lunes, 30 de junio de 2014

El Papa: hoy en día hay más mártires cristian...

El Papa: hoy en día hay más mártires cristianos que en los primeros siglos
(RV).- (audio) Hay más cristianos perseguidos hoy que en los primeros siglos: es lo que dijo Papa Francisco en Santa Marta, quien presidió la misa en el día en que recordamos a los santos Protomártires de la Iglesia Romana, cruelmente asesinados a los pies de la colina del Vaticano por orden de Nerón después del incendio de Roma en el año 64:

La oración al inicio de la Misa recuerda que el Señor ha “fecundado con la sangre de los mártires los primeros brotes de la Iglesia de Roma”. “Se habla del crecimiento de una planta”, afirmó el Papa en la homilía, y esto hace pensar en lo que decía Jesús: “El reino de los cielos es como un hombre que ha arrojado la semilla a la tierra, luego va a su casa y – duerma o esté despierto - la semilla crece, brota, sin que él sepa cómo lo ha hecho”. Esta semilla es la Palabra de Dios que crece y se convierte en el Reino de Dios, se convierte en Iglesia gracias a “la fuerza del Espíritu Santo” y al “testimonio cristiano”. 

“Sabemos que no hay crecimiento sin el Espíritu: es Él quien hace la Iglesia, es él el que hace crecer a la Iglesia, es él el que convoca la comunidad de la Iglesia. Pero también requiere el testimonio de los cristianos. Y cuando el testimonio llega al final, cuando las circunstancias históricas nos piden un testimonio fuerte, allí están los mártires, los más grandes testigos. Y aquella Iglesia es regada por la sangre de los mártires. Y esta es la belleza de martirio. Comienza con el testimonio, día tras día, y puede terminar como Jesús, el primer mártir, el primer testigo, el testigo fiel: con la sangre”.


Pero hay una condición para que el testimonio sea verdadero, agregó el Papa – “debe ser sin condiciones” 


“Hemos escuchado el Evangelio, el que dice al Señor que lo sigue pero con una condición: ir a despedirse o a enterrar a su padre... el Señor lo detiene: “¡No!”. El testimonio es sin condiciones. Debe ser permanente, debe ser decidido, debe ser con aquel lenguaje que Jesús nos dice, que es tan fuerte: “Que tu sí sea sí, que tu no, no”. Este es el lenguaje del testimonio”. 


“Hoy - dijo el Papa - miramos esta Iglesia de Roma que crece, regada por la sangre de los mártires. Pero también es justo - continuó - que pensemos en tantos mártires de hoy, tantos mártires que dan su vida por la fe”. Es cierto que han sido muchos los cristianos perseguidos en la época de Nerón, pero “hoy - señaló - no son menos”: 

“Hoy en día hay tantos mártires en la Iglesia, muchos cristianos son perseguidos. Pensemos en el Medio Oriente, los cristianos que deben huir de las persecuciones, los cristianos asesinados por sus perseguidores. También los cristianos expulsados de manera elegante, con guantes blancos: esta también es una persecución. Hoy en día hay más testigos más mártires en la Iglesia que en los primeros siglos. Y en esta misa, recordando a nuestros gloriosos antepasados​​, aquí en Roma, también pensamos en nuestros hermanos y hermanas que viven perseguidos, que sufren y que con su sangre hacen crecer la semilla de tantas pequeñas iglesias que nacen. Oramos por ellos y también por nosotros”.



(GM – RV)

domingo, 29 de junio de 2014

Abramos el corazón para que Jesús lo transfor...

Abramos el corazón para que Jesús lo transforme como hizo con San Pedro y San Pablo, el Papa en el Ángelus
(RV).- (Actualizado con audios) En la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo el Papa Francisco rezó el ángelus dominical con varios miles de fieles y peregrinos procedentes de Italia y de diversos países que se dieron cita en la Plaza de San Pedro para escuchar sus palabras y recibir su bendición apostólica.

En esta ocasión el Obispo de Roma se centró en los corazones de “dos hombres pecadores”, dijo el Papa, San Pedro y San Pablo, diferentes entre sí, pero unidos por la fe en hermandad y “transformados” en una sola cosa “por el amor de Cristo”. 

Francisco destacó que el encuentro con la Palabra de Cristo es capaz de transformar completamente nuestros corazones y nuestras vidas, por lo que, recibiéndola a corazón abierto, “no nos es posible quedarnos bloqueados en las propias costumbres”, sino que su Palabra nos “empuja” a vencer el egoísmo y a seguir a Jesús, que dio la vida por los amigos.

De ahí la invitación del Santo Padre a que esta fiesta inspire en nosotros alegría, porque Dios quiere donar su gracia también a nosotros, como lo hizo con Pedro y Pablo, e, invocando la ayuda de la Virgen para que acojamos esta gracia con el corazón abierto nos exhortó a no recibirla en vano. 


(GM –RV)

Palabras del Santo Padre a la ora del Ángelus dominical:  

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!: 

Desde la antigüedad, la Iglesia de Roma celebra a los apóstoles Pedro y Pablo en una única fiesta en el mismo día, 29 de junio. La fe en Jesucristo los hizo hermanos y el martirio los convirtió en una sola cosa. San Pedro y San Pablo, tan diferentes uno del otro a nivel humano, fueron elegidos personalmente por el Señor Jesús y respondieron a su llamada, ofreciendo toda su vida. En ambos la gracia de Cristo hizo grandes cosas, los transformó: ¡y cómo los transformó! Simón había negado a Jesús en el momento dramático de la pasión; Saulo había perseguido a los cristianos con dureza. Pero ambos recibieron el amor de Dios y se dejaron transformar por su misericordia; así se convirtieron en amigos y apóstoles de Cristo. Por eso ellos continúan hablando a la Iglesia y aún hoy, nos muestran el camino de la salvación. También nosotros, si por caso cayéramos en los pecados más graves y en la noche más oscura, Dios siempre es capaz de transformarnos, así como transformó a Pedro y Pablo; transformarnos el corazón y perdonarnos todo, transformando así nuestra oscuridad del pecado, en un alba de luz. Dios es así: nos transforma, nos perdona siempre, como lo hizo con Pedro y como lo hizo con Pablo. 

El libro de los Hechos de los Apóstoles muestra muchos aspectos de su testimonio. Pedro, por ejemplo, nos enseña a mirar a los pobres con los ojos de la fe y a donarles lo más precioso que tenemos: el poder del nombre de Jesús. Esto hizo con aquel paralítico, le dio todo lo que él tenía: Jesús.

De Pablo, se cuenta tres veces el episodio de la llamada en el camino de Damasco, que señala el punto de inflexión en su vida, marcando claramente un antes y un después. Antes, Pablo era un enemigo acérrimo de la Iglesia. Después, pone toda su existencia al servicio del Evangelio. También para nosotros, el encuentro con la Palabra de Cristo es capaz de transformar completamente nuestras vidas. No es posible oír esta Palabra y permanecer en el propio lugar, quedarse bloqueados en las propias costumbres. Ella nos empuja a vencer el egoísmo que tenemos en el corazón para seguir con decisión aquel Maestro que ha dado la vida por sus amigos. Pero es Él que con su palabra nos cambia; es Él el que nos transforma; es Él el que nos perdona todo, si nosotros abrimos el corazón y pedimos el perdón. 

Queridos hermanos y hermanas, que esta fiesta inspire en nosotros una gran alegría, porque nos pone de frente a la obra de la misericordia de Dios en los corazones de dos hombres. Es la obra de la misericordia de Dios en estos dos hombres, que eran grandes pecadores. Y Dios quiere llenar con su gracia también a nosotros, como lo hizo con Pedro y Pablo. Que la Virgen María nos ayude a acogerla como ellos, con el corazón abierto, ¡a no recibirla en vano! Y nos sostenga en los momentos de prueba, para dar testimonio de Jesucristo y de su Evangelio. Hoy le pedimos en particular por los arzobispos metropolitanos nombrados el último año, que esta mañana han celebrado conmigo la Eucaristía en San Pedro. Los saludamos con afecto junto con sus fieles y familiares, y rezamos por ellos.


Palabras del Papa después del Ángelus:  


Tras el rezo a la Madre de Dios, el Papa Francisco se refirió a las noticias llegadas de Irak, en donde miles de familias tuvieron que abandonar sus hogares para escapar a los recientes ataques contra pueblos cristianos, uniéndose al llamado al diálogo de los obispos del país para que pueda preservarse la unidad nacional evitándose la guerra:


Queridos hermanos y hermanas: 

las noticias que nos llegan de Irak son lamentablemente muy dolorosas. Me uno a los obispos del país en apelar a los gobernantes para que, a través del diálogo, se pueda preservar la unidad nacional y evitar la guerra. Estoy cerca de los miles de familias, especialmente cristianas, que tuvieron que abandonar sus hogares y que se encuentran en grave peligro. La violencia genera otra violencia; el diálogo es el único camino hacia la paz. Oremos a la Virgen, para que custodie al pueblo del Irak: 

Ave Maria…


El Papa dirigió un saludo particular a los romanos, en la fiesta de sus santos Patronos, a los arzobispos que recibieron esta mañana el palio y a los diversos grupos de peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, deseando a todos un feliz domingo y un buen almuerzo: 


Saludo a todos ustedes, especialmente a los fieles de Roma, en la fiesta de los santos Patronos; así como a los familiares de los arzobispos metropolitanos, que esta mañana recibieron el palio y a las delegaciones que los han acompañado. 
Saludo a los artistas de tantas partes del mundo que han realizado un gran despliegue floral, y doy gracias al Pro Loco de Roma por haberlo promovido. Qué bien estos artistas, ¿eh? ¡Felicitaciones!
Saludo cordialmente a los fieles de San Fernando y de Ubrique (Cádiz), de Elche de la Sierra (Albacete), y de Parla, Madrid, así como a los numerosos alfombristas que han participado en la gran muestra floral.
Saludo a los peregrinos provenientes de Madagascar, a los estudiantes las escuelas católicas de los Estados Unidos de América y de Londres; los fieles de Messina, Nápoles, Neviano, Taranto, Rocca di Papa y Pezzoro, y a los que vinieron en bicicleta desde Cardito; el grupo “Amigos del Venerable Francesco Antonio Marcucci”. 
Saludo al Foro de las Asociaciones Familiares del Lazio y les deseo todo bien para las actividades de los próximos días en el Instituto Pío XI en Roma. 

