viernes, 29 de noviembre de 2013
Mons. Alfred Xuereb mantendrá informado al santo padre sobre los procedimientos de trabajo y las medidas a adoptar.
El secretario del papa estará encargado de vigilar y mantenerlo informado, en colaboración con la Secretaria de Estado, sobre los procedimiento de trabajo y las medidas que se deban adoptar.
El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, ha explicado que se trata en realidad de volver oficial un rol que Xuereb lleva realizando desde hace tiempo.
Alfred Xuereb, de origen maltés, fue nombrado de Honor de Su Santidad por Juan Pablo II en 2003. Benedicto XVI en el año 20 07 lo nombró segundo secretario personal. El papa Francisco, después de su elección, lo nombró su primer secretario personal.
El 26 junio 2013 fue publicado el Quirógrafo del santo padre Francisco por el que instituyó la Comisión Pontificia Referente sobre el Instituto para las Obras de Religión (IOR). En el texto se puede leer que "siguiendo la invitación de nuestro predecesor Benedicto XVI para que los principios del Evangelio impregnen también las actividades de carácter económico y financiero; después de haber escuchado la opinión de varios cardenales y otros hermanos en el episcopado, así como otros colaboradores, y a la luz de la necesidad de introducir reformas en las instituciones que prestan ayuda a la Sede Apostólica, hemos decidido establecer una Comisión Referente sobre el Instituto para las Obras de Religión que recoja información precisa sobre la situación jurídica y las diversas actividades del Instituto a fin de permitir, en caso neces ario, una mayor armonización del mismo con la misión universal de la Sede Apostólica."
Por otro lado, el 19 julio 2013 se hizo público otro Quirógrafo del papa con el que estableció una Comisión Pontificia referente de estudio y dirección sobre la organización de la estructura económico-administrativa de la Santa Sede. El documento del papa anunciaba que junto con el Consejo de Cardenales para el Estudio de los Problemas Organizativos y Económicos de la Santa Sede decidieron crear esta comisión: "hemos decidido establecer una Comisión Pontificia referente que recoja informaciones puntuales sobre temas económicos que interesen a las administraciones vaticanas y coopere con el citado Consejo de Cardenales en su apreciada tarea proporcionando el apoyo técnico de consultoría especializada y elaborando soluciones estratégicas de mejora, necesarias para evitar el dispendio de recursos económicos, para promover la transparencia en la adquisición de bienes y se rvicios, para perfeccionar la administración del patrimonio mueble e inmueble para operar cada vez con mayor prudencia en el sector financiero, para garantizar la correcta aplicación de los criterios contables y garantizar asistencia sanitaria y seguridad social a todos los que tienen derecho", se explica en el Quirógrafo
jueves, 28 de noviembre de 2013
La fe no es un hecho privado, adorar a Dios h...
En la lucha final entre Dios y el Mal, que la liturgia propone al final del año, hay una gran insidia, que el Papa llama “la tentación universal”. La tentación de ceder a los halagos de quien quisiera salirse con la suya sobre Dios. Pero precisamente quien cree, tiene un punto de referencia límpido hacia el cual mirar. Es la historia de Jesús, con las pruebas que padeció en el desierto y después las “tantas” soportadas en su vida pública, sazonadas con “insultos” y “calumnias”, hasta la afrenta extrema, la Cruz, pero donde el príncipe del mundo pierde su batalla ante la Resurrección del Príncipe de la paz. El Papa Francisco indicó estos pasajes de la vida de Cristo porque en el trastorno final del mundo, descrito en el Evangelio, la puesta en juego es más alta que el drama representado por las calamidades naturales:
“Cuando Jesús habla de estas calamidades en otro pasaje nos dice que se producirá una profanación del templo, una profanación de la fe, del pueblo: que se producirá la abominación, se producirá la desolación de la abominación. ¿Qué significa eso? Será como el triunfo del príncipe de este mundo: la derrota de Dios. Parece que él, en aquel momento final de calamidades, parece que se adueñará de este mundo, será el amo del mundo”.
