sábado, 30 de agosto de 2014

Al adornar el templo, no desprecies al hermano necesitado

Lectura Patrística

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre el evangelio de san Mateo 50,3-4
¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre, y no me disteis de comer,y más adelante: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos. 
Reflexionemos, pues, y honremos a Cristo con aquel mismo honor con que él desea ser honrado; pues, cuando se quiere honrar a alguien, debemos pensar en el honor que a él le agrada, no en el que a nosotros nos place. También Pedro pretendió honrar al Señor cuando no quería dejarse lavar los pies, pero lo que él quería impedir no era el honor que el Señor deseaba, sino todo lo contrario. Así tú debes tributar al Señor el honor que él mismo te indicó, distribuyendo tus riquezas a los pobres. Pues Dios no tiene ciertamente necesidad de vasos de oro, pero sí, en cambio, desea almas semejantes al oro. 
No digo esto con objeto de prohibir la entrega de dones preciosos para los templos, pero sí que quiero afirmar que, junto con estos dones y aun por encima de ellos, debe pensarse en la caridad para con los pobres. Porque, si Dios acepta los dones para su templo, le agradan, con todo, mucho más las ofrendas que se dan a los pobres. En efecto, de la ofrenda hecha al templo sólo saca provecho quien la hizo; en cambio, de la limosna saca provecho tanto quien la hace como quien la recibe. El don dado para el templo puede ser motivo de vanagloria, la limosna, en cambio, sólo es signo de amor y de caridad.
¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo. ¿Quieres hacer ofrenda de vasos de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua? Y, ¿de qué serviría recubrir el altar con lienzos bordados de oro, cuando niegas al mismo Señor el vestido necesario para cubrir su desnudez? ¿Qué ganas con ello? Dime si no: Si ves a un hambriento falto del alimento indispensable y, sin preocuparte de su hambre, lo llevas a contemplar una mesa adornada con vajilla de oro, ¿te dará las gracias de ello? ¿No se indignará más bien contigo? O, si, viéndolo vestido de andrajos y muerto de frío, sin acordarte de su desnudez, levantas en su honor monumentos de oro, afirmando que con esto pretendes honrarlo, ¿no pensará él que quieres burlarte de su indigencia con la más sarcástica de tus ironías? 
Piensa, pues, que es esto lo que haces con Cristo, cuando lo contemplas errante, peregrino y sin techo y, sin recibirlo, te dedicas a adornar el pavimento, las paredes y las columnas del templo. Con cadenas de plata sujetas lámparas, y te niegas a visitarlo cuando él está encadenado en la cárcel. Con esto que estoy diciendo, no pretendo prohibir el uso de tales adornos, pero sí que quiero afirmar que es del todo necesario hacer lo uno sin descuidar lo otro; es más: os exhorto a que sintáis mayor preocupación por el hermano necesitado que por el adorno del templo. Nadie, en efecto, resultará condenado por omitir esto segundo, en cambio, los castigos del infierno, el fuego inextinguible y la compañía de los demonios están destinados para quienes descuiden lo primero. Por tanto, al adornar el templo, procurad no despreciar al hermano necesitado, porque este templo es mucho más precioso que aquel otro.
R/. Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
V/. Quien se apiada del pobre presta al Señor.
R/. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

jueves, 28 de agosto de 2014

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad!

San Agustín, obispo
Del libro de las Confesiones (libros 7,10.18;10,27: CSEL 33,157-163.255)
Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú,Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad. 
¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí». 
Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas. 
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.
R/. Oh verdad, luz de mi corazón, ya no me hablan mis tinieblas; me equivoqué, pero me he acordado de ti; y ahora vuelvo sediento y fatigado hasta tu fuente.
V/. He vivido sin vivir; mal he vivido por mí, pero en ti vuelvo a la vida.
R/. Y ahora vuelvo sediento y fatigado hasta tu fuente.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Oración

Dios nuestro, consuelo de los afligidos, que acogiste misericordiosamente las piadosas lágrimas de santa Mónica por la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por la intercesión de ambos, arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y alcanzar la gracia de tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Alcancemos la sabiduría eterna San Agustín, obispo

Del libro de las Confesiones (Libro 9,10,23-11,28: CSEL 33,215-219)
Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y,olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti. 
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo: 
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?» 
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación: 
«¿Dónde estaba?» 
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo: 
«Enterrad aquí a vuestra madre». 
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo: 
«Mira lo que dice». 
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió: 
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis». 
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba. 
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.
R/. El momento es apremiante. Queda como solución que los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.
V/. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo.
R/. Porque la representación de este mundo se termina.

viernes, 22 de agosto de 2014

Reina del mundo y de la paz

San Amadeo de Lausana, obispo
(Homilía 7: SC 72,188.190-192.200)
Observa cuán adecuadamente brilló por toda la tierra, ya antes de la asunción, el admirable nombre de María y se difundió por todas partes su ilustre fama, antes de que fuera ensalzada su majestad sobre los cielos. Convenía en efecto, que la Madre virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y, así, penetrara luego gloriosa en el cielo; convenía que fuera engrandecida aquí abajo, para penetrar luego, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor. 
Así pues, durante su vida mortal, gustaba anticipadamente las primicias del reino futuro, ya sea elevándose hasta Dios con inefable sublimidad, como también descendiendo hacia sus prójimos con indescriptible caridad. Los ángeles la servían, los hombres le tributaban su veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, en la cruz, le hubiese encomendado su Madre virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su Reina, éstos a su Señora, y unos y otros se esforzaban en complacerla con sentimientos de piedad y devoción. 
Y ella, situada en la altísima cumbre de sus virtudes, inundada como estaba por el mar inagotable de los carismas divinos, derramaba en abundancia sobre el pueblo creyente y sediento el abismo de sus gracias, que superaban a las de cualquiera otra criatura. Daba la salud a los cuerpos y el remedio para las almas, dotada como estaba del poder de resucitar de la muerte corporal y espiritual. Nadie se apartó jamás triste o deprimido de su lado, o ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la Madre del Señor lo que deseaban. 
Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, la Esposa, Madre del Esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras, hacía derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo, el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del Salmista, que decía al Señor: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
R/. Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.
V/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
R/. Coronada con doce estrellas.

jueves, 21 de agosto de 2014

discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas

JERUSALÉN, 26 May. 14 / 08:46 am (ACI).- En la Iglesia de Getsemaní en Jerusalén (Israel), en su discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, el Papa Francisco hizo ocho acuciantes preguntas sobre la fidelidad de las personas que entregan su vida al servicio del Señor.

El encuentro se realizó luego de bendecir un tabernáculo destinado a la iglesia de los legionarios de Cristo en Galilea, en el área arqueológica de la Magdala; y tras reunirse nuevamente con el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, con quien ayer firmó una declaración conjunta sobre la unidad de los cristianos.

En el discurso en la Iglesia de Getsemaní, ubicada muy cerca al Huerto de los Olivos en donde Jesús rezó antes de ser crucificado, el Santo Padre dijo que “nos encontramos en este lugar santo, santificado por la oración de Jesús, por su angustia, por su sudor de sangre; santificado sobre todo por su "sí" a la voluntad de amor del Padre. Sentimos casi temor de acercarnos a los sentimientos que Jesús experimentó en aquella hora; entramos de puntillas en aquel espacio interior donde se decidió el drama del mundo”.

