viernes, 3 de enero de 2014

El asombro de la Navidad, por Ciriaco Benavente Mateos, obispo de Albacete

Carta del obispo de Albacete, Ciriaco Benavente, para el domingo 5-1-2014, II Domingo después de Navidad

La liturgia de este domingo nos trae de nuevo en la lectura del Evangelio el prólogo del de san Juan. Es una nueva invitación a la alegría y al asombro. Porque sólo quien es capaz de asombrarse ante el misterio de la Navidad ha empezado a entender lo que los cristianos celebramos este día. ¿No resulta escandaloso que aquel que empezó siendo un humilde embrión en las entrañas de María; que aquel que, nueve meses más tarde, fue dado a luz y recostado en un pesebre sea el Hijo de Dios?

Ello resultaba tan estridente ya en los primeros tiempos del cristianismo que el filósofo pagano Celso se preguntaba con ironía: « ¿Hijo de Dios un hombre que ha vivido hace pocos años? ¿Uno de ayer o anteayer?, ¿un hombre «nacido en una aldea de Judea, de una pobre hilandera»? (Una tal reacción, dicho sea de paso, es la prueba más evidente de que la fe en la divinidad de Cristo no es fruto de la helenización del cristianismo, sino, en todo caso, de la cristianización del helenismo).

Hace años, el teólogo Ratzinger, en su Introducción al Cristianismo, escribía a este respecto: «Con el segundo artículo del Credo estamos ante el auténtico escándalo del cristianismo. Está constituido por la confesión de que el hombre-Jesús, un individuo ajusticiado hacia el año 30 en Palestina, sea el “Cristo” (el ungido, el elegido) de Dios, es más, nada menos que el Hijo mismo de Dios, por lo tanto centro focal, el punto de apoyo determinante de toda la historia humana… ¿Nos es verdaderamente lícito agarrarnos al frágil tallo de un solo evento histórico? ¿Podemos correr el riesgo de confiar toda nuestra existencia, más aún, toda la historia, a esta brizna de paja de un acontecimiento cualquiera, que flota en el infinitoocéano de la vicisitud cósmica?

La liturgia de la Navidad, en los textos bíblicos de las tres misas (la de la media noche, la del amanecer y la del mediodía) nos lleva de la mano con admirable pedagogía hasta la plena confesión de fe.

Por las montañas de Judea hay rumor de ángeles; ha empezado a correr la noticia de que en la aldea de Belén ha ocurrido algo extraordinario. Imaginemos, dando un salto con las actuales tecnologías, a un reportero gráfico de televisión: Cámara al hombro, se acerca a  la gruta de Belén. Vemos, en penumbra, con cara de asombro, a María y a José. Luego el objetivo se detiene en un punto luminoso. En un primer plano vemos a “un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Así de sencillo y admirable es lo que nos narra la liturgia de la “misa del gallo”.

Luego, el cámara nos presenta a los pastores, que, avisados por los ángeles, corren “a ver eso que ha pasado y que el Señor les ha manifestado” (la misa del amanecer).

En un tercer momento, el comentarista de las imágenes, tocado también por el desconcierto y el asombro, empieza a hacerse preguntas: ¿Quién es ese niño?

Es el cuarto evangelista quien, a la luz de la Pascua y de Pentecostés, nos da la respuesta: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra era Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo… En la Palabra estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres….Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (misa del mediodía).

El misterio de la Navidad sigue siendo para la mentalidad racionalista de hoy, como lo era para el pagano Celso, un escándalo. “¡Bienaventurado aquel que no se escandalice de mí! diría Jesús. Sólo desde la humildad, a la luz del Espíritu Santo, es posible acceder al misterio. «Es de las raíces del corazón de donde sale la fe», exclama San Agustín, parafraseando el paulino corde creditur (se cree con el corazón).