He aquí el corazón de la “prueba final”: la profanación de la fe. Que, entre otras cosas, es muy evidente – observó Francisco – dado lo que padece el profeta Daniel, en el relato de la primera lectura: echado en la fosa de los leones por haber adorado a Dios en lugar de al rey. Por tanto, “la desolación de la abominación” – reafirmó el Papa – tiene un nombre preciso, “la prohibición de adoración”:
“No se puede hablar de religión, es una cosa privada, ¿no? De esto públicamente no se habla. Se quitan los signos religiosos. Se debe obedecer a las órdenes que vienen de los poderes mundanos. Se pueden hacer tantas cosas, cosas bellas, pero no adorar a Dios. Prohibición de adoración. Éste es el centro de este fin. Y cuando llegue a la plenitud – al ‘kairós’ de esta actitud pagana, cuando se cumpla este tiempo – entonces sí, vendrá Él: ‘Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria’. Los cristianos que sufren tiempos de persecución, tiempos de prohibición de adoración son una profecía de lo que nos sucederá a todos”.
Y sin embargo, concluyó el Papa Francisco, en el momento en el que los “tiempos de los paganos se habrán cumplido” será el momento de levantar la cabeza, porque estrá “cerca” la “victoria de Jesucristo”:
“No tengamos miedo, sólo Él nos pide fidelidad y paciencia. Fidelidad como Daniel, que ha sido fiel a su Dios y ha adorado a Dios hasta el final. Y paciencia, porque los cabellos de nuestra cabeza no caerán. Así lo ha prometido el Señor. Esta semana nos hará bien pensar en esta apostasía general, que se llama prohibición de adoración y preguntarnos: ‘¿Yo adoro al Señor? ¿Yo adoro a Jesucristo, el Señor? ¿O un poco a medias, hago el juego del príncipe de este mundo?’. Adorar hasta el final, con confianza y fidelidad: ésta es la gracia que debemos pedir esta semana”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
El futuro está en la convivencia respetuosa de la diversidad entre las religiones
El Santo Padre hablando de la relación entre las distintas religiones y sacando a colación su reciente Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, ha dicho que "una actitud de apertura en la verdad y el amor debe prevalecer en el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los diversos obstáculos y dificultades, especialmente el fundamentalismo de ambas partes". Sólo hay una manera de superar los obstáculos: el diálogo, marcado por la amistad y el respeto.
“Dialogar no significa renunciar a la propia identidad cuando se va al encuentro del otro, ni tampoco ceder a compromisos en la fe y la moral cristiana. Por el contrario, "la verdadera apertura implica permanecer firmes en las propias convicciones más profundas, con una identidad clara y alegre" y por lo tanto abierta a comprender las razones de los demás, capaz de las relaciones humanas respetuosas, convencidos de que el encuentro con los que son diferentes a nosotros puede ser una oportunidad para el crecimiento en la fraternidad, el enriquecimiento y el testimonio”.
Es por esta razón, dijo el Papa, que “el diálogo interreligioso y la evangelización no se excluyen, sino que se alimentan mutuamente”.
“No impongamos nada, no utilicemos ninguna estrategia solapada para atraer a los fieles, sino que demos testimonio con alegría y sencillez de lo que creemos y lo que somos. De hecho, un encuentro en el que cada uno dejara a un lado lo que cree, fingiendo renunciar a lo más preciado, ciertamente no sería una auténtica relación. En este caso se podría hablar de una fraternidad fingida. Como discípulos de Jesús, debemos esforzarnos en superar el miedo, siempre dispuestos a dar el primer paso, sin desanimarse ante las dificultades e incomprensiones”.
Tampoco es constructivo para el diálogo entre las diversas tradiciones religiosas, dijo Francisco, el difundido pensamiento según el cual la convivencia solo es posible ocultando la propia pertenencia religiosa, encontrándose en una especie de espacio neutral, carente de referencias a la trascendencia.
“También aquí: ¿cómo sería posible crear relaciones de confianza, construir una sociedad que sea una auténtica casa común, dejando a un lado lo que cada uno considera ser una parte íntima de su ser? No se puede pensar en una fraternidad de "laboratorio". Por supuesto, es necesario que todo se realice en el respeto de las creencias de los demás, incluso de aquellos que no creen, pero hay que tener el coraje y la paciencia de acercarnos entre sí por lo que somos. El futuro está en la convivencia respetuosa de la diversidad, no en la homologación de un pensamiento único teóricamente neutral. Por lo tanto, es imprescindible el reconocimiento del derecho fundamental a la libertad religiosa, en todas sus dimensiones”.
ER RV
El Card. Filoni al CAM IV/COMLA IX: “Ánimo América, ánimo América latina, ¡comparte tu fe!”
