sábado, 4 de enero de 2014

Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas!

Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas!
Dígnate mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada. Señor, necesitamos mayor número de Sacerdotes, multiplica las vocaciones y santifica más y más a nuestros Sacerdotes, Señor danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la intercesión de Santa María de Guadalupe, tu dulce y santa Madre.
¡Oh Jesús, danos Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y Laicos Comprometidos según tu Corazón!

4 de enero, feria Laudes, Oficio y Ev.

Si Laudes es la primera oración del día se reza el Invitatorio

(Se hace la señal de la cruz sobre los labios mientras se dice:)

V/. -Señor, Ábreme los labios.
R/. -Y mi boca proclamará tu alabanza.

(En Laudes puede omitirse el Salmo, reemplazándolo por elGloria)
Salmo 94: Invitación a la alabanza divina
(en el rezo privado, puede decirse la antífona sólo al inicio y al fin)
Ant: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.
Venid, aclamemos al Señor, 
demos vítores a la Roca que nos salva; 
entremos a su presencia dándole gracias, 
aclamándolo con cantos. 

Porque el Señor es un Dios grande, 
soberano de todos los dioses: 
tiene en su mano las simas de la tierra, 
son suyas las cumbres de los montes; 
suyo es el mar, porque él lo hizo, 
la tierra firme que modelaron sus manos. 

Entrad, postrémonos por tierra, 
bendiciendo al Señor, creador nuestro. 
Porque él es nuestro Dios, 
y nosotros su pueblo, 
el rebaño que él guía. 

Ojalá escuchéis hoy su voz: 
«No endurezcáis el corazón como en Meribá, 
como el día de Masá en el desierto; 
cuando vuestros padres me pusieron a prueba 
y me tentaron, aunque habían visto mis obras. 

Durante cuarenta años 
aquella generación me asqueó, y dije: 
"Es un pueblo de corazón extraviado, 
que no reconoce mi camino; 
por eso he jurado en mi cólera 
que no entrarán en mi descanso."»
Ant: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

Si no:

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
R/. como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya

Himno
Entonad los aires 
con voz celestial: 
«Dios niño ha nacido 
pobre en un portal.» 

Anúnciale el ángel 
la nueva al pastor, 
que niño ha nacido 
nuestro Salvador. 

Adoran pastores 
en sombras al Sol, 
que niño ha nacido, 
de una Virgen, Dios. 

Haciéndose hombre, 
al hombre salvó. 
Un niño ha nacido, 
ha nacido Dios. Amén.
Salmodia


Salmo 118,145-152: XIX (Coph)


Te invoco de todo corazón: 
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes; 
a ti grito: sálvame, 
y cumpliré tus decretos; 
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, 
esperando tus palabras. 

Mis ojos se adelantan a las vigilias, 
meditando tu promesa; 
escucha mi voz por tu misericordia, 
con tus mandamientos dame vida; 
ya se acercan mis inicuos perseguidores, 
están lejos de tu voluntad. 

Tú, Señor, estás cerca, 
y todos tus mandatos son estables; 
hace tiempo comprendí que tus preceptos 
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo 
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.



Exodo 15,1-4.8-13.17-18: Himno a Dios, después de la victoria del mar Rojo


Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
Él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es "El Señor."

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: "Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano."

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo 
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.



Salmo 116: Invitación universal a la alabanza divina


Alabad al Señor, todas las naciones, 
aclamadlo, todos los pueblos. 

Firme es su misericordia con nosotros, 
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo 
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.


Lectura
Is 45,22-24
Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua.»
V/. El Señor ha revelado, Aleluya. Aleluya.
R/. El Señor ha revelado, Aleluya. Aleluya.
V/. Su salvación.
R/. Aleluya. Aleluya.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. El Señor ha revelado, Aleluya. Aleluya.

