de la alabanza – recalcó el Obispo de Roma – nos lleva a la alegría de la fiesta. La fiesta de la familia”. El Papa recordó que cuando David entra al palacio, la hija del rey Saúl, Mical, lo reprende y le pregunta si no sentía vergüenza por haber bailado de aquella manera delante de todos, él que es el rey. Mical “despreció a David”: 

“Me pregunto ¿cuántas veces despreciamos en nuestro corazón a personas buenas, gente buena que alaba al Señor como le nace, así espontáneamente, porque no son cultos, no siguen las formalidades? ¡Desprecio! Y la Biblia dice que por este motivo Mical se quedó estéril ¡por toda la vida! ¿Qué cosa quiere decir aquí Palabra de Dios? ¡Que la alegría, que la oración de alabanza nos hace fecundos! Sara bailaba en un momento grande de su fecundidad, ¡con noventa años! La fecundidad que nos da la alabanza al Señor, la gratuidad de alabar al Señor. Aquel hombre o aquella mujer que alaba al Señor, que reza alabando al Señor, que cuando reza el Gloria se alegra de decirlo, cuando canta el Santo en la Misa se alegra de cantarlo, es un hombre o una mujer fecundo”. (RC-RV)

Nunca más el horror del Holocausto:carta del...

Nunca más el horror del Holocausto:carta del Papa al rabino de Buenos Aires
(RV).- Nunca más el horror del Holocausto: es la invocación del Papa Francisco en la Jornada de la Memoria, en una carta a su amigo, el rabino de Buenos Aires, Abraham Skorka. El texto se leerá esta noche en el Parque de la Música de Roma, con ocasión del Concierto “Los violines de la esperanza” - evento organizado para recordar a las víctimas del Holocausto. El Papa auspicia que aquellos que escuchen esta música “puedan identificarse con aquellas lagrimas históricas, que hoy llegan a nosotros a través de los violines, y sientan el fuerte deseo de comprometerse para que nunca más se repitan tales horrores, que constituyen una vergüenza para la humanidad”. El público, escribe Francisco, escuchará música de Vivaldi, Beethoven y otros grandes compositores, “pero el corazón de cada uno de los presentes – añade – sentirá que detrás del sonido de la música vive el sonido silencioso de las lágrimas históricas, lagrimas que dejan huellas en el alma y en el cuerpo de los pueblos”. (RC-RV)

Hace más ruido un árbol que cae, que un bosqu...

Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece. El Papa el lunes en Santa Marta
(RV).- (Audio y video)  La Iglesia no se puede entender como una simple organización humana, la diferencia la hace la unción que dona a los obispos y sacerdotes la fuerza del Espíritu para servir al pueblo de Dios: lo dijo el Papa Francisco en la Misa presidida esta mañana en la Casa de Santa Marta. El Pontífice agradeció a tantos sacerdotes santos que dan la vida en el anonimato de su servicio cotidiano. 

Comentando la primera lectura del día, que habla de las tribus de Israel que ungen a David como su rey, el Papa explicó el significado espiritual de la unción. “Sin esta unción – afirmó - David habría sido el jefe” de “una empresa”, de una “sociedad política, que era el Reino de Israel”, habría sido un simple “organizador político”. En cambio, “después de la unción, el Espíritu del Señor” desciende sobre David y permanece con él. Y la Escritura dice: “Así David se iba engrandeciendo cada vez más, y el Señor, el Dios de los ejércitos, estaba con él”. “Esta – observó el Santo Padre - es precisamente la diferencia de la unción”. El ungido es una persona elegida por el Señor. Así ocurre en la Iglesia con los obispos y los sacerdotes.

“Los obispos no solo son elegidos para llevar adelante a una organización, que se llama Iglesia particular, son ungidos, tienen la unción y el Espíritu del Señor está con ellos. Pero todos los obispos, todos somos pecadores, ¡todos! Pero estamos ungidos. Todos queremos ser más santos cada día, más fieles a esta unción. Y aquello que precisamente hace a la Iglesia, aquello que da la unidad a la Iglesia, es la persona del obispo, en nombre de Jesucristo, porque está ungido, no porque haya sido elegido por la mayoría. Sino porque está ungido. Una Iglesia particular tiene su fuerza en esta unción. Y por participación también los sacerdotes son ungidos”. 