Maracaibo – “Estoy convencido de que este Congreso suscitará en las Iglesias de América una gran pasión por la misión universal, convencidos como estamos, que la missio ad Gentes, y de manera particular aquella ad extra, es también el medio más eficaz para volver a dar vitalidad y entusiasmo a nuestras comunidades católicas”. Lo ha reiterado el Card. Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Enviado especial del Santo Padre Francisco, hablando a los participantes del IV Congreso Americano Misionero y IX Congreso Misionero Latino-americano , en la apertura del Congreso.
En su ponencia, el Cardenal ha manifestado en primer lugar como la elección del Papa Francisco, el primer Papa latino-americano, “toca de manera particular al Continente americano y latinoamericano del que él proviene, por cultura, por formación y por experiencia pastoral”, por lo que ha subrayado que “desde los primeros momentos de su Pontificado el Papa Francisco ha hablado de la misionariedad y del testimonio incluso heroico, que, a veces, llega hasta el martirio. Una Iglesia misionera que tiene como primera tarea el anuncio del Evangelio y de la misericordia de Dios, sin límites, manifestada en la Persona de Jesús. Una Iglesia al servicio en las periferias existenciales de los pobres y entre las llagas de la sociedad. Una Iglesia que sabe ser compasiva, tierna, de comunión y de fraternidad”. El Papa Francisco se ha detenido también ha hablar con fuerza sobre la misionariedad en su viaje a Brasil, hablando a los jóvenes reunidos para la Jornada Mundial de la Juventud y a los obispos de la Coordinación del CELAM, recordando la Conferencia de Aparecida. En esta línea se introduce el IV Congreso Americano Misionero, ha subrayado el Cardenal, es más “el objetivo y la orientación de la celebración de este Congreso, que se sitúa en la línea pastoral–misionera que ha caracterizado el continente en estas décadas, es el de lanzar de manera específica la missio ad Gentes”.
El Prefecto del Dicasterio Misionero se ha detenido a hablar sobre la evangelización ad Gentes y, de forma particular, sobre la llamada ad extra, “entendida como responsabilidad que todas las Iglesias particulares tienen del anuncio del Evangelio en los territorios donde el Evangelio todavía no ha llegado, o ha llegado desde hace poco, o allí donde todavía no se ha consolidado”. Por lo demás, ha reiterado el Cardenal, “la missio ad Gentes ad extra es lo que justifica los Congresos Misioneros”. “La fe y la missio ad Gentes se encuentran hoy ante un mundo obligado a medirse y a afrontar nuevos desafío” ha continuado diciendo el enviado especial del Papa, recordando que “la evangelización es una misión in fieri, constantemente abierta a las indicaciones del Espíritu y al contexto histórico de los grupos humanos”. Por lo que ha evidenciado “la participación de todas las Iglesias a la misión universal… que ha vuelto a ponerse en marcha por la reflexión del Vaticano II y por la praxis eclesial de estos últimos 50 años”.
En la conclusión de su relación, el Cardenal Filoni ha reiterado que “ También hoy, más aún, sobre todo en nuestro tiempo, existe la necesidad y la urgencia de evangelizar, porque el anuncio del Evangelio es siempre una buena nueva que lleva la salvación a todos los hombres y tiende a crear paz y respeto entre las personas y los pueblos. Evangelizar, en una palabra, es un acto de amor”. Por último un apelo: “la Iglesia de este continente puede dar y hacer más, porque también aquí, donde existen tantas pobrezas, y la esperanza tiene todavía un papel y un vigor, ¡nadie es tan pobre que no pueda compartir al menos la propia fe! Ánimo América, ánimo América Latina, puedes dar y hacer más, por eso pido a los discípulos misioneros de Jesús, que son tantos, que se presenten y se den a conocer! Ánimo América, «¡comparte tu fe»!»”
Link correlati :El texto completo de a relación del Cardenal, en italiano: El texto completo de a relación del Cardenal, en inglés: El texto completo de a relación del Cardenal, en español:
La victoria de Cristo sobre la muerte nos ayu...
