martes, 4 de marzo de 2014

Las vocaciones existen. Debemos rezar para qu...

Las vocaciones existen. Debemos rezar para que crezcan, el Papa el lunes en Santa Marta
(RV).- (Con audio actualizado con video) Rezar a Dios por las vocaciones, para que envíe sacerdotes y religiosas con el corazón sólo para Él, libres de la idolatría de la vanidad, del poder y del dinero: fue la exhortación lanzada por el Papa Francisco la mañana del lunes durante la Misa en la Casa de Santa Marta.

El Evangelio del hombre rico que se arrodilla ante Jesús para preguntarle qué debe hacer para heredar la Vida eterna, estuvo al centro de la homilía del Papa. Este hombre - subrayó- “tenía tantas ganas de escuchar las palabras de Jesús”: Era “un hombre bueno, porque desde su juventud había observado los mandamientos. Un hombre bueno”, por lo tanto, “pero esto, para él, no era suficiente: quería mucho más. El Espíritu Santo lo empujaba”. Jesús lo mira con amor y le hace la propuesta: “Vende todo y ven conmigo a predicar el Evangelio”. Pero él, escuchando estas palabras, “se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes:

“Su corazón inquieto, precisamente por el Espíritu Santo que lo empujaba a acercarse a Jesús y a seguirlo, era un corazón lleno, y él no tuvo el coraje de vaciarlo. E hizo su elección: el dinero. El corazón lleno de dinero… Pero no era un ladrón, un reo: ¡no, no, no! Era un hombre bueno: jamás había robado, ¡jamás! Jamás había estafado: era dinero honesto. Pero su corazón estaba aprisionado allí, estaba ligado al dinero y no tenía la libertad de elegir. El dinero eligió por él”. 

“Tantos jóvenes - prosiguió el Santo Padre - sienten en su corazón esta ‘llamada’ a acercarse a Jesús, y son entusiastas”, “no tienen vergüenza de arrodillarse” ante Él, de “dar demostración pública de su fe en Jesucristo” y “quieren seguirlo, pero, cuando tienen el corazón lleno de otra cosa y no tienen el coraje para vaciarlo, dan marcha atrás, y aquella alegría se convierte en tristeza”. También hoy hay muchos jóvenes que tienen la vocación, pero a veces hay algo “que los detiene”:

“Debemos rezar para que el corazón de estos jóvenes pueda vaciarse, vaciarse de otros intereses, de otros amores, para que el corazón se vuelva libre. Y ésta es la oración por las vocaciones: ‘Señor, envíanos, envíanos religiosas, envíanos sacerdotes, defiéndelos de la idolatría, de la idolatría de la vanidad, de la idolatría de la soberbia, de la idolatría del poder, de la idolatría del dinero’. Y nuestra oración es para preparar estos corazones para que puedan seguir de cerca a Jesús”. 

El hombre de este Evangelio - afirmó Francisco- es “tan bueno y después tan infeliz”. Hoy en día hay muchos jóvenes así. Por esto es necesario elevar a Dios una oración intensa:

“La oración: ‘Ayuda, Señor, a estos jóvenes, para que sean libres y no sean esclavos, para que tengan el corazón sólo para ti’, y de esta forma la llamada del Señor puede dar fruto. Esta es la oración por las vocaciones. Debemos rezar mucho: rezar. Pero, estar siempre atentos: las vocaciones existen. Debemos ayudar a que crezcan, a que el Señor pueda entrar en aquellos corazones y darles esta alegría indecible y gloriosa que tiene toda persona que sigue de cerca a Jesús”. (RC-RV)

lunes, 3 de marzo de 2014

Dóciles a la acción del Espíritu Santo...

Dóciles a la acción del Espíritu Santo
Especial la Voz del Papa

(RV).- (Con audio)  El Papa Francisco creó el pasado 22 de febrero a 19 nuevos cardenales procedentes de 12 naciones. “La Iglesia tiene necesidad de ustedes, de su colaboración y, por encima de todo, de su comunión, conmigo y entre ustedes. La Iglesia necesita su valor para anunciar el Evangelio en toda ocasión, oportuna e inoportunamente, y para dar testimonio de la verdad”. 