Un augurio también para el tradicional espectáculo de fuegos artificiales que tendrá lugar esta noche en el Castillo de Sant’Angelo, cuya recaudación sostendrá una iniciativa para los jóvenes de la Tierra Santa.

A todos ustedes les deseo buen domingo, buena fiesta de los patronos y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! 


(GM– RV)

San Pedro y San Pablo


“Qué a nadie le falte la Palabra de Vida, que...

“Qué a nadie le falte la Palabra de Vida, que libera de todo miedo y exclavitud y da confianza en la fidelidad de Dios”, el Papa en la misa por los patrones de Roma
(RV).- (audio)  “Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. ¡Tú sígueme!”, lo dijo el Papa Francisco durante su homilía celebrada en la Basílica Vaticana en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, durante la cual impuso el palio a 24 nuevos arzobispos metropolitanos. 

Homilía completa del Santo Padre:
En la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, patronos principales de Roma, acogemos con gozo y reconocimiento a la Delegación enviada por el Patriarca Ecuménico, el venerado y querido hermano Bartolomé, encabezada por el metropolita Ioannis. Roguemos al Señor para que también esta visita refuerce nuestros lazos de fraternidad en el camino hacia la plena comunión, que tanto deseamos, entre las dos Iglesias hermanas. 
«El Señor ha enviado su ángel para librarme de las manos de Herodes» (Hch 12,11). En los comienzos del servicio de Pedro en la comunidad cristiana de Jerusalén, había aún un gran temor a causa de la persecución de Herodes contra algunos miembros de la Iglesia. Habían matado a Santiago, y ahora encarcelado a Pedro, para complacer a la gente. Mientras estaba en la cárcel y encadenado, oye la voz del ángel que le dice: «Date prisa, levántate... Ponte el cinturón y las sandalias... Envuélvete en el manto y sígueme» (Hch 12,7-8). Las cadenas cayeron y la puerta de la prisión se abrió sola. Pedro se da cuenta de que el Señor lo «ha librado de las manos de Herodes»; se da cuenta de que Dios lo ha liberado del temor y de las cadenas. Sí, el Señor nos libera de todo miedo y de todas las cadenas, de manera que podamos ser verdaderamente libres. La celebración litúrgica expresa bien esta realidad con las palabras del estribillo del Salmo responsorial: «El Señor me libró de todos mis temores». 
Aquí está el problema para nosotros, el del miedo y de los refugios pastorales. Nosotros -me pregunto-, queridos hermanos obispos, ¿tenemos miedo?, ¿de qué tenemos miedo? Y si lo tenemos, ¿qué refugios buscamos en nuestra vida pastoral para estar seguros? ¿Buscamos tal vez el apoyo de los que tienen poder en este mundo? ¿O nos dejamos engañar por el orgullo que busca gratificaciones y reconocimientos, y allí nos parece estar a salvo? Queridos hermanos obispos ¿Dónde ponemos nuestra seguridad?
El testimonio del apóstol Pedro nos recuerda que nuestro verdadero refugio es la confianza en Dios: ella disipa todo temor y nos hace libres de toda esclavitud y de toda tentación mundana. Hoy, el Obispo de Roma y los demás obispos, especialmente los Metropolitanos que han recibido el palio, nos sentimos interpelados por el ejemplo de san Pedro a verificar nuestra confianza en el Señor. 
Pedro recobró su confianza cuando Jesús le dijo por tres veces: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,15.16.17). Y, al mismo tiempo él, Simón, confesó por tres veces su amor por Jesús, reparando así su triple negación durante la pasión. Pedro siente todavía dentro de sí el resquemor de la herida de aquella decepción causada a su Señor en la noche de la traición. Ahora que él pregunta: «¿Me amas?», Pedro no confía en sí mismo y en sus propias fuerzas, sino en Jesús y en su divina misericordia: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Y aquí desaparece el miedo, la inseguridad, la pusilanimidad. 
Pedro ha experimentado que la fidelidad de Dios es más grande que nuestras infidelidades y más fuerte que nuestras negaciones. Se da cuenta de que la fidelidad del Señor aparta nuestros temores y supera toda imaginación humana. También hoy, a nosotros, Jesús nos pregunta: «¿Me amas?». Lo hace precisamente porque conoce nuestros miedos y fatigas. Pedro nos muestra el camino: fiarse de él, que «sabe todo» de nosotros, no confiando en nuestra capacidad de serle fieles a él, sino en su fidelidad inquebrantable. Jesús nunca nos abandona, porque no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2,13).Es fiel. La fidelidad que Dios nos confirma incesantemente a nosotros, los Pastores, es la fuente de nuestra confianza y nuestra paz, más allá de nuestros méritos. La fidelidad del Señor para con nosotros mantiene encendido nuestro deseo de servirle y de servir a los hermanos en la caridad. 
El amor de Jesús debe ser suficiente para Pedro. Él no debe ceder a la tentación de la curiosidad, de la envidia, como cuando, al ver a Juan cerca de allí, preguntó a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» (Jn 21,21). Pero Jesús, a estas tentaciones, le respondió: «¿A ti qué? Tú, sígueme» (Jn 21,22). Esta experiencia de Pedro es un mensaje importante también para nosotros, queridos hermanos arzobispos. El Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos los Pastores: «Sígueme». No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo y la Ordenación. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. ¡Tú sígueme!

viernes, 27 de junio de 2014

Dios, padre tierno que nos ama y nos tiene de...

Dios, padre tierno que nos ama y nos tiene de la mano: el Papa Francisco en la homilía en la casa de Santa Marta
(RV).- (Con audio)  

Para comunicar su tierno amor de Padre al hombre, Dios necesita que el hombre se haga pequeño. Es el pensamiento que Papa Francisco desarrolló en la homilía de la Misa matutina presidida en la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia celebra al Sagrado Corazón de Jesús.
No espera sino “da”, no habla sino “reacciona”. No hay sombra de pasividad en el modo en que el Creador entiende el amor por sus criaturas. Papa Francisco lo explica al comienzo de una homilía en la cual se centra en el Corazón de Jesús celebrado en la liturgia. Dios, afirmó, “nos da la gracia, la alegría de celebrar en el corazón de su Hijo las grandes obras de su amor. Podemos decir que hoy es la fiesta del amor de Dios en Jesucristo, el amor de Dios por nosotros, el amor de Dios en nosotros”: 

“Hay dos aspectos de amor. En primer lugar, el amor está más en el dar que en el recibir. El segundo aspecto: el amor está más en las obras que en las palabras. Cuando decimos que está más en dar que en recibir, es que el amor se ‘comunica’: siempre comunica. Es recibido por la persona amada. Y cuando decimos que está más en los hechos que en las palabras: el amor siempre da vida, hace crecer”. 

Pero para “comprender el amor de Dios”, el hombre tiene necesidad de buscar una dimensión inversamente proporcional a la inmensidad: es la pequeñez, dice el Papa, “la pequeñez del corazón”. Moisés, recuerda, explica al pueblo judío que ha sido elegido por Dios porque era “el más pequeño de todos los pueblos”. Mientras Jesús en el Evangelio alaba al Padre “porque ha escondido las cosas divinas a los sabios y las ha revelado a los pequeños”. Así, observa Papa Francisco, lo que Dios busca en el hombre es una “relación de papá-hijo”, lo “acaricia”, le dice: “yo estoy contigo”: 

“Esta es la ternura del Señor, en su amor; esto es aquello que Él nos comunica, y da fuerza a nuestra ternura. Pero si nosotros nos sentimos fuertes, no experimentaremos nunca la caricia del Señor, ‘las’ caricias del Señor, tan bellas ... tan hermosas. ‘No temas, Yo estoy contigo, te llevo de la mano’... Son todas palabras del Señor que nos hacen comprender ese misterioso amor que Él tiene por nosotros. Y cuando Jesús habla de sí mismo, dice: ‘Yo soy manso y humilde de corazón’. También Él, el Hijo de Dios, se abaja para recibir el amor del Padre”. 

Otro signo particular del amor de Dios es que Él nos amó a nosotros “primero”. Él está siempre “primero que nosotros”, “Él está esperando por nosotros”, asegura Papa Francisco, que termina pidiendo a Dios la gracia “de entrar en este mundo tan misterioso, sorprendernos y tener paz con este amor que se comunica, que nos da alegría y nos lleva por el camino de la vida como a un niño, de la mano”: 

“Cuando llegamos, Él está. Cuando lo buscamos, Él nos ha buscado antes. Él siempre está adelante nuestro, nos espera para recibirnos en su corazón, en su amor. Y estas dos cosas pueden ayudarnos a comprender este misterio de amor de Dios con nosotros. Para expresarse necesita de nuestra pequeñez, de nuestro abajamiento. Y, también, necesita nuestro asombro cuando lo buscamos y lo encontramos ahí, esperándonos”.