Deteniéndose, este miércoles en el «morir en Cristo», el Santo Padre se refirió – de manera más amplia en su catequesis central en italiano - a la desesperanza de algunas formas equivocadas de concebir la muerte, que siempre nos interroga de forma profunda. En especial, cuando nos afecta de cerca o cuando golpea a los pequeños e indefensos y nos resulta ‘escandalosa’:
«A mí siempre me impactó la pregunta: ¿por qué sufren los niños? ¿Por qué mueren los niños? Si se entiende como el fin de todo, la muerte asusta, aterroriza, se transforma en amenaza que despedaza todo sueño, toda perspectiva, toda relación e interrumpe todo camino. Ello sucede cuando consideramos nuestra vida como un tiempo encerrado entre dos polos: el nacimiento y la muerte; cuando no creemos en un horizonte que va más allá de la vida presente; cuando se vive como si Dios no existiera. Esta concepción de la muerte es típica del pensamiento ateo, que interpreta la existencia como un encontrarse de casualidad en el mundo y un caminar hacia la nada. Pero también hay un ateísmo práctico, que es un vivir sólo para sus propios intereses, un vivir sólo para las cosas terrenas».
Ante esta falsa solución, afirmó el Papa Bergoglio se rebela el corazón del hombre, su anhelo de infinito, su nostalgia de lo eterno. Sed de vida a la que sólo la resurrección de Jesús nos da la verdadera respuesta, iluminando el misterio de la muerte. Si vivimos unidos a Jesús, fieles a Jesús, con su misericordia y caridad en especial hacia los más necesitados, podremos afrontar con esperanza y serenidad el pasaje de la muerte:
«Una persona tiende a morir como ha vivido. Si mi vida fue camino con el Señor, un camino de confianza en su inmensa misericordia, voy a estar preparado para aceptar el último momento de mi existencia terrena, como confiado abandono definitivo en sus manos acogedoras, en espera de contemplar cara a cara su rostro. Y esto es lo más bello que puede sucedernos. Contemplar cara a cara aquel rostro maravilloso del Señor, verlo como Él es: hermoso, lleno de luz, lleno de amor, lleno de ternura. Nosotros vamos hacia esa meta: encontrar al Señor.
En este horizonte se comprende la invitación de Jesús a estar siempre listos, vigilantes, sabiendo que la vida en este mundo nos es dada también para preparar la otra vida, aquella con el Padre celestial. Y para ello hay un camino seguro: prepararse bien a la muerte, estando cerca de Jesús. Ésta es la seguridad: yo me preparo a la muerte estando cerca de Jesús. ¿Y cómo se está cerca de Jesús?: con de la oración, con los Sacramentos y también en la práctica de la caridad. Recordemos que Él mismo se identificó en los más débiles y necesitados».
(CdM - RV)
Antes del inicio de la audiencia general, el Papa encontró en el aula Pablo VI a un grupo de 50 niñas que padecen el síndrome de Rett, acompañadas por sus familiares. El síndrome de Rett es una patología progresiva del desarrollo neurológico que afecta casi exclusivamente a niñas. Francisco ha saludado y acariciado con afecto a estas pequeñas, una por una. El breve pero intenso encuentro ha concluido con el rezo de un Ave María y la bendición final. (RC-RV)
Resumen de la catequesis del Papa Francisco y sus saludos en nuestro idioma:
Queridos hermanos y hermanas:
Concluyendo ya las catequesis sobre el Credo, hoy quisiera detenerme en la "resurrección de la carne", y hablarles del sentido cristiano de la muerte y de la importancia de prepararnos bien para morir en Cristo. Para quien vive como si Dios no existiese, la muerte es una amenaza constante, porque supone el final de todo en el horizonte cerrado del mundo presente. Por eso, muchos la ocultan, la niegan o la banalizan para vivir sin aprensión la vida de cada día.
Sin embargo, hay un deseo de vida dentro de nosotros, más fuerte incluso que el miedo a la muerte, que nos dice que no es posible que todo se quede en nada. La respuesta cierta a esta sed de vida es la esperanza en la resurrección futura.
La victoria de Cristo sobre la muerte no sólo nos da la serena certeza de que no moriremos para siempre, sino que también ilumina el misterio de la muerte personal y nos ayuda a afrontarla con esperanza. Para ser capaces de aceptar el momento último de la existencia con confianza, como abandono total en las manos del Padre, necesitamos prepararnos. Y la vigilancia cristiana consiste en la perseverancia en la caridad. Así, pues, la mejor forma de disponernos a una buena muerte es mirar cara a cara las llagas corporales y espirituales de Cristo en los más débiles y necesitados, con los que Él se identificó, para mantener vivo y ardiente el deseo de ver un día cara a cara las llagas transfiguradas del Señor resucitado.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Guatemala, Argentina y los demás países latinoamericanos. No olviden que la solidaridad fraterna en el dolor y en la esperanza es premisa y condición para entrar en el Reino de los cielos. Muchas gracias.