Lo dijo el Papa en la homilía de la solemne ceremonia de creación de 19 nuevos cardenales. Rito que culminó con la imposición de la birreta y la asignación de los títulos de las iglesias de Roma, como significado de la unión con el Obispo de Roma.

El Papa reiteró la cercanía espiritual con las comunidades eclesiales y con todos los cristianos que sufren discriminaciones y persecución. La Iglesia necesita que recemos por ellos, para que sean fuertes en la fe y sepan reaccionar con el bien ante el mal. Y esta oración nuestra se extiende a todos los hombres y mujeres que padecen injusticia a causa de sus convicciones religiosas. La Iglesia también necesita de nosotros para que seamos hombres de paz y construyamos la paz con nuestras obras, nuestros deseos, nuestras oraciones: ¡hacer la paz! ¡Artesanos de la paz! por ello imploramos la paz y la reconciliación para los pueblos que en estos tiempos sufren la prueba de la violencia, de la exclusión y de la guerra. También asistió a la ceremonia el Papa Emérito Benedicto XVI.

El pasado 23 de febrero el Papa celebró en la Basílica Vaticana la Santa Misa con los nuevos Cardenales a quienes invitó a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo

“El cardenal, especialmente a ustedes se los digo, entra en la Iglesia de Roma, no en una corte. Evitemos todos y ayudémonos unos a otros a evitar hábitos y comportamientos cortesanos: intrigas, habladurías, camarillas, favoritismos, preferencias. Es la exhortación que el Papa dirigió a los nuevos Cardenales, creados en el Consistorio que tuvo lugar en la fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol. Palabras sencillas que trazan un itinerario bien definido. En efecto, a quien quiere seguirlo, “Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo”. 

A los nuevos Purpurados presentes – 18, dada la ausencia del Cardeal Loris Capovilla – y a todos los cristianos, el Pontífice recordó con fuerza que “un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada”. Ante las dificultades de la vida, por tanto, el camino de la santidad puede recorrerse sólo siguiendo la obra del Espíritu Santo, que “sostiene siempre la esperanza del Pueblo de Dios en camino en la historia”. “Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía”. En efecto, prosiguió, para esto no era necesario que Jesús bajara del cielo y muriera en la cruz. “Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino es la misericordia. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo”. 

A la hora del Ángelus dominical del pasado 23 de febrero el Pontífice subrayó la importancia de la unidad de la Iglesia e invitó a todos, especialmente a los nuevos Cardenales, a mostrar “la ternura y el amor del Señor”. 
“Todos juntos, Obispos, presbíteros, personas consagradas y fieles laicos debemos ofrecer el testimonio de una Iglesia fiel a Cristo, animada por el deseo de servir a los hermanos y dispuesta a salir al encuentro con coraje profético de las expectativas y exigencias espirituales de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo”. Lo dijo el Papa a la hora del Ángelus dominical del 23 de febrero. Tras haber celebrado la Misa en la Basílica Vaticana, Francisco volvió a hablar del clima de fiesta por la creación de diecinueve nuevos Cardenales, “una ocasión preciosa para experimentar la catolicidad de la Iglesia, bien representada por la variegada procedencia de los miembros del Colegio Cardenalicio, reunidos en estrecha comunión en torno al Sucesor de Pedro”. Invitando a todos a dar testimonio, todos los días, de la ternura y del amor del Señor, el Pontífice destacó la importancia de la unidad de la Esposa de Cristo. En efecto, por el Bautismo “tenemos la misma dignidad: todos, en Jesucristo, somos hijos de Dios”. 
De este modo, “quienes han recibido un ministerio de guía, de predicación, de administrar los Sacramentos – concluyó – no deben considerarse propietarios de poderes especiales, sino ponerse al servicio de la comunidad, ayudándola a recorrer con alegría el camino de la santidad”.

Producción de María Fernanda Bernasconi (ispano@vatiradio.va).

El programa especial “La voz del Papa", se transmite los lunes a las 15,00 UTC. 

3 de marzo

El Papa Francisco animó a los Pastores de la...