(GM – RV)

Cada uno de ustedes lleva a los enfermos un p...

Cada uno de ustedes lleva a los enfermos un poco del amor del Corazón de Cristo, y lo hace con competencia y profesionalidad

(RV).- El cardenal Angelo Scola leyó la homilía que Papa Francisco había preparado para la misa del Sagrado Corazón en el Hospital Gemelli de Roma, a la que no pudo asistir por una imprevista indisposición. 
Texto completo:


«El Señor se enamoró de ustedes y los eligió» (Dt 7,7).


Dios se ha unido a nosotros, nos ha elegido, y esta unión es para siempre, no tanto porque nosotros somos fieles, sino porque el Señor es fiel y soporta nuestras infidelidades, nuestra lentitud, nuestras caídas. 

Dios no tiene miedo de ligarse a nosotros. Esto puede parecernos extraño: a veces llamamos a Dios “el Absoluto”, que significa literalmente “libre, independiente, ilimitado”; pero en realidad, nuestro Padre es ‘absoluto’ siempre y sólo en el amor: por amor estrecha alianzas con Abraham, Isaac, Jacob, y así sucesivamente. Ama los vínculos, crea vínculos; vínculos que liberan, no fuerzan.

Con el salmo hemos repetido, «el amor del Señor permanece para siempre» (cf. Sal 103). En cambio de nosotros, hombres y mujeres, otro salmo afirma: «ha desaparecido la lealtad entre los hombres» (cf. Sal 12,2). Hoy, en particular, la lealtad es un valor en crisis porque somos inducidos a buscar siempre el cambio, una supuesta novedad, negociando las raíces de nuestra existencia, de nuestra fe. Sin fidelidad a sus raíces, sin embargo, una sociedad no avanza: puede hacer grandes progresos técnicos, pero no un progreso integral de todo el hombre y de todos los hombres. 

El amor fiel de Dios por su pueblo se ha manifestado y realizado plenamente en Jesucristo, el cual, para honrar la unión entre Dios y su pueblo, se convirtió en nuestro esclavo, se despojó de su gloria y asumió la forma de siervo. En su amor no se dio por vencido de frente a nuestra ingratitud ni siquiera ante el rechazo. Nos lo recuerda San Pablo: «Si somos infieles, él - Jesús – permanece fiel, porque no puede renegar de sí mismo» (2 Tim. 2,13). Jesús permanece fiel, no traiciona jamás: incluso cuando nos equivocamos, Él nos espera siempre para perdonarnos: es el rostro misericordioso del Padre. 

Este amor, esta fidelidad del Señor manifiesta la humildad de su corazón: Jesús no ha venido a conquistar a los hombres como los reyes y los poderosos de este mundo, sino ha venido a ofrecer amor con mansedumbre y humildad. Así se definió a Sí mismo: “aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Y el sentido de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que celebramos hoy, es aquel de descubrir siempre más y de dejarnos envolver por la fidelidad humilde y la mansedumbre del amor de Cristo, revelación de la misericordia del Padre. Podemos experimentar y saborear la ternura de este amor en cada etapa de la vida: en el tiempo de la alegría y en aquel de la tristeza, en el tiempo de la salud y en aquel de la debilidad y enfermedad.

La fidelidad de Dios nos enseña a acoger la vida como un acontecimiento de su amor y nos permite testimoniar este amor a los hermanos en un servicio humilde y manso. Esto es lo que están llamados a hacer, especialmente los médicos y el personal paramédico en este Policlínico, que pertenece a la Universidad Católica del Sagrado Corazón. Aquí, cada uno de ustedes lleva a los enfermos un poco del amor del Corazón de Cristo, y lo hace con competencia y profesionalidad. Esto significa permanecer fiel a los valores fundacionalesque el Padre Gemelli coloca a la base de la Universidad de los católicos italianos, para conjugar la investigación científica iluminada por la fe y la preparación de cualificados profesionales cristianos. 

Queridos hermanos, en Cristo contemplamos la fidelidad de Dios. Cada gesto, cada palabra de Jesús revela el amor misericordioso y fiel del Padre. Y entonces ante Él nos preguntamos: ¿cómo es mi amor por el prójimo? ¿Puedo ser fiel? ¿O en cambio soy voluble, sigo mis estados de ánimo y mis simpatías? Cada uno de nosotros puede responder en la propia conciencia. Pero por encima de todo podemos decir al Señor: Señor Jesús, haz mi corazón cada vez más similar al tuyo, lleno de amor y fidelidad. 

(Traducción Griselda Mutual- RV)

jueves, 26 de junio de 2014

No se hacen cristianos en el laboratorio, el...

No se hacen cristianos en el laboratorio, el cristiano se hace en un pueblo que viene de lejos, dijo el Obispo de Roma
(RV).- (con audios) No podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que buscan al Señor Jesús, como un único pueblo y un único cuerpo. No estamos aislados, nos somos cristianos a título individual. Si el nombre es: “cristiano”, el apellido es: “pertenezco a la Iglesia”, explicó el Papa en la catequesis. “Nuestra identidad es pertenencia al pueblo que lleva la bendición de Dios; a la Iglesia”.
En su segunda catequesis sobre la Iglesia el Obispo de Roma habló de la importancia del cristiano de pertenecer a este pueblo. Dios mismo se define como el Dios de sus padres; Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob –expresó Francisco-. Con nuestros padres Dios ha constituido una Alianza y permanece siempre fiel a su pacto y nos llama a entrar en esta relación que nos precede.

El pensamiento va primero, con gratitud a los que nos han precedido y recibido en la Iglesia. “Otros antes que nosotros han vivido la fe, nos la han transmitido y enseñado. Cuantos rostros queridos nos pasan delante de los ojos: padres, abuelos, familiares, que nos enseñaron la señal de la cruz y a rezar las primeras oraciones”. La Iglesia es una gran familia en la cual se viene recibido y se aprende a vivir como creyentes y como discípulos del Señor Jesús.

Este camino no solamente lo podemos vivir gracias a otras personas, sino junto a otras personas. En la Iglesia no existe el “hacélo solo” o los “jugadores libres”. La Iglesia es un “nosotros”. Hay quien entiende que puede tener una relación personal directa, inmediata con Jesucristo, fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia. “Yo creo en Dios, creo en Jesús pero la Iglesia no me interesa…”. Es una tentación peligrosa y dañosa, una dicotomía absurda –afirmó el Sucesor de Pedro-. “Caminar juntos es difícil pero es en nuestros hermanos y hermanas con sus dones y sus límites que Jesús viene a nuestro encuentro y se hace reconocer”.

El Vicario de Cristo concluyó la catequesis afirmando que “no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos; no se puede estar en comunión con Dios sin estarlo con la Iglesia y no podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que buscan al Señor Jesús, como un único pueblo y un único cuerpo”.

Jesuita Guillermo Ortiz – RV

(Audio)  


Texto y audio completo de la síntesis de la catequesis del Papa en lengua española
(audio)  
Queridos hermanos y hermanas 
Dios ha querido formar un pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la Tierra. En Jesucristo, lo establece como signo e instrumento de unión de los hombres con Dios y entre ellos. De ahí la importancia de pertenecer a este pueblo. 
Nosotros no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta. Nuestra identidad es pertenencia. Decir «soy cristiano» equivale a decir: «Pertenezco a la Iglesia». Soy de ese pueblo con el que Dios estableció desde antiguo una alianza, a la que siempre es fiel. De aquí nuestra gratitud a los que nos han precedido y acogido en la Iglesia, quienes nos enseñaron a rezar y pidieron para nosotros el Bautismo. Nadie se hace cristiano por sí mismo. La Iglesia es una gran familia, que nos acoge y nos enseña a vivir como creyentes y discípulos del Señor. Y no sólo somos cristianos gracias a otros, sino que únicamente podemos serlo junto con otros. En la Iglesia nadie va «por libre». Quien dice creer en Dios pero no en la Iglesia, quien dice tener una relación directa con Dios, con Cristo pero fuera de la Iglesia, cae en una dicotomía absurda. Dios ha confiado su mensaje salvador a personas humanas, a testigos, y se nos da a conocer en nuestros hermanos y hermanas.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los peregrinos de la Archidiócesis de Madrid y de La Escuela Franciscana, de San Pedro Sula, así como a los demás grupos provenientes de España, México, Honduras, Colombia, Chile, Argentina y otros países latinoamericanos. Recuerden que, como cristianos, no podemos prescindir de los demás, de la Iglesia; no podemos salvarnos por nosotros solos. Ninguno juega por libre. Somos un pueblo que camina. Muchas gracias.

Salmo 142,1-11: Lamentación y súplica ante la angustia

Ant: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

Señor, escucha mi oración; 
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica; 
tú, que eres justo, escúchame. 
No llames a juicio a tu siervo, 
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti. 

El enemigo me persigue a muerte, 
empuja mi vida al sepulcro, 
me confina a las tinieblas 
como a los muertos ya olvidados. 
Mi aliento desfallece, 
mi corazón dentro de mí está yerto. 