La unción – continuó el Papa – acerca a los obispos y a los sacerdotes al Señor y les da la alegría y la fuerza “para llevar adelante a un pueblo, para ayudar a un pueblo, para vivir al servicio de un pueblo”. Dona la alegría de sentirse “elegidos por el Señor, mirados por el Señor, con aquel amor con el que el Señor nos mira, a todos nosotros”. Así, “cuando pensemos en los obispos y en los sacerdotes, debemos pensarlos así: ungidos”: 

“De lo contrario no se entiende a la Iglesia, pero no solamente no se entiende, no se puede explicar cómo la Iglesia vaya adelante solamente con las fuerzas humanas. Esta diócesis va adelante porque tiene un pueblo santo, tantas cosas, y también un ungido que la conduce, que la ayuda a crecer. Esta parroquia va adelante porque tiene tantas organizaciones, tantas cosas, pero también tiene un sacerdote, un ungido que la lleva adelante. Y nosotros en la historia conocemos una mínima parte, pero cuántos obispos santos, cuántos sacerdotes, cuántos sacerdotes santos que han dejado su vida al servicio de la diócesis, de la parroquia; cuánta gente ha recibido la fuerza de la fe, la fuerza del amor, la esperanza de estos párrocos anónimos, que no conocemos. ¡Hay tantos!”. 

Hay tantos – dijo Francisco – “los párrocos del campo o los párrocos de ciudad, que con su unción han dado fuerza al pueblo, han transmitido la doctrina, han dado los sacramentos, o sea la santidad”:

“‘¡Pero, Padre, he leído en el diario que un obispo ha hecho tal cosa o que un sacerdote ha hecho tal cosa!’. ‘Si, también yo lo he leído, pero, dime, ¿en los diarios están las noticias de aquello que hacen tantos sacerdotes, tantos curas en tantas parroquias de ciudad y del campo, la tanta caridad que hacen, tanto trabajo que hacen para llevar adelante a su pueblo?’. ¡Ah, no! Esa no es noticia. Eh, lo de siempre: hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece. Hoy pensando en esta unción de David, nos hará bien pensar en nuestros obispos y en nuestros sacerdotes valientes, santos, buenos, fieles y rezar por ellos. ¡Gracias a ellos nosotros hoy estamos aquí!”. (RC-RV)

Nuevo Beato de la Iglesia en España. El marti...

Nuevo Beato de la Iglesia en España. El martirio de un sacerdote y las virtudes heroicas de un carmelita descalzo, españoles, así como de una religiosa argentina y otra brasileña
(RV).- (con audio)  El Papa Francisco recibió en audiencia, al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos a la que autorizó a promulgar ocho Decretos, entre ellos, los que se refieren al martirio del Siervo de Dios Pedro Asúa Mendía, Sacerdote diocesano; que nació en Valmaseda (Vizcaya, España) el 30 agosto de 1890 y fue asesinado, en odio a la Fe, en Liendo (Santander, España) el 29 de agosto de 1936. 

- Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Zacarías de Santa Teresa (en el siglo Zacarías Salterain Vizcarra), sacerdote profeso de la Orden de los Carmelitas Descalzos nacido en Abadiano (Vizcaya, España) el 5 de noviembre de 1887 y fallecido en Vellore (Tamil Nadu, India) el 23 de mayo de 1957. 

- Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios María Benedicta Arias, fundadora de las Siervas de Jesús en el Sacramento, que nació en La Carlota Río Cuarto (Córdoba, Argentina) el 3 de abril de 1822 y fallecida en Buenos Aires (Argentina) el 25 de septiembre de 1894.

- Y las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Serafina, religiosa profesa de la Congregación de las Hermanas Adoratrices de la Sangre de Cristo, que nació en Urucurituba (Brasil) el 31 de enero de 1913 y fallecida en Manaus (Brasil) el 21 de octubre de 1988.

(CdM - RV)

Que la alegría del Evangelio llegue hasta a l...

Que la alegría del Evangelio llegue hasta a los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz: el Papa a la hora del Ángelus dominical
(RV).- (Con audio y video) Ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos de numerosos países la Plaza de San Pedro volvió a vestirse de fiesta. En esta ocasión también estuvieron presentes los muchachos de la Acción Católica de la diócesis de Roma, que participaron en la iniciativa llamada “Caravana de la Paz”, junto al Cardenal Vicario del Papa, Agostino Vallini y procedieron, desde el estudio del Santo Padre a la liberar algunas palomas, símbolo de la paz.

El Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio dominical que narra el inicio de la vida pública de Jesús en las ciudades y aldeas de Galilea, cuya misión parte de una zona periférica, despreciada por los judíos más observantes, por lo que el profeta Isaías la indica como “Galilea de los gentiles”. 

Se trata de una tierra de frontera – explicó el Santo Padre – una zona de tránsito donde se encuentran personas de diferentes razas, culturas y religiones. Galilea se convierte así en el lugar simbólico para la apertura del Evangelio a todos los pueblos. Desde este punto de vista – prosiguió – Galilea se parece al mundo de hoy en el que coexisten diversas culturas, necesidad de comparación y de encuentro. Por esta razón afirmó que “también nosotros estamos inmersos cada día en una ‘Galilea de los gentiles’, y en este tipo de contexto podemos asustarnos y ceder a la tentación de construir cercos para estar más seguros, más protegidos. Pero Jesús – afirmó el Papa Bergoglio – nos enseña que la Buena Noticia no está reservada a una parte de la humanidad, sino que hay que comunicarla a todos. Es un buen anuncio destinado a cuantos lo esperan, pero también a quienes, tal vez, no esperan más, y no tienen ni siquiera la fuerza de buscar y de pedir. 

Después de rezar a la Madre de Dios, el Papa recordó la celebración de la Jornada Mundial de los enfermos de lepra. Enfermedad que, aun estando en regresión, afecta aún, lamentablemente, a muchas personas que viven en condiciones de grave miseria. Por eso afirmó que es importante mantener viva la solidaridad con estos hermanos y hermanas, a quienes el Pontífice les aseguró su cercanía en la oración, junto a todos los que los asisten y se empeñan para eliminar esta enfermedad.

El Santo Padre también manifestó su cercanía en la oración a Ucrania, en particular a cuantos han perdido la vida en estos días y a sus familias. Y manifestó su deseo de que se desarrolle un diálogo constructivo entre las instituciones y la sociedad civil para que, evitando todo recurso a acciones violentas, prevalezcan en el corazón de cada uno el espíritu de paz y la búsqueda del bien común.

De la misma manera el Obispo de Roma recordó que en los próximos días millones de personas que viven en Extremo Oriente o esparcidas en varias partes del mundo, entre los cuales chinos, coreanos y vietnamitas, celebran el Año nuevo lunar. De ahí que les deseara a todos ellos una existencia colmada de alegría y de esperanza. “Que el anhelo irrefrenable a la fraternidad – dijo – que albergan en su corazón, encuentre en la intimidad de la familia el lugar privilegiado donde pueda ser descubierto, educado y realizado. Esta será una preciosa contribución a la construcción de un mundo más humano, en el que reina la paz.

El Papa Francisco recordó además que el sábado en Nápoles fue proclamada Beata María Cristina de Savoya, quien vivió a mediados del siglo XIX, Reina de las dos Sicilias. De esta mujer de profunda espiritualidad y de gran humildad que supo hacerse cargo de los sufrimientos de su pueblo, convirtiéndose en verdadera madre de los pobres, el Pontífice afirmó que “su extraordinario ejemplo de caridad testimonia que la vida buena del Evangelio es posible en todo ambiente y condición social”.

Entre los saludos del Obispo de Roma a los diversos grupos de fieles y peregrinos de Italia y de otros países, destacamos los dirigidos a los estudiantes de Cuenca, en España, y a las muchachas de Panamá. 

El Papa también expresó su cercanía a las poblaciones inundadas por el aluvión en la región italiana de Emilia.

Y, por último, antes de desear feliz domingo y buen almuerzo, se dirigió a los muchachos y muchachas de la Acción Católica de la Diócesis de Roma, quines también este año, acompañados por el Cardenal Vicario, acudieron a la Plaza de San Pedro en gran número al término de su “Caravana de la Paz”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto completo de la alocución del Papa Francisco antes del rezo del Ángelus

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de este domingo narra los inicios de la vida pública de Jesús en las ciudades y aldeas de Galilea. Su misión no parte de Jerusalén, es decir del centro religioso, social y político, sino de una zona periférica, despreciada por los judíos más observantes, con motivo de la presencia en aquella región de diversas poblaciones; por ello el profeta Isaías la indica como “Galilea de los gentiles” (Is 8, 23). 