Para entender y vivir la Navidad hay que situarse en el cuadrilátero que forman estas cuatro palabras: Asombro, alegría, gratitud y entrega. Todo nos lleva al asombro y al pasmo. Y del pasmo y el asombro a la alegría. Las buenas noticias nos llenan de gozo, prorrumpimos a cantar. No hay suceso en el mundo más celebrado y cantado que la Navidad.

La tercera actitud es el agradecimiento, porque “ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los pueblos”. Qué bien lo expresó un autor del siglo XVI: “¡Pues, siendo tan Gran Señor, / tenéis corte en una aldea!/ ¿Quién hay que claro no vea/ que estáis herido de amor?”.

La cuarta actitud es la entrega. ¿No os producen admiración las figuritas de nuestros belenes, llevando todas ellas regalos para el Niño? Y lo mismo los magos. Es que no se puede celebrar la Navidad quedándose igual. No es extraño que Caritas nos saque los colores denunciando que, al lado de la pobreza y la marginación, campeen a sus anchas despilfarro y consumismo. Eso, mientras celebramos el nacimiento de quien, siendo Dios, se abajó hasta lo más bajo de la condición humana para levantar al hombre a la dignidad de hijo de Dios. Que no, amigos, que “a Belén por ahí no se va; se va por la otra puerta de la ciudad” (V.M. Arbeloa).

El Papa: La fuerza de la Iglesia no reside en...

El Papa: La fuerza de la Iglesia no reside en ella misma, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios

(RV).- (audio) No tener otro nombre en la vida, y no cumplir ninguna otra acción, que no esté estrechamente vinculada a Cristo. Es con esta esperanza que el Papa Francisco concluyó esta mañana la homilía de la misa que presidió en la Iglesia del Gesú de Roma, en la fiesta litúrgica del Santo Nombre de Jesús, “título” de la Orden fundada por San Ignacio de Loyola. 

El Papa habló ampliamente de la figura de Pedro Fabro, modelo de santidad sacerdotal de la Compañía, canonizado hace a penas dos semanas, el pasado 17 de diciembre. Francisco reflexionando sobre el carisma de su Orden se centró precisamente en Pedro Fabro, hermano antiguo y al mismo tiempo muy moderno, que fue compendio viviente del carácter espiritual y apostólico de los jesuitas, empezando por su corazón, vacío, porque lleno de Dios, inquieto, porque incansable en la búsqueda de Dios:

“Estamos llamados a este abajamiento: ser 'vaciados'. Ser hombres que no tienen que vivir centrados en sí mismo, porque el centro de la Compañía es Cristo y su Iglesia. Y Dios es el Deus semper maior, el Dios que siempre nos sorprende. Y si el Dios de las sorpresas, no está en el centro, la Compañía se desorienta. Por eso, ser jesuita es ser una persona del pensamiento incompleto, del pensamiento abierto: porque siempre piensa mirando el horizonte, que es la gloria de Dios, siempre más grande, que nos sorprende sin cesar. Y esta es la inquietud de nuestro abismo. Aquella santa i hermosa inquietud".

¿Inquietos hasta qué punto? Francisco dice que un jesuita puede saber si "ha mantenido su inquietud o si ésta se ha atrofiado."De hecho, para los que militan en la Compañía de Jesús -afirma- no hay otra alternativa: "Debemos buscar a Dios para encontrarlo, y encontrarlo para buscarlo más y más":

"Sólo esta ansiedad da paz al corazón de un jesuita, una inquietud también apostólica, no debemos cansarnos de proclamar el kerigma, de evangelizar con valentía. Es la inquietud que nos prepara para recibir el don de la fecundidad apostólica. Sin esta ansiedad somos estériles".

