sábado, 30 de agosto de 2014
Al adornar el templo, no desprecies al hermano necesitado
jueves, 28 de agosto de 2014
¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad!
miércoles, 27 de agosto de 2014
Oración
Alcancemos la sabiduría eterna San Agustín, obispo
viernes, 22 de agosto de 2014
Reina del mundo y de la paz
jueves, 21 de agosto de 2014
discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas
JERUSALÉN, 26 May. 14 / 08:46 am (ACI).- En la Iglesia de Getsemaní en Jerusalén (Israel), en su discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, el Papa Francisco hizo ocho acuciantes preguntas sobre la fidelidad de las personas que entregan su vida al servicio del Señor.
El encuentro se realizó luego de bendecir un tabernáculo destinado a la iglesia de los legionarios de Cristo en Galilea, en el área arqueológica de la Magdala; y tras reunirse nuevamente con el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, con quien ayer firmó una declaración conjunta sobre la unidad de los cristianos.
En el discurso en la Iglesia de Getsemaní, ubicada muy cerca al Huerto de los Olivos en donde Jesús rezó antes de ser crucificado, el Santo Padre dijo que “nos encontramos en este lugar santo, santificado por la oración de Jesús, por su angustia, por su sudor de sangre; santificado sobre todo por su "sí" a la voluntad de amor del Padre. Sentimos casi temor de acercarnos a los sentimientos que Jesús experimentó en aquella hora; entramos de puntillas en aquel espacio interior donde se decidió el drama del mundo”.
El Papa Francisco recordó luego que los discípulos tomaron diversas actitudes ante el Maestro, y por eso es bueno que “nosotros, obispos, sacerdotes, personas consagradas, seminaristas, preguntarnos en este lugar: ¿quién soy yo ante mi Señor que sufre?”
“¿Soy de los que, invitados por Jesús a velar con él, se duermen y, en lugar de rezar, tratan de evadirse cerrando los ojos a la realidad?”
“¿Me identifico con aquellos que huyeron por miedo, abandonando al Maestro en la hora más trágica de su vida terrena?”
“¿Descubro en mí el doblez, la falsedad de aquel que lo vendió por treinta monedas, que, habiendo sido llamado amigo, traicionó a Jesús?”
“¿Me identifico con los que fueron débiles y lo negaron, como Pedro? Poco antes, había prometido a Jesús que lo seguiría hasta la muerte; después, acorralado y presa del pánico, jura que no lo conoce”.
“¿Me parezco a aquellos que ya estaban organizando su vida sin Él, como los dos discípulos de Emaús, necios y torpes de corazón para creer en las palabras de los profetas?”
“O bien, gracias a Dios, ¿me encuentro entre aquellos que fueron fieles hasta el final, como la Virgen María y el apóstol Juan? Cuando sobre el Gólgota todo se hace oscuridad y toda esperanza parece apagarse, sólo el amor es más fuerte que la muerte. El amor de la Madre y del discípulo amado los lleva a permanecer a los pies de la cruz, para compartir hasta el final el dolor de Jesús”.
“¿Me identifico con aquellos que han imitado a su Maestro y Señor hasta el martirio, dando testimonio de hasta qué punto Él lo era todo para ellos, la fuerza incomparable de su misión y el horizonte último de su vida?”
Luego de las ocho preguntas dirigidas a los obispos, los sacerdotes, los religiosos y seminaristas, el Papa Francisco recordó que “la amistad de Jesús con nosotros, su fidelidad y su misericordia son el don inestimable que nos anima a continuar con confianza en el seguimiento a pesar de nuestras caídas, nuestros errores y nuestras traiciones”.
“Pero esta bondad del Señor no nos exime de la vigilancia frente al tentador, al pecado, al mal y a la traición que pueden atravesar también la vida sacerdotal y religiosa. Advertimos la desproporción entre la grandeza de la llamada de Jesús y nuestra pequeñez, entre la sublimidad de la misión y nuestra fragilidad humana. Pero el Señor, en su gran bondad y en su infinita misericordia, nos toma siempre de la mano, para que no perezcamos en el mar de la aflicción”.