Recuerdo los tiempos antiguos, 
medito todas tus acciones, 
considero las obras de tus manos 
y extiendo mis brazos hacia ti: 
tengo sed de ti como tierra reseca. 

Escúchame en seguida, Señor, 
que me falta el aliento. 
No me escondas tu rostro, 
igual que a los que bajan a la fosa. 

En la mañana hazme escuchar tu gracia, 
ya que confío en ti. 
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti. 

Líbrame del enemigo, Señor, 
que me refugio en ti. 
Enséñame a cumplir tu voluntad, 
ya que tú eres mi Dios. 
Tu espíritu, que es bueno, 
me guíe por tierra llana. 

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; 
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo 
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 24 de junio de 2014

Lectura Patrística La voz del que clama en el desierto

San Agustín, obispo
(Sermón 293,1-3: PL 38,1327-1328)
La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo, y sacar provecho de él. 
Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una joven virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo. 
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. 
Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto.Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la palabra eterna desde el principio.

Himno


Himno

Niño que, antes de nacer, 

reconoce a su Señor 

y da saltos de placer 

bien puede llegar a ser 

su profeta y precursor. 


Su nombre será san Juan, 

su morada, los desiertos; 

langostas serán su pan; 

sobre el agua del Jordán, 

verá los cielos abiertos. 


Otros le vieron lejano 

y le anunciaron primero; 

Juan le ve ya tan cercano 

que va extendiendo su mano 

y señalando al Cordero. 


Está llegando la hora, 

ocaso de un Testamento, 

pero del nuevo la aurora, 

con la gracia triunfadora 

de Juan en el nacimiento. 


La ley vieja en él fenece, 

la de gracia en él apunta; 

de dónde claro parece 

que en este niño amanece 

libertad y gracia junta. 


Claro espejo en el Jordán, 

después que los dos se han visto 

y abrazos de paz se dan: 

resplandece Cristo en Juan, 

y Juan reverbera en Cristo. 


Juan a Jesús bautizaba, 

el cielo entero se abría, 

la voz del Padre sonaba, 

la Paloma se posaba 

en gloriosa teofanía. 


Nunca se podrá acallar 

la voz que habló en el desierto,

aunque le hayan de cortar 

la cabeza; estará muerto, 

mas no dejará de hablar. 


Gloria al Padre muy amado, 

gloria al Hijo Salvador, 

que nos libra del pecado, 

y gloria al que él ha enviado, 

al Espíritu de Amor. Amén.

Natividad de san Juan Bautista

fecha: 24 de junio
hagiografía: Abel Della Costa
Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista.

lunes, 23 de junio de 2014

“La persona que juzga se equivoca. Dios es el...

“La persona que juzga se equivoca. Dios es el único juez", el Papa en la misa de Santa Marta
(RV).- (actualizado con audio)  Quien juzga al hermano, se equivoca, y terminará por ser juzgado al mismo modo. Dios es “el único Juez” y quien es juzgado podrá contar siempre con la defensa de Jesús, su primer defensor, y con el Espíritu Santo. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Santa Misa de esta mañana, celebrada en la Casa de Santa Marta.
Usurpador de un puesto y de un rol que no le compete, y además, también un derrotado, porque terminará víctima de su misma falta de misericordia. Esto es lo que sucede a quien juzga a un hermano. El Papa Francisco hablando hoy del párrafo del Evangelio sobre la paja y la viga en el ojo, distingue claramente: “La persona que juzga –dice– se equivoca, se confunde y se derrota”, porque “toma el puesto de Dios, que es el único juez”. Aquel apelativo, “hipócritas”, que Jesús dirige varias veces a los doctores de la ley, en realidad va dirigido a cualquier persona. También porque, observa el Papa, quien juzga lo hace “rápido”, mientras que “Dios, para juzgar, se toma tiempo”:

“Por eso, quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es para él. Pero no sólo se equivoca, también se confunde. ¡Está tan obsesionado con aquello que tiene que juzgar en aquella persona – ¡tan, pero tan obsesionado! – que aquella pajita no lo deja dormir! ‘¡Pero yo quiero sacarte esa pajita’!... y no se da cuenta de la viga que él tiene. Se confunde: cree que la viga es aquella paja. Confunde la realidad, es un fantasioso. Y quien juzga acaba derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarlo a él. El juez que se equivoca, porque toma el lugar de Dios –soberbio, autosuficiente– apuesta por una derrota. ¿Y cuál es la derrota? Aquella de ser juzgado con la misma medida con la que él juzga.”

“El único que juzga es Dios, y aquellos a los que Dios les da potestad para hacerlo”, añade el Papa Francisco, que indica en la actitud de Jesús el ejemplo a imitar, respecto a quien no se hace escrúpulos en el realizar juicios sobre los otros:

“Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía al segundo, que es el Espíritu Santo. Él es el defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. ¿Y quién es el acusador? En la Biblia, se llama ‘acusador’ al demonio, a Satanás. Jesús juzgará, sí: al final del mundo, pero mientras tanto intercede, defiende…”

En definitiva, quien juzga –afirma el Papa Francisco– “es un imitador del Príncipe de este mundo, que va siempre detrás de las personas para acusarlas delante del Padre”. Que el Señor –concluye– “nos de la gracia de imitar a Jesús intercesor, defensor, abogado, nuestro y de los otros”. Y de “no imitar al otro, que al final nos destruirá”:

“Si nosotros queremos ir por el camino de Jesús, más que acusadores tenemos que ser defensores de los otros delante del Padre. Yo veo una cosa fea en otro, ¿voy a defenderlo? ¡No! ¡Quedate callado! Andá a rezar y defendelo delante del Padre, como hace Jesús! ¡Rezá por él, pero no lo juzgués! Porque si lo hacés, cuando vos harás algo malo, serás juzgado. Recordemos esto bien, nos hará bien en la vida de todos los días, cuando nos vienen las ganas de juzgar a los otros, de hablar mal de ellos, que es una forma de juzgar”.
(Traducción de Mariana Puebla y Eduardo Rubió)

domingo, 22 de junio de 2014

La medida del amor de Dios es amar sin medida...

La medida del amor de Dios es amar sin medida: el Papa en el Ángelus
(RV).- (actualizado con audios) El Santo Padre a la hora de la oración mariana de este primer Ángelus del verano de 2014, quiso destacar el significado de la celebración del Corpus Christi. “Cada vez que participamos en la Misa y nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, hace madurar en nosotros un estilo de vida cristiano”. "La caridad de Cristo, recibida con el corazón abierto, -dijo- nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar, no a nivel humano, siempre limitado, sino de acuerdo a la medida de Dios, es decir, sin medida”. “Porque no se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida!”. “Y siguiendo a Jesús, nosotros -con la Eucaristía- hacemos de nuestra vida un don”. 

(audio con las palabras del Papa)  

Palabras del Papa Francisco antes de la oración del Ángelus: 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días: en Italia y en muchos otros países se celebra este domingo la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo -se utiliza a menudo el nombre latino: Corpus Domini, o Corpus Christi. La comunidad eclesial se reúne en torno a la Eucaristía para adorar el tesoro más precioso que Jesús le ha dejado.

El Evangelio de Juan presenta el discurso sobre el "pan de vida", impartido por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, en la que afirmó: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. (Jn 06:51). Jesús señala que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, para dar su vida como alimento para los que tienen fe en Él. Esta comunión nuestra con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra existencia, de nuestros comportamientos, pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. Para nosotros, en cambio, son los comportamientos generosos con el prójimo que demuestran la postura de partir la vida por los demás.

Cada vez que participamos en la Misa y nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, da forma a nuestro corazón, nos comunica actitudes internas que se traducen en comportamientos de acuerdo con el Evangelio. En primer lugar, la docilidad a la Palabra de Dios, después la hermandad entre nosotros, el valor del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desesperados, de acoger a los excluidos. De este modo, la Eucaristía hace madurar en nosotros un estilo de vida cristiano. La caridad de Cristo, recibida con el corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar, no a nivel humano, siempre limitado, sino de acuerdo a la medida de Dios, es decir, sin medida. 

¿Y cuál es la medida de Dios? ¡Sin medida! La medida de Dios es sin medida. ¡Todo! ¡Todo! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! Y entonces llegamos a ser capaces de amar incluso a los que no nos aman, y esto no es fácil, ¿eh? Amar a quienes no nos ama... ¡No es fácil! Porque si sabemos que una persona no nos quiere, también tenemos nosotros el deseo de no quererla. Pues no. ¡Hemos de amar incluso a los que no nos aman! Oponernos al mal con el bien, a perdonar, a compartir, a acoger a los demás. Gracias a Jesús y su Espíritu, también nuestra vida se convierte en "pan partido" para nuestros hermanos. ¡Y viviendo así, descubrimos la verdadera alegría! La alegría de convertirse en don, de devolver el gran don que recibimos por primera vez, sin nuestro mérito.

Es hermoso esto: ¡nuestra vida se convierte en don! Esto es imitar a Jesús. Yo quisiera recordar estas dos cosas. En primer lugar, la medida del amor de Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Y nuestra vida, con el amor de Jesús, recibiendo la Eucaristía, se hace don. Tal como fue la vida de Jesús. No olviden estas dos cosas: la medida del amor de Dios es amar sin medida. Y siguiendo a Jesús, nosotros -con la Eucaristía- hacemos de nuestra vida un don.