El Papa Francisco recordó luego que los discípulos tomaron diversas actitudes ante el Maestro, y por eso es bueno que “nosotros, obispos, sacerdotes, personas consagradas, seminaristas, preguntarnos en este lugar: ¿quién soy yo ante mi Señor que sufre?”

“¿Soy de los que, invitados por Jesús a velar con él, se duermen y, en lugar de rezar, tratan de evadirse cerrando los ojos a la realidad?”

“¿Me identifico con aquellos que huyeron por miedo, abandonando al Maestro en la hora más trágica de su vida terrena?”

“¿Descubro en mí el doblez, la falsedad de aquel que lo vendió por treinta monedas, que, habiendo sido llamado amigo, traicionó a Jesús?”

“¿Me identifico con los que fueron débiles y lo negaron, como Pedro? Poco antes, había prometido a Jesús que lo seguiría hasta la muerte; después, acorralado y presa del pánico, jura que no lo conoce”.

“¿Me parezco a aquellos que ya estaban organizando su vida sin Él, como los dos discípulos de Emaús, necios y torpes de corazón para creer en las palabras de los profetas?”

“O bien, gracias a Dios, ¿me encuentro entre aquellos que fueron fieles hasta el final, como la Virgen María y el apóstol Juan? Cuando sobre el Gólgota todo se hace oscuridad y toda esperanza parece apagarse, sólo el amor es más fuerte que la muerte. El amor de la Madre y del discípulo amado los lleva a permanecer a los pies de la cruz, para compartir hasta el final el dolor de Jesús”.

“¿Me identifico con aquellos que han imitado a su Maestro y Señor hasta el martirio, dando testimonio de hasta qué punto Él lo era todo para ellos, la fuerza incomparable de su misión y el horizonte último de su vida?”

Luego de las ocho preguntas dirigidas a los obispos, los sacerdotes, los religiosos y seminaristas, el Papa Francisco recordó que “la amistad de Jesús con nosotros, su fidelidad y su misericordia son el don inestimable que nos anima a continuar con confianza en el seguimiento a pesar de nuestras caídas, nuestros errores y nuestras traiciones”.

“Pero esta bondad del Señor no nos exime de la vigilancia frente al tentador, al pecado, al mal y a la traición que pueden atravesar también la vida sacerdotal y religiosa. Advertimos la desproporción entre la grandeza de la llamada de Jesús y nuestra pequeñez, entre la sublimidad de la misión y nuestra fragilidad humana. Pero el Señor, en su gran bondad y en su infinita misericordia, nos toma siempre de la mano, para que no perezcamos en el mar de la aflicción”.

Jesús, continuó el Santo Padre, “está siempre a nuestro lado, no nos deja nunca solos. Por tanto, no nos dejemos vencer por el miedo y la desesperanza, sino que con entusiasmo y confianza vayamos adelante en nuestro camino y en nuestra misión”.

“Ustedes, queridos hermanos y hermanas, están llamados a seguir al Señor con alegría en esta Tierra bendita. Es un don y una responsabilidad. Su presencia aquí es muy importante; toda la Iglesia se lo agradece y los apoya con la oración”.

Para concluir, el Pontífice alentó a imitar a “la Virgen María y a San Juan, y permanezcamos junto a las muchas cruces en las que Jesús está todavía crucificado. Éste es el camino en el que el Redentor nos llama a seguirlo. ‘El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí estará mi servidor’".

Para leer el discurso completo, ingrese a:  http://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-a-sacerdotes-religiosos-y-seminaristas-en-la-iglesia-de-getsemani-69752/#.U4Muvvl5Pfc

San Bernardo

IN SANTOS / BY DANIEL D. / ON 20 AGOSTO, 2014 

San Bernardo de Claraval fue un monje cisterciense y doctor de la Iglesia.

Bernardo nació en Borgoña, en el año 1090, como tercer hijo de Tescelin el Rojo, señor de Fontaine, y de su mujer, Santa Alette de Montbard. La familia de su padre pertenecía a la baja nobleza borgoñesa, aunque a partir de su enlace con la familia Montbard, su familia subió de estado, pues gozaban de gran prestigio. El padre de San Bernardo entró entonces al servicio del duque de Borgoña, cuando estas tierras aún eran soberanas y no parte de Francia.

En su juventud, se caracterizó por tener una personalidad muy alegre y energética, sin embargo, los placeres mundanos le atraían enormemente, y a pesar de la formación religiosa que había recibido, se entregaba constantemente a la vida del mundo.

En una ocasión, San Bernardo se encontraba en misa, pero se quedó dormido. En ese momento tuvo una visión en la cual la Virgen María le entregaba al Niño Jesús en brazos, y le pedía que lo amara enormemente y que hiciera que los demás también lo amaran. Fuertemente impactado por esta visión, Bernardo decidió retirarse por un tiempo al convento de Citeaux.

Tras un periodo de meditación, Bernardo volvió a su casa con la decisión de hacerse monje, cosa que enfureció a su padre. Sin embargo, Bernardo estaba decidido, y con veintitrés años, abandonó el futuro que su padre tenía pensado para él, e ingresó en la abadía de Citeaux, fundada años antes por San Roberto de Molesmes. En ese momento, el abad de los cistercienses era San Estaban Harding, quien acogió a Bernardo con gran gozo.

Antes de entrar al convento, Bernardo habló a todos sus conocidos tan fervorosamente sobre la vida religiosa de Citeaux, que logró llevarse consigo a cuatro de sus hermanos, uno de sus tíos, y más de treinta amigos. Tiempo después, a la muerte de su madre, el padre de Bernardo también ingresa al convento, y su hermana llega a un acuerdo con su esposo, entrando los dos en la vida religiosa.

En el año 1115, San Estaban Harding, abad de Citeaux se encontraba con el gran problema de la sobrepoblación del convento debido a las múltiples vocaciones que Bernardo había atraído. Por ello, decide enviar a Bernardo, con tan solo veinticinco años de edad, a fundar un nuevo monasterio, donde pueda llevarse a todos aquellos que le seguían fervorosamente. Fue así como Bernardo fundó una nueva comunidad en el valle de Clairvaux, o Claraval. El obispo de Chalons-sur-Mane, Guillermo de Champeaux, le ordenó sacerdote y le invistió como abad del nuevo convento.

La fama de la santidad personal y de la manera de predicar del abad de Claraval crecieron de tal manera, que rápidamente el nuevo monasterio estaba lleno, llegando a tener más de ciento treinta monjes, por lo que fue necesario enviar a algunos a fundar nuevas comunidades. Desde Claraval, se fundaron sesenta y tres conventos más, y de estos, unos trescientos más, tan solo durante la vida de San Bernardo.

El duro régimen de austeridad y sacrificio impuesto por San Bernardo, hicieron que él mismo enfermara gravemente, por lo que el obispo Guillermo de Champeaux intervino personalmente para retirar a Bernardo a una cabaña donde su alimentación fuera suavizada y pudiera mejorar con grandes cuidados.

La predicación de Bernardo se basaba sobre todo en dos pilares: la importancia de la oración, y el amor a la Santísima Virgen. Es hacia Ella que tenía una gran devoción, y era ella la que aparecía en la mayoría de sus visiones. San Bernardo insiste en la necesidad de pedir la mediación de la Virgen para todas las circunstancias.