“Pedro Fabro fue todo eso” dijo el Papa: "un hombre de grandes deseos", "de espíritu inquieto, indeciso, nunca satisfecho”, inspirado por el “verdadero espíritu que mueve a la acción":

"¿Tenemos también nosotros grandes visiones e impulso? ¿Somos audaces como él? ¿Nuestro sueño es volar alto? ¿El celo nos devora? ¿O somos mediocres y nos contentamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio? Recordémoslo siempre: la fuerza de la Iglesia no reside en ella misma y en su capacidad organizativa, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios".

Pedro Fabro, recordó el Papa Bergoglio, pasó toda su vida buscando la "familiaridad con Dios", para tener un corazón trasplantado en el de Jesús. Y con estos sentimientos fue un defensor del diálogo en la Europa dividida por la Reforma de Lutero, con el "arma de la mansedumbre cristiana”:

"Se me ocurre pensar en la tentación, de que tal vez podamos tener, y que tantos tienen, de unir el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisitoriales, de condena. No, el evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor".

Francisco, el primer Papa jesuita de la historia, en nombre de toda la Compañía, propuso a sus hermanos, al final de su homilía, tomar como modelo el ejemplo del primer sacerdote jesuita de la historia, el hermano Pedro, que bajo la influencia de la "fascinación" de Cristo realizó, dijo, verdaderas "locuras apostólicas":

“Nosotros somos pequeños, somos pecadores, pero queremos servir bajo el estandarte de la Cruz de la Compañía que recibió el nombre de Jesús. Nosotros que somos egoístas, queremos vivir, sin embargo, una vida agitada por grandes deseos. Renovemos, pues, nuestra oblación al Eterno Señor del universo para que con la ayuda de su gloriosa Madre, podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo, que se despojó a sí mismo".

ER RV

jueves, 2 de enero de 2014

LECTIO DIVINA La gran preparación

INVOCATIO: El Señor manifestó su victoria


LECTIO: 1Jn 2,22-28. La promesa que Él nos hizo es ésta: la vida eterna. La unción (bautismal)

instruye y guía en todo. Sal 97,1-4. El Señor manifestó su victoria. Jn 1,19-28. Juan bautiza con agua, pero el Señor bautizará con el Espíritu.


MEDITATIO: Una mamá joven fue al Santísimo. Allí delante había una

niña.  Oraba con mucha devoción. La joven

con curiosidad se acercó a preguntarle la edad y qué cosas le decía a Diosito.

La niña tenía 6 años y pedía por su familia para tener una buena semana. La

madre le dijo si podría pedir por ella y la niña dijo que sí, cerró sus ojos y

empezó a murmurar entre dientes, luego al despedirse, la pequeña decía muy

despacio: te amo mucho. Es el don de la fe que el Señor concede a cada uno de

los bautizados. Pero muchos dirán haber sido bautizados y sin embargo quisieran

ser como esa chiquitina ante el Santísimo. La fe es un don que Dios infunde con

el bautismo como su regalo más precioso, pero se hace manifiesta por el

ejercicio de la virtud natural. La virtud prepara el don. Esta muchachita de 6

años ha tenido una gran preparación en su madre. La liturgia de hoy habla de la

potencia del bautismo y del gran preparador, Juan. El hombre sobre la tierra

vive constantemente en preparativos. Y los preparativos no son más que ensayos

y ejercicios. Sobre el planeta Tierra todo supone una preparación, un ensayo y

un acompañamiento: caminar, comer, hablar, leer, orar, amar. Los niños se

preparan para ir por primera vez a la escuela, se gradúan, se capacitan para el

trabajo, se entrenan para asumir una responsabilidad. Juan mereció ser el

último de los profetas de Israel y a la vez el precursor del Señor, la voz que

gritaba en el desierto la venida del Señor. Choca decirlo, pero esta vida es

sólo un ensayo de lo que viene, es preparar la otra, la verdadera, la eterna.

Ésta acabará; la otra seguirá sin fin. Ésta viene cargada de fatigas,

enfermedades, sufrimiento y muerte; la otra será descanso, salvación, alegría,

paz, en compañía del Vencedor de la muerte. El bautismo es una probadita de la

maravilla que el hombre ha de encontrar en el cielo. Lo dice la carta de Juan.

