lunes, 6 de enero de 2014

A los que nunca supieron qué es Navidad

Si el misterio de un Dios hecho hombre ha dejado de emocionarnos, es porque en este convulsionado mundo nuestro está en marcha un peligroso proceso de deshumanización
Autor: Ángel Gutiérrez Sanz | Fuente: Catholic.net



Cuando llegan las fiestas más hermosas del año, la inocencia y candor de los niños hacen de nuestro mundo un lugar más habitable. Durante estos días los sueños infantiles se agolpan para ser depositados cada 5 de Enero en el interior de unos zapatitos colocados cuidadosamente en la ventana. Hace falta ser niño para vivir la magia de la Navidad en un estado puro y hace falta ser pobre para vivir la profunda decepción infantil, al contemplar el calzado vacío, colocado en una humilde ventana, que ningún rey acertó a descubrir. Todas las Navidades vienen a mi recuerdo la imagen del niño cabrero de Miguel Hernández y las sencillas palabras que salen de su boca, dejando traslucir la infinita tristeza que se alberga en el pecho de los niños pobres 

Por el cinco de Enero
cada Enero ponía
mi calzado cabrero
en la fría ventana
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas
mis abarcas desiertas


Las tristes navidades de los niños pobres son el contrapunto a las dulces navidades de los niños ricos. Siempre ha sido y seguirá siendo así. Cierto que estos niños, que dejaron de serlo sin haber saboreado el hechizo de la Navidad, jamás podrán recuperar sus sueños infantiles, ésos que nunca pudieron acariciar con sus pequeñas manitas , aún así tengo la confianza de que el Niño de Belén, pobre como ellos, les regale algún día, unas navidades gozosas hecha a la medida de los pobres

Pienso en el sagrado desconsuelo de los niños pobres, pero también en la vacuidad de las personas mayores que viven ajenas al gozo sobrehumano de saber que Dios se ha hecho niño. Los hombres del siglo XXI hemos madurado mucho, hemos aprendido a ser independientes, no necesitamos nada de nadie, nos bastamos a nosotros mismos. Hace tiempo que perdimos la inocencia y dejamos de ser niños para convertirnos en personas arrogantes y prepotentes, incapaces de vivir la Navidad , porque , como bien decía Martín Descalzo, "la Navidad es eso, un misterio de infancia" y sólo haciéndonos como niños podremos acercarnos a él; pero nos gusta ser mayores y comportarnos como lo que somos, entonces ¿ que puede importarnos a nosotros el que Dios se haga un niño? ¿ Qué nos va a nosotros en que Dios venga a nuestra tierra o se quede en el cielo para siempre? Nuestra mente está en otras cosas "más importantes".Lo que a la gente, hoy, le preocupa son cuestiones de otra índole, lo que quiere, es vivir mejor, tener mucho más de lo que tiene, para no cesar de consumir, ganar el doble de lo que gana y a poder ser, trabajando la mitad, alcanzar cotas cada vez más elevadas de poder... y como Dios no es la solución a estos problemas nuestros, es por lo que hemos decidido prescindir de Él y negarle la bienvenida a nuestra tierra, en todo caso, la bienvenida estaríamos dispuestos a dársela a mister Marshal, si apareciera con un conjunto de medidas para poner fin a la crisis, si viniera con un plan de inversiones que acabara con el paro o con una planificación de desarrollo que multiplicara por cinco nuestra renta "per capita". 

Obsesionados como estamos por estas cosas nuestras tan "puntuales" hemos acabado olvidándonos de los asuntos trascendentes, sobre los que gravitan preguntas radicales, como pueden ser ¿qué piensa Dios sobre nosotros? ¿que somos para Él? ¿Qué lugar ocupamos en su corazón? Estas son las preguntas que siempre se vienen haciendo las gentes sencillas, sabiendo que en Belén es el único lugar donde podemos encontrar la respuesta satisfactoria. 

La Navidad, se ha dicho muchas veces, es el regalo que Dios hace a los hombres o para ser más exactos, es el Misterio de Amor en el que Dios mismo se nos da como regalo. Incomprensible esta locura de Dios; pero no hace falta que lo comprendamos del todo, es suficiente con que nos rindamos emocionados ante el misterio y lo adoremos. Así de fácil ; pero para ello hay que tener alma y sentimientos infantiles, algo que nunca debimos dejar pudrirse en nuestro pecho; aunque tal vez no estén muertos del todo, sino solamente dormidos y lo que tendríamos que hacer es comenzar a despertar a ese niño que todos llevamos dentro. Necesitamos volver a ser niños, sí, porque el mundo anda falto de sonrisas, de ternura, de cálidas acogidas. Lo necesitamos porque como decía Dostoievski "El hombre que guarda muchos recuerdos de su infancia, ése está salvado para siempre". 

Hace 2000 años que Dios, olvidándose de su eternidad e infinitud, abandonó su cielo para hacerse presente en esta tierra nuestra, disfrazado de niño y ser uno más entre nosotros, sin guardias y sin escoltas, débil e indefenso se puso en nuestras manos para que le cuidáramos. Parece un contrasentido que Dios se haya fiado de los hombres, cuando los hombres nunca hemos acabado de confiar en Él. Tuvo que ser así porque Dios quiso ganar los afectos de nuestro pobre corazón humano y lo hizo de la mejor forma que podía hacerlo. Fue el modo más sublime y entrañable de decirnos que nos quería apasionadamente y que ya nunca estaríamos solos en un mundo gélido. A partir de aquí comienza a tener sentido el misterio de la Navidad que para los cristianos viene a ser la manifestación amorosa de Dios a los hombres y que otros quieren arrebatárnosla para convertirla en la fiesta de la charanga y el despiporre. ¡Que nadie se engañe!. Sin Dios no es posible la Navidad 

Después de haber sabido que con nosotros está Dios, ése que todo lo puede, que todo lo llena, que todo lo endulza. Después de haber sabido que nos ha sucedido lo mejor que podía sucedernos, que en nuestra historia ha tenido lugar el acontecimiento de los siglos que nadie pudo imaginar ¿Cómo no experimentar la alegría de ser hombre? ¿Cómo no rebosar de gozo y de felicidad? ¿Cómo no estar contentos por Navidad?

Si el misterio de un Dios hecho hombre ha dejado de emocionarnos, si al recordarlo, nuestro corazón ya no salta de alegría, es que ha llegado el momento para estar preocupados, porque en este convulsionado mundo nuestro está en marcha un peligroso proceso de deshumanización.



Jesús predica en Galilea

Mateo 4, 12-17. 23-25. Navidad. Jesús nos invita a convertirnos porque... ¡El Reino de los cielos ya ha llegado! 

Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net


Del santo Evangelio según san Mateo 4, 12-17. 23-25



Al enterarse Jesus de que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!. El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.» Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán. 


Oración introductoria


Creo en Ti Señor porque eres la Verdad misma. Espero en Ti porque eres la Misericordia infinita. Te amo, pero ayúdame a amarte más porque Tú eres el único digno de ser amado sobre todas las cosas.


Petición


Señor, cúrame, hazme ser fiel a tu amor. Concédeme ser un apóstol esforzado y fiel de tu Reino.


Meditación del Papa Francisco


Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por ello forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Inmediatamente los entrena para la misión, para ir.

Pero atención: el fin no es socializar, pasar el tiempo juntos, no, la finalidad es anunciar el Reino de Dios, ¡y esto es urgente! También hoy es urgente. No hay tiempo que perder en habladurías, no es necesario esperar el consenso de todos, hay que ir y anunciar. 

La paz de Cristo se lleva a todos, y si no la acogen, se sigue igualmente adelante. A los enfermos se lleva la curación, porque Dios quiere curar al hombre de todo mal. ¡Cuántos misioneros hacen esto! Siembran vida, salud, consuelo en las periferias del mundo. ¡Qué bello es esto! No vivir para sí mismo, no vivir para sí misma, sino vivir para ir a hacer el bien. 

Hay tantos jóvenes hoy en la Plaza: pensad en esto, preguntaos: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? A vosotros, jóvenes, a vosotros muchachos y muchachas os pregunto: vosotros, ¿sois valientes para esto, tenéis la valentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros! (S.S. Francisco, 7 de julio de 2013).