Jesús, continuó el Santo Padre, “está siempre a nuestro lado, no nos deja nunca solos. Por tanto, no nos dejemos vencer por el miedo y la desesperanza, sino que con entusiasmo y confianza vayamos adelante en nuestro camino y en nuestra misión”.
“Ustedes, queridos hermanos y hermanas, están llamados a seguir al Señor con alegría en esta Tierra bendita. Es un don y una responsabilidad. Su presencia aquí es muy importante; toda la Iglesia se lo agradece y los apoya con la oración”.
Para concluir, el Pontífice alentó a imitar a “la Virgen María y a San Juan, y permanezcamos junto a las muchas cruces en las que Jesús está todavía crucificado. Éste es el camino en el que el Redentor nos llama a seguirlo. ‘El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí estará mi servidor’".
Para leer el discurso completo, ingrese a: http://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-a-sacerdotes-religiosos-y-seminaristas-en-la-iglesia-de-getsemani-69752/#.U4Muvvl5Pfc
San Bernardo
lunes, 18 de agosto de 2014
400 Respuestas a preguntas que usted puede hacer sobre la doctrina católica (21)
sábado, 16 de agosto de 2014
“La vida consagrada es un don precioso para l...
En el breve trayecto que realizó en papamóvil, Francisco se detuvo a orar en el "Jardín de los niños abortados", un cementerio simbólico formado por docenas de cruces blancas; allí saludó a una representación de los activistas “Pro-life” de Corea y al misionero sin piernas ni brazos, Hno. Lee Gu-Won.
Miles de religiosos y religiosas esperaban a Francisco en el gran auditorio. Por motivos de tiempo, - como el mismo Papa Francisco explicó – durante el encuentro con los religiosos en Kkottongnae no se recitaron las vísperas. Después de una breve oración inicial a la Madre de Dios, el Obispo de Roma pronunció su discurso en el gran auditorio: “La vida consagrada es un don precioso para la Iglesia y para el mundo”, manifestó. Y hablando sobre el testimonio gozoso que debe ser alimentado por la vida de oración, de meditación de la Palabra de Dios, de celebración de los sacramentos y vida comunitaria, el Santo Padre exhortó a los religiosos a no guardar para sí mismos la experiencia de Dios, sino a compartirla, llevando a Cristo a todos los rincones de su querido país. “Dejen que su alegría siga manifestándose en sus desvelos por atraer y cultivar las vocaciones, reconociendo que todos ustedes tienen parte en la formación de los consagrados y consagradas, aquellos que vendrán después de ustedes mañana”.
(GM – RV)
Discurso Completo de Su Santidad el Papa Francisco:
Encuentro con las Comunidades religiosas en Corea
Kkottongnae, Training Center
16 de agosto de 2014
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Saludo a todos con afecto en el Señor. Es bello estar hoy con ustedes y compartir este momento de comunión. La gran variedad de carismas y actividades apostólicas que ustedes representan enriquece maravillosamente la vida de la Iglesia en Corea y más allá. En este marco de la celebración de las Vísperas, en la que hemos cantado - ¡deberíamos haber cantado! - las alabanzas de la bondad de Dios, agradezco a ustedes, y a todos sus hermanos y hermanas, sus desvelos por construir el Reino de Dios. Doy las gracias al Padre Hwang Seok-mo y a Sor Escolástica Lee Kwang-ok, Presidentes de las conferencias coreanas.
