martes, 3 de junio de 2014

Guiar al pueblo a la unidad y reconciliación,...

Guiar al pueblo a la unidad y reconciliación, exhortación del Papa a los obispos de Zimbabue
(RV).- ''La Iglesia en su país se ha mantenido firmemente unida a su gente, tanto antes como después de la independencia y ahora también en estos años de sufrimiento abrumador en que millones de personas han abandonado el país en la frustración y la desesperación, en que muchas vidas se han perdido y tantas lágrimas se han derramado'', escribe el Papa Francisco en el discurso que ha entregado esta mañana a los obispos de la Conferencia Episcopal de Zimbabue, al final de su quinquenal visita ad Limina. El Santo Padre, reflexiona sobre el crecimiento de la Iglesia en ese país, parecido al de un árbol joven y fuerte, lleno de vida que ha dado fruto y no deja de mencionar que muchas generaciones, entre ellas miembros de la clase política, se han educado en las escuelas católicas. Después elogia a los prelados porque, en el ejercicio de su ministerio profético, han dado voz a todas las personas que sufren en Zimbabue , en especial a los oprimidos y los refugiados como dejaron patente en la Carta Pastoral de 2007 titulada ''Dios escucha el grito del oprimido'', en que afirmaban que los orígenes de la crisis que sacudía a la nación era a la vez espiritual y moral ''partiendo desde la época colonial hasta el momento presente y cómo las " estructuras de pecado" incrustadas en el orden social estuvieran en última instancia enraizadas en el pecado personal, lo que requiere de todos una profunda conversión personal''. ''Hay cristianos -prosigue- en todas las partes del conflicto en Zimbabue, y por eso les insto a guiar a todos con gran ternura hacia la unidad y la sanación: es un pueblo sea blanco que negro, donde algunos son más ricos, pero la mayoría es extremadamente pobre, proceden de numerosas tribus; los seguidores de Cristo pertenecen a todos los partidos políticos , algunos en posiciones de autoridad , muchos no. Pero en conjunto como el único Pueblo de Dios peregrino, necesitan conversión y sanación, con el fin de llegar a ser cada vez más plenamente " un solo cuerpo, un solo espíritu en Cristo". Ojalá sus Iglesias locales a través de la predicación y las obras de apostolado, demuestren que " la reconciliación no es un acto aislado, sino un largo proceso por el cual todas las partes son restablecidas en el amor - un amor que sana a través de la obra de la palabra de Dios''. ''Si bien la fidelidad de los zimbabuenses es ya un bálsamo para algunas estas heridas nacionales, sé que muchas personas han llegado a su límite humano, y no saben a quién recurrir. En medio de todo esto, les pido que animen a los fieles a no olvidar nunca que Dios escucha sus súplicas y responde a sus oraciones porque, como han escrito no puede dejar de escuchar el clamor de los pobres. En este tiempo de Pascua, en que la Iglesia en todo el mundo celebra la victoria de Cristo sobre el poder del pecado y de la muerte, el Evangelio de la resurrección, que están encargados de proclamar debe ser claramente predicado y vivido en Zimbabue. No olvidemos nunca la lección de la resurrección: ''En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia'', concluye Francisco citando su exhortación apostólica Evangelii Gaudium. (RC-RV)

Jesús, reza por nosotros al Padre mostrándole...

Jesús, reza por nosotros al Padre mostrándole sus llagas, dijo el Papa en su homilía
(RV).- (Con audio)  Jesús reza por cada uno de nosotros, mostrando al Padre sus llagas. Es uno de los pasajes fuertes de la homilía del Papa Francisco durante la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que Jesús es nuestro abogado que nos defiende, incluso si somos culpables y hemos cometido tantos pecados. 