La fama del abad de Claraval creció enormemente, siendo requerido en múltiples ocasiones por los obispos y el Santa Padre, para asesorarles en todo momento. San Bernardo pasaba de intentar dirigir su abadía, a formar parte de concilios, así como de predicaciones a pedido expreso del Papa. En una ocasión, el beato Urbano II pidió a San Bernardo ayuda para convocar una nueva cruzada, cosa a la que se entregó enormemente.

Años más tarde, uno de sus discípulos, llamado Bernardo Paganelli di Montemagno, fue elegido Papa con el nombre de Eugenio III. El Papa Eugenio pedía la colaboración de su maestro en todo, por lo que encomendó a Bernardo la predicación de una nueva cruzada. Fue por predicación de San Bernardo, que el rey Luis VII el Joven, su mujer la reina Leonor de Aquitania, así como sus hermanos los príncipes, y demás señores, se postraron ante el abad para recibir la cruz de la Santa Cruzada. Fueron tantos los que pidieron formar parte de la campaña contra los musulmanes, que San Bernardo tuvo que recortar parte de su hábito para completar las cruces de quienes pedían entrar. Después de predicar en la corte francesa, San Bernardo se trasladó a Alemania, donde entregó la cruz de las cruzadas al emperador Conrado, junto con su nieto, Federico Barbarroja, decididos a luchar tras escuchar al abad.

El fracaso de la cruzada, menguó enormemente la fama de San Bernardo, ya que muchos pensaban que debido a su santidad, la cruzada tendría que ser exitosa. Sin embargo, San Bernardo sabía que el fracaso de la campaña se debía a los pecados de los caballeros que participaban en ella, por lo que triste al ver la realidad, se puso en marcha para crear las órdenes militares, y así asegurar la santidad de los que participaban en las cruzadas. A San Bernardo se le debe, en gran parte, la creación de la Orden de los Templarios, cuyos estatutos escribió personalmente y luchó para que fueran aceptados por el Concilio de Troyes.

En el año 1153, tras un largo malestar, San Bernardo murió. Su fama de santidad recorría ya toda la cristiandad. Fue canonizado en el año 1174 por el Papa Alejandro III, y en 1830 fue proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío VIII. Se le llamó el doctor melifluo (doctor boca de miel) debido a su predicación.

En España, la devoción a San Bernardo es especialmente importante, al ser él el santo patrón de Gibraltar y de Algeciras. San Bernardo es también el patrono de los trabajadores agrícolas.

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lunes, 18 de agosto de 2014

400 Respuestas a preguntas que usted puede hacer sobre la doctrina católica (21)

Un homenaje a la memoria de un firme apologista, sus 400 respuestas a preguntas que usted puede hacerse sobre la doctrina católica, presentado en breves publicaciones semanales. (Preguntas 163-171)
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163. RELIGIOSIDAD POPULAR

Reverendo Padre: A nuestro pueblo ha llegado un nuevo párroco que se ha dedicado a quitar imágenes de la iglesia y amontonarlas en un trastero. Nuestra parroquia parece más un garaje que una iglesia. ¿Usted qué opina de esto?

Vuestro párroco se ha equivocado. Se ha dejado influir de la corriente secularizante y confunde la religiosidad popular con las supersticiones. Desde luego que algunas veces la religiosidad popular puede contagiarse de supersticiones, pero la religiosidad popular tiene enormes valores que hay que conservar, pues mucha gente no tiene una religiosidad ilustrada, pero siente profundamente su veneración por lo sagrado.

Los teólogos secularizantes no han podido con ella y han tenido que aceptarla. Es una religiosidad más vivida que razonada. Evidentemente que es importante tener una buena formación religiosa. Pero hay gente en quienes prevalecen los sentimientos: la devoción a María-Madre, a Cristo sufriente para redimirnos, al Corazón de Jesús que nos ama, etc. Por eso es un disparate quitar las imágenes de la iglesia.

Por supuesto que el sagrario es más importante que las imágenes, pero para mucha gente es más fácil hablarle a una imagen que al sagrario. Claro que no es correcto ir derecho a una imagen y pasar delante del sagrario sin hacer genuflexión, pero esto manifiesta el atractivo de la imagen.

El que lo hace no advierte que el Cristo vivo que está en el sagrario es mucho más importante que la imagen. Hay que formar al pueblo, pero respetando la religiosidad popular tan profundamente arraigada.

164. DEVOCIONES POPULARES

Creo que hay una enorme falta de cultura religiosa. Veo gente apegada a sus devociones y que abandona cosas importantes. Incluso en gente de cierta cultura humana hay ignorancia religiosa. ¿Está usted de acuerdo?

Evidentemente que lo esencial es más importante que lo accidental, y a veces hay gente de poca cultura que lo altera. Pero la Iglesia siempre ha insistido en la fundamental. Pero no hay que eliminar las devociones populares, muy asequibles a un pueblo que puede no ser capaz de cosas más importantes. Dios se acomoda a cada persona, y no pide a nadie más de lo que cada uno puede dar.

Pero, desde luego, una persona de cultura profesional debe tener una cultura religiosa de su nivel.

165. INTERCESIÓN DE LOS SANTOS

Padre, me dirijo a usted con el debido respeto para preguntarle una duda. Es la siguiente: El día de San Cayetano (patrono del trabajo aquí en Buenos Aires) dadas las dificultades económicas que atraviesa el país se reunieron durante días y noches una cantidad tremenda de cristianos para ir a pedirle al santo que les dé trabajo. Que yo tenga entendido al único al que se debe rezar y pedir es a nuestro Señor Jesucristo. Orar y rezarle siempre directamente a él. Yo veía a esos hermanos que se arrodillaban delante del santo y le rezaban a él. ¿No sería acaso una forma de idolatría?

Es evidente que nuestras peticiones deben dirigirse a Dios. Pero no hay problema en que se busquen intercesores, como la Virgen o los santos. Lo mismo que buscamos personas allegadas a los grandes personajes cuando deseamos algo de ellos. En el Evangelio se nos cuenta que unos que se querían acercar a Jesús buscaron la intercesión de los Apóstoles. Y en Caná Jesús hizo el milagro por la intercesión de María.

Por supuesto que la adoración se debe sólo a Dios. Pero es cierto que ningún devoto de San Cayetano lo adora, sino que le suplica su intercesión.

166. OMNIPRESENCIA DE LOS SANTOS

Hola Padre Loring: sólo para hacerle una pregunta sobre un tema que me ha puesto a pensar un poquito.

¿La Virgen y los Santos son omnipresentes y omniscientes como Dios? Esto se lo pregunto porque una compañera de trabajo, que es evangélica, me dice que nosotros los católicos le atribuimos poderes a los Santos y a la Virgen que no les corresponden más que a Dios, ya que oramos a los Santos y a la Virgen como si ellos nos fueran a escuchar, y dice ella que eso no es posible porque ellos no son omnipresentes ni omniscientes como Dios. ¿Me puede aclarar este asunto por favor?

La omnipresencia y la omnisciencia son cualidades exclusivas de Dios. Pero los que están en el Cielo pueden escuchar nuestras peticiones porque Dios se lo concede.

167. ADORACIÓN DE LOS SANTOS

Quiero preguntar sobre los Santos y sus imágenes. Los Santos que están hechos por el hombre con materiales, ¿es bueno adorarlos, si son hechos de yeso o barro?