Las palabras del Salmo –«Se consumen mi corazón y mi carne, pero Dios es la roca de mi corazón y mi lote perpetuo» (Sal 73,26)– nos invitan a reflexionar sobre nuestra vida. El salmista manifiesta gozosa confianza en Dios. Todos sabemos que, aunque la alegría no se expresa de la misma manera en todos los momentos de la vida, especialmente en los de gran dificultad, «siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado» (Evangelii gaudium, 6). La firme certeza de ser amados por Dios está en el centro de su vocación: ser para los demás un signo tangible de la presencia del Reino de Dios, un anticipo del júbilo eterno del cielo. Sólo si nuestro testimonio es alegre, atraeremos a los hombres y mujeres a Cristo. Y esta alegría es un don que se nutre de una vida de oración, de la meditación de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos y de la vida en comunidad. Muy importante. Cuando éstas faltan, surgirán debilidades y dificultades que oscurecerán la alegría que sentíamos tan dentro al comienzo de nuestro camino.
La experiencia de la misericordia de Dios, alimentada por la oración y la comunidad, debe dar forma a todo lo que ustedes son, a todo lo que hacen. Su castidad, pobreza y obediencia serán un testimonio gozoso del amor de Dios en la medida en que permanezcan firmes sobre la roca de su misericordia. Aquella es la roca. Éste es ciertamente el caso de la obediencia religiosa. Una obediencia madura y generosa requiere unirse con la oración a Cristo, que, tomando forma de siervo, aprendió la obediencia por sus padecimientos (cf. Perfectae caritatis, 14). No hay atajos: Dios desea nuestro corazón por completo, y esto significa que debemos «desprendernos» y «salir de nosotros mismos» cada vez más. Una experiencia viva de la diligente misericordia del Señor sostiene también el deseo de llegar a esa perfección de la caridad que nace de la pureza de corazón. La castidad expresa la entrega exclusiva al amor de Dios, que es la «roca de mi corazón». Todos sabemos lo exigente que es esto, y el compromiso personal que comporta. Las tentaciones en este campo requieren humilde confianza en Dios, vigilancia y perseverancia y apertura del corazón al hermano sabio o a la hermana sabia, que el Señor pone en nuestro camino.
Mediante el consejo evangélico de la pobreza, ustedes podrán reconocer la misericordia de Dios, no sólo como una fuente de fortaleza, sino también como un tesoro. Parece contradictorio, pero ser pobres significa encontrar un tesoro. Incluso cuando estamos cansados, podemos ofrecer nuestros corazones agobiados por el pecado y la debilidad; en los momentos en que nos sentimos más indefensos, podemos alcanzar a Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9). Esta necesidad fundamental de ser perdonados y sanados es en sí misma una forma de pobreza que nunca debemos olvidar, no obstante los progresos que hagamos en la virtud. También debe manifestarse concretamente en el estilo de vida, personal y comunitario. Pienso, en particular, en la necesidad de evitar todo aquello que pueda distraerles y causar desconcierto y escándalo a los demás. En la vida consagrada, la pobreza es a la vez un «muro» y una «madre». Un «muro» porque protege la vida consagrada, y una «madre» porque la ayuda a crecer y la guía por el justo camino. La hipocresía de los hombres y mujeres consagrados que profesan el voto de pobreza y, sin embargo, viven como ricos, daña el alma de los fieles y perjudica a la Iglesia. Piensen también en lo peligrosa que es la tentación de adoptar una mentalidad puramente funcional, mundana, que induce a poner nuestra esperanza únicamente en los medios humanos y destruye el testimonio de la pobreza, que Nuestro Señor Jesucristo vivió y nos enseñó. Y agradezco, sobre este punto, al padre presidente y a la hermana presidente de los religiosos, porque han hablado, justamente, sobre el peligro que representan la globalización y el consumismo para la vida de la pobreza religiosa. Gracias.
Queridos hermanos y hermanas, con gran humildad, hagan todo lo que puedan para demostrar que la vida consagrada es un don precioso para la Iglesia y para el mundo. No lo guarden para ustedes mismos; compártanlo, llevando a Cristo a todos los rincones de este querido país. Dejen que su alegría siga manifestándose en sus desvelos por atraer y cultivar las vocaciones, reconociendo que todos ustedes tienen parte en la formación de los consagrados y consagradas, aquellos que vendrán después de ustedes mañana. Tanto si se dedican a la contemplación o a la vida apostólica, sean celosos en su amor a la Iglesia en Corea y en su deseo de contribuir, mediante el propio carisma, a su misión de anunciar el Evangelio y edificar al Pueblo de Dios en unidad, santidad y amor.