Jesús, el Pan de vida eterna, bajó del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María Santísima. Después de haberlo llevado con Ella, con amor inefable, lo siguió fielmente hasta la Cruz y la Resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, para que sea el centro de nuestra vida, especialmente en la Misa dominical y en la adoración.

ER - RV


Después del rezo Marianao del Ángelus el Santo Padre dedicó saludos a fieles de diferentes partes del mundo e hizo un llamamiento contra la tortura.

(audio)  

Queridos hermanos y hermanas: 

El 26 de junio próximo se celebrará el Día de las Naciones Unidas por las Víctimas de la Tortura. En esta circunstancia reitero la firme condena de cada forma de tortura e invito a los cristianos a comprometerse para cooperar a su abolición y apoyar a las víctimas y sus familias. ¡Torturar a las personas es un pecado mortal! ¡Un pecado muy grave! 
Extiendo mi saludo a todos ustedes, ¡romanos y peregrinos! 

En particular, saludo a los estudiantes de la Escuela Oratorio de Londres, a los fieles de la diócesis de Como y las de Ormea (Cuneo), el "Coro de la Alegría" de Matera, la asociación "El Arca" de Borgomanero y los niños de Massafra. Saludo también a los chicos de la Escuela "Canova" de Treviso, el grupo de ciclismo de San Pedro en Gu, de Padua, y la iniciativa "Vivir como un campeón", que inspirándose en San Juan Pablo II dirigió por Italia un mensaje de solidaridad. 

Les deseo a todos un buen domingo y una buen almuerzo. Recen por mí, recen y ¡hasta la vista!

MZ - RV

"Los que viven en la deshonestidad y la viole...

"Los que viven en la deshonestidad y la violencia, son adoradores del mal", el Papa en su homilía en Calabria
(RV).- (actualizado con audio y texto) “Los que en su vida tiene el camino del mal, como son los mafiosos, no están en comunión con Dios, ¡están excomulgados!", son palabras del Papa en la misa en Sibari durante su visita pastoral a Calabria, región del sur de Italia. La Jornada del Papa en Calabria que había empezado por la mañana en Castrovillari, para pasar luego a Cassano Allo Jonico, terminó en Sibari, a la orilla del mar Adriático, donde el Santo Padre celebró la Santa Misa ante más de 150 mil personas. Su homilía, Francisco la dedicó a la realidad que vive el pueblo italiano con la mafia y a la Fiesta del Corpus Domini.
"Cuando la adoración del Señor se sustituye por el culto al dinero, aseguró el Santo Padre, que abre el camino del pecado, el interés propio y la opresión; cuando no se adora a Dios, al Señor, nos convertimos en adoradores del mal, como lo son los que viven en la deshonestidad y la violencia. Vuestra tierra, tan hermosa, ¡conoce los signos y las consecuencias de este pecado! ¡La Ndrangheta es esto! Adoración del mal y el desprecio por el bien común. Este mal tiene que ser combatido, se tiene que alejar, ¡Hay que decir que no!"

(MZ-RV)

Palabras del Santo Padre:

En la Fiesta del Corpus Domini celebramos a Jesús “pan vivo bajado del cielo” (Jn.6,51) alimento para nuestra hambre de vida eterna, fuerza para nuestro camino. Agradezco al Señor que hoy me dona celebrar el Corpus Domini con ustedes, hermanos y hermanas de esta Iglesia que está en Cassano Allo Jonio. La fiesta de hoy es la fiesta en la cual la Iglesia alaba al Señor por el don de la Eucaristía. Mientras el Jueves Santo recordamos su institución en la Última Cena, hoy predomina la acción de gracias y la adoración. Y de hecho, es tradicional en este día la procesión con el Santísimo Sacramento. Adorar a Jesús Eucaristía y caminar con Él. Estos son los dos aspectos inseparables de la fiesta de hoy, dos aspectos que dan huella a toda la vida del pueblo cristiano: un pueblo que adora a Dios y un pueblo que camina, que no está detenido, camina.

Ante todo nosotros somos un pueblo que adora a Dios. Nosotros adoramos a Dios que es amor, que en Jesucristo se ha dado a sí mismo por nosotros, se ha ofrecido en la cruz para expiar nuestros pecados, y por el poder de este amor resucitó de la muerte y vive en su Iglesia. ¡Nosotros no tenemos otro Dios fuera de Él! 

Cuando la adoración del señor se sustituye por la adoración del dinero, se abre camino al pecado, a los intereses personales y al abuso. Cuando no se adora a Dios, el Señor, se convierten en adoradores del mal como lo son aquellos que viven de deshonestidad y de violencia. 

Su tierra, tan bella, conoce las marcas de este pecado. ¡L’Ndrangheta es esto: Adoración del mal y desprecio del bien común! Este mal debe ser combatido, debe ser alejado y ¡es necesario decirle que no! La Iglesia que sé que está tan comprometida con la educación de las conciencias, debe siempre dedicarse más para que el bien pueda prevalecer. Nos lo piden nuestros chicos, nos lo piden nuestros jóvenes necesitados de esperanza. Para poder responder a estas exigencias la fe nos puede ayudar. ¡Aquellos que en su vida tiene este camino del mal, como lo son los mafiosos, no están en comunión con Dios: están excomulgados!

Hoy lo confesamos con la mirada dirigida al Corpus Domini, al Sacramento del altar. Y por esta fe, nosotros renunciamos a Satanás y a todas sus seducciones; renunciamos a los ídolos del dinero, de la vanidad, del orgullo, del poder, de la violencia. 

Nosotros cristianos no queremos adorar a nada ni a nadie en este mundo sino a Jesucristo, que está presente en la santa Eucaristía. Tal vez, no siempre nos damos realmente cuenta de lo que esto significa, qué consecuencias tiene o debería tener nuestra profesión de fe. 

Esta fe nuestra en la presencia real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en el pan y en el vino consagrados, es auténtica si nosotros nos comprometemos a caminar detrás de Él y con Él. Adorar y caminar. ¡Un pueblo que adora es un pueblo que camina! Caminar con Él y detrás de Él tratando de poner en práctica Su mandamiento, aquél que dio a sus discípulos justamente en la Última Cena: “Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”. (Jn.13,34). El pueblo que adora a Dios en la Eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la Eucaristía, caminar con Dios en la caridad fraterna.

Hoy, como Obispo de Roma, estoy aquí para confirmarlos no sólo en la fe, sino también en la caridad, para acompañarlos y animarlos en su camino con Jesús Caridad. Quiero expresar mi apoyo al Obispo, a los presbíteros y a los diáconos de esta Iglesia, y también de la Eparquía de Lungro, rica en su tradición greco-bizantina. ¡Pero lo extiendo a todos! ¡A todos los Pastores y fieles de la Iglesia en Calabria, comprometida valientemente en la evangelización y en el favorecer estilos de vida e iniciativas que pongan al centro las necesidades de los pobres y de los últimos. Y lo extiendo también a las Autoridades civiles que buscan vivir el compromiso político y administrativo por lo que es: un servicio al bien común. 

Les animo a todos ustedes a testimoniar la solidaridad concreta con los hermanos, especialmente con los que tienen más necesidad de justicia, de esperanza, de ternura. La ternura de Jesús, la ternura Eucarística: aquel amor tan delicado, tan fraterno, tan puro. Gracias a Dios hay tantos signos de esperanza en sus familias, en las parroquias, en las asociaciones, en los movimientos eclesiales. ¡El Señor Jesús no deja de suscitar gestos de caridad en su Pueblo en camino!

Una señal concreta de esperanza es el Proyecto Policoro, para los jóvenes que quieren ponerse en juego y crear posibilidades de trabajo para ellos y para los demás. Ustedes, queridos jóvenes, ¡no se dejen robar la esperanza! Lo he dicho tantas veces y lo digo una vez más: ¡No se dejen robar la esperanza! Adorando a Jesús en sus corazones y permaneciendo unidos a Él, sabrán oponerse al mal, a las injusticias, a la violencia con la fuerza del bien, de lo verdadero y de lo bello.
Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía nos ha reunido. El Cuerpo del Señor hace de nosotros una sola cosa, una sola familia, el Pueblo de Dios reunido entorno a Jesús, Pan de Vida. Lo que dije a los jóvenes lo digo a todos: si adoraran a Cristo y caminaran detrás de Él y con Él, su Iglesia diocesana y sus parroquias crecerán en la fe y en la caridad, en la alegría de evangelizar. Serán una Iglesia en la cual padres, madres, sacerdotes, religiosos, catequistas, niños, ancianos, jóvenes, caminan unos al lado de los otros, se apoyan, se ayudan, se aman como hermanos, especialmente en los momentos de dificultad.

María, nuestra Madre, Mujer Eucarística, que ustedes veneran en tantos Santuarios, especialmente en aquel de Castrovillari, los precede en este peregrinaje de la fe. Que Ella los ayude, los ayude siempre a permanecer unidos para que, también a través de su testimonio, el Señor pueda continuar a dar la vida al mundo. Así sea.

(Traducción Griselda Mutual-RV)

sábado, 21 de junio de 2014

"La alegría de ser sacerdote y la belleza de...