La adoración sólo es para Dios. A los santos los veneramos, no los adoramos. Y la veneración a las imágenes no va dirigida a la propia imagen, sino a la persona a quien representa. Lo mismo que el beso a la foto de tu madre no va dirigida al papel fotográfico, sino a la persona de tu madre.

168. PROHIBICIÓN DE IMÁGENES

Por qué razón si en la Santa Biblia, en Éxodo 20: del 3 al 6, dice que no debemos hacernos ninguna imagen, ni de lo que está en el cielo ni en la tierra, y que no debemos inclinarnos ante ellas; y también dice que no tendremos dioses ajenos a él, ¿cómo es posible que la Iglesia Católica tenga tantas imágenes?

Efectivamente, la Biblia prohibía al pueblo hebreo hacer imágenes para evitar que se contagiaran de la idolatría de los pueblos vecinos. Pero ese peligro hoy ha desaparecido, pues nadie adora las imágenes. Por todas partes hay estatuas, lo mismo de personas históricas que de religiosas, y a nadie se le ocurre adorarlas. Se las trata con el respeto y veneración que a ese personaje le sea debida. Pero a nadie se le ocurre adorarlas, pues la adoración es sólo para Dios.

Hay cosas del Antiguo Testamento que ya no rigen hoy día, por ejemplo la circuncisión.

169. CULTO A LAS IMÁGENES

Algunos me preguntan, ¿por qué nosotros adoramos imágenes si la Biblia lo prohíbe?

Los católicos no adoramos a las imágenes. Eso es una calumnia con la que nos atacan los protestantes.

Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto [1] porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo.

Las imágenes no se adoran, se veneran. Adorar es poner un ídolo en el lugar de Dios, remplazándolo. La adoración sólo es para Dios. Venerar es reconocer el valor que tiene para mí alguien o algo, por lo cual merece nuestro respeto. Yo venero a mis padres y a mi patria, pero no por eso los adoro. Adoro sólo a Dios.

A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos. La adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría. Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía, como de intercesores ante Dios. La adoración sólo se tributa a Dios [2]. Por eso, en el Imperio Romano, muchos cristianos fueron mártires por no querer adorar a los ídolos.

La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa [3]. Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona. La idolatría se dirige a la imagen misma como a un dios.

Dice el Concilio II de Nicea: "el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella" [4]. Y el Concilio de Trento: "Deben tenerse y conservarse en los templos las imágenes, y tributarles el debido honor y veneración (...) porque el honor que se les tributa se refiere a los originales que ellas representan" [5]. "Las imágenes son el libro del pueblo", decía San Juan Damasceno. Lo mismo que las catedrales son "libros de piedra para catequizar a un pueblo que no sabía leer" [6].

El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo "la imagen visible del Dios invisible", como dice San Pablo [7], es lógico que lo representemos para darle culto [8].

Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes [9] son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos, que adoraban los ídolos como si fueran dioses [10]. Ese peligro no existe actualmente, por eso el mandato ya no vale hoy día [11]; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión [12], y la pena de muerte para los adúlteros [13]. El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo [14] . Los textos del Nuevo Testamento [15] que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes. "Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes" [16].

Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno: "Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros".

Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría [17]. Esto es absurdo.

170. GENUFLEXIÓN A LAS IMÁGENES

Los católicos dicen que no adoran a las imágenes, pero se arrodillan ante ellas. ¿Esto no es adorarlas?

No. La genuflexión tiene un valor variado. Depende de la intención del que la hace. La genuflexión ante el sagrario es adoración, pues en la eucaristía está Dios. La genuflexión ante una imagen es veneración, pues las imágenes no se adoran.

Y la genuflexión que hacen las señoras bien educadas a los reyes es el respeto que pide el protocolo; pero ninguna de esas señoras pretende adorar a los reyes.

171. SÍMBOLOS PAGANOS

Fui un católico muy interesado en mi religión y estudioso de ella. Desde chico me educaron en el catolicismo en escuelas del Opus Dei en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México; incluso la universidad la estudie en la UP que pertenece también al Opus Dei. Pero me he dado cuenta que cuanto más conozco la religión católica más decepcionado me quedo. Tengo por el momento sólo algunas preguntas que no puedo entender. Algunas tienen que ver con la simbología que utiliza la Iglesia católica, y otras en cuanto a usos o tradiciones o famosos dogmas de fe.
1. ¿Por qué el Vaticano tiene un obelisco en el centro de la explanada frente a la puerta principal de la Basílica de San Pedro? Bien sabe la Iglesia católica que era una escultura dedicada al dios Sol, que viene desde culturas egipcias. No me cabe en la cabeza por qué usarían un símbolo así en una iglesia dedicada, en teoría, a Dios. 

2. Dentro del mismo tema ¿por qué hay tantas iglesias católicas donde encuentro el símbolo de "el ojo que todo lo ve", el cual es utilizado actualmente mucho en los mormones, pero que en la antigüedad tenía tanto relación con el dios Sol y también relación con paganismo satánico. ¿Cómo es posible que en iglesias dedicadas a Dios tengan simbolismos paganos/satánicos y casi la mayoría símbolos que tienen que ver con el dios Sol? 

3. Y ya hablando de coincidencias con el dios Sol, ¿por qué el Santísimo Sacramento, que se pone en las iglesias con una hostia en el centro, curiosamente tienen un resplandor como de sol y los techos de las iglesias muchos tienen resplandores en forma de sol en la arquitectura de los techos? ¿Por qué tanta alusión al sol? Por eso Dios no quería que se hicieran imágenes algunas de nada, para evitar este tipo de cosas, y si me quedo hablando de simbología pagana en iglesias católicas no termino, de verdad es increíble todo lo que se puede encontrar. 

4. ¿Por qué la Iglesia Católica cambio el shabat, que fue el día de descanso estipulado por Dios mismo, al domingo (sunday en su traducción al inglés que significa día del sol) que era un día que en culturas antiguas era dedicado nuevamente al dios Sol? Tanto Dios como Jesucristo declararon la importancia del shabat y dijeron que quien no lo cumpla ciertamente morirá, pues era importante para Dios ese día, y la Iglesia Católica lo cambia porque lo dijo el Papa. ¿Cómo puedo creer en una congregación que está haciendo tantas cosas que a la luz de todos van en contra de Dios? 

5. ¿Cómo puedo creer en la infalibilidad del Papa cuando uno de ellos declaró la Santa Inquisición y otros más eran los autores de guerras y robos dentro de las monarquías en Europa? 

6. Si Jesucristo dio todo el tiempo un ejemplo de humildad y de sencillez ¿por qué los Papas están vestidos con las mejores ropas, envueltos en colguijes de oro y anillos exuberantes? No puedo entender por qué le dan a todos los sacerdotes un aspecto de divinidad pagana llenos de joyas de oro con carros de lujo e iglesias increíblemente caras, y ya no me voy a meter más en esto porque me enfurece el amor al dinero que denota el Vaticano y sus iglesias.
Por el momento ésas son las dudas que voy a exponer porque no terminaría de darle a conocer las demás que me hacen alejarme de la que anteriormente consideraba mi religión y mis creencias más profundas, pero donde hoy sólo veo incoherencias y errores. Y no me voy a convertir en un cristiano protestante, evangélico o Testigo de Jehová, porque todos ellos viven en errores grandes de igual manera; ahora lo difícil va ser dónde podré encontrar una Iglesia en la cual congregarme si todas están igual de podridas.