Texto completo de la catequesis del Papa en italiano:
«Creo en la resurrección de la Carne: morir en Cristo»
Queridos hermanos y hermanas
Buenos días y felicitaciones porque son valientes, con este frío en la plaza. ¡Muchas felicitaciones!.
Deseo concluir las catequesis sobre el “Credo”, desarrolladas durante el Año de la Fe, que se clausuró el domingo pasado. En esta catequesis y en la próxima, quisiera considerar el tema de la resurrección de la carne, enfocando dos aspectos, así como los presenta el Catecismo de la Iglesia Católica. Es decir, nuestro morir y nuestra resurrección en Jesucristo. Hoy me detengo en el primer aspecto, «morir en Cristo».
1. Entre nosotros comúnmente, hay una forma equivocada de mirar la muerte. La muerte nos atañe a todos y nos interroga de forma profunda, en especial cuando nos toca de cerca, o cuando golpea a los pequeños, los indefensos de una manera que nos resulta «escandalosa». A mí siempre me impactó la pregunta: ¿por qué sufren los niños? ¿Por qué mueren los niños? Si se entiende como el fin de todo, la muerte asusta, aterroriza, se transforma en amenaza que despedaza todo sueño, toda perspectiva, toda relación e interrumpe todo camino. Ello sucede cuando consideramos nuestra vida como un tiempo encerrado entre dos polos: el nacimiento y la muerte; cuando no creemos en un horizonte que va más allá de la vida presente; cuando se vive como si Dios no existiera. Esta concepción de la muerte es típica del pensamiento ateo, que interpreta la existencia como un encontrarse de casualidad en el mundo y un caminar hacia la nada. Pero también hay un ateísmo práctico, que es un vivir sólo para sus propios intereses, un vivir sólo para las cosas terrenas. Si nos dejamos llevar por esta visión equivocada de la muerte, no tenemos otra opción que la de ocultar la muerte, negarla o banalizarla, para que no nos asuste.
2. Pero contra esta falsa solución, se rebela el ‘corazón’ del hombre, el anhelo que todos tenemos de infinito, la nostalgia que todos tenemos de lo eterno. Y, entonces, ¿cuál es el sentido cristiano de la muerte? Si miramos los momentos más dolorosos de nuestra vida, cuando perdimos a un ser querido – nuestros padres, un hermano, una hermana, un esposo, un hijo un amigo – percibimos que, aun ante el drama de la pérdida, aun lacerados por la separación, se eleva del corazón la convicción de que no puede haber acabado todo, que el bien dado y recibido no ha sido inútil. Hay un instinto poderoso dentro de nosotros, que nos dice que nuestra vida no acaba con la muerte.
Esta sed de vida ha encontrado su respuesta real y digna de confianza en la resurrección de Jesucristo. La resurrección de Jesús no da sólo la certeza de la vida más allá de la muerte, sino que ilumina también el misterio mismo de la muerte de cada uno de nosotros. Si vivimos unidos a Jesús, fieles a Él, seremos capaces de afrontar con esperanza y serenidad también el pasaje de la muerte. La Iglesia, en efecto reza: «Si nos entristece la certeza de tener que morir, nos consuela la promesa de la inmortalidad futura». ¡Ésta una hermosa oración de la Iglesia!
Una persona tiende a morir como ha vivido. Si mi vida fue camino con el Señor, un camino de confianza en su inmensa misericordia, voy a estar preparado para aceptar el último momento de mi existencia terrena, como confiado abandono definitivo en sus manos acogedoras, en espera de contemplar cara a cara su rostro. Y esto es lo más bello que puede sucedernos. Contemplar cara a cara aquel rostro maravilloso del Señor, verlo como Él es: hermoso, lleno de luz, lleno de amor, lleno de ternura. Nosotros vamos hacia esa meta: encontrar al Señor.