Lectura
V/. En la Palabra había vida.
R/. Y la vida era la luz de los hombres.
Vida de la familia cristiana
Col 3,17-4,1
Hermanos: Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, ofreciendo la Acción de gracias a Dios Padre por medio de él. 
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. 
Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. 
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. 
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos. 
Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no en lo que se ve, para quedar bien, sino de todo corazón por temor del Señor. Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo bien que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor. Mirad que al injusto le pagarán sus injusticias, y no hay favoritismos. 
Amos, procurad a los esclavos lo que es justo y la igualdad, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo.
R/. Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús.
V/. Ofreciendo la acción de gracias a Dios Padre por medio de él.
R/. Sea todo en nombre del Señor Jesús.
Lectura Patrística
Misterio siempre nuevo

San Máximo Confesor
De los Capítulos de las cinco centurias, Centuria 1, 8-13 (PG 90, 1182-1186)
La Palabra de Dios, nacida una vez en la carne (lo que nos indica la querencia de su benignidad y humanidad), vuelve a nacer siempre gustosamente en el espíritu para quienes lo desean; vuelve a hacerse niño, y se vuelve a formar en aquellas virtudes; y no es por malevolencia o envidia que disminuye la amplitud de su grandeza, sino que se manifiesta a sí mismo en la medida en que sabe que lo puede asimilar el que lo recibe, y así, al mismo tiempo que explora discretamente la capacidad de quienes desean verlo, sigue manteniéndose siempre fuera del alcance de su percepción, a causa de la excelencia del misterio. 
Por lo cual, el santo Apóstol, considerando sabiamente la fuerza del misterio, exclama: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre; ya que entendía el misterio como algo siempre nuevo, al que nunca la comprensión de la mente puede hacer envejecer. 
Nace Cristo Dios, hecho hombre mediante la incorporación de una carne dotada de alma inteligente; el mismo que había otorgado a las cosas proceder de la nada. Mientras tanto, brilla en lo alto la estrella del Oriente y conduce a los Magos al lugar en que yace la Palabra encarnada; con lo que muestra que hay en la ley y los profetas una palabra místicamente superior, que dirige a la gentes a la suprema luz del conocimiento. 
Así pues, la palabra de la ley y de los profetas, entendida alegóricamente, conduce, como una estrella, al pleno conocimiento de Dios a aquellos que fueron llamados por la fuerza de la gracia, de acuerdo con el designio divino. 
Dios se hace efectivamente hombre perfecto, sin alterar nada de lo que es propio de la naturaleza, a excepción del pecado (pues ni el mismo pecado era propio de la naturaleza). 
Se hace efectivamente hombre perfecto a fin de provocar, con la vista del manjar de su carne, la voracidad insaciable y ávida del dragón infernal; y abatirlo por completo cuando ingiriera una carne que habría de convertírsele en veneno, porque en ella se hallaba oculto el poder de la divinidad. Esta carne sería al mismo tiempo remedio de la naturaleza humana, ya que el mismo poder divino presente en aquélla habría de restituir la naturaleza humana a la gracia primera. 
Y así como el dragón, deslizando su veneno en el árbol de la ciencia, había corrompido con su sabor la naturaleza, de la misma manera, al tratar de devorar la carne del Señor, se vio corrompido y destruido por la virtud de la divinidad que en ella residía. 
Inmenso misterio de la divina encarnación, que sigue siendo siempre misterio; pues, ¿de qué modo puede la Palabra hecha carne seguir siendo su propia persona esencialmente, siendo así que la misma persona existe al mismo tiempo con todo su ser en Dios Padre? ¿Cómo la Palabra, que es toda ella Dios por naturaleza, se hizo toda ella por naturaleza hombre, sin detrimento de ninguna de las dos naturalezas: ni de la divina, en cuya virtud es Dios, ni de la nuestra, en virtud de la cual se hizo hombre? 
Sólo la fe capta estos misterios, ella precisamente que es la sustancia y la base de todas aquellas realidades que exceden la percepción y razón de la mente humana en todo su alcance.
R/. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
V/. En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios.
R/. Y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Jn 1,35-42: Hemos encontrado al Mesías.