La vida eterna es la promesa. En el Antiguo Testamento, la promesa de Dios

estuvo largamente escondida en una tierra; las revelaciones del Nuevo

Testamento apuntan claramente a la Vida eterna. El derecho a ella se hace

entrega en el bautismo. La vida terrena en este marco de referencias aparece

como una preparación para lo que ha de venir. Alguien criticó severamente a los

cristianos por indicar la vida del más allá como la verdadera vida, aunque no

se ve ni se sabe nada de ella; mientras se refieren a esta vida tangible y

concreta como algo meramente transitorio. Así, lo que quiso ser una crítica, se

convierte hoy en una gran verdad. El hombre terrestre está programado por el

Creador para la vida eterna, para el Amor. Y esta vida es sólo el paso

preliminar del preámbulo del inicio del propedéutico de la eternidad. En muchos

escritos místicos, en efecto, la vida aparece como una peregrinación, como un

pasillo, un tránsito hacia la casa del Padre. Tal vez cabría nombrar a la vida

terrena como previda, lo que antecede, lo que prepara, la antesala, la gran

preparación. 


ORATIO: Niño de Belén, tú dedicaste

treinta años en el silencio y en lo escondido a preparar tu vida pública.

Enséñame el arte de prepararme para tu venida. Tú vienes a mí continuamente en

las luces de la conciencia, en las gracias actuales, en los sacramentos, en la

lectura de la Palabra, ayúdame a estar preparado siempre para ti, para acogerte

como al Huésped esperado, para aceptarte como al mejor de los amigos, para honrarte

como al Señor de los señores, para servirte como al Rey de reyes.


CONTEMPLATIO:  La gran preparación 


ACTIO: Ejercicios de Navidad. Juan dedicó toda la

vida a preparar la venida del Señor. Se prepara una graduación, una fiesta, una

recepción, un aniversario, una vacación. Tomar la vida como una preparación

requiere un gran sentido de programación. Programar la casa, la alimentación,

los estudios, el trabajo, la vida social. Una sugerencia para el inicio de año

nuevo es contar con un programa de estudios, de capacitación, de trabajo, de

vida espiritual y de apostolado.

miércoles, 1 de enero de 2014

LECTIO DIVINA Bendición de paz

INVOCATIO: A todos los que recibieron la Palabra les dio el poder de ser hijos de Dios.

 

LECTIO: Núm 6,22-27. Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Sal 66,2-8. El Señor tenga piedad y nos bendiga. Gál 4,4-7. Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley. Lc 2,16-21.María conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón.

 

MEDITATIO:  Desde hace un tiempo, al despertar de un año nuevo se celebra la jornada mundial de la paz. Civilmente se refiere a la ausencia de guerras y conflictos entre las naciones, a la concordia y reconciliación universal del mundo. Pero hay otras formas de entender la paz. En el mundo judío, shalom es saludo y es deseo y es comunión consigo, con la familia y con Dios. La paz, aunada a la alegría, es el don del Cristo resucitado a la comunidad naciente de la Iglesia. Es la bendición del Abba para el mundo salvado con la sangre de su Hijo. Es María, la Deípara, la preñada con el fruto de la paz para un mundo en conflicto. Es la salvación definitiva y la reconciliación de la creatura con su Creador. El libro de los Números despliega para el mundo este mensaje en forma de bendición. “Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz”. Desde entonces todos los días el pueblo judío bendice al mundo, a su casa, a su familia con esta fórmula. En el mundo cristiano, la bendición la imparte la madre a toda la familia y a cada uno de sus hijos. Se acostumbra bendecir con la señal de la cruz, -en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo- invocando a la Trinidad y tocando con la mano la mente, los labios y el corazón. La mente para que todos los pensamientos provengan de Dios, en Él se inspiren y a Él se dirijan. Los labios para que toda palabra salida de la boca refleje la Palabra por excelencia. El corazón para que el Señor aliente y encamine los buenos sentimientos y deseos del ser humano, creado a imagen de la Trinidad. Si hay un mensaje nítido y expreso en la época de Navidad es la paz. Si hay una bendición anhelada que el cielo derrama para el mundo y el hombre reclama para sí, es una madre linda y dulce. El calendario civil inicia a deshojarse con el mensaje de la paz, la paz de un Niño Dios nacido de mujer en el corazón del hombre. Y el calendario seguirá su curso bajo la mirada tierna y solícita de una madre que bendice y entrega al la humanidad, el fruto de su vientre: Jesús, el príncipe de la paz. Que se acaben ya las guerras y los disgustos entre las naciones. Que cesen las riñas y los conflictos entre los humanos. Que nunca más se quiebre el amor y la paz en corazón alguno porque Dios se ha dado a su pueblo amado en María, la madre que concibe al Príncipe de la paz y al dar a luz bendice al mundo entero, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

ORATIO: Niño Jesús, tú iniciaste la obra de mi salvación en el seno de María, en el pesebre de la paz. Hoy me alegro por María, tu madre y te pido gozar de la plenitud de tu gracia por el amor y la bendición que a diario nos da. Ayúdame a no caer nunca en la desconfianza, la sospecha, la suspicacia y a confiar en mi madre y mis hermanos, los hombres, por el reflejo que en ellos hay de Ti.

 

CONTEMPLATIO:  Bendición de paz.

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ACTIO: Ejercicios de navidad. Día de paz, día de hacer las paces con todos. Vale más la hermandad que todo el oro del mundo. Día de María, madre de Dios y madre de todos. Amarla y honrarla con el rezo del rosario todos los días. Día de bendición por el año que inicia. Bendecir es decir bien. Hablar siempre bien de todos y callar los errores.

 

A la hora del Ángelus el Papa invitó a poner...

A la hora del Ángelus el Papa invitó a poner nuestras esperanzas con confianza filial en las manos de María, Madre del Redentor
(RV).- Una vez concluida la Santa Misa de la Solemnidad de María Madre de Dios, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio frente a la Plaza de San Pedro. El Obispo de Roma dirigió sus más cordiales felicitaciones al inicio del nuevo año, con sus deseos de paz y de todo bien. 

Deseo, dijo, que es el de la Iglesia y de todo cristiano, y que no está ligado a ese sentido un poco mágico y fatalista de un nuevo ciclo que comienza, porque sabemos que la historia tiene un centro que es Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, y tiene un fin, el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor, con la fuerza del Espíritu Santo. 

El Santo Padre destacó que desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Por esta razón formuló votos para que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz; que el Espíritu Santo obre en los corazones, disuelva las cerrazones y las durezas y nos conceda que nos enternezcamos ante la debilidad del Niño Jesús. Puesto que, como dijo, el Papa “la paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor”.

Antes de rezar a la Madre de Dios, el Pontífice pidió que pongamos en las manos de María nuestras esperanzas con confianza filial. Y afirmó que a ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, le encomendamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y por la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre las tentaciones de venganza, prepotencia y corrupción.

“A Ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, hable a cada conciencia y derrumbe los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos”, dijo Francisco al concluir. 

(María Fernanda Bernasconi – RV) 

Texto completo de la alocución del Papa a la hora del Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen año! 

Al inicio del nuevo año dirijo a todos ustedes las felicitaciones de paz y de todo bien. Mi deseo es el de la Iglesia, ¡es el deseo cristiano! No está ligado al sentido un poco mágico y un poco fatalista de un nuevo ciclo que inicia. Nosotros sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, que está vivo entre nosotros; y tiene un fin: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor; y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin, y la fuerza es el Espíritu Santo.