"La alegría de ser sacerdote y la belleza de la fraternidad", el Papa con los religiosos de Cassano all'Jonio
(RV).- (actualizado con texto y audio) Al mediodía el Papa continuando con su agenda de este viaje pastoral a Calabria, mantuvo un encuentro con sacerdotes en la catedral de Cassano. El discurso del Papa se centró, como él mismo subrayó en dos puntos: La alegría de ser sacerdotes y la belleza de la fraternidad. Resaltó la alegría de haber sido llamado por el Señor para llevar su Palabra y su Perdón. Enfatizó que no es fácil mantenerse delante del Señor por todos los factores que nos atan, por eso insistió en lo bueno que es la oración, el silencio y el reflexionar sobre si como sacerdotes se hace bien el trabajo. El Papa insiste a los sacerdotes que deben ser canales abiertos, generosos.
El obispos de Roma destacando la belleza de la fraternidad, insistió en el hecho de “ser sacerdotes juntos, de seguir al Señor no solos, no uno a uno, pero juntos, a pesar de la gran variedad de los dones y de las personalidades”, es más, insistió “ justamente esto enriquece el presbiterio, esta variedad de orígenes, de edades, de talentos... Es todo vivido en la comunión, en la fraternidad”. El Papa reconoció que no es fácil esto ni siquiera inmediato, porque a veces los sacerdotes también se dejan llevar por la cultura del ‘yo’, del individualismo pastoral. La solución que da el Papa ante esto es “la elección”. “La comunión, dijo el Papa, pide ser vivida buscando formas concretas adaptadas a los tiempos y a la realidad del territorio, pero siempre en perspectiva apostólica, con estilo misionero, con fraternidad y la sencillez de vida”.
Finalmente el Papa animó a los sacerdotes a seguir con su trabajo “con las familias y para las familias”. “Un trabajo difícil , dijo que Jesús nos pide en un modo particular de este tiempo, momento difícil sea para la familia como para la institución, sea para las familias, debido a la crisis”. (MZ-RV)

Palabras del Santo Padre:
Queridos sacerdotes,
¡Les agradezco su acogida! Deseaba mucho tener este encuentro con ustedes que soportan la carga diaria de trabajo parroquial.
En primer lugar me gustaría compartir con ustedes la alegría de ser sacerdotes. La sorpresa siempre nueva de haber sido llamado, de hecho, de ser llamado por el Señor Jesús. Llamado a seguirlo, a estar con Él, para llegar a los demás llevándole a Él, su palabra, su perdón... No hay nada más hermoso para un hombre que esto, ¿no es así? Cuando nosotros sacerdotes estamos delante del tabernáculo, y nos detenemos un momento allí, en silencio, entonces escuchamos la mirada de Jesús de nuevo sobre nosotros, y esta mirada nos renueva, nos reanima...
Claro, a veces no es fácil mantenerse delante del Señor; No es fácil porque estamos atados de tantas cosas, de tanta gente... pero a veces no es fácil porque sentimos una cierta inquietud, la mirada de Jesús nos inquieta un poco, también nos pone en crisis ... ¡Pero esto nos hace bien! En el silencio de la oración, Jesús nos hace ver si estamos trabajando como buenos trabajadores, o si tal vez nos hemos vuelto un poco "empleados, funcionarios"; o si somos "canales" abiertos, generosos a través los cuales fluye abundante su amor, su gracia, o si por el contrario nos ponemos en el centro nosotros mismos, y así en lugar de ser "canales", nos convertimos en "pantallas" que no ayudan a la reunión con Señor, con la luz y el poder del Evangelio.
Y la segunda cosa que quiero compartir con ustedes es la belleza de la fraternidad: del ser sacerdotes juntos, de seguir al Señor no solos, no uno a uno, pero juntos, a pesar de la gran variedad de los dones y de las personalidades; de hecho, justamente esto enriquece el presbiterio, esta variedad de orígenes, de edades, de talentos ... Es todo vivido en la comunión, en la fraternidad. 
Incluso esto no es fácil, no es inmediato y evidente. En primer lugar porque también nosotros sacerdotes, estamos inmersos en la cultura subjetivista de hoy, esta cultura que exalta el ‘yo’ hasta idolatrarlo. Y luego, a causa de un cierto individualismo pastoral que por desgracia está muy extendido en nuestras diócesis. Por esto tenemos que reaccionar a esto con la elección de la fraternidad. Intencionalmente hablo de "elección". No puede ser sólo una cosa dejada por casualidad, a las circunstancias favorables ... No, es una elección que se corresponde a la realidad que nos constituye, al don que hemos recibido, pero que siempre es bien recibido y cultivado: la comunión en Cristo en el santuario, en torno al Obispo. Esta comunión pide ser vivida buscando formas concretas adaptadas a los tiempos y a la realidad del territorio, pero siempre en perspectiva apostólica, con estilo misionero, con fraternidad y la sencillez de vida. Cuando Jesús dice: En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn 13,35), lo dice cierto para todos, pero en primer lugar por los Doce, a los que llamó seguirlo más de cerca.
La alegría de ser sacerdotes y la belleza de la fraternidad. Éstas son las dos cosas más importantes que sentía pensando en ustedes. Una última cosa así de paso: Les animo en su trabajo con las familias y para las familias. Es un trabajo que el Señor nos pide hacer en un modo particular en este tiempo, que es un momento difícil sea para la familia como para la institución, sea para las familias, debido a la crisis. Pero justo cuando es difícil el momento, Dios nos hace sentir su cercanía, su gracia, la fuerza profética de su Palabra. Y nosotros estamos llamados a ser testigos, mediadores de esta cercanía con las familias y esta fuerza profética para la familia.
Queridos hermanos, les agradezco. Y continuemos adelante, animados por el amor común al Señor y por la Santa Madre Iglesia. Nuestra Señora les proteja y acompañe. Permanezcamos unidos en la oración. ¡Gracias!
(MZ_RV)


jueves, 19 de junio de 2014

"Hay muchas ofertas de alimentos que no provi...

"Hay muchas ofertas de alimentos que no provienen del Señor y que aparentemente satisfacen más", el Papa en la misa por Cospus Christi
(RV).- (con audio) El Papa esta tarde presidió en la plaza de san Juan de Letrán frente a la fachada de la basílica-catedral de Roma la Santa Misa por la celebración del Corpus Christi. En su homilía hizo alusión a las palabras de Moisés que hacen referencia a la historia del pueblo de Israel, que Dios hizo salir de Egipto, de la condición de esclavitud: “el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor".
Además del hambre físico, el hombre lleva en sí otro hambre, un hambre que no puede ser saciado con el alimento ordinario. Es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y Jesús nos dona este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo. Su Cuerpo es el verdadero alimento en forma de pan; su Sangre es la verdadera bebida en forma de vino. No es un simple alimento; el Cuerpo de Cristo es el pan capaz de dar vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor. Un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.
Si miramos a nuestro alrededor, afirmó Francisco, nos damos cuenta que hay muchas ofertas de alimentos que no provienen del Señor y que aparentemente satisfacen más. Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es solamente aquel que nos da el Señor! 
Cada uno de nosotros, hoy, puede preguntarse: ¿Y yo? ¿Dónde quiero comer? ¿En qué mesa quiero alimentarme? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer alimentos gustosos, pero en la esclavitud? ¿Cuál es mi memoria? ¿La del Señor que me salva o la del ajo y las cebollas de la esclavitud? ¿Con qué memoria sacio yo mi alma?
Aprendamos a reconocer el falso pan que ilusiona y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado. Jesús, terminó diciendo el Papa, defiéndenos de las tentaciones del alimento mundano que nos hace esclavos; purifica nuestra memoria para que no quede prisionera en la selectividad egoísta y mundana, sino que sea memoria viva de tu presencia a lo largo de la historia de tu pueblo, memoria de tu gesto de amor redentor. 
(ER-RV)

Audio de la radio crónica de Radio Vaticano  
Palabras del Santo Padre en la homilía:
«El Señor, tu Dios… te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían.» (Dt 8,2-3).

Estas palabras del Deuteronomio hicieron referencia a la historia de Israel, que Dios los hizo salir de Egipto, de la condición de esclavos, y por cuarenta años ha guiado en el desierto hacia la tierra prometida. Una vez establecido en la tierra, el pueblo elegido logra una cierta autonomía, un cierto bienestar, y corre el riesgo de olvidarse los tristes acontecimientos del pasado, superadas gracias a la intervención de Dios y a su infinita bondad. Las Escrituras exhortan a recordar, a hacer memoria de todo el camino hecho en el desierto, en el tiempo de la necesidad, de la angustia. 

La invitación es aquella de retornar a lo esencial, a la experiencia de la total dependencia de Dios, cuando la sobrevivencia fue confiada a su mano, para que el hombre comprendiera que “no vive sólo de pan, sino… de todo lo que sale de la boca de Dios” (Dt 8, 3).

Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre, un hambre que no puede ser saciada con el alimento ordinario. Es el hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná –como toda la experiencia del éxodo– contenía en sí también esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esta hambre profunda que hay en el hombre. Jesús nos dona este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo (Cfr. Jn 6, 51). Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciamos nuestros cuerpos, como el maná. El Cuerpo de Cristo es el Pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor.

En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: un amor así grande que nos nutre con Sí mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar sus propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sus bienes materiales, pero sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.

Si nos miramos entorno, nos damos cuenta que hay tantos ofrecimientos de alimentos que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más. Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. ¡Pero el alimento que nos nutre realmente y que sacia es solamente el que nos da el Señor! El alimento que nos ofrece el Señor es diferente de los otros, y quizás no parece así tan gustoso como ciertas comidas que nos ofrece el mundo. Y así, soñamos otras comidas, como los hebreos en el desierto, que añoraban la carne y las cebollas que comían en Egipto, pero olvidaban que aquellas comidas las comían en la mesa de la esclavitud. Ellos, en esos momentos de tentación, tenían memoria, pero una memoria enferma, una memoria selectiva, una memoria esclava, no libre.