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: 

- «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

- «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron:

- «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo:

- «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

- «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

- «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»
Cántico Evangélico
Ant: Cristo, nuestro Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad, ha tomado nuestra carne, y, al nacer como hombre, ha renovado la humanidad. Aleluya.

(se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado y redimido a su pueblo, 
suscitándonos una fuerza de salvación 
en la casa de David, su siervo, 
según lo había predicho desde antiguo, 
por boca de sus santos profetas. 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos 
y de la mano de todos los que nos odian; 
realizando la misericordia 
que tuvo con nuestros padres, 
recordando su santa alianza 
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. 

Para concedernos que, libres de temor, 
arrancados de la mano de los enemigos, 
le sirvamos con santidad y justicia, 
en su presencia, todos nuestros días. 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, 
porque irás delante del Señor 
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación, 
el perdón de sus pecados. 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, 
nos visitará el sol que nace de lo alto, 
para iluminar a los que viven en tinieblas 
y en sombra de muerte, 
para guiar nuestros pasos 
por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo 
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Cristo, nuestro Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad, ha tomado nuestra carne, y, al nacer como hombre, ha renovado la humanidad. Aleluya.

Preces

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Final
Amén.
Si el que preside no es un ministro ordenado, o en el rezo individual:
(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.
 
Si el que preside es un ministro ordenado, utiliza una de estas dos fórmulas finales:
(Fórmula larga)
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
 
(Fórmula breve)
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
 
Si se despide a la asamblea se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
 


viernes, 3 de enero de 2014

LECTIO DIVINA Bautismo, cordero, hijo

INVOCATIO: El Señor manifestó su victoria


LECTIO: 1Jn 2,29-3,6. Dios es justo y el que practica la justicia ha nacido de Él. Sal 97,1.3-6.

El Señor manifestó su victoria. Jn 1,29-34. Jesús es el cordero que quita el pecado del mundo. Juan bautiza con agua,

pero el Señor con el Espíritu Santo. Jesús es el Hijo de Dios.




MEDITATIO: Mucha gente buena piensa que la Iglesia católica se ha sacado

más de la mitad de las creencias y ritos que constituyen la religión. Entre las

muchas quejas está el origen de los sacramentos. Los textos de hoy se refieren

al bautismo de Jesús y hablan muy clarito sobre el aparecer del cordero de

Dios, el borrar el pecado del mundo, el existir desde antes, el ser Hijo de

Dios y el descender del Espíritu Santo. Juan preparaba la venida del Señor

bautizando en el Jordán. Bautizarse era bañarse, lavarse y la gente acudía a él

para purificarse de sus faltas con las aguas del río. La expectativa del Mesías

que habría de liberar al pueblo de toda opresión y calamidad, flotaba ya en el

aire. Juan anuncia la próxima venida del Mesías por todo desierto que rodea la

ciudad de Jerusalén. Mientras unos suben y otros bajan al río para ser bañados

por Juan, aparece Jesús de Nazaret. Juan lo señala como el Cordero de Dios. Es

una evocación, en el contexto del bautismo, de liberación; en la noche de

Pascua, el ángel marcó los dinteles de las puertas con la sangre del cordero.

La marca indicaba liberación y su ausencia exterminio. El cordero ofrecido era

desangrado y después comido enteramente. Jesús, hijo de María, verdadero

hombre, y reconocido como Hijo predilecto de Dios por el descenso del Espíritu,

es el verdadero cordero pascual que habrá de derramar su sangre en la cruz para

la remisión del pecado. Es el meollo del bautismo. El bautismo cristiano se

remonta a lo que sucedió entonces, al significado teológico de los textos que

narran la vida de Jesús. No hay nada inventado, el bautismo quita el pecado en

virtud de la ofrenda del cordero y mediante el descenso del Espíritu, para

hacer de la creatura un auténtico hijo de Dios. El mundo judío se escandaliza;