Todos nosotros tenemos al Espíritu Santo que hemos recibido en el Bautismo. Y Él nos impulsa a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios. 
Este Espíritu es el poder del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los artífices de la paz. 

Donde hay un hombre o una mujer constructores de paz allí está precisamente el Espíritu Santo que los ayuda, los impulsa a construir la paz. 

Dos caminos que se cruzan hoy, fiesta de María Santísima Madre de Dios y Jornada Mundial de la Paz. Hace ocho días resonó el anuncio angélico: “Gloria a Dios y paz a los hombres”; hoy lo acogemos nuevamente de la Madre de Jesús, que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19), para hacer de él nuestro empeño en el curso del año que se abre.

El tema de esta Jornada Mundial de la Paz es «Fraternidad, fundamento y camino para la paz». Fraternidad. Siguiendo las huellas de mis Predecesores, a partir de Pablo VI, he desarrollado el tema en un Mensaje, ya difundido y que hoy entrego a todos idealmente. En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente. También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria.

Ayer recibí una carta de un señor, quizás de uno de ustedes, que contándome una tragedia familiar, sucesivamente listaba tantas tragedias y guerras hoy en el mundo. Y me preguntaba: ¿Qué sucede hoy en el mundo, que está llevando a hacer todo? Y decía, en fin, es hora de detenerse. También yo creo que nos hará bien detenernos en este camino de violencia y buscar la paz.

Hermanos y hermanas, hago mías las palabras de este hombre: ¿Qué sucede en el corazón de los hombres? ¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora detenerse!

Desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz. Comenzamos en casa ¡eh! Justicia y paz en casa. Entre nosotros ¡eh! Se comienza en casa y después se va adelante, a toda la humanidad, pero debemos comenzar en casa.

Que el Espíritu Santo obre en los corazones, disuelva las cerrazones y las durezas y nos conceda que nos enternezcamos ante la debilidad del Niño Jesús. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor.

En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial nuestras esperanzas. A ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, encomendamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y por la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre las tentaciones de venganza, de prepotencia, de corrupción. A Ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, hable a cada conciencia y derrumbe los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos. 

Palabras del Papa después del rezo del Ángelus

Después del rezo mariano del Ángelus, el Obispo de Roma agradeció al Presidente de la República Italiana los buenos deseos que le dirigió ayer por la noche, durante su mensaje a la nación. El Papa de corazón, ha invocado la bendición de Dios sobre el pueblo italiano para que, con la contribución responsable y solidaria de todos se pueda mirar al futuro con confianza y esperanza.
Luego, el Papa saludó con gratitud las numerosas iniciativas de oración y de compromiso con la paz que tienen lugar en todas las partes del mundo con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz. Ha recordado, en particular, la Marcha Nacional, que tuvo lugar ayer por la noche en Campobasso, organizado por el CEI , Caritas y Pax Christi. 
También saludó a los participantes del evento "Paz en todas las tierras", promovido en Roma y en muchos países por la Comunidad de San Egidio; así como a las familias del Movimiento de Amor de la familia, que han velado esta noche en la plaza de San Pedro.
El Santo Padre dirigió un cordial saludo a todos los peregrinos presentes, a las familias, a los grupos de jóvenes. Un pensamiento especial lo dedicó el Pontífice a los "Cantores de la Estrella": los niños y jóvenes que en Alemania y Austria llevan la bendición de Jesús en los hogares y recoger las ofrendas para los niños que carecen de las necesidades de lo necesario. Gracias por su compromiso!
El Papa deseó a todos un año de paz en la gracia de Dios y con la protección maternal de María.

ER RV

Texto completo de la alocución del Papa a la hora del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen año! 

Al inicio del nuevo año dirijo a todos ustedes las felicitaciones de paz y de todo bien. Mi deseo es el de la Iglesia, ¡es el deseo cristiano! No está ligado al sentido un poco mágico y un poco fatalista de un nuevo ciclo que inicia. Nosotros sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, que está vivo entre nosotros; y tiene un fin: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor; y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin, y la fuerza es el Espíritu Santo.

Todos nosotros tenemos al Espíritu Santo que hemos recibido en el Bautismo. Y Él nos impulsa a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios. 
Este Espíritu es el poder del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los artífices de la paz. 

Donde hay un hombre o una mujer constructores de paz allí está precisamente el Espíritu Santo que los ayuda, los impulsa a construir la paz. 

Dos caminos que se cruzan hoy, fiesta de María Santísima Madre de Dios y Jornada Mundial de la Paz. Hace ocho días resonó el anuncio angélico: “Gloria a Dios y paz a los hombres”; hoy lo acogemos nuevamente de la Madre de Jesús, que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19), para hacer de él nuestro empeño en el curso del año que se abre.

El tema de esta Jornada Mundial de la Paz es «Fraternidad, fundamento y camino para la paz». Fraternidad. Siguiendo las huellas de mis Predecesores, a partir de Pablo VI, he desarrollado el tema en un Mensaje, ya difundido y que hoy entrego a todos idealmente. En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente. También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria.

Ayer recibí una carta de un señor, quizás de uno de ustedes, que contándome una tragedia familiar, sucesivamente listaba tantas tragedias y guerras hoy en el mundo. Y me preguntaba: ¿Qué sucede hoy en el mundo, que está llevando a hacer todo? Y decía, en fin, es hora de detenerse. También yo creo que nos hará bien detenernos en este camino de violencia y buscar la paz.

Hermanos y hermanas, hago mías las palabras de este hombre: ¿Qué sucede en el corazón de los hombres? ¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora detenerse!

Desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz. Comenzamos en casa ¡eh! Justicia y paz en casa. Entre nosotros ¡eh! Se comienza en casa y después se va adelante, a toda la humanidad, pero debemos comenzar en casa.

Que el Espíritu Santo obre en los corazones, disuelva las cerrazones y las durezas y nos conceda que nos enternezcamos ante la debilidad del Niño Jesús. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor.

En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial nuestras esperanzas. A ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, encomendamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y por la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre las tentaciones de venganza, de prepotencia, de corrupción. A Ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, hable a cada conciencia y derrumbe los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos. 

A la hora del Ángelus el Papa invitó a poner...

A la hora del Ángelus el Papa invitó a poner nuestras esperanzas con confianza filial en las manos de María, Madre del Redentor
(RV).- Una vez concluida la Santa Misa de la Solemnidad de María Madre de Dios, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio frente a la Plaza de San Pedro. El Obispo de Roma dirigió sus más cordiales felicitaciones al inicio del nuevo año, con sus deseos de paz y de todo bien. 

Deseo, dijo, que es el de la Iglesia y de todo cristiano, y que no está ligado a ese sentido un poco mágico y fatalista de un nuevo ciclo que comienza, porque sabemos que la historia tiene un centro que es Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, y tiene un fin, el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor, con la fuerza del Espíritu Santo. 

El Santo Padre destacó que desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Por esta razón formuló votos para que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz; que el Espíritu Santo obre en los corazones, disuelva las cerrazones y las durezas y nos conceda que nos enternezcamos ante la debilidad del Niño Jesús. Puesto que, como dijo, el Papa “la paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor”.

Antes de rezar a la Madre de Dios, el Pontífice pidió que pongamos en las manos de María nuestras esperanzas con confianza filial. Y afirmó que a ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, le encomendamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y por la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre las tentaciones de venganza, prepotencia y corrupción.

“A Ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, hable a cada conciencia y derrumbe los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos”, dijo Francisco al concluir. 

(María Fernanda Bernasconi – RV) 

Texto completo de la alocución del Papa a la hora del Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen año! 