Encomiendo a todos ustedes, de manera especial a los ancianos y enfermos de sus comunidades – también un saludo especial del corazón para ellos – los confío a los cuidados amorosos de María, Madre de la Iglesia, y les doy de corazón la bendición.
Los bendiga Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
viernes, 15 de agosto de 2014
«Juventud de Asia: ¡Levántate, resplandece!»...
“Nosotros somos jóvenes que quieren vivir según la Palabra de Jesús, pero vivimos en un entorno muy difícil a nivel personal, de pueblo y de nación. Reunidos aquí en ocasión de la Jornada de la Juventud Asiática, queremos compartir entre nosotros nuestras preocupaciones y pensamientos, y también queremos compartir con el Santo Padre, que venido a visitar aquí a los jóvenes en dificultad, a escuchar sus palabras. Su sabiduría nos dará fuerza”.
Estos fueron los testimonios de los jóvenes: (Audio de la radiocrónica)
Una joven de Camboya
¡Querido Santo Padre! Soy Leap Lakaraksmey, vengo de Camboya.
Cuando me enteré de que iba a hablar delante del Papa como representante de la juventud de Camboya, por demasiada alegría incluso lloré, pero al mismo tiempo sentía la sensación de volar. Doy gracias a Dios.
Desde pequeña recibí mucha ayuda de la parroquia. Para aprender en la escuela recibí los libros, uniformes, e incluso el dinero para los gastos escolares. A los 12 años, empecé a asistir a la Iglesia siguiendo mi papá. Desde entonces, de las hermanas que vinieron como misioneras en nuestra nación, he aprendido las Escrituras y también el método de orar. También aprendí a ir a encontrar y llevar ayuda a las personas en los pueblos lejanos. Era muy feliz en esos momentos. Desde que empecé a ir a la Iglesia, recibí muchos dones de Dios. Dones tan abundantes que no me sentía a la altura de recibirlos. Cuando tenía dificultades o sufrimientos, rezaba a Dios, y Él escuchaba todo. Y me hizo llegar dones que no hubiera nunca imaginado. Sobre todo cuando, por dificultades económicas, hubiera tenido que renunciar a la universidad, Dios, a través de muchos benefactores, me ayudó a entrar en la universidad aquí en Corea. Ahora experimento abundantes gracias que mis amigos envidian.
Pero, Santo Padre, tengo una gran preocupación. Esa preocupación es cómo responder a las muchas gracias de Dios. Cuando era pequeña pensaba que debía seguir el camino de la vocación, si Dios me hubiese llamado. Hasta ahora no he cambiado de opinión. Pero ahora nació en mí un deseo. A diferencia de cuando estaba en Camboya he aprendido y conocido muchas cosas. Pienso que, si más intensamente estudio, más personas podré ayudar. Creo que podría ayudar a mis padres y a las personas de mi pueblo que viven mal. Sin embargo, ¿debería seguir el camino de la vocación renunciando a todo esto que Dios me dio para enfrentarlo? ¿O debería seguir estudiando para ayudar a tanta gente? Esta es mi mayor preocupación. Así que siento como una tentación el no elegir el camino de la vocación.
¿Es una tentación no elegir el camino de la vocación? Me parece que, si el Santo Padre respondiera a mi preocupación, podría elegir con alegría. Otra cosa que pienso que me daría tanta fuerza sería que el Santo Padre nos dijera cómo vence las tentaciones que le vienen.
Me gustaría decir una cosa más. En Camboya mis amigos van a la iglesia porque “quieren conocer a Jesús y la fe católica”. Pero, debido a que Camboya no es una nación católica, hay muchas personas que no conocen la fe católica. Entonces, si uno asiste a la iglesia, se burlan de él, diciéndole: ¿Por qué sigues la fe Europea y no la nuestra tradicional? He visto a menudo que, siendo despreciados por la familia y por la gente del pueblo, con el paso del tiempo estas personas se alejan de la iglesia. Entonces me vino este pensamiento, que sería bueno que nuestra gente de Camboya pudiera tener una bella imagen de la fe cristiana.