Reflexión


Todos somos testigos de la gran luz que nos ha iluminado. Cristo niño se ha hecho hombre por amor a nosotros para convertirse en la luz que guiará nuestros pasos. 


Se dice que cuando la noche es más oscura es cuando más brillan las estrellas. Podríamos decir también que cuando más oscuro es nuestro peregrinar por este mundo es cuando más brilla la luz de Cristo en nuestros corazones. Cuando más solos nos sentimos es cuando Cristo está más cerca de nosotros. Porque como dice el profeta Isaías: "este mundo camina en tinieblas pero ya ha visto una gran luz que viene a salvarle". No permitamos que la ceguera de nuestro egoísmo entenebrezca la luz de Cristo en nuestros corazones. Tengamos bien abiertos los ojos de la fe en Dios para caminar por la senda del verdadero amor y de la verdadera esperanza. 


Sabemos por el evangelio de hoy que el Reino de los cielos ha llegado, pero ¿cómo le hemos recibido? ¿Nos hemos dado cuenta de su llegada? O por el contrario, ¿hemos permitido que otras luces que no es la de Cristo guíen nuestra vida? No gastemos nuestro fuego en otros infiernillos. Confiemos en que Jesús es la verdadera luz que nos traerá aquella felicidad que buscamos en las cosas de este mundo. Porque sólo Cristo llenará las ansias de felicidad que buscamos. 


Propósito


Conocer, para vivir, las exhortaciones de mi obispo para la celebración del Año de la Fe.


Diálogo con Cristo


Jesús, quiero tener esa disponibilidad que tuviste siempre para con los demás. Abre mis ojos y mi corazón a las necesidades de quienes están más cerca. Quiero saber salir de mí mismo, de mi comodidad, para ser un auténtico misionero de tu amor en tu Iglesia. Que mi única ilusión sea la de poder gastar, minuto a minuto, la vida que me has ha dado, siguiendo fielmente las indicaciones de tus Pastores

domingo, 5 de enero de 2014

La navidad nos revela el amor inmenso de Dios...

La navidad nos revela el amor inmenso de Dios por la humanidad, dijo el Papa en Ángelus, en el que anunció su peregrinación a Tierra el próximo mayo

(RV).- El prólogo del Evangelio de San Juan propone el significado más profundo de la Navidad de Jesús. Él es la Palabra de Dios que se hizo hombre y que ha puesto su " tienda", su morada entre hombres, afirmó el Obispo de Roma en su Reflexión previa a la oración del Ángelus. “El Evangelista escribe: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14). ¡En estas palabras, que nunca dejan de sorprendernos, está todo el cristianismo! ¡Dios se hizo mortal, frágil como nosotros, compartió nuestra condición humana, excepto el pecado, ha entrado en nuestra historia, se volvió plenamente Dios-con-nosotros! El nacimiento de Jesús, entonces, nos muestra que Dios ha querido unirse a todos los hombres y mujeres, a cada uno de nosotros, para comunicarnos su vida y su alegría”.

Del inmenso amor de Dios por la humanidad deriva el entusiasmo, la esperanza de nosotros los cristianos, que en nuestra pobreza sabemos que somos amados, visitados, acompañados por Dios; y miramos al mundo y la historia como el lugar donde caminar con Él y entre nosotros, hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, explicó el Vicario de Cristo. Manifestando que “por cuanto la historia humana y la de cada uno de nosotros pueda estar marcada por las dificultades y debilidades, la fe en la Encarnación nos dice que Dios es solidario con el hombre y su historia. ¡Esta cercanía de Dios al hombre, a cada hombre, es un regalo que nunca tiene ocaso! Aquí está la buena noticia de la Navidad: la luz divina que llenó los corazones de la Virgen María y de San José, y guió los pasos de los pastores y los magos, brilla para nosotros hoy”.

El Sucesor de Pedro dijo que todos nosotros deberíamos apresurarnos para recibir la gracia que Él nos ofrece. Sin embargo –explicó que “tantas veces lo rechazamos, preferimos permanecer en la cerrazón de nuestros errores y en la angustia de nuestros pecados. ¡Pero Jesús no se da por vencido y nunca deja de ofrecerse a sí mismo y de ofrecer su gracia que nos salva! Éste es un mensaje de salvación, antiguo y siempre nuevo. Y estamos llamados a testimoniar con alegría este mensaje del Evangelio de la vida y de la luz, de la esperanza y del amor”.