Espero urgentemente su respuesta a estas dudas. Que Dios le bendiga y espero tenga la capacidad de hacer un lado el amor al catolicismo y pueda ver la realidad de las cosas que yo he estado viendo a través de los años. No se necesita ser muy estudioso para ver todo esto. Saludos.

Lamento decirle que tropieza usted en piedrecitas insignificantes y parece ignorar las grandes verdades de la Fe Católica que expongo en mi libro Para Salvarte, que le recomiendo leer.

El obelisco del Vaticano estaba en el circo de Nerón, y cuando Constantino edificó su basílica en honor de San Pedro lo trasladó como un trofeo traído de Egipto. Esto no tiene ningún significado religioso. Usted puede tener en su casa un Buda decorativo y no por eso ser budista.

El ojo es símbolo de que Dios lo ve todo. Que lo hayan usado los paganos no me impide usarlo yo. Que un asesino utilice un cuchillo para matar no me impide a mí usarlo para comer. Etc., etc., etc.

Aunque la fiesta del A.T. era el sábado, los apóstoles la trasladaron al domingo en recuerdo de que Cristo resucitó en domingo.

La inquisición no era exclusiva de la Iglesia. Era un tribunal común en la Europa medieval, y es cosa sabida que los condenados preferían ser juzgados por la Inquisición de la Iglesia que por la civil, pues los castigos eran menos crueles.

También exagera en el atuendo del Papa. En público tiene que llevar una indumentaria adecuada a su cargo. Lo mismo que el rey en una recepción no va en zapatillas. Pero es cosa sabida que los Papas recientes en su vida privada han sido muy austeros.

____________________________________

NOTAS

[1] Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, no. 111.
[2] CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA: Catecismo Católico para adultos, 2ª, II, 2, 2. Ed. BAC.
[3] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2132.
[4] Sesión 7ª, 302, 337, 679.
[5] Sesión 25 (3, 4, XII, 1563).
[6] ANTONIO BRITO: La Síndone de Turín, IV, 5. C.E.S. Valencia. 1998.
[7] SAN PABLO: Carta a los Colonenses, 1:15.
[8] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, 1159ss, 2129ss.
[9] Éxodo, 20:4
[10] JUAN CEDRÉS: ORACCIÓN, XXI, 3. Ed. Antillas. Barranquilla. 1998. 
[11] SAN PABLO: Carta a los Gálatas, 4:4s; Deuteronomio, 5:9
[12] Levítico, 12:3
[13] Levítico, 20:10
[14] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1984.
[15] SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:7; Primera Carta de San Juan, 5:21
[16] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, 2131. 
[17] G. HERBERT, S.I: Los Testigos de Jehová, su historia y su doctrina, VI, 3, b. Ed. PPC. Madrid, 1973. Éste es uno de los mejores libros para refutar con profundidad los errores de los Testigos de Jehová. 


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sábado, 16 de agosto de 2014

“La vida consagrada es un don precioso para l...

“La vida consagrada es un don precioso para la Iglesia y para el mundo”, Francisco a los religiosas y religiosos
(RV).- (actualizado con audio)  Con el corazón acariciado por los cantos y la ternura de los niños enfermos en la Casa de la Esperanza, el Papa se dirigió a las 17.15 aproximadamente al encuentro con las comunidades religiosas en el Training Center “Escuela del amor” de Kkottongnae, en donde cada año cerca de 200.000 jóvenes siguen cursos de espiritualidad activa.
En el breve trayecto que realizó en papamóvil, Francisco se detuvo a orar en el "Jardín de los niños abortados", un cementerio simbólico formado por docenas de cruces blancas; allí saludó a una representación de los activistas “Pro-life” de Corea y al misionero sin piernas ni brazos, Hno. Lee Gu-Won.
Miles de religiosos y religiosas esperaban a Francisco en el gran auditorio. Por motivos de tiempo, - como el mismo Papa Francisco explicó – durante el encuentro con los religiosos en Kkottongnae no se recitaron las vísperas. Después de una breve oración inicial a la Madre de Dios, el Obispo de Roma pronunció su discurso en el gran auditorio: “La vida consagrada es un don precioso para la Iglesia y para el mundo”, manifestó. Y hablando sobre el testimonio gozoso que debe ser alimentado por la vida de oración, de meditación de la Palabra de Dios, de celebración de los sacramentos y vida comunitaria, el Santo Padre exhortó a los religiosos a no guardar para sí mismos la experiencia de Dios, sino a compartirla, llevando a Cristo a todos los rincones de su querido país. “Dejen que su alegría siga manifestándose en sus desvelos por atraer y cultivar las vocaciones, reconociendo que todos ustedes tienen parte en la formación de los consagrados y consagradas, aquellos que vendrán después de ustedes mañana”.
(GM – RV)

Discurso Completo de Su Santidad el Papa Francisco: 