En Corea hay tantos santos mártires y advierto que hay una muy buena imagen de la fe católica. Así que pienso que sería bueno si nacieran tantos santos también en Camboya. Cuando yo era pequeña oía de las monjas que hay tantos mártires también en Camboya.
A principios del año 1970 en nuestro país muchas personas murieron en los campos de exterminio(los "campos de la muerte) provocado por Pol Pot. En aquel tiempo perdieron la vida muchos sacerdotes y monjas y también muchos fieles. En particular, también el primer obispo de Camboya, Monseñor. Joseph Chhmar Sala, perdió la vida en aquel tiempo. Nosotros católicos camboyanos, que somos pocos, creemos que el sacrificio de Monseñor Joseph Chhmar Sala y de tantos mártires custodian nuestra fe.
¡Santo Padre! ¿Podría venir también en Camboya para hacer entrar en el número de los santos nuestros mártires camboyanos? Creo que, si fuera así, muchos sacerdotes y monjas podrían desarrollar con más fuerza las actividades misioneras y muchos jóvenes podrían conocer a Jesús.
Palabras del joven de Hong Kong
Santo Padre, los chinos en todo el mundo lo quieren bien. Usted nos enseña a difundir el amor de Dios y nos da coraje.
Mi nombre es Giovanni, recibí el bautismo recién nacido. Actualmente trabajo en el campo del periodismo, a través de este trabajo, me siento realizado como católico y estoy agradecido. Me gusta la liturgia tal vez porque serví como monaguillo desde que tenía 9 años de edad. Hasta ahora sigo haciéndolo y ya son 24 años. Santo Padre durante la Misa que usted celebrará, ¿podría participar como monaguillo a su lado? Mi vida se ha enriquecido cada vez más en la fe, porque he participado en la liturgia. Además, como he seguido haciéndolo con los obispos y sacerdotes, me he convertido cada vez en un buen fiel católico. Como lo hicieron los salesianos conmigo, deseo ardientemente trabajar con los jóvenes. Me gustaría mucho servir a la Iglesia y compartir con todos lo que he recibido de Dios.
Para nosotros que vivimos en Hong Kong hay muchas pruebas y desafíos en la vida. Siendo una ciudad internacional, quienes vivimos ahí nos encontramos con diferentes culturas y diferentes mentalidades. A veces, para hacer contentos a los demás, las personas pierden sus principios morales. Por eso me parece que poco a poco desaparecen la justicia y la igualdad en nuestra sociedad.
Tenemos sed que en toda la ciudad de Hong Kong se difunda la vida de felicidad que viene de la fe. Los jóvenes de Hong Kong tienen capacidad y salud, y nosotros deseamos profundamente que el Santo Padre nos enseñe cómo lograr esta misión.
Entre China continental y Hong Kong hay un vínculo muy fuerte. Nuestras Iglesias son como hermanas. Lo que nos hace sufrir es que, cuanto más se desarrollan las muchas iglesias en la China continental, más aumenta el control y la opresión. A pesar de esta difícil situación, nuestros hermanos y hermanas en la China continental mantienen su fe. Por eso creemos que la Iglesia, que está en la parte continental de China tiene una fe fuerte y todos nosotros esperamos en la promesa de Dios.
Así que hoy, en este lugar, me gustaría hacer algunas preguntas al Santo Padre.
La primera es: ¿qué debemos hacer nosotros junto con los hermanos y hermanas que están en China continental para mostrar en modo continuo y pacífico el amor de Dios a todos los chinos?
La segunda es que muchos jóvenes de Hong Kong quieren que se realice la Jornada Mundial de la Juventud en Hong Kong. Para que se realice este deseo, ¿qué cosa debemos saber y qué tenemos que preparar?