Cada uno de nosotros, hoy puede preguntarse, ¿Y yo? ¿Dónde quiero comer? ¿En torno a qué mesa me quiero nutrir? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer alimentos gustos, pero en la esclavitud? ¿Cuál es mi memoria? ¿Aquella del Señor que me salva?, ¿O aquella del ajo y de las cebollas de la esclavitud? ¿Con cuál memoria yo sacio mi alma? 

El Padre nos dice: “Te he nutrido con maná que tú no conocías”. Recuperemos la memoria. Ésta es la tarea: ¡Recuperemos la memoria!, y aprendamos a reconocer el pan falso que nos ilusiona y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado.
Dentro de poco, en la procesión, seguiremos a Jesús, realmente presente en la Eucaristía. La Hostia es nuestro maná, mediante el cual el Señor se nos dona a sí mismo. A Él nos dirigimos con fe: Jesús, defiéndenos de las tentaciones del alimento mundano que nos hace esclavos, purifica nuestra memoria, para que no quede prisionera en la selectividad egoísta y mundana, pero sea memoria viva de tu presencia por toda la historia de tu pueblo, memoria que se hace “memorial” de tu gesto de amor redentor. Amén

(Traducción del italiano: Mariana Puebla y Griselda Mutual)

Lectura Patrística Después del alimento, pedimos el perdón de los pecados

San Cipriano
Tratado sobre el Padrenuestro 18.22
Continuamos la oración y decimos: El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Esto puede entenderse en sentido espiritual o literal, pues de ambas maneras aprovecha a nuestra salvación. En efecto, el pan de vida es Cristo, y este pan no es sólo de todos en general, sino también nuestro en particular. Porque, del mismo modo que decimos: Padre nuestro, en cuanto que es Padre de los que lo conocen y creen en él, de la misma manera decimos: El pan nuestro,ya que Cristo es el pan de los que entramos en contacto con su cuerpo. 
Pedimos que se nos dé cada día este pan, a fin de que los que vivimos en Cristo y recibimos cada día su eucaristía como alimento saludable no nos veamos privados, por alguna falta grave, de la comunión del pan celestial y quedemos separados del cuerpo de Cristo, ya que él mismo nos enseña: Yo soy el pan que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. 
Por lo tanto, si él afirma que los que coman de este pan vivirán para siempre, es evidente que los que entran en contacto con su cuerpo y participan rectamente de la eucaristía poseen la vida; por el contrario, es de temer, y hay que rogar que no suceda así, que aquellos que se privan de la unión con el cuerpo de Cristo queden también privados de la salvación, pues el mismo Señor nos conmina con estas palabras: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Por eso, pedimos que nos sea dado cada día nuestro pan, es decir, Cristo, para que todos los que vivimos y permanecemos en Cristo no nos apartemos de su cuerpo que nos santifica. 
Después de esto, pedimos también por nuestros pecados, diciendo:Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Después del alimento, pedimos el perdón de los pecados. 
Esta petición nos es muy conveniente y provechosa, porque ella nos recuerda que somos pecadores, ya que, al exhortarnos el Señor a pedir el perdón de los pecados, despierta con ello nuestra conciencia. Al mandarnos que pidamos cada día el perdón de nuestros pecados, nos enseña que cada día pecamos, y así nadie puede vanagloriarse de su inocencia ni sucumbir al orgullo. 
Es lo mismo que nos advierte Juan en su carta, cuando dice: Sidecimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados. Dos cosas nos enseña en esta carta: que hemos de pedir el perdón de nuestros pecados, y que esta oración nos alcanza el perdón. Por esto, dice que el Señor es fiel, porque él nos ha prometido el perdón de los pecados y no puede faltar a su palabra, ya que, al enseñarnos a pedir que sean perdonadas nuestras ofensas y pecados, nos ha prometido su misericordia paternal y, en consecuencia, su perdón.

miércoles, 18 de junio de 2014

El cristiano con su vida debe bendecir siempr...

El cristiano con su vida debe bendecir siempre: el Papa en su catequesis
(RV).- (actualizado con audio)  El Papa dedicó la catequesis de la penúltima Audiencia General, antes de la pausa del verano, a la Iglesia y a su historia como pueblo formado por Dios. “La Iglesia - dijo el Obispo de Roma - no es una asociación privada, ni una ONG”. El Papa exhortó a miles de fieles y peregrinos de todo el mundo que llenaban la plaza de san Pedro, a no replegarse sobre sí mismos y a no caer "en la tentación de negociar con Dios para resolver las cosas en beneficio propio". Francisco recordó que "todos somos la Iglesia, una realidad mucho más amplia, que no ha nacido en el laboratorio y no debería restringirse solo al clero o al Vaticano". (ER- RV)

Texto completo de la catequesis que el Papa pronunció en italiano:

La Iglesia: Dios forma a un pueblo


Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días! Y felicitaciones a ustedes porque son valientes, con este tiempo que no se sabe si llueve o no llueve, pero ¡valientes eh! Esperemos que podamos terminar la audiencia sin agua. Que el Señor tenga piedad de nosotros.


Hoy comienzo un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Es un poco como un hijo que habla de la propia madre, de la propia familia. Hablar de la Iglesia es hablar de nuestra madre, de nuestra familia. En efecto, la Iglesia no es una institución con finalidad en sí misma o una organización privada, una ONG, ni mucho menos debe restringir su mirada al clero o al Vaticano...La Iglesia piensa. Pero la Iglesia somos todos. ¿De quién hablas tú? No, de los curas. Ah, la Iglesia son parte de la Iglesia pero la Iglesia somos todos, ¡eh! No limitarla a los sacerdotes, a los obispos, al Vaticano. Ellos son parte de la Iglesia pero la Iglesia somos todos, todos familia de la madre. Y la Iglesia es una realidad mucho más amplia, que se abre a toda la humanidad y que no nace en un laboratorio, la Iglesia no nació en laboratorio, no nació improvisadamente. Está fundada por Jesús, pero es un pueblo con una larga historia a sus espaldas y una preparación que comenzó mucho antes que Cristo mismo.


1. Esta historia, o "prehistoria" de la Iglesia, ya se encuentra en las páginas del Antiguo Testamento. Hemos escuchado el libro del Génesis, Dios escogió a Abraham, nuestro padre en la fe, y le pidió que se marchara, que abandonara su patria natal y se fuera hacia otra tierra que Él le mostraría (cf. Gn 12,1-9). Y en esta vocación Dios no llamó a Abraham solo, como individuo, sino que desde el principio implicó a su familia, a sus familiares y a todos los que estaban al servicio en su casa. Después, una vez en camino - sí, así comenzó a caminar la Iglesia - luego Dios ensanchará todavía el horizonte y colmará a Abraham con su bendición, prometiéndole una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena de la orilla del mar. El primer hecho importante es éste: comenzando con Abraham, Dios forma un pueblo para que lleve su bendición a todas las familias de la tierra. Y dentro de este pueblo nació Jesús. Es Dios que hace este pueblo, esta historia, la Iglesia en camino. Y ahí nace Jesús: en este pueblo.


2. Un segundo elemento: no es Abraham quien construye un pueblo en torno a sí, sino que es Dios quien da vida a este pueblo. Por lo general, era el hombre quien se dirigía a la divinidad, tratando de salvar la distancia y pidiendo apoyo y protección. La gente rezaba a los dioses, ¿no? A las divinidades. Pero en este caso, sin embargo, somos testigos de algo sin precedentes: es Dios mismo quien toma la iniciativa – pero escuchemos esto ¡eh! Es Dios mismo que llama a la puerta de Abraham y le dice: “sigue adelante, vete de tu tierra, comienza a caminar y yo haré de ti un gran pueblo”. Y esto es el comienzo de la Iglesia y en este pueblo nace Jesús. Pero Dios toma la iniciativa y dirige su palabra al hombre, creando un vínculo y una nueva relación con él. Pero padre, ¿cómo es esto? ¿Dios nos habla? “Sí”. ¿Y no podemos hablar con Dios? Sí pero, ¿nosotros podemos tener una conversación con Dios? “Sí”. Esto se llama oración, pero es Dios que ha hecho esto desde el inicio. 
Así pues, Dios forma un pueblo con todos los que escuchan su Palabra y se ponen en camino, confiando en Él. Ésta es la única condición, confiarse en Dios. Si tú te fías de Dios, lo escuchas y te pones en camino, esto es hacer Iglesia. Esto es hacer la Iglesia. El amor de Dios lo precede todo. 
Dios está siempre primero, llega antes que nosotros, él nos precede. El profeta Isaías o Jeremías, no recuerdo bien, decía que Dios es como la flor del almendro porque es el primer árbol que florece en primavera. Para decir que Dios siempre florece antes que nosotros. Cuando nosotros llegamos Él nos espera, Él nos llama, Él nos hace caminar. Siempre nos anticipa. Y esto se llama amor porque Dios nos espera siempre. “Pero padre, yo no creo esto porque si usted supiera, padre. Mi vida ha sido tan fea ¿cómo puedo pensar que Dios me espera? “Dios te espera. Y si fuiste un gran pecador te espera más y te espera con tanto amor, porque Él es el primero. ¡Es ésta la belleza de la Iglesia, que nos lleva a este Dios que nos espera! Precede a Abraham, incluso precede a Adán.