Es una tierra de frontera, una zona de tránsito donde se encuentran personas diferentes por raza, cultura y religión. Galilea se convierte así en el lugar simbólico para la apertura del Evangelio a todos los pueblos. Desde este punto de vista, Galilea se parece al mundo de hoy: comprendida por diversas culturas, necesidad de confrontación y de encuentro. También nosotros estamos inmersos cada día en una “Galilea de los gentiles”, y en este tipo de contexto podemos asustarnos y ceder a la tentación de construir recintos para estar más seguros, más protegidos. Pero Jesús nos enseña que la Buena Noticia no está reservada a una parte de la humanidad, hay que comunicarla a todos. Es un buen anuncio destinado a cuantos lo esperan, pero también a quienes, tal vez, ya no esperan, y ni siquiera tienen la fuerza de buscar y de pedir. 

Partiendo de Galilea, Jesús nos enseña que nadie está excluido de la salvación de Dios, más bien, que Dios prefiere partir desde la periferia, de los últimos, para alcanzar a todos. Nos enseña un método, su método, que expresa el contenido, es decir la misericordia del Padre. “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 20). 

Jesús comienza su misión no sólo desde un lugar descentrado, sino también a partir de hombres que se dirían “de bajo perfil”. Para elegir a sus primeros discípulos y futuros apóstoles, no se dirige a las escuelas de los escribas y doctores de la Ley, sino a las personas humildes y sencillas, que se preparan con empeño a la llegada del Reino de Dios. Jesús va a llamarlos allí donde trabajan, en la ribera del lago: son pescadores. Los llama, y ellos lo siguen inmediatamente. Dejan las redes y van con Él: su vida se convertirá en una aventura extraordinaria y fascinante. 

Queridos amigos y amigas, ¡el Señor llama también hoy! Pasa por los caminos de nuestra vida cotidiana; también hoy, en este momento, aquí, el Señor, pasa por la plaza. Nos llama a ir con Él, a trabajar con Él por el Reino de Dios, en las “Galileas” de nuestros tiempos. Cada uno de ustedes piense: el Señor pasa hoy, el Señor me mira, ¡me está mirando! ¿Qué me dice el Señor?

Y si alguno de ustedes oye que el Señor le dice: “sígueme”, sea valiente, vaya con Él; Él no decepciona jamás. ¡Dejemos alcanzarnos por su mirada, por su voz, y sigámoslo! “Para que la alegría del Evangelio llegue hasta a los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz” (Ibíd., 288) 

(Traducción de Griselda Mutual – RV).

En la conclusión de la Semana de oración por...

En la conclusión de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, el Papa preside las Vísperas en la Basílica romana de San Pablo Extramuros
(RV).- (Con audio y video)  La tarde del 25 de enero, el Papa Francisco se trasladó a la Basílica romana de San Pablo Extramuros para presidir, en la fiesta de la conversión del Apóstol de las gentes, las Segundas Vísperas, culminando así la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año.

Este octavario comenzó el pasado día 18. Y el tema de los textos de la Semana de oración de este año fueron tomados de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios: «¿Acaso Cristo está dividido? (1 Co 1, 1-17)». Una vez más, en esta celebración, en la Basílica papal de San Pablo Extramuros, participaron los representantes de las demás Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Roma; junto al clero y los fieles de la diócesis del Papa para renovar juntos nuestra oración al Señor, fuente de la unidad.

En su homilía, el Papa comenzó diciendo:«¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). La enérgica llamada de atención de san Pablo al comienzo de su Primera carta a los Corintios, que resuena en la liturgia de esta tarde, ha sido elegida por un grupo de hermanos cristianos de Canadá como guión para nuestra meditación durante la Semana de Oración de este año.

Y añadió textualmente: El Apóstol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto están divididos en varias facciones. Hay quien afirma: «Yo soy de Pablo»; otros, sin embargo, declaran: « Yo soy de Apolo»; y otros añaden: «Yo soy de Cefas». Finalmente, están también los que proclaman: «Yo soy de Cristo» (cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.

En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, «en nombre de nuestro Señor Jesucristo», a ser unánimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (cf. v. 10). 