El Papa Francisco animó a los Pastores de la Iglesia que peregrina en España a no escatimar esfuerzos para abrir nuevos caminos al Evangelio

(RV).- (Con audio) El Pontífice recordó a la Obispos de España que el Espíritu Santo sigue obrando generosamente en la actualidad. Al recibir a los miembros de la Conferencia Episcopal Española, con motivo de la conclusión de su visita ad limina Apostolorum, es decir a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo, el Papa Francisco los animó a no escatimar esfuerzos para abrir nuevos caminos al Evangelio, que lleguen al corazón de todos, para que descubran a Cristo como amigo y hermano, con especial atención a los desafíos de la pastoral familiar y vocacional, subrayando el amor y el servicio a los pobres.

En este encuentro el Santo Padre Francisco les entregó el texto del discurso que había preparado. Después de impartirles su bendición apostólica, les dijo:  “¡Y les deseo que tengan una buena Asamblea! ¿Cuándo la empiezan, la semana que viene? ¡Que se diviertan!”

(MFB - RV).


Texto del discurso que el Papa Francisco entregó a los Obispos de la Conferencia Episcopal Española: 

Queridos hermanos, agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de todos el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y que expresan vuestro firme propósito de servir fielmente al Pueblo de Dios que peregrina en España, donde arraigó muy pronto la Palabra de Dios, que ha dado frutos de concordia, cultura y santidad. Lo queréis resaltar de manera particular con la celebración del ya cercano V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, primera doctora de la Iglesia. 

Ahora que estáis sufriendo la dura experiencia de la indiferencia de muchos bautizados y tenéis que hacer frente a una cultura mundana, que arrincona a Dios en la vida privada y lo excluye del ámbito público, conviene no olvidar vuestra historia. De ella aprendemos que la gracia divina nunca se extingue y que el Espíritu Santo continúa obrando en la realidad actual con generosidad. Fiémonos siempre de Él y de lo mucho que siembra en los corazones de quienes están encomendados a nuestros cuidados pastorales (Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium,68).

A los obispos se les confía la tarea de hacer germinar estas semillas con el anuncio valiente y veraz del evangelio, de cuidar con esmero su crecimiento con el ejemplo, la educación y la cercanía, de armonizarlas en el conjunto de la «viña del Señor», de la que nadie puede quedar excluido. Por eso, queridos hermanos, no ahorréis esfuerzos para abrir nuevos caminos al evangelio, que lleguen al corazón de todos, para que descubran lo que ya anida en su interior: a Cristo como amigo y hermano.

No será difícil encontrar estos caminos si vamos tras las huellas del Señor, que «no ha venido para que le sirvan, sino para servir» (Mc 10, 45); que supo respetar con humildad los tiempos de Dios y, con paciencia, el proceso de maduración de cada persona, sin miedo a dar el primer paso para ir a su encuentro. Él nos enseña a escuchar a todos de corazón a corazón, con ternura y misericordia, y a buscar lo que verdaderamente une y sirve a la mutua edificación. 

En esta búsqueda, es importante que el obispo no se sienta solo, ni crea estar solo, que sea consciente de que también la grey que le ha sido encomendada tiene olfato para las cosas de Dios. Especialmente sus colaboradores más directos, los sacerdotes, por su estrecho contacto con los fieles, con sus necesidades y desvelos cotidianos. También las personas consagradas, por su rica experiencia espiritual y su entrega misionera y apostólica en numerosos campos. Y los laicos, que desde las más variadas condiciones de vida y respectivas competencias llevan adelante el testimonio y la misión de la Iglesia (Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const.Lumen gentium, 33).

Asimismo, el momento actual, en el que las mediaciones de la fe son cada vez más escasas y no faltan dificultades para su transmisión, exige poner a vuestras Iglesias en un verdadero estado de misión permanente, para llamar a quienes se han alejado y fortalecer la fe, especialmente en los niños. Para ello no dejéis de prestar una atención particular al proceso de iniciación a la vida cristiana. La fe no es una mera herencia cultural, sino un regalo, un don que nace del encuentro personal con Jesús y de la aceptación libre y gozosa de la nueva vida que nos ofrece. Esto requiere anuncio incesante y animación constante, para que el creyente sea coherente con la condición de hijo de Dios que ha recibido en el bautismo.