3. Abraham y los suyos escuchan la llamada de Dios y se ponen en camino, no obstante no sepan bien quién sea este Dios y dónde los quiera conducir. 
Es verdad porque Abraham se pone en camino de este Dios que le ha hablado, pero no tenía un libro de teología para estudiar quién era este Dios. Se confía, se fía del amor. Dios le hace sentir el amor y él se confía.
Pero esto no significa que ellos estén siempre convencidos y fieles. Es más, desde el comienzo hay resistencia, el repliegue en sí mismos y sus propios intereses y la tentación de regatear con Dios y resolver las cosas a modo propio. Y éstas son las traiciones y los pecados que marcan el camino del pueblo a lo largo de toda la historia de la salvación, que es la historia de la fidelidad de Dios y de la infidelidad del pueblo. Pero Dios no se cansa, Dios tiene paciencia, tiene tanta paciencia y en el tiempo continúa a educar y a formar a su pueblo, como un padre con el propio hijo. Dios camina con nosotros. Dice el profeta Oseas: “yo he caminado contigo y te he enseñado a caminar como un papá enseña a caminar al niño”. Hermosa figura de Dios. Y así es con nosotros. Nos enseña a caminar.
Y es la misma actitud que mantiene con respecto a la Iglesia. También nosotros de hecho, aún en nuestro propósito de seguir al Señor Jesús, tenemos experiencia cada día del egoísmo y de la dureza de nuestro corazón. 

Pero cuando nos reconocemos pecadores, Dios nos llena de su misericordia y de su amor. Y nos perdona, nos perdona siempre. Y es precisamente esto que nos hace crecer como pueblo de Dios, como Iglesia: no es nuestra habilidad, no son nuestros méritos – somos poca cosa nosotros ¡eh! No es esto. Sino que es la experiencia cotidiana de cuánto el Señor nos ama y nos cuida. Esto es lo que nos hace sentir verdaderamente suyos, en sus manos y nos hace crecer en la comunión con Él y entre nosotros. Ser Iglesia es sentirse en las manos de Dios, que es padre y nos ama, nos acaricia, nos espera, nos hace sentir su ternura. ¡Y esto es muy bello!


Queridos amigos, este es el proyecto de Dios, el proyecto ¿no? Cuando ha llamado a Abraham, Dios pensaba en esto: formar un pueblo bendecido por su amor y que lleve su bendición a todos los pueblos de la tierra. Este proyecto no cambia, está siempre vigente. En Cristo ha tenido su cumplimiento y aún hoy Dios continúa realizándolo en la Iglesia. Pidamos entonces la gracia de permanecer fieles a la secuela del Señor Jesús y a la escucha de su Palabra, listos a partir cada día, como Abraham, hacia la tierra de Dios y del hombre, nuestra verdadera patria, y así transformarnos en bendición, signo del amor de Dios para todos sus hijos.
Me gusta pensar que un sinónimo, otro nombre que podríamos tener nosotros cristianos sería esto: son hombres y mujeres, gente que bendice. El cristiano con su vida debe bendecir siempre, bendecir a Dios y bendecir también a todos nosotros. ¡Nosotros cristianos somos gente que bendice, que sabe bendecir! ¡Ésta es una hermosa vocación!


(Traducción del italiano: Eduardo Rubió y María Cecilia Mutual)

LECTIO DIVINA Dos tercios del espíritu

INVOCATIO Escucha, Señor, la voz de mi clamor.

LECTIO: 2Rey 2,1,6-14. El Señor se llevó a Elías en un carro de fuego ante la
vista de Eliseo. Sal 30,20-21.24.
Sean fuertes los que esperan en el Señor. Mt 6,1-6.16-18. Cuando ores y ayunes, hazlo en secreto, no delante de los hombres.

MEDITATIO: El pasaje veterotestamentario está lleno de símbolos y de
palabra bíblicas como el arrebato al cielo de Elías; la imagen muestra cómo es
llevado al cielo. El anciano profeta sube a los cielos. Es una prefiguración de
Jesús, el Hijo de Dios que culmina el profetismo y toda la revelación divina.
El Señor asciende al cielo en una nube. En la mano tendría, tal vez,  la bandera con la cruz como símbolo de su
victoria sobre la muerte. A los lados, seguramente, estaría el coro de los
ángeles en oración. El carro de fuego; Con frecuencia se asocia el espíritu y
el celo de Dios con el fuego. El Señor actúa al modo de un fuego consumidor que
purifica, como purifica al oro sin destruirlo. Así es Dios, un fuego que abrasa
y hierve, un fuego que calienta e ilumina. Y no un témpano de hielo.  Así es el espíritu de Elías, una fe ardiente,
encendida, avasalladora y nunca casual, indiferente, apoltronada. La división
de las aguas; hace alusión a Moisés y el poder que el Señor depositó en él. El
Señor ha depositado fuerza y fuego en el espíritu de Elías. El manto del
profeta; Eliseo, discípulo y sucesor de Elías, el profeta de fuego pide recibir
las dos terceras partes de su espíritu y recibe como símbolo el manto de su
predecesor, Eliseo se queda sólo y confundido, duda e impreca a Dios con lo
único que tiene: el manto. El manto es la prenda del profeta, su espíritu, su
poder, su fuego, su oración. El manto contiene los dos tercios del espíritu de
Elías, el fuego abrasador y el talante humilde, la fe ardiente y la oración
secreta, la dedicación fogosa al único Dios y la entrega sencilla al servicio
del pueblo. Por paradójico que parezca, el Señor Jesús en varias ocasiones se
refiere al espíritu conquistador, avasallador y peleonero de Elías, pero no sin
la otra cara del espíritu, el contemplativo, recatado y reflexivo. Orar,
ayunar, dar limosna en lo secreto es heredar más que dos tercios del Espíritu
del Señor. Jesús pone en contienda las dos dimensiones del cristiano, la
interior y la exterior. La vida exteriorista, disipada, de pantalla y a la moda
no es para el discípulo. No es lo que han aprendido de los profetas y del
Maestro de Nazaret. No es ese el espíritu que movió a Elías, ni mucho menos el de
Jesús. El nuevo Moisés ha enseñado para los suyos un espíritu interior de
oración sumergida en el corazón del Altísimo, un ayuno y continencia sin
reflectores, una limosna y servicio sin aspavientos. Que lo admire Dios y no
las redes sociales. Que lo contemple el que todo lo sabe y nadie pueda
rastrearlo en google. Que la oración cristiana sea tan extensa que sus
tentáculos toquen el orlo de las 24 horas, pero tan íntima y disimulada que ni
Scotland Yard apunte su lupa en ella. Lo mismo se diga de la limosna que no son
los centavos que se ponen en la canastilla el domingo, sino el servicio
ingenioso e intrépido a los demás. Y no menos subrayado resulte el ayuno que no
consiste en dejar de lado el alimento en viernes santo sino el dominio de las
pasiones y de las adicciones del siglo. La gula, la ira, la lujuria, la
venganza, la pereza. Parece mucho para pocos renglones, pero es menos aún que
los dos tercios del espíritu de Elías. 

ORATIO: Señor Jesús, a diario invoco que mandes sobre mi tu Espíritu,
al menos dos tercios, al menos un poco, para que pueda seguirte desde lejos, en
secreto, pero seguro y con el fuego ardiente del amor. Dame para darte.
Protégeme para proteger al débil. Fortaléceme para fortalecer tu Iglesia.
Concédeme arder de amor sin el humo de la fama. Orar tan dentro de ti que nadie
lo sepa. Vencer al enemigo con las armas de la oración callada y la vigilancia
militante. 

CONTEMPLATIO:  Dos tercios del espíritu

ACTIO:
Ejercicios de espíritu de oración y acción.  Ora et labora. El lema que dio origen y vida
al continente Europeo. La contemplación indispensable para realizar cualquier
cosa en el mundo. Sin mi no pueden hacer nada. Y la Acción necesariamente
respaldada por la oración. La oración sin el trabajo a favor de los demás se
vuelve estéril y egoísta. El trabajo y el servicio sin la oración se vuelve filantropía
hueca, porque donde falta Dios no hay nada. 

"Recemos a María, Madre de los refugiados: El...

"Recemos a María, Madre de los refugiados: Ella conoce sus dolores". Llamamiento del Santo Padre
(RV).- (actualizado con audio)  Pasado mañana, 20 de junio, se celebra el Día Mundial del Refugiado, que la comunidad internacional dedica a quienes están obligados a dejar su propia tierra para escapar de los conflictos y de las persecuciones. El número de estos hermanos refugiados está creciendo y, en estos últimos días, otros miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares para salvarse. Millones de familias refugiadas de muchos países y de diferentes religiones viven en sus historias dramas y heridas que difícilmente podrán sanarse. Seamos cercanos a ellos, compartiendo sus temores y su incertidumbre sobre el futuro y aliviando concretamente su sufrimiento. Que el Señor apoye a las personas y a las instituciones que trabajan con generosidad para asegurar a los refugiados hospitalidad y dignidad, y darles motivos de esperanza. Pensemos que Jesús fue un refugiado, tuvo que huir para salvar la vida, con San José y la Virgen. Tuvo que ir a Egipto, Él fue un refugiado. Recemos a la Virgen, que conoce los dolores de los refugiados. Que sea cercana a estos hermanos y hermanas nuestros. Recemos juntos a la Virgen por los hermanos y hermanas refugiados. María, madre de los refugiados, reza por nosotros. (MZ-RV)