lunes, 6 de enero de 2014

Preces


Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Cántico Evangélico


Ant: Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.

(se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado y redimido a su pueblo, 
suscitándonos una fuerza de salvación 
en la casa de David, su siervo, 
según lo había predicho desde antiguo, 
por boca de sus santos profetas. 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos 
y de la mano de todos los que nos odian; 
realizando la misericordia 
que tuvo con nuestros padres, 
recordando su santa alianza 
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. 

Para concedernos que, libres de temor, 
arrancados de la mano de los enemigos, 
le sirvamos con santidad y justicia, 
en su presencia, todos nuestros días. 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, 
porque irás delante del Señor 
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación, 
el perdón de sus pecados. 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, 
nos visitará el sol que nace de lo alto, 
para iluminar a los que viven en tinieblas 
y en sombra de muerte, 
para guiar nuestros pasos 
por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo 
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.

Mt 2,1-12: Venimos de Oriente a adorar al Rey.


Mt 2,1-12: Venimos de Oriente a adorar al Rey.

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

- «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y , venimos a adorarlo.» 

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

- «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: 

- «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Tedeum


(sólo domingos, solemnidades y fiestas)

A ti, oh Dios, te alabamos, 

a ti, Señor, te reconocemos. 


A ti, eterno Padre, 

te venera toda la creación. 


Los ángeles todos, los cielos 

y todas las potestades te honran. 


Los querubines y serafines 

te cantan sin cesar: 


Santo, Santo, Santo es el Señor, 

Dios del universo. 


Los cielos y la tierra 

están llenos de la majestad de tu gloria. 


A ti te ensalza 

el glorioso coro de los apóstoles, 

la multitud admirable de los profetas, 

el blanco ejército de los mártires. 


A ti la Iglesia santa, 

extendida por toda la tierra, 

te proclama: 


Padre de inmensa majestad, 

Hijo único y verdadero, digno de adoración, 

Espíritu Santo, Defensor. 


Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. 


Tú eres el Hijo único del Padre. 


Tú, para liberar al hombre, 

aceptaste la condición humana 

sin desdeñar el seno de la Virgen. 


Tú, rotas las cadenas de la muerte, 

abriste a los creyentes el reino del cielo. 


Tú te sientas a la derecha de Dios 

en la gloria del Padre. 


Creemos que un día 

has de venir como juez. 


Te rogamos, pues, 

que vengas en ayuda de tus siervos, 

a quienes redimiste con tu preciosa sangre. 


Haz que en la gloria eterna 

nos asociemos a tus santos. 



(lo que sigue puede omitirse) 


Salva a tu pueblo, Señor, 

y bendice tu heredad. 


Sé su pastor 

y ensálzalo eternamente. 


Día tras día te bendecimos 

y alabamos tu nombre para siempre, 

por eternidad de eternidades. 


Dígnate, Señor, en este día 

guardarnos del pecado. 


Ten piedad de nosotros, Señor, 

ten piedad de nosotros. 


Que tu misericordia, Señor, 

venga sobre nosotros, 

como lo esperamos de ti. 


En ti, Señor, confié, 

no me veré defraudado para siempre.

Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo

Lectura Patrística
Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo

San León Magno
Sermón en la Epifanía del Señor 3,1-3.5
La misericordiosa providencia de Dios, que ya había decidido venir en los últimos tiempos en ayuda del mundo que perecía, determinó de antemano la salvación de todos los pueblos en Cristo. 
De estos pueblos se trataba en la descendencia innumerable que fue en otro tiempo prometida al santo patriarca, Abrahán, descendencia que no sería engendrada por una semilla de carne, sino por la fecundidad de la fe, descendencia comparada a la multitud de las estrellas, para que de este modo el padre de todas las naciones esperara una posteridad no terrestre, sino celeste. 
Así pues, que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la bendición de la descendencia de Abrahán, a la cual renuncian los hijos según la carne. Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya solo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel. 
Instruidos en estos misterios de la gracia divina, queridos míos, celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquél en que comenzó la salvación de los paganos. Demos gracias al Dios misericordioso quien, según palabras del Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz; el nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido. Porque, como profetizó Isaías, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló. También a propósito de ellos dice el propio Isaías al Señor: Naciones que no te conocían te invocarán, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti. 
Abrahán vio este día, y se llenó de alegría, cuando supo que sus hijos según la fe serían benditos en su descendencia, a saber, en Cristo, y él se vio a sí mismo, por su fe, como futuro padre de todos los pueblos, dando gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete. 
También David anunciaba este día en los salmos cuando decía: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia. 
Esto se ha realizado, lo sabemos, en el hecho de que tres magos, llamados de su lejano país, fueron conducidos por una estrella para conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo. 
Animados por este celo, debéis aplicaros, queridos míos, a seros útiles los unos a los otros, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega gracias a la fe recta y a las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo que, con Dios Padre y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
R/. Éste es el día señalado en que se ha manifestado el salvador del mundo, aquel a quien habían anunciado los profetas, al que adoraron los ángeles. Los magos, al ver la estrella, se llenaron de alegría y le ofrecieron regalos.
V/. Nos ha amanecido un día sagrado; venid, naciones, adorad al Señor.
R/. Los magos, al ver la estrella, se llenaron de alegría y le ofrecieron regalos.

Revelación de la gloria del Señor sobre Jerusalén

V/. Los cielos pregonan su justicia.
R/. Y todos los pueblos contemplan su gloria.
Revelación de la gloria del Señor sobre Jerusalén
Is 60,1-22
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. 
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. 
Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor. 
A los rebaños de Cadar los reunirán para ti y los carneros de Nebayot estarán a tu servicio; subirán a mi altar como víctimas gratas, y honraré mi noble casa. 
¿Quiénes son ésos que vuelan como nubes y como palomas al palomar? Son navíos que acuden a mí, en primera línea las naves de Tarsis, para traer a tus hijos de lejos, y con ellos su plata y su oro, por la fama del Señor, tu Dios, del Santo de Israel, que así te honra. 
Extranjeros reconstruirán tus murallas y sus reyes te servirán; si te herí en mi cólera, con mi favor te compadezco. 
Tus puertas estarán siempre abiertas, ni de día ni de noche se cerrarán: para traerte las riquezas de los pueblos guiados por sus reyes. El pueblo y el rey que no se te sometan perecerán, las naciones serán exterminadas. 
Vendrá a ti el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y el pino, para adornar el lugar de mi santuario y ennoblecer mi estrado. 
Los hijos de tus opresores vendrán a ti encorvados, y los que te despreciaban se postrarán a tus pies; te llamarán Ciudad del Señor, Sión del Santo de Israel. 
Estuviste abandonada, aborrecida y deshabitada, pero te haré el orgullo de los siglos, la delicia de todas las edades. 
Mamarás la leche de los pueblos, mamarás al pecho de los reyes; y sabrás que yo, el Señor, soy tu salvador, el Héroe de Jacob es tu redentor. 
En vez de bronce, te traeré oro, en vez de hierro, te traeré plata, en vez de madera, bronce, y en vez de piedra, hierro; te daré por magistrados la paz, y por gobernantes la justicia. 
No se oirán más violencias en tu tierra, ni dentro de tus fronteras ruina o destrucción; tu muralla se llamará «Salvación», y tus puertas «Alabanza». 
Ya no será el sol tu luz en el día, ni te alumbrará la claridad de la luna; será el Señor tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor; tu sol ya no se pondrá, ni menguará tu luna, porque el Señor será tu luz perpetua y se cumplirán los días de luto. 
En tu pueblo todos serán justos y poseerán por siempre la tierra: es el brote que yo he plantado, la obra de mis manos, para gloria mía. 
El pequeño crecerá hasta mil, y el menor se hará pueblo numeroso. Yo soy el Señor y apresuraré el plazo.
R/. Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti.
V/. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
R/. La gloria del Señor amanece sobre ti.

Solemnidad de la Epifanía del Señor

fecha: 6 de enero
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones del gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas.