(CdM - RV)
domingo, 5 de enero de 2014
El Papa visitará pesebre viviente romano en l...
(CdM - RV)
El Papa manifestó a los jesuitas su profunda...
La Misa se celebró en un ambiente muy sereno, tranquilo y alegre. Hay que pensar que es la fiesta del Nombre de Jesús, es decir la fiesta ‘titular’ de la Compañía, dedicada precisamente al Nombre de Jesús, y fue muy lindo poderla vivir junto con el Santo Padre, en particular en esta ocasión, pocos días después de la canonización de San Pedro Fabro, que es el primer compañero de San Ignacio. Ello nos ayudó a revivir la inspiración original de la Compañía de Jesús, su dedicación al apostolado, un apostolado profundamente motivado por el amor personal de Cristo.
El Nombre de Jesús y San Pedro Fabro, centraron la homilía del Papa Francisco, como destaca el Padre Lombardi, haciendo hincapié en el amor de Dios y en la reconciliación:
Dos temas: el Nombre de Jesús, como tal, y la figura de San Pedro Fabro como una persona con grandes anhelos. El espíritu de San Pedro Fabro es de cultivar el verdadero gran anhelo de dar a conocer no sólo el Nombre de Jesús, sino el amor de Dios hacia todos, aun en situaciones difíciles, como aquella en la que él obraba, en el tiempo de la división entre los cristianos. Por lo tanto, con un sentido de reconciliación, de dulzura: un rasgo muy característico de la personalidad de este santo, que no hizo cosas grandes desde un punto de vista exterior, pero sí grandes cosas desde un punto de vista espiritual, en los corazones, para dar a conocer el amor de Dios y reconciliar a las personas divididas precisamente por este amor.
El Papa se refirió a la inquietud en los jesuitas:
Así es. Es el dinamismo característico de la espiritualidad de la Compañía de Jesús: buscar y encontrar al Señor y su voluntad, no para detenerse, sino para seguir buscándola aún más. Una vez que se ha encontrado al Señor, el Señor te sorprende y te llama incluso más allá, de donde hayas llegado. Así es, este Dios rico de sorpresas, de las que el Papa habla a menudo, es verdaderamente un conocimiento de Dios, que es muy característico de una espiritualidad dinámica, de camino, como la de la Compañía de Jesús y también de Pedro Fabro, que era, de hecho, un peregrino del servicio del Señor, en la Europa de su tiempo.
Luego, el Papa fue saludando a los jesuitas que estaban en la Chiesa del Gesú
Sí, ya sabemos que es característico del Papa tener esta atención y paciencia, incluso de saludar a todos, uno por uno. Había tantos hermanos, sus hermanos, reunidos en esta hermosa ocasión: quiso saludarlos a todos y manifestar su profunda fraternidad espiritual.
(CdM – RV)
LECTIO DIVINA Epifanía
INVOCATIO: Que todos los reyes de la tierra le rindan
homenaje y le sirvan todas las naciones.
LECTIO: Is 60,1-6. ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla
sobre ti. Sal 71,1-2.7-8.10-13. Que todos
los reyes de la tierra le rindan homenaje. Ef 3,2-6. Por medio de una revelación se me dio a conocer el
misterio. Mt 2,1-12. Cuando
vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron
al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego,
abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
MEDITATIO: Llegada la plenitud de
los tiempos envió Dios a su único Hijo, nacido de mujer. En realidad nada se
sabía de la plenitud de los tiempos, lo único cierto y seguro era que vendría
el Mesías, el pacificador que habría de liberar a Israel de toda esclavitud,
enfermedad y dolor. La noticia de la venida del Mesías se quedaba en casa
judía, custodiada por un celo exquisito de exclusividad y privilegio del cielo.