Encuentro con las Comunidades religiosas en Corea
Kkottongnae, Training Center
16 de agosto de 2014
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Saludo a todos con afecto en el Señor. Es bello estar hoy con ustedes y compartir este momento de comunión. La gran variedad de carismas y actividades apostólicas que ustedes representan enriquece maravillosamente la vida de la Iglesia en Corea y más allá. En este marco de la celebración de las Vísperas, en la que hemos cantado - ¡deberíamos haber cantado! - las alabanzas de la bondad de Dios, agradezco a ustedes, y a todos sus hermanos y hermanas, sus desvelos por construir el Reino de Dios. Doy las gracias al Padre Hwang Seok-mo y a Sor Escolástica Lee Kwang-ok, Presidentes de las conferencias coreanas. 
Las palabras del Salmo –«Se consumen mi corazón y mi carne, pero Dios es la roca de mi corazón y mi lote perpetuo» (Sal 73,26)– nos invitan a reflexionar sobre nuestra vida. El salmista manifiesta gozosa confianza en Dios. Todos sabemos que, aunque la alegría no se expresa de la misma manera en todos los momentos de la vida, especialmente en los de gran dificultad, «siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado» (Evangelii gaudium, 6). La firme certeza de ser amados por Dios está en el centro de su vocación: ser para los demás un signo tangible de la presencia del Reino de Dios, un anticipo del júbilo eterno del cielo. Sólo si nuestro testimonio es alegre, atraeremos a los hombres y mujeres a Cristo. Y esta alegría es un don que se nutre de una vida de oración, de la meditación de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos y de la vida en comunidad. Muy importante. Cuando éstas faltan, surgirán debilidades y dificultades que oscurecerán la alegría que sentíamos tan dentro al comienzo de nuestro camino. 
La experiencia de la misericordia de Dios, alimentada por la oración y la comunidad, debe dar forma a todo lo que ustedes son, a todo lo que hacen. Su castidad, pobreza y obediencia serán un testimonio gozoso del amor de Dios en la medida en que permanezcan firmes sobre la roca de su misericordia. Aquella es la roca. Éste es ciertamente el caso de la obediencia religiosa. Una obediencia madura y generosa requiere unirse con la oración a Cristo, que, tomando forma de siervo, aprendió la obediencia por sus padecimientos (cf. Perfectae caritatis, 14). No hay atajos: Dios desea nuestro corazón por completo, y esto significa que debemos «desprendernos» y «salir de nosotros mismos» cada vez más. Una experiencia viva de la diligente misericordia del Señor sostiene también el deseo de llegar a esa perfección de la caridad que nace de la pureza de corazón. La castidad expresa la entrega exclusiva al amor de Dios, que es la «roca de mi corazón». Todos sabemos lo exigente que es esto, y el compromiso personal que comporta. Las tentaciones en este campo requieren humilde confianza en Dios, vigilancia y perseverancia y apertura del corazón al hermano sabio o a la hermana sabia, que el Señor pone en nuestro camino.
Mediante el consejo evangélico de la pobreza, ustedes podrán reconocer la misericordia de Dios, no sólo como una fuente de fortaleza, sino también como un tesoro. Parece contradictorio, pero ser pobres significa encontrar un tesoro. Incluso cuando estamos cansados, podemos ofrecer nuestros corazones agobiados por el pecado y la debilidad; en los momentos en que nos sentimos más indefensos, podemos alcanzar a Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9). Esta necesidad fundamental de ser perdonados y sanados es en sí misma una forma de pobreza que nunca debemos olvidar, no obstante los progresos que hagamos en la virtud. También debe manifestarse concretamente en el estilo de vida, personal y comunitario. Pienso, en particular, en la necesidad de evitar todo aquello que pueda distraerles y causar desconcierto y escándalo a los demás. En la vida consagrada, la pobreza es a la vez un «muro» y una «madre». Un «muro» porque protege la vida consagrada, y una «madre» porque la ayuda a crecer y la guía por el justo camino. La hipocresía de los hombres y mujeres consagrados que profesan el voto de pobreza y, sin embargo, viven como ricos, daña el alma de los fieles y perjudica a la Iglesia. Piensen también en lo peligrosa que es la tentación de adoptar una mentalidad puramente funcional, mundana, que induce a poner nuestra esperanza únicamente en los medios humanos y destruye el testimonio de la pobreza, que Nuestro Señor Jesucristo vivió y nos enseñó. Y agradezco, sobre este punto, al padre presidente y a la hermana presidente de los religiosos, porque han hablado, justamente, sobre el peligro que representan la globalización y el consumismo para la vida de la pobreza religiosa. Gracias.
Queridos hermanos y hermanas, con gran humildad, hagan todo lo que puedan para demostrar que la vida consagrada es un don precioso para la Iglesia y para el mundo. No lo guarden para ustedes mismos; compártanlo, llevando a Cristo a todos los rincones de este querido país. Dejen que su alegría siga manifestándose en sus desvelos por atraer y cultivar las vocaciones, reconociendo que todos ustedes tienen parte en la formación de los consagrados y consagradas, aquellos que vendrán después de ustedes mañana. Tanto si se dedican a la contemplación o a la vida apostólica, sean celosos en su amor a la Iglesia en Corea y en su deseo de contribuir, mediante el propio carisma, a su misión de anunciar el Evangelio y edificar al Pueblo de Dios en unidad, santidad y amor. 
Encomiendo a todos ustedes, de manera especial a los ancianos y enfermos de sus comunidades – también un saludo especial del corazón para ellos – los confío a los cuidados amorosos de María, Madre de la Iglesia, y les doy de corazón la bendición. 
Los bendiga Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

viernes, 15 de agosto de 2014

«Juventud de Asia: ¡Levántate, resplandece!»...

«Juventud de Asia: ¡Levántate, resplandece!» Testimonios de los jóvenes durante el encuentro con el Santo Padre
(RV).- (audio)  «Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos» (Mt.18-20). El Santo Padre se reunió con los jóvenes asiáticos a las diez y media de la mañana del 15 de agosto, en la Solemnidad de la Asunción de María, quienes lo recibieron con una cálida bienvenida. 

“Nosotros somos jóvenes que quieren vivir según la Palabra de Jesús, pero vivimos en un entorno muy difícil a nivel personal, de pueblo y de nación. Reunidos aquí en ocasión de la Jornada de la Juventud Asiática, queremos compartir entre nosotros nuestras preocupaciones y pensamientos, y también queremos compartir con el Santo Padre, que venido a visitar aquí a los jóvenes en dificultad, a escuchar sus palabras. Su sabiduría nos dará fuerza”. 

Estos fueron los testimonios de los jóvenes: (Audio de la radiocrónica)
 


Una joven de Camboya
¡Querido Santo Padre! Soy Leap Lakaraksmey, vengo de Camboya. 
Cuando me enteré de que iba a hablar delante del Papa como representante de la juventud de Camboya, por demasiada alegría incluso lloré, pero al mismo tiempo sentía la sensación de volar. Doy gracias a Dios. 
Desde pequeña recibí mucha ayuda de la parroquia. Para aprender en la escuela recibí los libros, uniformes, e incluso el dinero para los gastos escolares. A los 12 años, empecé a asistir a la Iglesia siguiendo mi papá. Desde entonces, de las hermanas que vinieron como misioneras en nuestra nación, he aprendido las Escrituras y también el método de orar. También aprendí a ir a encontrar y llevar ayuda a las personas en los pueblos lejanos. Era muy feliz en esos momentos. Desde que empecé a ir a la Iglesia, recibí muchos dones de Dios. Dones tan abundantes que no me sentía a la altura de recibirlos. Cuando tenía dificultades o sufrimientos, rezaba a Dios, y Él escuchaba todo. Y me hizo llegar dones que no hubiera nunca imaginado. Sobre todo cuando, por dificultades económicas, hubiera tenido que renunciar a la universidad, Dios, a través de muchos benefactores, me ayudó a entrar en la universidad aquí en Corea. Ahora experimento abundantes gracias que mis amigos envidian. 
Pero, Santo Padre, tengo una gran preocupación. Esa preocupación es cómo responder a las muchas gracias de Dios. Cuando era pequeña pensaba que debía seguir el camino de la vocación, si Dios me hubiese llamado. Hasta ahora no he cambiado de opinión. Pero ahora nació en mí un deseo. A diferencia de cuando estaba en Camboya he aprendido y conocido muchas cosas. Pienso que, si más intensamente estudio, más personas podré ayudar. Creo que podría ayudar a mis padres y a las personas de mi pueblo que viven mal. Sin embargo, ¿debería seguir el camino de la vocación renunciando a todo esto que Dios me dio para enfrentarlo? ¿O debería seguir estudiando para ayudar a tanta gente? Esta es mi mayor preocupación. Así que siento como una tentación el no elegir el camino de la vocación. 
¿Es una tentación no elegir el camino de la vocación? Me parece que, si el Santo Padre respondiera a mi preocupación, podría elegir con alegría. Otra cosa que pienso que me daría tanta fuerza sería que el Santo Padre nos dijera cómo vence las tentaciones que le vienen. 
Me gustaría decir una cosa más. En Camboya mis amigos van a la iglesia porque “quieren conocer a Jesús y la fe católica”. Pero, debido a que Camboya no es una nación católica, hay muchas personas que no conocen la fe católica. Entonces, si uno asiste a la iglesia, se burlan de él, diciéndole: ¿Por qué sigues la fe Europea y no la nuestra tradicional? He visto a menudo que, siendo despreciados por la familia y por la gente del pueblo, con el paso del tiempo estas personas se alejan de la iglesia. Entonces me vino este pensamiento, que sería bueno que nuestra gente de Camboya pudiera tener una bella imagen de la fe cristiana.
En Corea hay tantos santos mártires y advierto que hay una muy buena imagen de la fe católica. Así que pienso que sería bueno si nacieran tantos santos también en Camboya. Cuando yo era pequeña oía de las monjas que hay tantos mártires también en Camboya.
A principios del año 1970 en nuestro país muchas personas murieron en los campos de exterminio(los "campos de la muerte) provocado por Pol Pot. En aquel tiempo perdieron la vida muchos sacerdotes y monjas y también muchos fieles. En particular, también el primer obispo de Camboya, Monseñor. Joseph Chhmar Sala, perdió la vida en aquel tiempo. Nosotros católicos camboyanos, que somos pocos, creemos que el sacrificio de Monseñor Joseph Chhmar Sala y de tantos mártires custodian nuestra fe. 
¡Santo Padre! ¿Podría venir también en Camboya para hacer entrar en el número de los santos nuestros mártires camboyanos? Creo que, si fuera así, muchos sacerdotes y monjas podrían desarrollar con más fuerza las actividades misioneras y ​​muchos jóvenes podrían conocer a Jesús.