Peregrinación del Papa a Tierra Santa

Tierra Santa es meta de peregrinación de Francisco, Obispo de Roma, del 24 al 26 de mayo, con el fin de conmemorar el histórico encuentro entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras sucedido hace 50 años un 5 de enero. Junto al Santo Sepulcro se celebrará un encuentro ecuménico con todos los representantes de las Iglesias cristianas de Jerusalén. Junto al Patriarca Bartolomeo de Constantinopla. El Papa pidió se rece por esta peregrinación. jesuita Guillermo Ortiz -RV

El Papa visitará pesebre viviente romano en l...

El Papa visitará pesebre viviente romano en la Epifanía
(RV).-  (con audio) En la Solemnidad de la manifestación del Señor, el Papa Francisco visitará la parroquia romana de San Alfonso María de Ligorio, para ver el pesebre viviente preparado por los feligreses, que invitaron al Obispo de Roma, escribiéndole una carta. El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Padre Federico Lombardi, señaló que la visita, de forma estrictamente privada, será a las cuatro y media de la tarde. La iglesia se encuentra en la calle Giustiniana, del barrio Prima Porta, en la zona norte de la capital italiana. 

(CdM - RV)

El Papa manifestó a los jesuitas su profunda...

El Papa manifestó a los jesuitas su profunda fraternidad espiritual, señala el Padre Lombardi
(RV).- (con audio)  Más de 350 jesuitas participaron en la Misa que presidió el Papa Francisco en la Chiesa del Gesú, entre ellos, también el Prepósito General de la Compañía de Jesús, el Padre Adolfo Nicolás. Sobre el clima en el que se celebró la Misa, Sergio Centofanti entrevistó al director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y de nuestra emisora, Padre Federico Lombardi, uno de los jesuitas que participaron en este evento:

La Misa se celebró en un ambiente muy sereno, tranquilo y alegre. Hay que pensar que es la fiesta del Nombre de Jesús, es decir la fiesta ‘titular’ de la Compañía, dedicada precisamente al Nombre de Jesús, y fue muy lindo poderla vivir junto con el Santo Padre, en particular en esta ocasión, pocos días después de la canonización de San Pedro Fabro, que es el primer compañero de San Ignacio. Ello nos ayudó a revivir la inspiración original de la Compañía de Jesús, su dedicación al apostolado, un apostolado profundamente motivado por el amor personal de Cristo.


El Nombre de Jesús y San Pedro Fabro, centraron la homilía del Papa Francisco, como destaca el Padre Lombardi, haciendo hincapié en el amor de Dios y en la reconciliación:

Dos temas: el Nombre de Jesús, como tal, y la figura de San Pedro Fabro como una persona con grandes anhelos. El espíritu de San Pedro Fabro es de cultivar el verdadero gran anhelo de dar a conocer no sólo el Nombre de Jesús, sino el amor de Dios hacia todos, aun en situaciones difíciles, como aquella en la que él obraba, en el tiempo de la división entre los cristianos. Por lo tanto, con un sentido de reconciliación, de dulzura: un rasgo muy característico de la personalidad de este santo, que no hizo cosas grandes desde un punto de vista exterior, pero sí grandes cosas desde un punto de vista espiritual, en los corazones, para dar a conocer el amor de Dios y reconciliar a las personas divididas precisamente por este amor.


El Papa se refirió a la inquietud en los jesuitas:

Así es. Es el dinamismo característico de la espiritualidad de la Compañía de Jesús: buscar y encontrar al Señor y su voluntad, no para detenerse, sino para seguir buscándola aún más. Una vez que se ha encontrado al Señor, el Señor te sorprende y te llama incluso más allá, de donde hayas llegado. Así es, este Dios rico de sorpresas, de las que el Papa habla a menudo, es verdaderamente un conocimiento de Dios, que es muy característico de una espiritualidad dinámica, de camino, como la de la Compañía de Jesús y también de Pedro Fabro, que era, de hecho, un peregrino del servicio del Señor, en la Europa de su tiempo.