En este horizonte se comprende la invitación de Jesús a estar siempre listos, vigilantes, sabiendo que la vida en este mundo nos es dada también para preparar la otra vida, aquella con el Padre celestial. Y para ello hay un camino seguro: prepararse bien a la muerte, estando cerca de Jesús. Ésta es la seguridad: yo me preparo a la muerte estando cerca de Jesús. ¿Y cómo se está cerca de Jesús?: con de la oración, con los Sacramentos y también en la práctica de la caridad. Recordemos que Él mismo se identificó en los más débiles y necesitados. Él mismo se identificó con ellos en la célebre parábola del juicio final, cuando dice: «tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver... Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». (Mt 25,35-36.40). Por lo tanto, un camino seguro es el de recuperar el sentido de la caridad cristiana y del compartir fraterno, cuidar las llagas corporales y espirituales de nuestro prójimo. La solidaridad en el compartir el dolor e infundir esperanza es premisa y condición para recibir en herencia ese Reino preparado para nosotros. El que practica la misericordia no teme la muerte. Piensen bien en esto: ¡el que practica la misericordia no teme la muerte! ¿Están de acuerdo? ¿Lo decimos juntos para no olvidarlo? El que practica la misericordia no teme la muerte. Y ¿por qué no teme la muerte? Porque la mira a la cara en las heridas de los hermanos y la supera con el amor de Jesucristo.
Si abrimos la puerta de nuestra vida y de nuestro corazón a los hermanos más pequeños y necesitados, entonces también nuestra muerte será una puerta que nos llevará al cielo, a la patria bienaventurada, hacia la cual nos dirigimos, anhelando morar para siempre con nuestro Padre, Dios, con Jesús, con la Virgen María y los santos.
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak – RV)
El momento es del hombre, el tiempo es de Dios que lo ilumina con la esperanza, dice el Papa
Dos consejos, para comprender el transcurso del presente y prepararse al final de los tiempos: oración y esperanza. La oración, junto al discernimiento, ayuda a descifrar los diversos momentos de la vida y orientarlos hacia Dios. La esperanza es el faro que ilumina la última meta de cada vida, y, en sentido escatológico, la del final de los tiempos.
El Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio del día, en el que Jesús explica a los fieles en el Templo lo que deberá suceder antes del fin de la humanidad, tranquilizando sobre el hecho de que ni siquiera el peor de los dramas deberá causar la desesperación de quien cree en Dios.
El Pontífice afirmó que “en este camino hacia el final de nuestro camino, de cada uno de nosotros y también de toda la humanidad, el Señor nos aconseja dos cosas, dos cosas que son diferentes, son diversas según cómo vivimos, porque es diferente vivir en el momento y vivir en el tiempo”:
“Y el cristiano es un hombre o una mujer que sabe vivir en el momento y que sabe vivir en el tiempo. El momento es lo que nosotros tenemos ahora en la mano: pero esto no es el tiempo, ¡esto pasa! Quizá nosotros podamos sentirnos dueños del momento, pero el engaño es creernos dueños del tiempo: ¡el tiempo no es nuestro, el tiempo es de Dios! El momento está en nuestras manos y también en nuestra libertad acerca de cómo tomarlo. Es más: nosotros podemos llegar a ser soberanos del momento, pero hay un solo soberano del tiempo, un solo Señor, Jesucristo”.
El Papa, citando las palabras de Jesús, afirmó que no debemos dejarnos “engañar en el momento”, porque habrá quien se aprovechará de la confusión para presentarse como Cristo. “El cristiano, que es un hombre o una mujer del momento, debe tener esas dos virtudes, esas dos actitudes para vivir el momento: la oración y el discernimiento”.
“Y para conocer los verdaderos signos, para conocer el camino que debo tomar en este momento, es necesario el don del discernimiento y la oración; y la oración para hacerlo bien. En cambio, para mirar el tiempo, del que sólo el Señor es dueño, Jesucristo, nosotros no podemos tener ninguna virtud humana. La virtud para mirar el tiempo debe ser dada, regalada por el Señor: ¡Es la esperanza! Oración y discernimiento para el momento; esperanza para el tiempo”.
“Y así – concluyó el Papa su homilía – el cristiano se mueve en este camino, momento tras momento, con la oración y el discernimiento, pero deja el tiempo a la esperanza”:
“El cristiano sabe esperar al Señor en cada momento, pero espera en el Señor al final de los tiempos. Hombre y mujer del momento y del tiempo: de oración, discernimiento y esperanza. Que el Señor nos conceda la gracia de caminar con sabiduría, que también es un don suyo: la sabiduría que en el momento nos lleve a rezar y a discernir. Y que en el tiempo, que es el mensajero de Dios, nos haga vivir con esperanza”.