Despertar y avivar una fe sincera, favorece la preparación al matrimonio y el acompañamiento de las familias, cuya vocación es ser lugar nativo de convivencia en el amor, célula originaria de la sociedad, transmisora de vida e iglesia doméstica donde se fragua y se vive la fe. Una familia evangelizada es un valioso agente de evangelización, especialmente irradiando las maravillas que Dios ha obrado en ella. Además, al ser por su naturaleza ámbito de generosidad, promoverá el nacimiento de vocaciones al seguimiento del Señor en el sacerdocio o la vida consagrada.

El año pasado publicasteis el documento “Vocaciones sacerdotales para el siglo XXI”, señalando así el interés de vuestras Iglesias particulares en la pastoral vocacional. Es un aspecto que un obispo debe poner en su corazón como absolutamente prioritario, llevándolo a la oración, insistiendo en la selección de los candidatos y preparando equipos de buenos formadores y profesores competentes.

Finalmente, quisiera subrayar que el amor y el servicio a los pobres es signo del Reino de Dios que Jesús vino a traer (Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 48). Sé bien que, en estos últimos años, precisamente vuestra Caritas – y también otras obras benéficas de la Iglesia – han merecido gran reconocimiento, de creyentes y no creyentes. Me alegra mucho, y pido al Señor que esto sea motivo de acercamiento a la fuente de la caridad, a Cristo que «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos» (Hch 10, 38); y también a su Iglesia, que es madre y nunca puede olvidar a sus hijos más desfavorecidos. Os invito, pues, a manifestar aprecio y a mostraros cercanos a cuantos ponen sus talentos y sus manos al servicio del «programa del Buen Samaritano, el programa de Jesús» (Benedicto XVI, Enc.Deus caritas est, 31b).

Queridos hermanos, ahora que estáis reunidos en la Visita ad limina para manifestar los lazos de comunión con el Obispo de Roma (Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, 22), deseo agradeceros de todo corazón vuestro servicio al santo pueblo fiel de Dios. Seguid adelante con esperanza. Poneos al frente de la renovación espiritual y misionera de vuestras Iglesias particulares, como hermanos y pastores de vuestros fieles, y también de los que no lo son, o lo han olvidado. Para ello, os será de gran ayuda la colaboración franca y fraterna en el seno de la Conferencia Episcopal, así como el apoyo recíproco y solícito en la búsqueda de las formas más adecuadas de actuar.

Os pido, por favor, que llevéis a los queridos hijos de España un especial saludo del Papa, que los confía a los maternos cuidados de la Santísima Virgen María, les suplica que recen por él y les imparte su Bendición.

Vaticano, 3 de marzo de 2014

domingo, 2 de marzo de 2014

Encuentro del Papa con un grupo interreligios...

Encuentro del Papa con un grupo interreligioso argentino que regresa de tierra santa

Ciudad del Vaticano, 28 febrero 2014 (VIS).-La Oficina de Prensa de la Santa Sede informa de que ayer por la tarde en la Domus Santa Marta, el Papa Francisco recibió la visita de un importante grupo interreligioso argentino formado por 45 personas, de las cuales 15 judíos, 15 musulmanes y 15 católicos.

El grupo regresaba de una peregrinación a Tierra Santa que, de alguna manera ,ha anticipado la del Santo Padre, pasando por los tres países a los que éste se desplazará: -Jordania, Israel y Palestina- donde se han encontrado con personalidades políticas y religiosas y han visitado los lugares santos de las tres religiones. Diversos miembros del grupo, del que forman parte algunos rabinos,imanes y sacerdotes, estaban en relación desde hace tiempo con el cardenal Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, en Argentina y habían colaborado con él en iniciativas comunes, de tipo social o caritativo para personas y grupos sociales en situaciones difíciles, o de diálogo interreligioso.

Entre los motivos de la participación en esta iniciativa se encuentra la amistad y la cercanía espiritual del grupo con el Papa; por eso han querido que la peregrinación concluyera en Roma, encontrando al Santo Padre y formulando sus mejores deseos para su ministerio de paz y diálogo y para su próxima peregrinación a Tierra Santa. El encuentro, que ha transcurrido en una atmósfera de gran cordialidad y ha durado alrededor de una hora, ha contado con la presencia de los cardenales Kurt Koch, Presidente de la Comisión para las Relaciones con el Judaismo y Jean-Louis Tauran, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.