está bien bañarse y lavarse para presentarse digno ante el Señor, pero eso de

ninguna manera quita el pecado, ni mucho menos hace al hombre hijo de Dios. El mundo

griego, occidental se abstiene y lo considera una necedad y al límite un simple

rito religioso pergeñado por la piedad popular. Mientras unos se escandalizan y

otros se desdeñan, el mundo cristiano, consciente del pecado, se alegra en el

bautismo porque viene el mismo Espíritu de Dios al corazón, el alma se

beneficia de la sangre bendita del Cordero que quita todos los pecados del

mundo, y toda la persona es admitida en la familia de Dios, como hijo de Dios

Padre, hermano de Dios Hijo y templo y morada del Espíritu Santo. Si el Cordero

de Dios ha obrado esta maravilla por medio del derramamiento de su sangre, el

cristiano, convertido en hijo, adopta el mismo lenguaje del amor como única

forma de vida y estilo distintivo. “Los conocerán en que se aman los unos a los

otros, como yo”. 


ORATIO: Niño de Belén, nacido para

ser cordero, ofrenda, don. Niño de Belén, nacido para amar hasta donar tu vida

por todos, por mí. Gracias por haberme llamado a la existencia y muchas más

gracias por haberme llamado al bautismo, por haberme librado del pecado y

hacerme hijo. Todo empezó un día en Nazaret, en Belén, en el Jordán. Era

esclavo y soy libre, era un cualquiera y soy hijo adoptivo, era pecado y soy

gracia, era lodo y soy templo.   


CONTEMPLATIO:  Bautismo, cordero, hijo


ACTIO: Ejercicios de Navidad. Renovar cada domingo

las promesas de mi bautismo. Ejercer con responsabilidad mi rol de padrino del

bautismo. Apreciar y celebrar el día que fui bautizado. Renunciar a las

adicciones pecaminosas como consecuencia del bautismo. Profesar el lenguaje

propio de hijo de Dios: el amor al prójimo, al vecino insoportable, al

compañero molesto de trabajo, al familiar alejado. 

El asombro de la Navidad, por Ciriaco Benavente Mateos, obispo de Albacete

Carta del obispo de Albacete, Ciriaco Benavente, para el domingo 5-1-2014, II Domingo después de Navidad

La liturgia de este domingo nos trae de nuevo en la lectura del Evangelio el prólogo del de san Juan. Es una nueva invitación a la alegría y al asombro. Porque sólo quien es capaz de asombrarse ante el misterio de la Navidad ha empezado a entender lo que los cristianos celebramos este día. ¿No resulta escandaloso que aquel que empezó siendo un humilde embrión en las entrañas de María; que aquel que, nueve meses más tarde, fue dado a luz y recostado en un pesebre sea el Hijo de Dios?

Ello resultaba tan estridente ya en los primeros tiempos del cristianismo que el filósofo pagano Celso se preguntaba con ironía: « ¿Hijo de Dios un hombre que ha vivido hace pocos años? ¿Uno de ayer o anteayer?, ¿un hombre «nacido en una aldea de Judea, de una pobre hilandera»? (Una tal reacción, dicho sea de paso, es la prueba más evidente de que la fe en la divinidad de Cristo no es fruto de la helenización del cristianismo, sino, en todo caso, de la cristianización del helenismo).

Hace años, el teólogo Ratzinger, en su Introducción al Cristianismo, escribía a este respecto: «Con el segundo artículo del Credo estamos ante el auténtico escándalo del cristianismo. Está constituido por la confesión de que el hombre-Jesús, un individuo ajusticiado hacia el año 30 en Palestina, sea el “Cristo” (el ungido, el elegido) de Dios, es más, nada menos que el Hijo mismo de Dios, por lo tanto centro focal, el punto de apoyo determinante de toda la historia humana… ¿Nos es verdaderamente lícito agarrarnos al frágil tallo de un solo evento histórico? ¿Podemos correr el riesgo de confiar toda nuestra existencia, más aún, toda la historia, a esta brizna de paja de un acontecimiento cualquiera, que flota en el infinitoocéano de la vicisitud cósmica?