La despedida de Jesús, la despedida de San Pablo. Las lecturas del día ofrecieron al Papa la ocasión para detenerse sobre la oración de intercesión. Cuando Pablo se va de Mileto – observó – todos están tristes y así había sucedido a los discípulos cuando Jesús había pronunciado su alocución de despedida antes de “ir al Getsemaní y dar comienzo a la Pasión”. El Señor – prosiguió Francisco – los consuela, y “hay una pequeña frase de despedida de Jesús que nos hace pensar”. Jesús – recordó el Papa – “habla con el Padre y le dice: ‘Yo rezo por ellos’. Jesús reza por nosotros”. Tal como había rezado por Pedro y por Lázaro ante su tumba. Jesús nos dice: “Todos ustedes son del Padre. Y yo rezo por ustedes ante el Padre”. Jesús no reza por el mundo, “reza por nosotros”, “reza por su Iglesia”:

El apóstol Juan, pensando en estas cosas y hablando de nosotros que somos tan pecadores, dice: “No pequen, pero si alguno de ustedes peca, sepan que tenemos un abogado ante el Padre, uno que reza por nosotros, nos defiende ante el Padre, nos justifica”. Creo que debemos pensar mucho en esta verdad, en esta realidad: en este momento, Jesús está orando por mí. Yo puedo ir adelante en la vida porque tengo un abogado que me defiende y si yo soy culpable y tengo tantos pecados ¡eh!, hay un buen abogado defensor, éste, y hablará al Padre de mí.

El Papa también afirmó que el Señor es el primer abogado que envía después al Paráclito. Y cuando nosotros en la parroquia, en casa, en la familia “tenemos alguna necesidad, algún problema” – prosiguió – debemos pedir a Jesús que rece por nosotros. “Y hoy – se preguntó Francisco – ¿cómo reza Jesús? Yo creo – dijo – que no habla demasiado con el Padre”:

No habla: ama. Pero hay una cosa que Jesús hace hoy: estoy seguro que lo hace. Él le hace ver al Padre sus llagas y Jesús, con sus llagas, reza por nosotros, como si dijera al Padre: “Pero, Padre, éste es el precio de éstos, ¿eh? Ayúdalos, protégelos. Son tus hijos que yo he salvado, con esto”. Al contrario no se comprende porqué Jesús, después de la resurrección, ha querido este cuerpo glorioso, bellísimo: no estaban los moretones, no estaban las heridas de la flagelación, todo bello… pero: estaban las llagas. Las cinco llagas. ¿Por qué Jesús ha querido llevarlas al cielo? ¿Por qué? Para rezar por nosotros. Para hacer ver al Padre el precio: “Éste es el precio, ahora no los dejes solos. Ayúdalos”.

Nosotros debemos tener esta fe – añadió el Santo Padre –. Creer que Jesús, en este momento, intercede ante el Padre por nosotros, por cada uno de nosotros”. Y cuando nosotros rezamos, fue su exhortación, no debemos olvidarnos de pedir a Jesús que rece por nosotros:

“Jesús, reza por mí. Le hace ver al Padre tus llagas que son también las mías, son las llagas de mi pecado. Son las llagas de mi problema en este momento”. Jesús intercesor, sólo hace ver al Padre sus llagas. Y esto sucede hoy, en este momento. Tomemos la palabra que Jesús dijo a Pedro: “Pedro, yo rezaré por ti para que tu fe no decaiga”.

“Estemos seguros – reafirmó el Papa al concluir – que Él está haciendo esto por cada uno de nosotros”. Debemos tener confianza – dijo – “en esta oración de Jesús con sus llagas ante el Padre”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Arquidiócesis de Antequera Oaxaca

Buena tarde. Amamos y tenemos esperanza viva. Santa María de Guadalupe, intercede en tu andar de madre y evangelizadora.

Presentamos el comunicado del Arzobispo de Antequera Oaxaca, con esta obra pictórica de la maestra JUSTINA FUENTES, PINTORA OAXAQUEÑA:

LAS ARMAS QUE NOS LLEVAN A LA RECONCILIACIÓN Y PAZ SOCIAL

Comunicado de prensa

Junio 1 de 2014.