Luego, el Papa fue saludando a los jesuitas que estaban en la Chiesa del Gesú 

Sí, ya sabemos que es característico del Papa tener esta atención y paciencia, incluso de saludar a todos, uno por uno. Había tantos hermanos, sus hermanos, reunidos en esta hermosa ocasión: quiso saludarlos a todos y manifestar su profunda fraternidad espiritual.

(CdM – RV)




LECTIO DIVINA Epifanía

INVOCATIO: Que todos los reyes de la tierra le rindan

homenaje y le sirvan todas las naciones.


LECTIO: Is 60,1-6. ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla

sobre ti. Sal 71,1-2.7-8.10-13. Que todos

los reyes de la tierra le rindan homenaje. Ef 3,2-6. Por medio de una revelación se me dio a conocer el

misterio. Mt 2,1-12. Cuando

vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron

al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego,

abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. 


MEDITATIO:  Llegada la plenitud de

los tiempos envió Dios a su único Hijo, nacido de mujer. En realidad nada se

sabía de la plenitud de los tiempos, lo único cierto y seguro era que vendría

el Mesías, el pacificador que habría de liberar a Israel de toda esclavitud,

enfermedad y dolor. La noticia de la venida del Mesías se quedaba en casa

judía, custodiada por un celo exquisito de exclusividad y privilegio del cielo.

Sin embargo esta revelación bíblica, como todo el conjunto de la revelación

quedaba muy incompleta sin la venida misma de la Palabra, plenitud de la

manifestación de Dios al hombre. Incompleta porque el Mesías habría de ser para

todo el planeta y no sólo para Israel. Los hijos de Abraham, prefiguran la

humanidad entera destinada a los beneficios del mesianismo. Incompleta también

porque nadie habría imaginado la aparición del Mesías en los pañales de un niño

recostado en un pesebre. Como que no era digno para la solemnidad del Reino de

Judá. Mientras tanto unos sabios de oriente, expertos en astronomía, descubren

en el firmamento que la configuración de los astros indica claramente el arribo

de algo prodigioso, único y sorprendente: el nacimiento del Rey y Señor de todo

lo creado. El presagio apunta como lugar a la vecina nación de Israel. Sin

perder tiempo se alistan para emprender el viaje. La emoción les incita a

llevar los dones más preciosos, oro, incienso, mirra. Era el mayor rendimiento

de homenaje, adoración y servidumbre. En ese entonces a los sabios se les

llamaba magos y los magos sabían que no era un nacimiento cualquiera y que la

conjunción de estrellas les indicarían el camino. Quien haya deambulado por los

campos en una noche de luna llena sabe bien que la intensidad de la luz

reflejada es suficiente para una caminata agradable y segura. Al llegar a

Jerusalén, la luminosidad de la estrella se pierde y los sabios no traen sus

instrumentos para observar qué ha pasado en el cielo. Al preguntar a  Herodes y a la ciudad, se produce un alboroto

y turbación. ¿Cómo un rey recién nacido si reina maravillosamente un Tetrarca?

Los Escribas y Fariseos de entonces indican a Belén, la ciudad de David, como

la cuna del Salvador. Belén dista 11 kilómetros de Jerusalén. Estaban pues a

poco tiempo de camello. La noche era fría, pero espléndida y radiante como un

día. La estrella abre paso y se detiene en una cueva. La estrella está ahí

radiante y estática. Los sabios han traído oro para un Rey, pero ¿dónde está el

rey? incienso para un Dios, pero ¿dónde está para adorarlo? mirra para un Varón

magnífico capaz de dar la vida por su pueblo, pero ¿dónde está el varón? Las

expectativas no cuadran, pero no pueden fallar ni sus conocimientos de los

astros ni la señal de la estrella. Dios sigue mandando señales al hombre separa

manifestarse como lo hiciera en Belén. 


ORATIO: Niño Jesús, que quisiste

manifestar al mundo la divinidad en la inocencia, la omnipotencia en la

sencillez, la bondad en el candor de un pequeño, aumenta mi fe para reconocerte

en cada persona y en cada acontecimiento de mi vida. Quiero yo también

arrodillarme ante el misterio para rendirte homenaje y donarte todo cuanto soy

y tengo.  