La tercera es: ¿qué pensamiento tiene sobre los católicos chinos que están repartidos por el mundo? ¿Cuál es nuestra misión particular?
Por último, me gustaría decir una cosa más. Santo Padre, en la Iglesia hay muchas personas que han cometido errores en el pasado. Personas que han pecado, que han hecho uso de drogas, que no han mantenido su pureza antes del matrimonio, que se han divorciado, que han querido abandonar la fe, etc…Pero, de igual modo, hay muchos casos de personas que, cuando deciden a regresar a la Iglesia, sienten incomodidad al no advertir la acogida de los demás y se alejan nuevamente. Santo Padre, pido una Palabra suya para que esas personas puedan sentir el valor de volver. Oramos para que los que se arrepienten sientan el amor y puedan insertarse en la comunidad.
Palabras de una joven coreana
Querido Santo Padre,¡buenas tardes!
Soy Marina Park Giseon, una de las participantes de Corea en esta Jornada asiática de los jóvenes.
En primer lugar me siento muy feliz y honrada de que usted haya venido en persona a la Jornada de la Juventud Asiática para encontrarnos y escuchar nuestras palabras. Estoy un poco emocionada, pero voy a hablar con el corazón en paz, como si estuviera hablando con mi abuelo.
En la actualidad, nosotros jóvenes de Corea vivimos en una sociedad de fuerte capitalismo sintiendo la confusión de los valores. Me parece que el capitalismo de Corea no da mucha importancia a la seguridad y la felicidad del hombre. Se piensa que el dinero es más importante, y fácilmente se violan los principios morales más importantes para ganar dinero. Por ello también se pierden familiares y amigos valiosos.
Además, también creo que todos los jóvenes deberían descubrir sus verdaderas identidades de acuerdo a los talentos recibidos por Dios y planificar su futuro paso a paso, pero están convirtiéndose todos en lo mismo, como si fueran máquinas.
Las personas, que deberían tener una relación recíproca de amistad, se convierten en rivales para convertirse en “un sujeto considerado por la sociedad”, en lugar de “una persona que se agrada a sí misma”.
Como resultado, muchos jóvenes sienten frustración y deambulan como perdedores debido a la baja autoestima, y esta situación hace crecer también los problemas sociales como los crímenes y el suicidio. Se piensa seriamente a qué cosa es más importante, si “sobrevivir en el mundo” o “vivir bien en el mundo”, y en conclusión muchos jóvenes pasan el día “sobreviviendo en el mundo”.
Yo también estoy pasando el período de mi juventud en medio de esta confusión de valores.
Pero hace un poco de tiempo comencé con valentía un nuevo trabajo para lograr mi sueño. He creado un pequeño espacio, donde la gente puede venir a conversar o a hacer actividades artísticas, etc ... En otras palabras, es una pequeña empresa dirigida por mí misma. He creado este tipo de espacio, porque para mí es importante que la gente viva feliz, teniendo un espacio en sus vidas. Por supuesto, también para mí es una alegría estar con estas personas.
Pero, por una parte me llega la inquietud. Todos los jóvenes que están a mi alrededor, pasan los días vertiginosamente en una sociedad competitiva tratando de ganar más dinero, mientras que yo he tomado una decisión contraria… entonces me viene la preocupación, si es justo o no, lo que he hecho.
Santo Padre, ¿será justa mi elección? Le pido, para mí y para los jóvenes coreanos que viven en una sociedad de fuerte capitalismo, que nos hable de la vida de verdadera felicidad y nos diga una palabra sobre cómo deberíamos vivir y con qué espíritu deberíamos elegir el trabajo para nuestro futuro.
También quisiera aún hablarle de la situación particular de división entre Corea del Sur y Corea del Norte. Después de 1950, Corea es una nación dividida, única en el mundo, y vivimos en el odio recíproco. Lo que escuché desde temprana edad con respecto a Corea del Norte fue todo negativo. Pero, si hemos pasado en el odio recíproco los últimos 60 años, pienso que la culpa no está toda de una parte. Me gustaría preguntarle, ¿cómo ve a Corea del Norte y con qué espíritu debemos mirar y qué podemos hacer por Corea del Norte nosotros, jóvenes católicos coreanos.
(GM – RV)
Tu cuerpo es santo y sobremanera glorioso
Himno
Hoy sube al cielo María,
que Cristo, en honra del suelo,
traslada la casa al cielo,
donde en la tierra vivía.
Levantad al cielo el vuelo,
de Dios lo fuisteis, y Dios,
por no estar en él sin vos,
traslada la casa al cielo.
Amor con divino modo
os trasplanta, bella flor,
y, porque prendáis mejor,
os llevan con tierra y todo.
A su Hija abraza el Padre,
a su Madre, el Redentor,
y a su Esposa coronada
el Espíritu de Amor. Amén.
Himno
¿A dónde va, cuando se va, la rosa?
¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,
qué amor de Padre la alza y la reclama?
Esta vez como aquélla, aunque distinto;
el Hijo ascendió al Padre en pura flecha.
Hoy va la Madre al Hijo, va derecha
al Uno y Trino, al Trono en su recinto.
Por eso el aire, el cielo, rasga, horada,
profundiza en columna que no cesa,
se nos va, se nos pierde, pincelada
de espuma azul en el azul sorpresa.
No se nos pierde, no; se va y se queda.
Coronada de cielos, tierra añora
y baja en descensión de Mediadora,
rampa de amor, dulcísima vereda.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
lunes, 11 de agosto de 2014
Atiende a la pobreza, la humildad y la caridad de Cristo
sábado, 2 de agosto de 2014
¿ Que es la honestidad ?
La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.
Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.
A una persona honesta se le reconoce ya que nunca dice mentiras, además siempre realiza sus actos de una manera totalmente legal, Una persona honesta es aquella que con su honestidad le aporta mucho a su comunidad, ya que le brinda confianza y seguridad, es una persona buena gente.
La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.
Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.
Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.
viernes, 1 de agosto de 2014
El amor a Cristo
San Alfonso María de Ligorio
(Tratado sobre la práctica del amor a Jesucristo, edición latina, Roma, 1909, pp 9-14)
Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo, nuestro Dios, nuestro sumo bien y nuestro redentor. La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto.
¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad. «Considera, oh hombre -así nos habla-, que yo he sido el primero en amarte. Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba. Desde que existo, yo te amo».
Dios, sabiendo que al hombre se lo gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: «Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor». Y éste es el motivo de todos los dones que concedió al hombre. Además de haber dado un alma dotada, a imagen suya, de memoria, entendimiento y voluntad, y un cuerpo con sus sentidos, no contento con esto, creó, en beneficio suyo, el cielo y la tierra y tanta abundancia de cosas, y todo ello por amor al hombre, para que todas aquellas criaturas estuvieran al servicio del hombre, y así el hombre lo amara a él en atención a tantos beneficios.
Y no sólo quiso darnos aquellas criaturas, con toda su hermosura, sino que además, con el objeto de conquistarse nuestro amor, llegó al extremo de darse a sí mismo por entero a nosotros. El Padre eterno llegó a darnos a su Hijo único. Viendo que todos nosotros estábamos muertos por el pecado y privados de su gracia, ¿que es lo que hizo? Llevado por su amor inmenso, mejor aún, excesivo, como dice el Apóstol, nos envió a su Hijo amado para satisfacer por nuestros pecados y para restituirnos a la vida, que habíamos perdido por el pecado.
Dándonos al Hijo, al que no perdonó, para perdonarnos a nosotros, nos dio con él todo bien: la gracia, la caridad y el paraíso, ya que todas estas cosas son ciertamente menos que el Hijo: El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?
R/. El Señor satisface los deseos de sus fieles, escucha sus gritos y los salva. El Señor guarda a los que lo aman.
V/. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él.
R/. El Señor guarda a los que lo aman.