Sin embargo esta revelación bíblica, como todo el conjunto de la revelación
quedaba muy incompleta sin la venida misma de la Palabra, plenitud de la
manifestación de Dios al hombre. Incompleta porque el Mesías habría de ser para
todo el planeta y no sólo para Israel. Los hijos de Abraham, prefiguran la
humanidad entera destinada a los beneficios del mesianismo. Incompleta también
porque nadie habría imaginado la aparición del Mesías en los pañales de un niño
recostado en un pesebre. Como que no era digno para la solemnidad del Reino de
Judá. Mientras tanto unos sabios de oriente, expertos en astronomía, descubren
en el firmamento que la configuración de los astros indica claramente el arribo
de algo prodigioso, único y sorprendente: el nacimiento del Rey y Señor de todo
lo creado. El presagio apunta como lugar a la vecina nación de Israel. Sin
perder tiempo se alistan para emprender el viaje. La emoción les incita a
llevar los dones más preciosos, oro, incienso, mirra. Era el mayor rendimiento
de homenaje, adoración y servidumbre. En ese entonces a los sabios se les
llamaba magos y los magos sabían que no era un nacimiento cualquiera y que la
conjunción de estrellas les indicarían el camino. Quien haya deambulado por los
campos en una noche de luna llena sabe bien que la intensidad de la luz
reflejada es suficiente para una caminata agradable y segura. Al llegar a
Jerusalén, la luminosidad de la estrella se pierde y los sabios no traen sus
instrumentos para observar qué ha pasado en el cielo. Al preguntar a Herodes y a la ciudad, se produce un alboroto
y turbación. ¿Cómo un rey recién nacido si reina maravillosamente un Tetrarca?
Los Escribas y Fariseos de entonces indican a Belén, la ciudad de David, como
la cuna del Salvador. Belén dista 11 kilómetros de Jerusalén. Estaban pues a
poco tiempo de camello. La noche era fría, pero espléndida y radiante como un
día. La estrella abre paso y se detiene en una cueva. La estrella está ahí
radiante y estática. Los sabios han traído oro para un Rey, pero ¿dónde está el
rey? incienso para un Dios, pero ¿dónde está para adorarlo? mirra para un Varón
magnífico capaz de dar la vida por su pueblo, pero ¿dónde está el varón? Las
expectativas no cuadran, pero no pueden fallar ni sus conocimientos de los
astros ni la señal de la estrella. Dios sigue mandando señales al hombre separa
manifestarse como lo hiciera en Belén.
ORATIO: Niño Jesús, que quisiste
manifestar al mundo la divinidad en la inocencia, la omnipotencia en la
sencillez, la bondad en el candor de un pequeño, aumenta mi fe para reconocerte
en cada persona y en cada acontecimiento de mi vida. Quiero yo también
arrodillarme ante el misterio para rendirte homenaje y donarte todo cuanto soy
y tengo.
CONTEMPLATIO: Epifanía
ACTIO: Ejercicios de navidad. A ejemplo de los
Reyes magos: Buscar al Niño Dios en la vida, en casa, en el trabajo, en la
calle, siempre. Salir de mi mundo en búsqueda de lo pequeño, sencillo y
silencioso. Identificar y seguir las estrellas que Dios me manda. La Escritura,
la Tradición, el Magisterio, la catequesis, los sacramentos, la oración
meditativa y contemplativa… Escribir en una ficha lo que considero señales de
Dios en mi vida. Donar al Niño Dios lo mejor de mí mismo, todos mis tesoros.
sábado, 4 de enero de 2014
SEGUNDA LECTURA De los Capítulos de las cinco centurias de san Máximo Confesor, abad
(Centuria 1, 8-13: PG 90,1182-1186)
MISTERIO SIEMPRE NUEVO
La Palabra de Dios, nacida una vez en la carne (lo que nos indica la querencia de su benignidad y humanidad), vuelve a nacer siempre gustosamente en el espíritu para quienes lo desean; vuelve a hacerse niño, y se vuelve a formar en aquellas virtudes; y no es por malevolencia o envidia que disminuye la amplitud de su grandeza, sino que se manifiesta a sí mismo en la medida en que sabe que lo puede asimilar el que lo recibe, y así, al mismo tiempo que explora discretamente la capacidad de quienes desean verlo, sigue manteniéndose siempre fuera del alcance de su percepción, a causa de la excelencia del misterio.