La liturgia de la Navidad, en los textos bíblicos de las tres misas (la de la media noche, la del amanecer y la del mediodía) nos lleva de la mano con admirable pedagogía hasta la plena confesión de fe.

Por las montañas de Judea hay rumor de ángeles; ha empezado a correr la noticia de que en la aldea de Belén ha ocurrido algo extraordinario. Imaginemos, dando un salto con las actuales tecnologías, a un reportero gráfico de televisión: Cámara al hombro, se acerca a  la gruta de Belén. Vemos, en penumbra, con cara de asombro, a María y a José. Luego el objetivo se detiene en un punto luminoso. En un primer plano vemos a “un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Así de sencillo y admirable es lo que nos narra la liturgia de la “misa del gallo”.

Luego, el cámara nos presenta a los pastores, que, avisados por los ángeles, corren “a ver eso que ha pasado y que el Señor les ha manifestado” (la misa del amanecer).

En un tercer momento, el comentarista de las imágenes, tocado también por el desconcierto y el asombro, empieza a hacerse preguntas: ¿Quién es ese niño?

Es el cuarto evangelista quien, a la luz de la Pascua y de Pentecostés, nos da la respuesta: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra era Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo… En la Palabra estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres….Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (misa del mediodía).

El misterio de la Navidad sigue siendo para la mentalidad racionalista de hoy, como lo era para el pagano Celso, un escándalo. “¡Bienaventurado aquel que no se escandalice de mí! diría Jesús. Sólo desde la humildad, a la luz del Espíritu Santo, es posible acceder al misterio. «Es de las raíces del corazón de donde sale la fe», exclama San Agustín, parafraseando el paulino corde creditur (se cree con el corazón).

Para entender y vivir la Navidad hay que situarse en el cuadrilátero que forman estas cuatro palabras: Asombro, alegría, gratitud y entrega. Todo nos lleva al asombro y al pasmo. Y del pasmo y el asombro a la alegría. Las buenas noticias nos llenan de gozo, prorrumpimos a cantar. No hay suceso en el mundo más celebrado y cantado que la Navidad.

La tercera actitud es el agradecimiento, porque “ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los pueblos”. Qué bien lo expresó un autor del siglo XVI: “¡Pues, siendo tan Gran Señor, / tenéis corte en una aldea!/ ¿Quién hay que claro no vea/ que estáis herido de amor?”.

La cuarta actitud es la entrega. ¿No os producen admiración las figuritas de nuestros belenes, llevando todas ellas regalos para el Niño? Y lo mismo los magos. Es que no se puede celebrar la Navidad quedándose igual. No es extraño que Caritas nos saque los colores denunciando que, al lado de la pobreza y la marginación, campeen a sus anchas despilfarro y consumismo. Eso, mientras celebramos el nacimiento de quien, siendo Dios, se abajó hasta lo más bajo de la condición humana para levantar al hombre a la dignidad de hijo de Dios. Que no, amigos, que “a Belén por ahí no se va; se va por la otra puerta de la ciudad” (V.M. Arbeloa).

El Papa: La fuerza de la Iglesia no reside en...

El Papa: La fuerza de la Iglesia no reside en ella misma, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios

(RV).- (audio) No tener otro nombre en la vida, y no cumplir ninguna otra acción, que no esté estrechamente vinculada a Cristo. Es con esta esperanza que el Papa Francisco concluyó esta mañana la homilía de la misa que presidió en la Iglesia del Gesú de Roma, en la fiesta litúrgica del Santo Nombre de Jesús, “título” de la Orden fundada por San Ignacio de Loyola. 

El Papa habló ampliamente de la figura de Pedro Fabro, modelo de santidad sacerdotal de la Compañía, canonizado hace a penas dos semanas, el pasado 17 de diciembre. Francisco reflexionando sobre el carisma de su Orden se centró precisamente en Pedro Fabro, hermano antiguo y al mismo tiempo muy moderno, que fue compendio viviente del carácter espiritual y apostólico de los jesuitas, empezando por su corazón, vacío, porque lleno de Dios, inquieto, porque incansable en la búsqueda de Dios:

“Estamos llamados a este abajamiento: ser 'vaciados'. Ser hombres que no tienen que vivir centrados en sí mismo, porque el centro de la Compañía es Cristo y su Iglesia. Y Dios es el Deus semper maior, el Dios que siempre nos sorprende. Y si el Dios de las sorpresas, no está en el centro, la Compañía se desorienta. Por eso, ser jesuita es ser una persona del pensamiento incompleto, del pensamiento abierto: porque siempre piensa mirando el horizonte, que es la gloria de Dios, siempre más grande, que nos sorprende sin cesar. Y esta es la inquietud de nuestro abismo. Aquella santa i hermosa inquietud".

¿Inquietos hasta qué punto? Francisco dice que un jesuita puede saber si "ha mantenido su inquietud o si ésta se ha atrofiado."De hecho, para los que militan en la Compañía de Jesús -afirma- no hay otra alternativa: "Debemos buscar a Dios para encontrarlo, y encontrarlo para buscarlo más y más":

"Sólo esta ansiedad da paz al corazón de un jesuita, una inquietud también apostólica, no debemos cansarnos de proclamar el kerigma, de evangelizar con valentía. Es la inquietud que nos prepara para recibir el don de la fecundidad apostólica. Sin esta ansiedad somos estériles".

“Pedro Fabro fue todo eso” dijo el Papa: "un hombre de grandes deseos", "de espíritu inquieto, indeciso, nunca satisfecho”, inspirado por el “verdadero espíritu que mueve a la acción":

"¿Tenemos también nosotros grandes visiones e impulso? ¿Somos audaces como él? ¿Nuestro sueño es volar alto? ¿El celo nos devora? ¿O somos mediocres y nos contentamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio? Recordémoslo siempre: la fuerza de la Iglesia no reside en ella misma y en su capacidad organizativa, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios".

Pedro Fabro, recordó el Papa Bergoglio, pasó toda su vida buscando la "familiaridad con Dios", para tener un corazón trasplantado en el de Jesús. Y con estos sentimientos fue un defensor del diálogo en la Europa dividida por la Reforma de Lutero, con el "arma de la mansedumbre cristiana”:

"Se me ocurre pensar en la tentación, de que tal vez podamos tener, y que tantos tienen, de unir el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisitoriales, de condena. No, el evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor".

Francisco, el primer Papa jesuita de la historia, en nombre de toda la Compañía, propuso a sus hermanos, al final de su homilía, tomar como modelo el ejemplo del primer sacerdote jesuita de la historia, el hermano Pedro, que bajo la influencia de la "fascinación" de Cristo realizó, dijo, verdaderas "locuras apostólicas":

“Nosotros somos pequeños, somos pecadores, pero queremos servir bajo el estandarte de la Cruz de la Compañía que recibió el nombre de Jesús. Nosotros que somos egoístas, queremos vivir, sin embargo, una vida agitada por grandes deseos. Renovemos, pues, nuestra oblación al Eterno Señor del universo para que con la ayuda de su gloriosa Madre, podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo, que se despojó a sí mismo".

ER RV

jueves, 2 de enero de 2014

LECTIO DIVINA La gran preparación

INVOCATIO: El Señor manifestó su victoria


LECTIO: 1Jn 2,22-28. La promesa que Él nos hizo es ésta: la vida eterna. La unción (bautismal)

instruye y guía en todo. Sal 97,1-4. El Señor manifestó su victoria. Jn 1,19-28. Juan bautiza con agua, pero el Señor bautizará con el Espíritu.


MEDITATIO: Una mamá joven fue al Santísimo. Allí delante había una

niña.  Oraba con mucha devoción. La joven

con curiosidad se acercó a preguntarle la edad y qué cosas le decía a Diosito.

La niña tenía 6 años y pedía por su familia para tener una buena semana. La

madre le dijo si podría pedir por ella y la niña dijo que sí, cerró sus ojos y

empezó a murmurar entre dientes, luego al despedirse, la pequeña decía muy

despacio: te amo mucho. Es el don de la fe que el Señor concede a cada uno de

los bautizados. Pero muchos dirán haber sido bautizados y sin embargo quisieran

ser como esa chiquitina ante el Santísimo. La fe es un don que Dios infunde con

el bautismo como su regalo más precioso, pero se hace manifiesta por el

ejercicio de la virtud natural. La virtud prepara el don. Esta muchachita de 6

años ha tenido una gran preparación en su madre. La liturgia de hoy habla de la

potencia del bautismo y del gran preparador, Juan. El hombre sobre la tierra

vive constantemente en preparativos. Y los preparativos no son más que ensayos

y ejercicios. Sobre el planeta Tierra todo supone una preparación, un ensayo y

un acompañamiento: caminar, comer, hablar, leer, orar, amar. Los niños se

preparan para ir por primera vez a la escuela, se gradúan, se capacitan para el

trabajo, se entrenan para asumir una responsabilidad. Juan mereció ser el

último de los profetas de Israel y a la vez el precursor del Señor, la voz que

gritaba en el desierto la venida del Señor. Choca decirlo, pero esta vida es

sólo un ensayo de lo que viene, es preparar la otra, la verdadera, la eterna.

Ésta acabará; la otra seguirá sin fin. Ésta viene cargada de fatigas,

enfermedades, sufrimiento y muerte; la otra será descanso, salvación, alegría,

paz, en compañía del Vencedor de la muerte. El bautismo es una probadita de la

maravilla que el hombre ha de encontrar en el cielo. Lo dice la carta de Juan.

La vida eterna es la promesa. En el Antiguo Testamento, la promesa de Dios

estuvo largamente escondida en una tierra; las revelaciones del Nuevo

Testamento apuntan claramente a la Vida eterna. El derecho a ella se hace

entrega en el bautismo. La vida terrena en este marco de referencias aparece

como una preparación para lo que ha de venir. Alguien criticó severamente a los

cristianos por indicar la vida del más allá como la verdadera vida, aunque no

se ve ni se sabe nada de ella; mientras se refieren a esta vida tangible y

concreta como algo meramente transitorio. Así, lo que quiso ser una crítica, se

convierte hoy en una gran verdad. El hombre terrestre está programado por el

Creador para la vida eterna, para el Amor. Y esta vida es sólo el paso

preliminar del preámbulo del inicio del propedéutico de la eternidad. En muchos

escritos místicos, en efecto, la vida aparece como una peregrinación, como un

pasillo, un tránsito hacia la casa del Padre. Tal vez cabría nombrar a la vida

terrena como previda, lo que antecede, lo que prepara, la antesala, la gran

preparación. 


ORATIO: Niño de Belén, tú dedicaste

treinta años en el silencio y en lo escondido a preparar tu vida pública.

Enséñame el arte de prepararme para tu venida. Tú vienes a mí continuamente en

las luces de la conciencia, en las gracias actuales, en los sacramentos, en la

lectura de la Palabra, ayúdame a estar preparado siempre para ti, para acogerte

como al Huésped esperado, para aceptarte como al mejor de los amigos, para honrarte

como al Señor de los señores, para servirte como al Rey de reyes.