Austeridad. Papa Francisco

 La normalidad es el icono de un Papa que ha cambiado el espacio, el tiempo y la forma de ejercer el pontificado
Capilla de la Casa Santa Marta/>

Capilla de la Casa Santa Marta

  • En el comedor del Papa, junto al Padre Ángel y al Padre José Vicente
  • El Padre Ángel, al lado del asiento donde come el Papa
  • La ropa del Papa preparada para la misa del día siguiente
  • Hall de entrada a la Casa Santa Marta
  • Capilla de Santa Marta
  • Comedor de la Casa Santa Marta
  • Fachada de la Casa Santa Marta
  • La silla donde reza el Papa después de misa
  • Capilla de la Casa Santa Marta
  • En el comedor del Papa, junto al Padre Ángel y al Padre José Vicente
  • El Padre Ángel, al lado del asiento donde come el Papa
  • La ropa del Papa preparada para la misa del día siguiente
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  • Capilla de Santa Marta
  • Comedor de la Casa Santa Marta
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  • El Padre Ángel, al lado del asiento donde come el Papa
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  • La silla donde reza el Papa después de misa
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(José Manuel Vidal)- Rozo con los dedos el amito, un trozo de tela blanca ribeteada de puntilla fina y con dos cintas, que cubre el cuello y los hombros del sacerdote y simboliza un casco de protección contra Satanás. Debajo, el alba blanca, inmaculada, colgando en parte sobre la mesa; el cíngulo, la estola, colocada de través, y la casulla, color ocre suave. Son los ornamentos litúrgicos del Papa, preparados para la misa del día siguiente. Colocados con primor, huelen a suavizante. A Francisco no le gustan las prendas pesadas, bordadas ni recargadas. De telas sumamente ligeras, se nota su suavidad al tacto.

Estoy en la sacristía de la capilla de la casa del Papa, en la residencia Santa Marta. He tenido el privilegio de poder pasar unas horas en el sancta sanctorum de Francisco. Aquí reza, trabaja, come, duerme y vive. Con suma austeridad y sin lujos de ningún tipo.

Esta sacristía, por ejemplo, no parece papal. Es como la de cualquier residencia sacerdotal. Paredes cubiertas de muebles de formica y una gran mesa en el centro, donde se reviste el Papa. A la derecha de los ornamentos, encima de la mesa, dos misales y, debajo de un pequeño cojín blanco, el Breviario del Papa. Lo cogí con delicadeza. Está tan usado que lleva las marcas del tiempo. Rezuma piedad y toda una vida de oración.

«El Papa es un gran rezador», susurra uno de mis acompañantes. Y para demostrarlo, desgrana parte de su horario. Francisco se acuesta temprano, sobre las 11, y se levanta a las 4.30. De 5 a 7 está rezando en la capilla. «A las 7 viene a la sacristía, se reviste y se sienta en esa silla, a la espera de la procesión de entrada a la misa en la ya mundialmente famosa capilla de Santa Marta».

¿Cómo llegué hasta la casa del Papa? Fui a Roma, para asistir a la creación de los 19 primeros cardenales de Francisco, acompañando al Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, y al padre José Vicente Rodríguez, presidente de Mensajeros de Castilla y León. Juntos asistimos al momento histórico en el que los dos Papas se encontraron en la basílica de San Pedro. «Por fin, estamos todos», decía un cura argentino, sentado a mi lado, mientras se le saltaban las lágrimas.

Pero, sin duda, lo que más nos emocionó fue el poder entrar en las intimidades de la casa papal. «Vamos a comer a Santa Marta», nos dijeron, como si fuese lo más normal del mundo. Un sentimiento de emoción recorrió mi cuerpo. No me lo podía creer. Miré al padre Ángel y en su cara vi la misma expresión: un regalo inesperado de la providencia y de nuestros ángeles vaticanos. Tras cruzar por el pasillo contiguo a la sacristía de la basílica, estábamos ya ante la puerta de entrada de la residencia papal.

En la puerta de entrada, un guardia suizo se cuadra. Cinco escalones y un pequeño descansillo, con una cristalera con el escudo pontificio serigrafiado. Un cartel que dice «Ombrello», del que cuelgan tiras de plástico, para colocar en los paraguas mojados. Dos escaleras descienden por ambos lados hacia el hall de entrada. Amplio, diáfano, con suelo de mármol, en el que está dibujado, de nuevo, el escudo papal. Ambiente acogedor y cálido, favorecido por la combinación de los colores amarillo suave y blanco de las paredes. Laicos, clérigos, monseñores y cardenales se dirigen hacia una de las puertas laterales. Y hacia allí vamos también nosotros.

Un comedor con mucha luz

Se abre la puerta y entramos en el comedor del Papa. Al primer golpe de vista, llama la atención por su sencillez y luminosidad. La luz procede de una gran claraboya colocada en el centro de la sala. Mesas redondas y cuadradas cubiertas con manteles blancos, rodeadas de sillas de madera tapizadas en verde. Preside un pequeño crucifijo y, al lado de la puerta de entrada, una pequeña (pero muy pequeña) foto de Francisco. Y muchas plantas naturales, bien cuidadas y relucientes.

Nos colocan en una mesa, desde la que se divisa toda la sala, frente a la puerta por la que entran los comensales. Una puerta a la que no le quito ojo. Para ver quiénes van entrando al comedor y, sobre todo, a la espera del momento en que el propio Papa cruce el umbral, como suele hacer a diario, excepto en contadas ocasiones.

Los comensales fijos se colocan al fondo. Algunos tienen mesas asignadas. Los ocasionales se van sentando en los sitios que van quedando en las mesas. Hoy, día de fiesta cardenalicia, muchos purpurados están comiendo con sus invitados en los alrededores del Vaticano. Pero aquí también hay algunos.

En la mesa de al lado, el cardenal de la India, Cleemis Thottunkal, inconfundible por el pañuelo negro bordado con motivos blancos que le cubre la cabeza y que nunca se quita. A su lado, el cardenal Rivera Carrera, arzobispo de México. En la mesa contigua, se nota la presencia, también inconfundible, del cardenal de Boston, Sean Patrick O'Malley, con su hábito capuchino y sus alpargatas.

Poco a poco, van entrando más cardenales. Entre ellos, el de Florencia, Giuseppe Betori, que se siente en la mesa que ya ocupa el cardenal de Santo Domingo, López Rodríguez. El italiano le comenta algo al oído al dominicano y ambos se ríen. Al ratollega el cardenal Maradiaga, el coordinador del C-8 cardenalicio. Nada más ver al Padre Ángel, se dirige a él un pelín renqueante (desde su última operación de rodilla arrastra un poco una pierna):

-¡Qué alegría verle aquí padre! No me lo esperaba.Éste es un autentico ángel de la solidaridad.

Tras el padre Ángel, me presento:

-José Manuel Vidal.

-Claro, ¿quién no conoce al famoso periodista español de la información religiosa? Con la prensa es mejor llevarse bien, y ya sabe que yo soy su amigo.

Sonriente como siempre, Maradiaga irradia cordialidad. Es el hombre fuerte del Papa. Y lo demuestra en todo. Al terminar de comer, como gesto de despedida, se dirige a nuestra mesa y levanta el dedo pulgar. En señal de victoria. ¿Qué ha querido decir el moderador del C-8? En la mesa, llueven las interpretaciones. Unos dicen que es un simple gesto sin más trasfondo. Otros señalan que puede referirse a un plan o a una persona concreta. Otros sentencian: «Lo que quiere decir es que la primavera avanza y que las reformas van bien, a pesar de las resistencias».

Menú de menos de 10 euros

Sirven a la mesa dos hermanas con hábito morado y varios camareros. En el centro de cada una de las mesas, un frutero con plátanos, kiwis y mandarinas. Al lado, una botella de agua con gas y dos botellas de vino. Tanto el tinto como el blanco son del Piamonte, concretamente de Barbera de Monferrato. Los que conocen los caldos italianos dicen que se trata de «un vino trotón». Un español que reside en Roma desde hace años lo compara con el Don Simón.

De primero, macarrones o, más bien, espirales. Normalitos, para ser pasta y estar en Roma. De segundo, unos escalopines, con guarnición de guisantes y pimientos fritos. Sólo pasable. El que quiera se puede levantar y servirse una ensalada de lechuga. De postre, fruta. Y un buen café: espresso o macchiato. Un menú que, en Madrid, costaría menos de 10 euros y seguramente estaría mucho mejor.

Más que austero, un menú espartano que, además, no degusté con tranquilidad, expectante ante la eventual llegada del Papa. Su mesa, antes situada en el centro del comedor, la han colocado ahora en el ángulo izquierdo. Para exponerlo menos a las miradas. Pero el tiempo iba pasando y Francisco no vino a comer. Dicen que está en un pequeño comedor cercano, donde, en contadas ocasiones, suele compartir la comida con algunos invitados de excepción de forma más privada. De hecho, hacia allí pasó en un par de ocasiones su inseparable secretario, Fabián Pedacchio.

Cuando está en el comedor principal, Francisco come la misma comida que los demás. Ese menú de menos de 10 euros. Alguien comenta en nuestra mesa que, al comer lo mismo que todos los demás, el Papa no corre riesgos imprevistos. Y, sobre todo, imprime normalidad a su pontificado. Come rodeado de los suyos, departiendo con todos, la misma comida que todos los demás. Como uno más. Aquí sólo le diferencia el color blanco de su sotana y de su dulleta que, cuando la deja en el ropero, suele decirle al camarero: «No hace falta que me dé número». La suya es la única prenda blanca entre tantas negras, moradas o púrpuras.

Cuando el comedor se fue quedando vacío, nos acercamos, con cierta timidez, a la mesa vacía del Papa, donde el Padre Ángel quiso fotografiarse sirviéndole simbólicamente. Una mesa como todas las demás. Rectangular, con seis sillas. El Papa se sienta en la última de la izquierda. No está, pero se siente su presencia y hasta imaginamos su franca sonrisa, mientras bebe un vasito de vino.

Tras la comida, la visita a la capilla de Santa Marta, famosa ya en todo el mundo por las homilías mañaneras del Papa. Con sus predicaciones cortas, que se convierten a menudo en grandes titulares. Fiel a lo que aconseja a los demás, Francisco siempre utiliza en sus sermones una idea, una emoción y una imagen. Su peculiar cóctel homilético.

La capilla de las homilías diarias

La capilla es más pequeña de lo que parece por la tele. Con capacidad para unas 75 personas muy juntas. Con sillas de color ocre en la parte delantera y taburetes del mismo color, atrás. Amplios ventanales a la derecha y tenue luz eléctrica a la izquierda e iluminando la cruz que preside. El altar en el centro. El sagrario, a la derecha, es redondo de metal dorado en forma de rayos de sol. A la izquierda, una imagen de la Virgen con el niño en brazos.

A tres metros de la imagen de la virgen una silla sencilla en la que se sienta el Papa a rezar después de misa. No puedo resistir la tentación y me siento en ella. Emocionado, rezo por el Papa de la primavera. Antes de salir de la capilla, el padre Ángel me coge del brazo, me hace arrodillar, se arrodilla a mi lado y desde el fondo de su corazón de cura bueno reza así: «Señor Jesús libra al Papa de las acechanzas de sus enemigos que son muchos y poderosos». El Padre Nuestro y el Avemaría nos salen del alma, allí, donde se palpa la presencia de Dios y de Francisco.

La sala del C-8

Me cuentan que, al terminar de comer, el Papa se echa siempre media horita de siesta. Algo sagrado, para él. Quizás por el refrán que nos recuerda el padre José Vicente, presidente de Mensajeros de Castilla y León: «Si quieres matar a un fraile, quítale la siesta y dale de comer tarde». Y Bergoglio es un fraile jesuita.

Si, en general, todos los aposentos de la casa del Papa son pequeños, funcionales y sencillos, todavía lo es más la sala donde se reúne con el C-8, el consejo de cardenales coordinado por Maradiaga. Una estancia alargada, con mesas corridas de plástico blanco, colocadas en forma de u y recubiertas con un mantel de paño verde. En la cabecera, una pantalla recogida. Al fondo un crucifijo sin valor artístico y un cuadro de una virgen sumamente raro colgado en la pared de la derecha. Parece una virgen hindú.

Estoy en la sala de máquinas de la revolución franciscana. Aquí se cocinan las grandes reformas. Recién salida de ese horno, la creación del superdicasterio de Economía. Con el cardenal australiano Pell como presidente. Y con un segundo español, el secretario del nuevo dicasterio Lucio Ángel Vallejo Balda.