Continúo compartiendo mi experiencia de la Visita a la tumba de los apóstoles en Roma que los Obispos de México terminamos el día de ayer; iré compartiendo aspectos oportunos al momento que vivimos en Oaxaca. Desde la vivencia de esta Visita quiero reflexionar hoy frente a la violencia cada vez más agresiva y el grave deterioro del tejido social. Nos urge tomar armas que no susciten ni acrecienten la violencia.

Las tácticas de violencia y las armas siempre llevan a divisiones, enfrentamientos, fomentar vicios, irresponsabilidad social y a guerras; nunca han solucionado de fondo los problemas ni han traído bien a los pueblos sino todo lo contrario. La Santísima Virgen ha pedido otras armas sencillas, eficaces y que están al alcance de todos; baste recordar algunos hechos que se atribuyen a su intervención en la historia. 

La intervención de la Santa María de Guadalupe desde el Tepeyac cambió el rumbo de la historia de México, del continente y de la pastoral derribando muros y abriendo puertas; a otros países ha librado de inminentes desastres sociales que, de no ser por su intervención, esas calamidades no se habrían evitado; así también el llamado de la Virgen en Lourdes le dio otro rostro a Francia; Portugal reconoció que por intercesión de la Virgen de Fátima el país se vio milagrosamente liberado de su inminente caída bajo el comunismo; el pueblo polaco alcanzó de la Santísima Virgen la fe, fortaleza y unidad de acción para vencer la dictadura del comunismo y transformar su situación social.

Ante la creciente violencia, del crimen organizado y nuestra irresponsabilidad social, volvamos nuestros ojos a la Virgen Santísima de Juquila; en el contexto de su Coronación Pontificia nada mejor que implorarle interceda y nos alcance la reconciliación y la paz social en el país y en Oaxaca.

¿Qué armas pidió la Santísima Virgen?: la oración y en varios casos el rezo del rosario; se valió de mensajeros sencillos y fieles para transmitir su llamado a la conversión, a la oración y pedir la edificación de un templo; acercamiento y diálogo del indio San Juan Diego con el Obispo de México, la niña Santa Bernardita en Lourdes y los niños de Fátima con sus sacerdotes cumplieron la encomienda afrontando desconfianza y hasta amenazas; el Obispo y sacerdotes, no sin poner resistencias al inicio, llevaron a cabo lo que pedía la Virgen. Esos lugares hoy son focos de reconciliación y de paz.

Oración, mensajeros sencillos y fieles, acercamiento y diálogo, escucha y acción constructiva de los guías son las armas que hoy nos pide la Virgen que viene en nuestra ayuda. Es tiempo de derribar ya los muros ideológicos, políticos, económicos y sociales que nos separan, nos encierran y nos dañan tanto. La reconciliación social comienza con la reconciliación del corazón, convertirnos a Dios enderezando la vida, luchar contra todo mal para acercarnos y unirnos más. El templo que nos pide hoy la Virgen es hacer de cada hogar católico una verdadera Iglesia Doméstica.

¿Seremos mensajeros fieles?, ¿El Obispo, sacerdotes, padres de familia, maestros, guías en la sociedad y pueblo estamos dispuestos a hacer lo que Ella nos pide y está al alcance de todos?. Hagamos bien lo que nos toca, del resto se encarga la Virgen Santísima. Que mejor mensajeros que los niños, tantos papás y mamás víctimas inocentes de la pobreza y de la violencia, personas que en distintos campos de la sociedad luchan por la justicia y el bien común; trabajan contracorriente y sufren por mantenerse fieles a Dios y hacer el bien. Son hoy como el indio Juan Diego, como los niños de Fátima y Lourdes. Sea esta nuestra ofrenda a la Virgen de Juquila con motivo de su Coronación.

Los niños digan no a toda clase de violencia, al bullyng; en su oración diaria pidan principalmente por sus papás para que manteniendo la fe los quieran más, por quienes nos gobiernan y por los que tienen responsabilidades en la sociedad para que nos guíen mejor, por los sacerdotes para que nos acerquen y nos unan más a Dios. Si tomamos estas armas la Virgen nos alcanzará el milagro, protegerá nuestras vidas, a las familias y Oaxaca mejorará. 

Con mi saludo y bendición para todos.

+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera Oaxaca.

lunes, 2 de junio de 2014

El agua viva del Espíritu Santo

Lectura Patrística

San Cirilo de Jerusalén
Catequesis sobre el Espíritu Santo 16 1,11-12,16
El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella.
¿Por qué motivo se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu? Pues, porque el agua lo sostiene todo; porque es imprescindible para la hierba y los animales; porque el agua de la lluvia desciende del cielo, y además, porque desciende siempre de la misma forma y, sin embargo, produce efectos diferentes: Unos en las palmeras, otros en las vides, todo en todas las cosas. De por sí el agua no tiene más que un único modo de ser; por eso, la lluvia no transforma su naturaleza propia para descender en modos distintos, sino que se acomoda a las exigencias de los seres que la reciben y da a cada cosa lo que le corresponde. 
De la misma manera, también el Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad. Y aunque no tenga más que un solo e idéntico modo de ser, el Espíritu, bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo, produce múltiples efectos. 
Se sirve de la lengua de unos para el carisma de la sabiduría; ilustra la mente de otros con el don de la profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios; a aquél le otorga el don de interpretar las divinas Escrituras. Fortalece, en unos, la templanza; en otros, la misericordia; a éste enseña a practicar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a dominar las pasiones; al otro, le prepara para el martirio. El Espíritu se manifiesta, pues, distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo, según está escrito: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común
Llega mansa y suavemente, se le experimenta como finísima fragancia, su yugo no puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida. Se acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma primero, de quien le recibe; luego mediante éste, las de los demás. 
Y, así como quien antes se movía en tinieblas, al contemplar y recibir la luz del sol en sus ojos corporales, es capaz de ver claramente lo que poco antes no podía ver, de este modo, el que se ha hecho digno del don del Espíritu Santo, es iluminado en su alma y, elevado sobrenaturalmente, llega a percibir lo que antes ignoraba.
R/. Hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
V/. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro.
R/. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

María ayúdanos en la fe, justicia y amor a lo...

María ayúdanos en la fe, justicia y amor a los pobres, la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia sea privada de tu luz
(RV)(se actualizó con audio y video) «En la urgencia más imperiosa que nunca, de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús», Nuestra Señora de la Prontitud, «Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros» Con una oración a la Madre de Dios escrita por el Papa Francisco y con el tradicional rezo del Santo Rosario concluyó el mes dedicado a la Virgen, en los jardines Vaticanos. La oración es la que culmina la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium y el Santo Padre, dirigiéndose a los que participaron en el piadoso acto mariano, recordó que María es también nuestra Señora de la prontitud, la que sale « sin demora » (Lc 1,39) para brindarnos su auxilio en los tantos momentos de la vida en los que necesitamos su ayuda y su amparo:


«Le hemos rezado a la Virgen y le hemos cantado con las tantas advocaciones que Ella tiene. Hoy, al concluir el mes de María, es la fiesta en la que recordamos cuando visitó a Santa Isabel. Nos dice el Evangelio que, después del anuncio del Ángel, Ella fue sin demora, no perdió tiempo. Enseguida fue a servir. Es la Virgen de la prontitud. Nuestra Señora de la prontitud. Enseguida está lista para auxiliarnos, cuando nosotros le rezamos, le rogamos su ayuda, su protección en nuestro favor. En los tantos momentos de la vida en los que necesitamos su ayuda, su amparo, recordemos que Ella no se hace esperar, es la Virgen de la prontitud. En seguida acorre a servir».


Luego el Cardenal Comastri pronunció la oración escrita por el mismo Papa Francisco, con la que culmina su Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio, donde destaca que la dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, de la Virgen María, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización. Ella es la que sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos: 

«Virgen y Madre María, tú que, movida por el Espíritu, has acogido al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe, totalmente entregada al Eterno, ayúdanos a decir nuestro ‘sí’, en la urgencia más imperiosa que nunca, de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence la muerte. Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la belleza que no se apaga.

Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y del amor hacia los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia sea privada de tu luz.

Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros. Amén. Aleluya».

(CdM - RV)

Partir, como Jesús regresa al Padre y como en...

Partir, como Jesús regresa al Padre y como envía a sus discípulos a partir hacia el mundo, Francisco en la oración del Regina Coeli en la Ascensión
(RV).- (Con audio y video)  “Ir” o mejor “partir” es la palabra clave de la fiesta de hoy, afirmó el Obispo de Roma en su reflexión previa a la oración mariana Regina Coeli, refiriéndose a la Ascensión de Jesús. “Jesús parte hacia el Padre y manda a sus discípulos a partir hacia el mundo.”

No se trata de una separación, porque Jesús permanece con nosotros en una forma nueva, dijo Francisco a los fieles y peregrinos en la plaza del Santuario de san Pedro en Roma. Y con la Ascensión el Señor resucitado atrae nuestra atención hacia el Cielo, para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre.

“Aunque no lo vemos con los ojos él está”, dijo el Papa. Permanece presente y operante con el poder y los dones del Espíritu Santo, junto a cada uno de nosotros. Explicó que Jesús nos acompaña, nos guía, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. Jesús resucitado está cerca de los cristianos perseguidos y discriminados y de cada hombre y mujer que sufre.

Seguidamente el Sucesor de Pedro manifestó que Jesús esta presente también mediante la Iglesia, que prolonga su misión. Su última palabra es un mandato preciso, no facultativo, de partir: “Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos”. Por eso, insistió “la comunidad cristiana es una comunidad “en salida”, “en partida”. También las comunidades de clausura, también los ancianos y enfermos, con la oración y la unión con las llagas de Jesús.

El Vicario de Cristo concluyo aseverando que con Jesús también nos acompaña María, después de haber dicho que “sin la presencia del Señor y la fuerza de su Espíritu, nuestro trabajo, aunque esté bien organizado, resulta ineficaz”.

(jesuita Guillermo Ortiz- RV).


Texto de la alocución del Papa antes de rezar el Regina Coeli:

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy en Italia y en otros países, se celebra la Ascensión de Jesús al Cielo, que se produjo cuarenta días después de la Pascua. Los Hechos de los Apóstoles relatan este episodio, la separación final del Señor Jesús de sus discípulos y de este mundo (Cfr. Hch 1, 2.9). En cambio, el Evangelio de Mateo, refiere el mandato de Jesús a los discípulos: la invitación a ir, a partir para anunciar a todos su mensaje de salvación (Cfr. Mt 28, 16-20). “Ir”, o mejor, “partir” se convierte en la palabra clave de la fiesta de hoy: Jesús parte hacia el Padre y manda a los discípulos que partan hacia el mundo.

Jesús parte, asciende al Cielo, es decir, regresa al Padre de quien había sido enviado al mundo. Hizo su trabajo, y regresa al Padre. Pero no se trata de una separación, porque Él permanece para siempre con nosotros, en una forma nueva. Con su Ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles – y también nuestra mirada – a las alturas del Cielo para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre. 

Él mismo había dicho, que se habría ido para prepararnos un lugar en el Cielo.

Sin embargo, Jesús permanece presente y operante en las vicisitudes de la historia humana con la potencia y los dones de su Espíritu; está junto a cada uno de nosotros: incluso si no lo vemos con los ojos, ¡Él está! Nos acompaña, nos guía, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. Jesús resucitado está cerca de los cristianos perseguidos y discriminados; está cerca de cada hombre y mujer que sufre. ¡Está cerca de todos nosotros! También hoy, está aquí con nosotros en la Plaza. ¡El Señor está con nosotros! ¿Ustedes creen esto? 

Digámoslo juntos: ¡El Señor está con nosotros! Todos: ¡El Señor está con nosotros! Otra vez: ¡El Señor está con nosotros!

Y Jesús, cuando va al Cielo, le lleva al Padre un regalo. ¿Pensaron en esto? ¿Cuál es el regalo que Jesús lleva al Padre? Sus llagas. Este es el regalo que Jesús lleva al Padre. Su cuerpo es bellísimo, sin las heridas de la flagelación, no, todo hermoso, pero, ha conservado las llagas. Y cuando va al Padre, le dice al Padre: Mira Padre, éste es el precio del perdón que tú das. Y cuando el Padre mira las llagas de Jesús, nos perdona siempre. No porque nosotros somos buenos, no. Porque Él ha pagado por nosotros. Mirando las llagas de Jesús el Padre se vuelve más misericordioso, más grande, ¡eh! Y este es el gran trabajo que hace Jesús hoy en el Cielo. Hacer ver al Padre el precio del perdón, sus llagas. ¡Qué cosa bella esta eh! No tengas miedo de pedir perdón. Él siempre perdona. ¡No tengas miedo! Porque Él mira las llagas de Jesús, mira nuestro pecado, y lo perdona.

Jesús también está presente mediante la Iglesia, a la que Él ha enviado a prolongar su misión. La última palabra de Jesús a los discípulos es la orden de partir: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19). Es un mandato preciso, ¡no es facultativo! La comunidad cristiana es una comunidad “en salida”, una comunidad “en partida”. Es más: la Iglesia ha nacido “en salida”. Y ustedes me dirán: ¿pero y las comunidades de clausura? Sí, también ellas, porque están siempre “en salida” con la oración, con el corazón abierto al mundo, a los horizontes de Dios. ¿Y los ancianos, los enfermos? También ellos, con la oración y la unión a las llagas de Jesús.

A sus discípulos misioneros Jesús les dice: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (v. 20). Solos, sin Jesús, ¡no podemos hacer nada! En la obra apostólica no bastan nuestras fuerzas, nuestros recursos, nuestras estructuras, si bien son necesarias. Pero no bastan. Sin la presencia del Señor y la fuerza de su Espíritu nuestro trabajo, aun si bien organizado, resulta ineficaz.

Y así vamos a decir a la gente quién es Jesús. Pero yo no quisiera que ustedes se olviden del regalo que Jesús ha llevado al Padre. ¿Cuál es el regalo? Las llagas. Así. Porque con estas llagas hace ver al Padre el precio de su perdón. 

Junto a Jesús nos acompaña María, nuestra Madre. Ella ya está en la casa del Padre, es Reina del Cielo y así la invocamos en este tiempo; pero como Jesús está con nosotros, es la Madre de nuestra esperanza.

(Traducción de María Fernanda Bernasconi – RV).

domingo, 1 de junio de 2014

¿Podemos rezar por los demonios y condenados?

¿Podemos rezar por los demonios y condenados?
Los demonios no pueden ser objeto de la caridad, porque ésta se extiende a las creaturas que poseen o pueden poseer la divina Bienaventuranza.
Autor: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org

Estimado Padre: Desde hace un par de años me hago la siguiente pregunta: Jesús nos enseña a amar a nuestros enemigos; ¿esto es válido aplicarlo con los ángeles caídos?; ¿Sufre Dios por sus ángeles caídos?; ¿Se aplica a ellos la parábola del hijo prodigo, en el sentido que puedan ser ellos hijos pródigos alejados de la voluntad del padre? ¿Por otro lado es válido rezar por quienes se han portado tan mal que la historia humana ya los ha condenado?; Por ejemplo, yo incluyo a Judas el Iscariote (Hitler y Nerón, entre otros) porque siento compasión y además porque ¿no tenemos todos algo de Judas? Gracias!!! Desde Maracay, Venezuela.