CONTEMPLATIO:  La gran preparación 


ACTIO: Ejercicios de Navidad. Juan dedicó toda la

vida a preparar la venida del Señor. Se prepara una graduación, una fiesta, una

recepción, un aniversario, una vacación. Tomar la vida como una preparación

requiere un gran sentido de programación. Programar la casa, la alimentación,

los estudios, el trabajo, la vida social. Una sugerencia para el inicio de año

nuevo es contar con un programa de estudios, de capacitación, de trabajo, de

vida espiritual y de apostolado.

miércoles, 1 de enero de 2014

LECTIO DIVINA Bendición de paz

INVOCATIO: A todos los que recibieron la Palabra les dio el poder de ser hijos de Dios.

 

LECTIO: Núm 6,22-27. Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Sal 66,2-8. El Señor tenga piedad y nos bendiga. Gál 4,4-7. Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley. Lc 2,16-21.María conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón.

 

MEDITATIO:  Desde hace un tiempo, al despertar de un año nuevo se celebra la jornada mundial de la paz. Civilmente se refiere a la ausencia de guerras y conflictos entre las naciones, a la concordia y reconciliación universal del mundo. Pero hay otras formas de entender la paz. En el mundo judío, shalom es saludo y es deseo y es comunión consigo, con la familia y con Dios. La paz, aunada a la alegría, es el don del Cristo resucitado a la comunidad naciente de la Iglesia. Es la bendición del Abba para el mundo salvado con la sangre de su Hijo. Es María, la Deípara, la preñada con el fruto de la paz para un mundo en conflicto. Es la salvación definitiva y la reconciliación de la creatura con su Creador. El libro de los Números despliega para el mundo este mensaje en forma de bendición. “Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz”. Desde entonces todos los días el pueblo judío bendice al mundo, a su casa, a su familia con esta fórmula. En el mundo cristiano, la bendición la imparte la madre a toda la familia y a cada uno de sus hijos. Se acostumbra bendecir con la señal de la cruz, -en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo- invocando a la Trinidad y tocando con la mano la mente, los labios y el corazón. La mente para que todos los pensamientos provengan de Dios, en Él se inspiren y a Él se dirijan. Los labios para que toda palabra salida de la boca refleje la Palabra por excelencia. El corazón para que el Señor aliente y encamine los buenos sentimientos y deseos del ser humano, creado a imagen de la Trinidad. Si hay un mensaje nítido y expreso en la época de Navidad es la paz. Si hay una bendición anhelada que el cielo derrama para el mundo y el hombre reclama para sí, es una madre linda y dulce. El calendario civil inicia a deshojarse con el mensaje de la paz, la paz de un Niño Dios nacido de mujer en el corazón del hombre. Y el calendario seguirá su curso bajo la mirada tierna y solícita de una madre que bendice y entrega al la humanidad, el fruto de su vientre: Jesús, el príncipe de la paz. Que se acaben ya las guerras y los disgustos entre las naciones. Que cesen las riñas y los conflictos entre los humanos. Que nunca más se quiebre el amor y la paz en corazón alguno porque Dios se ha dado a su pueblo amado en María, la madre que concibe al Príncipe de la paz y al dar a luz bendice al mundo entero, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

ORATIO: Niño Jesús, tú iniciaste la obra de mi salvación en el seno de María, en el pesebre de la paz. Hoy me alegro por María, tu madre y te pido gozar de la plenitud de tu gracia por el amor y la bendición que a diario nos da. Ayúdame a no caer nunca en la desconfianza, la sospecha, la suspicacia y a confiar en mi madre y mis hermanos, los hombres, por el reflejo que en ellos hay de Ti.

 

CONTEMPLATIO:  Bendición de paz.

Image and video hosting by TinyPic


ACTIO: Ejercicios de navidad. Día de paz, día de hacer las paces con todos. Vale más la hermandad que todo el oro del mundo. Día de María, madre de Dios y madre de todos. Amarla y honrarla con el rezo del rosario todos los días. Día de bendición por el año que inicia. Bendecir es decir bien. Hablar siempre bien de todos y callar los errores.