CONTEMPLATIO:  Epifanía 


ACTIO: Ejercicios de navidad. A ejemplo de los

Reyes magos: Buscar al Niño Dios en la vida, en casa, en el trabajo, en la

calle, siempre. Salir de mi mundo en búsqueda de lo pequeño, sencillo y

silencioso. Identificar y seguir las estrellas que Dios me manda. La Escritura,

la Tradición, el Magisterio, la catequesis, los sacramentos, la oración

meditativa y contemplativa… Escribir en una ficha lo que considero señales de

Dios en mi vida. Donar al Niño Dios lo mejor de mí mismo, todos mis tesoros.

sábado, 4 de enero de 2014

SEGUNDA LECTURA De los Capítulos de las cinco centurias de san Máximo Confesor, abad

(Centuria 1, 8-13: PG 90,1182-1186)

MISTERIO SIEMPRE NUEVO
La Palabra de Dios, nacida una vez en la carne (lo que nos indica la querencia de su benignidad y humanidad), vuelve a nacer siempre gustosamente en el espíritu para quienes lo desean; vuelve a hacerse niño, y se vuelve a formar en aquellas virtudes; y no es por malevolencia o envidia que disminuye la amplitud de su grandeza, sino que se manifiesta a sí mismo en la medida en que sabe que lo puede asimilar el que lo recibe, y así, al mismo tiempo que explora discretamente la capacidad de quienes desean verlo, sigue manteniéndose siempre fuera del alcance de su percepción, a causa de la excelencia del misterio.
Por lo cual, el santo Apóstol, considerando sabiamente la fuerza del misterio, exclama: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre; ya que entendía el misterio como algo siempre nuevo, al que nunca la comprensión de la mente puede hacer envejecer.
Nace Cristo Dios, hecho hombre mediante la incorporación de una carne dotada de alma inteligente; el mismo que había otorgado a las cosas proceder de la nada. Mientras tanto, brilla en lo alto la estrella del Oriente y conduce a los Magos al lugar en que yace la Palabra encarnada; con lo que muestra que hay en la ley y los profetas una palabra místicamente superior, que dirige a las gentes a la suprema luz del conocimiento.
Así pues, la palabra de la ley y de los profetas, entendida alegóricamente, conduce, como una estrella, al pleno conocimiento de Dios a aquellos que fueron llamados por la fuerza de la gracia, de acuerdo con el designio divino.
Dios se hace efectivamente hombre perfecto, sin alterar nada de lo que es propio de la naturaleza, a excepción del pecado (pues ni el mismo pecado era propio de la naturaleza).
Se hace efectivamente hombre perfecto a fin de provocar, con la vista del manjar de su carne, la voracidad insaciable y ávida del dragón infernal; y abatirlo por completo cuando ingiriera una carne que habría de convertírsele en veneno, porque en ella se hallaba oculto el poder de la divinidad. Esta carne sería al mismo tiempo remedio de la naturaleza humana, ya que el mismo poder divino presente en aquélla habría de restituir la naturaleza humana a la gracia primera.
Y así como el dragón, deslizando su veneno en el árbol de la ciencia, había corrompido con su sabor la naturaleza, de la misma manera, al tratar de devorar la carne del Señor, se vio corrompido y destruido por la virtud de la divinidad que en ella residía.
Inmenso misterio de la divina encarnación, que sigue siendo siempre misterio; pues, ¿de qué modo puede la Palabra hecha carne seguir siendo su propia persona esencialmente, siendo así que la misma persona existe al mismo tiempo con todo su ser en Dios Padre? ¿Cómo la Palabra, que es toda ella Dios por naturaleza, se hizo toda ella por naturaleza hombre, sin detrimento de ninguna de las dos naturalezas: ni de la divina, en cuya virtud es Dios, ni de la nuestra, en virtud de la cual se hizo hombre?
Sólo la fe capta estos misterios, ella precisamente que es la sustancia y la base de todas aquellas realidades que exceden la percepción y razón de la mente humana en todo su alcance.