Al inicio del nuevo año dirijo a todos ustedes las felicitaciones de paz y de todo bien. Mi deseo es el de la Iglesia, ¡es el deseo cristiano! No está ligado al sentido un poco mágico y un poco fatalista de un nuevo ciclo que inicia. Nosotros sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, que está vivo entre nosotros; y tiene un fin: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor; y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin, y la fuerza es el Espíritu Santo.

Todos nosotros tenemos al Espíritu Santo que hemos recibido en el Bautismo. Y Él nos impulsa a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios. 
Este Espíritu es el poder del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los artífices de la paz. 

Donde hay un hombre o una mujer constructores de paz allí está precisamente el Espíritu Santo que los ayuda, los impulsa a construir la paz. 

Dos caminos que se cruzan hoy, fiesta de María Santísima Madre de Dios y Jornada Mundial de la Paz. Hace ocho días resonó el anuncio angélico: “Gloria a Dios y paz a los hombres”; hoy lo acogemos nuevamente de la Madre de Jesús, que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19), para hacer de él nuestro empeño en el curso del año que se abre.

El tema de esta Jornada Mundial de la Paz es «Fraternidad, fundamento y camino para la paz». Fraternidad. Siguiendo las huellas de mis Predecesores, a partir de Pablo VI, he desarrollado el tema en un Mensaje, ya difundido y que hoy entrego a todos idealmente. En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente. También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria.

Ayer recibí una carta de un señor, quizás de uno de ustedes, que contándome una tragedia familiar, sucesivamente listaba tantas tragedias y guerras hoy en el mundo. Y me preguntaba: ¿Qué sucede hoy en el mundo, que está llevando a hacer todo? Y decía, en fin, es hora de detenerse. También yo creo que nos hará bien detenernos en este camino de violencia y buscar la paz.

Hermanos y hermanas, hago mías las palabras de este hombre: ¿Qué sucede en el corazón de los hombres? ¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora detenerse!

Desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz. Comenzamos en casa ¡eh! Justicia y paz en casa. Entre nosotros ¡eh! Se comienza en casa y después se va adelante, a toda la humanidad, pero debemos comenzar en casa.

Que el Espíritu Santo obre en los corazones, disuelva las cerrazones y las durezas y nos conceda que nos enternezcamos ante la debilidad del Niño Jesús. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor.

En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial nuestras esperanzas. A ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, encomendamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y por la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre las tentaciones de venganza, de prepotencia, de corrupción. A Ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, hable a cada conciencia y derrumbe los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos. 

Palabras del Papa después del rezo del Ángelus

Después del rezo mariano del Ángelus, el Obispo de Roma agradeció al Presidente de la República Italiana los buenos deseos que le dirigió ayer por la noche, durante su mensaje a la nación. El Papa de corazón, ha invocado la bendición de Dios sobre el pueblo italiano para que, con la contribución responsable y solidaria de todos se pueda mirar al futuro con confianza y esperanza.
Luego, el Papa saludó con gratitud las numerosas iniciativas de oración y de compromiso con la paz que tienen lugar en todas las partes del mundo con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz. Ha recordado, en particular, la Marcha Nacional, que tuvo lugar ayer por la noche en Campobasso, organizado por el CEI , Caritas y Pax Christi. 
También saludó a los participantes del evento "Paz en todas las tierras", promovido en Roma y en muchos países por la Comunidad de San Egidio; así como a las familias del Movimiento de Amor de la familia, que han velado esta noche en la plaza de San Pedro.
El Santo Padre dirigió un cordial saludo a todos los peregrinos presentes, a las familias, a los grupos de jóvenes. Un pensamiento especial lo dedicó el Pontífice a los "Cantores de la Estrella": los niños y jóvenes que en Alemania y Austria llevan la bendición de Jesús en los hogares y recoger las ofrendas para los niños que carecen de las necesidades de lo necesario. Gracias por su compromiso!
El Papa deseó a todos un año de paz en la gracia de Dios y con la protección maternal de María.

ER RV