Respuesta:

Santo Tomás estudia este tema en su tratado de la Caridad (Suma Teológica, II-II, cuestión 25). Allí, después de preguntarse por el amor a Dios, al prójimo y a sí mismo, también se pregunta si se puede amar a los pecadores y a los enemigos. Le resumo sus enseñanzas:

1) La caridad respecto de los pecadores

Si bien la caridad es debida a los hombres, hay algunos que parecen excluidos de la amistad caritativa como enemigos de Dios, que son los pecadores, y otros, además, como enemigos nuestros.

Sin embargo, Santo Tomás recuerda el razonamiento de San Agustín diciendo: "Dice San Agustín que "amarás a tu prójimo", vale lo mismo que "a todo hombre hay que tener por prójimo". Los pecadores no dejan de ser hombres, porque el pecado no destruye la naturaleza. Por tanto, han de ser amados por caridad".

¿Cómo puede y debe ser amado caritativamente el pecador, a pesar de su pecado? Explica Santo Tomás que en el hombre pecador hay que distinguir la naturaleza, por la que es capaz de Bienaventuranza, y la culpa, que le impide conseguirlo. Por eso, todo pecador como tal debe ser odiado, pero como hombre ha de ser amado: "debemos odiar en los pecadores su condición de tales, y amar su condición de hombres capaces de Bienaventuranza".

Se debe amar a los pecadores con caridad "no porque queremos lo que ellos quieren o nos gocemos en lo que ellos se gozan, sino para hacerlos querer lo que queremos y que se gocen en lo que nosotros nos gozamos". Por eso recuerda aquello de Jeremías 15,19: "Se convertirán ellos a ti, y tú no te convertirás a ellos".

2) Caridad a los enemigos.

Hay que entender por "enemigos" aquellas personas que nos odian pecaminosamente. En tal sentido, es una especie del amor a los pecadores.

El amor a los enemigos es preceptuados por la Sagrada Escritura y allí se nos pone como ejemplar el amor de Dios a nosotros cuando éramos enemigos; se puede leer: Mt 5,44-48; Rom 5,8-10; Ef 2,1-7.

Lo mismo nos recuerda el Magisterio: "Cristo murió por amor a nosotros "cuando éramos todavía enemigos" (Rom 5,10). El Señor nos pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos..." (Catecismo, 1825).

Podemos resumir la doctrina de ambos artículos en los puntos siguientes:

-Al enemigo, como tal, es decir, en cuanto posee la cualidad pecadora que lo constituye en enemigo y perseguidor, sería perverso amarle.

-Al enemigo, como hombre y capaz de Bienaventuranza divina, se le debe amar bajo pena de condenación, con el amor caritativo que se tiene a todos en general. Y, por tanto, se le debe conceder los signos y beneficios caritativos que se otorgan en general al prójimo.

-No es necesario amar al enemigo con el amor especial que se reserva para los más queridos, ni, por tanto, hacerle objeto de las atenciones y beneficios correspondientes a ese amor.

-Sin embargo, es necesario estar dispuesto a tener y ejercitar esa caridad especial con el enemigo en caso de necesidad.

-No es obligación, sino perfección de la caridad, tenerla y ejercitarla especialmente con los enemigos no necesitados.

3) La caridad hacia los condenados y los demonios

Santo Tomás habla directamente sobre los ángeles condenados, y lo que dice podemos también aplicarlo a los hombres condenados.

Los demonios no pueden ser objeto de la caridad, porque ésta se extiende a las creaturas que poseen o pueden poseer la divina Bienaventuranza. Y los demonios están definitivamente imposibilitados para ello por justicia divina, que debemos amar.

Únicamente en cuanto la caridad puede amar lo que es un bien para otro, puede quererse caritativamente la conservación de los demonios en el ser, para gloria de Dios.