Y prosiguió diciendo: Nuestras divisiones hieren su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, refiriéndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: «Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido». Y, por tanto, añade: «Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1).

Al reafirmar que Cristo no puede estar dividido. Y que esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo, el Papa Bergoglio recordó la obra de dos grandes Papas: los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. Tanto uno como otro – dijo – fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos a la Sede de Pedro, han guiado con determinación a la grey católica por el camino ecuménico. 

El papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras.

Y añadió: La obra de estos predecesores míos ha conseguido que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere.

En este ambiente de oración por el don de la unidad, el Papa Francisco saludó cordial y fraternalmente al Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales presentes esta tarde en la Basílica de San Pablo Extramuros.

Y concluyó con estas palabras: Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor Jesús, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos, y a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rm 5, 5 ). Amén.

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco

«¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). La enérgica llamada de atención de san Pablo al comienzo de su Primera carta a los Corintios, que resuena en la liturgia de esta tarde, ha sido elegida por un grupo de hermanos cristianos de Canadá como guión para nuestra meditación durante la Semana de Oración de este año.

El Apóstol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto están divididos en varias facciones. Hay quien afirma: «Yo soy de Pablo»; otros, sin embargo, declaran: « Yo soy de Apolo»; y otros añaden: «Yo soy de Cefas». Finalmente, están también los que proclaman: «Yo soy de Cristo» (Cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.

En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, «en nombre de nuestro Señor Jesucristo», a ser unánimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (Cf. v. 10). Pero la comunión que el Apóstol reclama no puede ser fruto de estrategias humanas. En efecto, la perfecta unión entre los hermanos sólo es posible cuando se remiten al pensar y al sentir de Cristo (Cf. Flp 2, 5). Esta tarde, mientras estamos aquí reunidos en oración, nos damos cuenta de que Cristo, que no puede estar dividido, quiere atraernos hacia sí, hacia los sentimientos de su corazón, hacia su abandono total y confiado en las manos del Padre, hacia su despojo radical por amor a la humanidad. Sólo él puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad.

Cuando estamos en su presencia, nos hacemos aún más conscientes de que no podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fenómeno en cierto modo natural, inevitable en cualquier forma de vida asociativa. Nuestras divisiones hieren su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El Decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II, refiriéndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: «Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido». Y, por tanto, añade: «Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1). ¡Todos nosotros hemos sido dañados por las divisiones! ¡Ninguno de nosotros queremos llegar a ser un escándalo! Y por esto todos nosotros caminamos juntos, fraternamente, por el camino hacia la unidad, también haciendo unidad en el caminar, esa unidad que viene del Espíritu Santo y que nos lleva a una singularidad especial, que sólo el Espíritu Santo puede hacer: esa diversidad reconciliada. ¡El Señor nos espera a todos, nos acompaña a todos: está con todos nosotros en este camino de la unidad!

Queridos amigos, Cristo no puede estar dividido. Esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo. Me es grato recordar en este momento la obra de dos grandes Papas: los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. Tanto uno como otro fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos como Obispos de Roma, han guiado con determinación a la grey católica por el camino ecuménico. El Papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El Papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al Papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras.

La obra de estos predecesores míos ha conseguido que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere. ¡Y caminar juntos ya es hacer unidad!


En este ambiente de oración por el don de la unidad, quisiera saludar cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales que esta tarde han venido aquí. Con estos dos hermanos, en representación de todos, hemos rezado en el Sepulcro de Pablo y hemos dicho entre nosotros: “¡Oramos para que Él nos ayude en este camino, en este camino de la unidad, el amor, haciendo camino de unidad!”. La unidad no vendrá como un milagro al final: la unidad viene en el camino, la hace el Espíritu Santo en el camino. Si nosotros no caminamos juntos, si nosotros no rezamos unos por otros, si nosotros no trabajamos en tantas cosas que podemos hacer en este mundo por el Pueblo de Dios, ¡la unidad no vendrá! Se hace en este camino, en cada paso, y no la hacemos nosotros: la hace el Espíritu Santo, que ve nuestra buena voluntad.

Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor Jesús, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos, ¡y recordemos que la unidad siempre es superior al conflicto! Y nos ayude a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (Cf. Rm5, 5). Amén.

(María Fernanda Bernasconi – RV).