El sacerdote de la diócesis de Astorga es el gran supervisor económico de la Santa Sede. Secretario de la Prefectura de asuntos económicos, secretario de la comisión para la reforma de la estructura económico-administrativa del Vaticano, y, ahora, secretario del dicasterio de economía. No se puede concentrar más poder-servicio, al menos en este ámbito.

La carrera de Balda (así le llaman en Roma, incapaces de pronunciar el Vallejo) se acelera. Rodeado de un excelente equipo de prestigiosos expertos mediáticos, y financieros (varios auditores) de diversas partes del mundo. Desde la italiana Francesca Chaouqui, al asturiano Enrique Llano Cueto, pasando por un belga, un alemán o un francés.

Todos adoran al jefe Balda, que tiene el don de hacerse querer y la habilidad de rodearse de los mejores en su equipo. Expertos tan cualificados y que están trabajando para el Vaticano gratis, sólo con alojamiento y dietas. Quizás porque les gustan los grandes retos, porque es un honor en sus curriculums y, sobre todo, porque son profundamente creyentes y quieren servir a la Iglesia y al Papa.

Salgo al exterior y me pellizco para creérmelo de verdad. Acabo de visitar con detalle la casa del Papa. El primer periodista español que lo hace. Y el único en el mundo que ha pisado su sacristía y la sala de reunión del C-8. Una casa tan sencilla y austera que se convierte en el fiel reflejo y en la mejor tarjeta de presentación de su ilustre huésped.El icono de un Papa que ha cambiado el espacio, el tiempo y la forma de ejercer el pontificado.

Una casa sencilla para el Papa de la normalidad, que come a diario un menú de menos de 10 euros, bebe vino peleón, duerme la siesta como todo fraile que se precie, reza más de cuatro horas al día y quiere reformar la Iglesia. Con el ejemplo. El Papa de la primavera que está haciendo florecer la Iglesia por dentro y por fuera. Desde casa Santa Marta.

Himno


o el de Vísperas:

Cuando la muerte sea vencida 
y estemos libres en el reino, 
cuando la nueva tierra nazca 
en la gloria del nuevo cielo, 
cuando tengamos la alegría 
con un seguro entendimiento 
y el aire sea como una luz 
para las almas y los cuerpos, 
entonces, sólo entonces, estaremos contentos. 

Cuando veamos cara a cara 
lo que hemos visto en un espejo 
y sepamos que la bondad 
y la belleza están de acuerdo, 
cuando, al mirar lo que quisimos, 
lo veamos claro y perfecto 
y sepamos que ha de durar, 
sin pasión, sin aburrimiento, 
entonces, sólo entonces, estaremos contentos. 

Cuando vivamos en la plena 
satisfacción de los deseos, 
cuando el Rey nos ame y nos mire, 
para que nosotros le amemos, 
y podamos hablar con él 
sin palabras, cuando gocemos 
de la compañía feliz 
de los que aquí tuvimos lejos, 
entonces, sólo entonces, estaremos contentos. 

Cuando un suspiro de alegría 
nos llene, sin cesar, el pecho, 
entonces -siempre, siempre-, entonces 
seremos bien lo que seremos. 

Gloria a Dios Padre, que nos hizo, 
gloria a Dios Hijo, que es su Verbo, 
gloria al Espíritu divino, 
gloria en la tierra y en el cielo. Amén.

sábado, 1 de marzo de 2014

TODA LA FE EN TODA LA VIDA

St 5, 13-20; Mc 10,13-16

La exhortación final del apóstol Santiago no es exhaustiva, sino ilustrativa, pretende decirnos que en cualquier circunstancia adversa o favorable, conviene apoyarnos en Dios y en la comunión solidaria con nuestros hermanos. La fe cristiana es una forma de vivir que nos marca de manera profunda, abordando desde la óptica de Jesús, las diversas situaciones de la vida. Cuando se vive persuadido del amor de Dios, manifiesto en la persona de Jesús, se dispone de la entereza suficiente para salir adelante en los distintos desafíos. Por su parte, el Evangelio de san Marcos nos muestra la perplejidad de los discípulos, que no advierten la inversión de criterios que Jesús establece: los últimos, es decir, los niños, serán ahora los primeros en la nueva familia establecida por Jesús y sus seguidores. Primeros en honor, en derecho y en cuidados de parte de los responsables.