Por lo cual, el santo Apóstol, considerando sabiamente la fuerza del misterio, exclama: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre; ya que entendía el misterio como algo siempre nuevo, al que nunca la comprensión de la mente puede hacer envejecer.
Nace Cristo Dios, hecho hombre mediante la incorporación de una carne dotada de alma inteligente; el mismo que había otorgado a las cosas proceder de la nada. Mientras tanto, brilla en lo alto la estrella del Oriente y conduce a los Magos al lugar en que yace la Palabra encarnada; con lo que muestra que hay en la ley y los profetas una palabra místicamente superior, que dirige a las gentes a la suprema luz del conocimiento.
Así pues, la palabra de la ley y de los profetas, entendida alegóricamente, conduce, como una estrella, al pleno conocimiento de Dios a aquellos que fueron llamados por la fuerza de la gracia, de acuerdo con el designio divino.
Dios se hace efectivamente hombre perfecto, sin alterar nada de lo que es propio de la naturaleza, a excepción del pecado (pues ni el mismo pecado era propio de la naturaleza).
Se hace efectivamente hombre perfecto a fin de provocar, con la vista del manjar de su carne, la voracidad insaciable y ávida del dragón infernal; y abatirlo por completo cuando ingiriera una carne que habría de convertírsele en veneno, porque en ella se hallaba oculto el poder de la divinidad. Esta carne sería al mismo tiempo remedio de la naturaleza humana, ya que el mismo poder divino presente en aquélla habría de restituir la naturaleza humana a la gracia primera.
Y así como el dragón, deslizando su veneno en el árbol de la ciencia, había corrompido con su sabor la naturaleza, de la misma manera, al tratar de devorar la carne del Señor, se vio corrompido y destruido por la virtud de la divinidad que en ella residía.
Inmenso misterio de la divina encarnación, que sigue siendo siempre misterio; pues, ¿de qué modo puede la Palabra hecha carne seguir siendo su propia persona esencialmente, siendo así que la misma persona existe al mismo tiempo con todo su ser en Dios Padre? ¿Cómo la Palabra, que es toda ella Dios por naturaleza, se hizo toda ella por naturaleza hombre, sin detrimento de ninguna de las dos naturalezas: ni de la divina, en cuya virtud es Dios, ni de la nuestra, en virtud de la cual se hizo hombre?
Sólo la fe capta estos misterios, ella precisamente que es la sustancia y la base de todas aquellas realidades que exceden la percepción y razón de la mente humana en todo su alcance.
Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas!
4 de enero, feria Laudes, Oficio y Ev.
Si Laudes es la primera oración del día se reza el Invitatorio
†
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»
†
con voz celestial:
«Dios niño ha nacido
pobre en un portal.»
Anúnciale el ángel
la nueva al pastor,
que niño ha nacido
nuestro Salvador.
Adoran pastores
en sombras al Sol,
que niño ha nacido,
de una Virgen, Dios.
Haciéndose hombre,
al hombre salvó.
Un niño ha nacido,
ha nacido Dios. Amén.
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
Él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es "El Señor."
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: "Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano."
Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.
¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
aclamadlo, todos los pueblos.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
†
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
R/. Amén.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
viernes, 3 de enero de 2014
LECTIO DIVINA Bautismo, cordero, hijo
INVOCATIO: El Señor manifestó su victoria
LECTIO: 1Jn 2,29-3,6. Dios es justo y el que practica la justicia ha nacido de Él. Sal 97,1.3-6.
El Señor manifestó su victoria. Jn 1,29-34. Jesús es el cordero que quita el pecado del mundo. Juan bautiza con agua,
pero el Señor con el Espíritu Santo. Jesús es el Hijo de Dios.
MEDITATIO: Mucha gente buena piensa que la Iglesia católica se ha sacado
más de la mitad de las creencias y ritos que constituyen la religión. Entre las
muchas quejas está el origen de los sacramentos. Los textos de hoy se refieren
al bautismo de Jesús y hablan muy clarito sobre el aparecer del cordero de
Dios, el borrar el pecado del mundo, el existir desde antes, el ser Hijo de
Dios y el descender del Espíritu Santo. Juan preparaba la venida del Señor
bautizando en el Jordán. Bautizarse era bañarse, lavarse y la gente acudía a él
para purificarse de sus faltas con las aguas del río. La expectativa del Mesías
que habría de liberar al pueblo de toda opresión y calamidad, flotaba ya en el
aire. Juan anuncia la próxima venida del Mesías por todo desierto que rodea la
ciudad de Jerusalén. Mientras unos suben y otros bajan al río para ser bañados
por Juan, aparece Jesús de Nazaret. Juan lo señala como el Cordero de Dios. Es
una evocación, en el contexto del bautismo, de liberación; en la noche de
Pascua, el ángel marcó los dinteles de las puertas con la sangre del cordero.
La marca indicaba liberación y su ausencia exterminio. El cordero ofrecido era
desangrado y después comido enteramente. Jesús, hijo de María, verdadero
hombre, y reconocido como Hijo predilecto de Dios por el descenso del Espíritu,
es el verdadero cordero pascual que habrá de derramar su sangre en la cruz para
la remisión del pecado. Es el meollo del bautismo. El bautismo cristiano se
remonta a lo que sucedió entonces, al significado teológico de los textos que
narran la vida de Jesús. No hay nada inventado, el bautismo quita el pecado en
virtud de la ofrenda del cordero y mediante el descenso del Espíritu, para
hacer de la creatura un auténtico hijo de Dios. El mundo judío se escandaliza;
está bien bañarse y lavarse para presentarse digno ante el Señor, pero eso de
ninguna manera quita el pecado, ni mucho menos hace al hombre hijo de Dios. El mundo
griego, occidental se abstiene y lo considera una necedad y al límite un simple
rito religioso pergeñado por la piedad popular. Mientras unos se escandalizan y
otros se desdeñan, el mundo cristiano, consciente del pecado, se alegra en el
bautismo porque viene el mismo Espíritu de Dios al corazón, el alma se
beneficia de la sangre bendita del Cordero que quita todos los pecados del
mundo, y toda la persona es admitida en la familia de Dios, como hijo de Dios
Padre, hermano de Dios Hijo y templo y morada del Espíritu Santo. Si el Cordero
de Dios ha obrado esta maravilla por medio del derramamiento de su sangre, el
cristiano, convertido en hijo, adopta el mismo lenguaje del amor como única
forma de vida y estilo distintivo. “Los conocerán en que se aman los unos a los
otros, como yo”.
ORATIO: Niño de Belén, nacido para
ser cordero, ofrenda, don. Niño de Belén, nacido para amar hasta donar tu vida
por todos, por mí. Gracias por haberme llamado a la existencia y muchas más
gracias por haberme llamado al bautismo, por haberme librado del pecado y
hacerme hijo. Todo empezó un día en Nazaret, en Belén, en el Jordán. Era
esclavo y soy libre, era un cualquiera y soy hijo adoptivo, era pecado y soy
gracia, era lodo y soy templo.
CONTEMPLATIO: Bautismo, cordero, hijo
ACTIO: Ejercicios de Navidad. Renovar cada domingo
las promesas de mi bautismo. Ejercer con responsabilidad mi rol de padrino del
bautismo. Apreciar y celebrar el día que fui bautizado. Renunciar a las
adicciones pecaminosas como consecuencia del bautismo. Profesar el lenguaje
propio de hijo de Dios: el amor al prójimo, al vecino insoportable, al
compañero molesto de trabajo, al familiar alejado.