Palabras del joven de Hong Kong
Santo Padre, los chinos en todo el mundo lo quieren bien. Usted nos enseña a difundir el amor de Dios y nos da coraje. 
Mi nombre es Giovanni, recibí el bautismo recién nacido. Actualmente trabajo en el campo del periodismo, a través de este trabajo, me siento realizado como católico y estoy agradecido. Me gusta la liturgia tal vez porque serví como monaguillo desde que tenía 9 años de edad. Hasta ahora sigo haciéndolo y ya son 24 años. Santo Padre durante la Misa que usted celebrará, ¿podría participar como monaguillo a su lado? Mi vida se ha enriquecido cada vez más en la fe, porque he participado en la liturgia. Además, como he seguido haciéndolo con los obispos y sacerdotes, me he convertido cada vez en un buen fiel católico. Como lo hicieron los salesianos conmigo, deseo ardientemente trabajar con los jóvenes. Me gustaría mucho servir a la Iglesia y compartir con todos lo que he recibido de Dios. 
Para nosotros que vivimos en Hong Kong hay muchas pruebas y desafíos en la vida. Siendo una ciudad internacional, quienes vivimos ahí nos encontramos con diferentes culturas y diferentes mentalidades. A veces, para hacer contentos a los demás, las personas pierden sus principios morales. Por eso me parece que poco a poco desaparecen la justicia y la igualdad en nuestra sociedad. 
Tenemos sed que en toda la ciudad de Hong Kong se difunda la vida de felicidad que viene de la fe. Los jóvenes de Hong Kong tienen capacidad y salud, y nosotros deseamos profundamente que el Santo Padre nos enseñe cómo lograr esta misión. 
Entre China continental y Hong Kong hay un vínculo muy fuerte. Nuestras Iglesias son como hermanas. Lo que nos hace sufrir es que, cuanto más se desarrollan las muchas iglesias en la China continental, más aumenta el control y la opresión. A pesar de esta difícil situación, nuestros hermanos y hermanas en la China continental mantienen su fe. Por eso creemos que la Iglesia, que está en la parte continental de China tiene una fe fuerte y todos nosotros esperamos en la promesa de Dios. 
Así que hoy, en este lugar, me gustaría hacer algunas preguntas al Santo Padre. 
La primera es: ¿qué debemos hacer nosotros junto con los hermanos y hermanas que están en China continental para mostrar en modo continuo y pacífico el amor de Dios a todos los chinos? 
La segunda es que muchos jóvenes de Hong Kong quieren que se realice la Jornada Mundial de la Juventud en Hong Kong. Para que se realice este deseo, ¿qué cosa debemos saber y qué tenemos que preparar?
La tercera es: ¿qué pensamiento tiene sobre los católicos chinos que están repartidos por el mundo? ¿Cuál es nuestra misión particular?
Por último, me gustaría decir una cosa más. Santo Padre, en la Iglesia hay muchas personas que han cometido errores en el pasado. Personas que han pecado, que han hecho uso de drogas, que no han mantenido su pureza antes del matrimonio, que se han divorciado, que han querido abandonar la fe, etc…Pero, de igual modo, hay muchos casos de personas que, cuando deciden a regresar a la Iglesia, sienten incomodidad al no advertir la acogida de los demás y se alejan nuevamente. Santo Padre, pido una Palabra suya para que esas personas puedan sentir el valor de volver. Oramos para que los que se arrepienten sientan el amor y puedan insertarse en la comunidad.

Palabras de una joven coreana
Querido Santo Padre,¡buenas tardes! 
Soy Marina Park Giseon, una de las participantes de Corea en esta Jornada asiática de los jóvenes. 
En primer lugar me siento muy feliz y honrada de que usted haya venido en persona a la Jornada de la Juventud Asiática para encontrarnos y escuchar nuestras palabras. Estoy un poco emocionada, pero voy a hablar con el corazón en paz, como si estuviera hablando con mi abuelo. 
En la actualidad, nosotros jóvenes de Corea vivimos en una sociedad de fuerte capitalismo sintiendo la confusión de los valores. Me parece que el capitalismo de Corea no da mucha importancia a la seguridad y la felicidad del hombre. Se piensa que el dinero es más importante, y fácilmente se violan los principios morales más importantes para ganar dinero. Por ello también se pierden familiares y amigos valiosos. 
Además, también creo que todos los jóvenes deberían descubrir sus verdaderas identidades de acuerdo a los talentos recibidos por Dios y planificar su futuro paso a paso, pero están convirtiéndose todos en lo mismo, como si fueran máquinas. 
Las personas, que deberían tener una relación recíproca de amistad, se convierten en rivales para convertirse en “un sujeto considerado por la sociedad”, en lugar de “una persona que se agrada a sí misma”.
Como resultado, muchos jóvenes sienten frustración y deambulan como perdedores debido a la baja autoestima, y esta situación hace crecer también los problemas sociales como los crímenes y el suicidio. Se piensa seriamente a qué cosa es más importante, si “sobrevivir en el mundo” o “vivir bien en el mundo”, y en conclusión muchos jóvenes pasan el día “sobreviviendo en el mundo”.
Yo también estoy pasando el período de mi juventud en medio de esta confusión de valores. 
Pero hace un poco de tiempo comencé con valentía un nuevo trabajo para lograr mi sueño. He creado un pequeño espacio, donde la gente puede venir a conversar o a hacer actividades artísticas, etc ... En otras palabras, es una pequeña empresa dirigida por mí misma. He creado este tipo de espacio, porque para mí es importante que la gente viva feliz, teniendo un espacio en sus vidas. Por supuesto, también para mí es una alegría estar con estas personas. 
Pero, por una parte me llega la inquietud. Todos los jóvenes que están a mi alrededor, pasan los días vertiginosamente en una sociedad competitiva tratando de ganar más dinero, mientras que yo he tomado una decisión contraria… entonces me viene la preocupación, si es justo o no, lo que he hecho. 
Santo Padre, ¿será justa mi elección? Le pido, para mí y para los jóvenes coreanos que viven en una sociedad de fuerte capitalismo, que nos hable de la vida de verdadera felicidad y nos diga una palabra sobre cómo deberíamos vivir y con qué espíritu deberíamos elegir el trabajo para nuestro futuro.
También quisiera aún hablarle de la situación particular de división entre Corea del Sur y Corea del Norte. Después de 1950, Corea es una nación dividida, única en el mundo, y vivimos en el odio recíproco. Lo que escuché desde temprana edad con respecto a Corea del Norte fue todo negativo. Pero, si hemos pasado en el odio recíproco los últimos 60 años, pienso que la culpa no está toda de una parte. Me gustaría preguntarle, ¿cómo ve a Corea del Norte y con qué espíritu debemos mirar y qué podemos hacer por Corea del Norte nosotros, jóvenes católicos coreanos.


(GM – RV)

Tu cuerpo es santo y sobremanera glorioso

Pío XII, papa
De la constitución apostólica Munificentíssimus Deus (ASS 42[1950], 760-762.767-769)
Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo. 
Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente: 
«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios». 
Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal: 
«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta». 
Otro antiquísimo escritor afirma: 
«La gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que él solo conoce». 
Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino. 
Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria». 
Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos.
R/. Éste es el día glorioso en que la Virgen Madre de Dios subió a los cielos; todos la aclamamos, tributándole nuestras alabanzas: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

Himno

Hoy sube al cielo María, 

que Cristo, en honra del suelo, 

traslada la casa al cielo, 

donde en la tierra vivía. 


Levantad al cielo el vuelo, 

de Dios lo fuisteis, y Dios, 

por no estar en él sin vos, 

traslada la casa al cielo. 


Amor con divino modo 

os trasplanta, bella flor, 

y, porque prendáis mejor, 

os llevan con tierra y todo. 


A su Hija abraza el Padre, 

a su Madre, el Redentor, 

y a su Esposa coronada 

el Espíritu de Amor. Amén.

Himno


Himno
¿A dónde va, cuando se va, la llama? 
¿A dónde va, cuando se va, la rosa? 
¿Qué regazo, qué esfera deleitosa, 
qué amor de Padre la alza y la reclama? 

Esta vez como aquélla, aunque distinto; 
el Hijo ascendió al Padre en pura flecha. 
Hoy va la Madre al Hijo, va derecha 
al Uno y Trino, al Trono en su recinto. 

Por eso el aire, el cielo, rasga, horada, 
profundiza en columna que no cesa, 
se nos va, se nos pierde, pincelada 
de espuma azul en el azul sorpresa. 

No se nos pierde, no; se va y se queda. 
Coronada de cielos, tierra añora 
y baja en descensión de Mediadora, 
rampa de amor, dulcísima vereda. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu, 
por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 11 de agosto de 2014

Atiende a la pobreza, la humildad y la caridad de Cristo

Santa Clara, virgen
De la carta a la beata Inés de Praga (Escritos de santa Clara, edición Ignacio Omaechevarría, Madrid 1970, pp. 339-341)
Dichoso, en verdad, aquel a quien le es dado alimentarse en el sagrado banquete y unirse en lo íntimo de su corazón a aquel cuya belleza admiran sin cesar las multitudes celestiales, cuyo afecto produce afecto, cuya contemplación da nueva fuerza, cuya benignidad sacia, cuya suavidad llena el alma, cuyo recuerdo ilumina suavemente, cuya fragancia retornará los muertos a la vida y cuya visión gloriosa hará felices a los ciudadanos de la Jerusalén celestial: él es el brillo de la gloria eterna, un reflejo de la luz eterna, un espejo nítido, el espejo que debes mirar cada día, oh reina, esposa de Jesucristo, y observar en él reflejada tu faz, para que así te vistas y adornes por dentro y por fuera con toda la variedad de flores de las diversas virtudes, que son las que han de constituir tu vestido y tu adorno, como conviene a una hija y esposa castísima del Rey supremo. En este espejo brilla la dichosa pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como puedes observar si, con la gracia de Dios, vas recorriendo sus diversas partes. 
Atiende al principio de este espejo, quiero decir a la pobreza de aquel que fue puesto en un pesebre y envuelto en pañales. ¡Oh admirable humildad, oh pasmosa pobreza! El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es reclinado en un pesebre. En el medio del espejo, considera la humildad, al menos la dichosa pobreza, los innumerables trabajos y penalidades que sufrió por la redención del género humano. Al final de este mismo espejo, contempla la inefable caridad por la que quiso sufrir en la cruz y morir en ella con la clase de muerte más infamante. 
Este mismo espejo, clavado en la cruz, invitaba a los que pasaban a estas consideraciones, diciendo:Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad, fijaos: ¿Hay dolor como mi dolor? Respondamos nosotros, a sus clamores y gemidos, con una sola voz y un solo espíritu: No hago más que pensar en ello, y estoy abatido. De este modo, tu caridad arderá con una fuerza siempre renovada, oh reina del Rey celestial. 
Contemplando, además, sus inefables delicias, sus riquezas y honores perpetuos, y suspirando por el intenso deseo de tu corazón, proclamarás: «Arrástrame tras de ti, y correremos atraídos por el aroma de tus perfumes, esposo celestial. Correré sin desfallecer, hasta que me introduzcas en la sala del festín, hasta que tu mano izquierda esté bajo mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente y me beses con los besos deliciosos de tu boca». Contemplando estas cosas, dígnate acordarte de esta tu insignificante madre, y sabe que yo tengo tu agradable recuerdo grabado de modo imborrable en mi corazón, ya que te amo más que nadie.

sábado, 2 de agosto de 2014

¿ Que es la honestidad ?

La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.


Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.


A una persona honesta se le reconoce ya que nunca dice mentiras, además siempre realiza sus actos de una manera totalmente legal, Una persona honesta es aquella que con su honestidad le aporta mucho a su comunidad, ya que le brinda confianza y seguridad, es una persona buena gente.


La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.


Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.


Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.

viernes, 1 de agosto de 2014

El amor a Cristo

San Alfonso María de Ligorio

(Tratado sobre la práctica del amor a Jesucristo, edición latina, Roma, 1909, pp 9-14)

Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo, nuestro Dios, nuestro sumo bien y nuestro redentor. La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto. 

¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad. «Considera, oh hombre -así nos habla-, que yo he sido el primero en amarte. Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba. Desde que existo, yo te amo». 

Dios, sabiendo que al hombre se lo gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: «Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor». Y éste es el motivo de todos los dones que concedió al hombre. Además de haber dado un alma dotada, a imagen suya, de memoria, entendimiento y voluntad, y un cuerpo con sus sentidos, no contento con esto, creó, en beneficio suyo, el cielo y la tierra y tanta abundancia de cosas, y todo ello por amor al hombre, para que todas aquellas criaturas estuvieran al servicio del hombre, y así el hombre lo amara a él en atención a tantos beneficios. 

Y no sólo quiso darnos aquellas criaturas, con toda su hermosura, sino que además, con el objeto de conquistarse nuestro amor, llegó al extremo de darse a sí mismo por entero a nosotros. El Padre eterno llegó a darnos a su Hijo único. Viendo que todos nosotros estábamos muertos por el pecado y privados de su gracia, ¿que es lo que hizo? Llevado por su amor inmenso, mejor aún, excesivo, como dice el Apóstol, nos envió a su Hijo amado para satisfacer por nuestros pecados y para restituirnos a la vida, que habíamos perdido por el pecado. 

Dándonos al Hijo, al que no perdonó, para perdonarnos a nosotros, nos dio con él todo bien: la gracia, la caridad y el paraíso, ya que todas estas cosas son ciertamente menos que el Hijo: El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?

R/. El Señor satisface los deseos de sus fieles, escucha sus gritos y los salva. El Señor guarda a los que lo aman.

V/. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él.

R/. El Señor guarda a los que lo aman.