sábado, 7 de junio de 2014

La unidad de la Iglesia se expresa en todas las lenguas

Lectura Patrística
Anónimo
Sermones de un Autor africano del siglo VI
Hablaron en todas las lenguas. Así quiso Dios dar a entender la presencia del Espíritu Santo: haciendo que hablara en todas las lenguas quien le hubiese recibido. Debemos pensar, queridos hermanos, que éste es el Espíritu Santo por cuyo medio se difunde la caridad en nuestros corazones. 
La caridad había de reunir a la Iglesia de Dios en todo el orbe de la tierra. Por eso, así como entonces un solo hombre, habiendo recibido el Espíritu Santo, podía hablar en todas las lenguas; ahora, en cambio, es la unidad misma de la Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, la que habla en todos los idiomas. 
Por tanto, si alguien dijera a uno de vosotros: «Si has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no hablas en todos los idiomas?», deberás responderle: «Es cierto que hablo todos los idiomas: porque estoy en el cuerpo de Cristo, es decir en la Iglesia, que los habla todos. ¿Pues qué otra cosa quiso dar a entender Dios por medio de la presencia del Espíritu Santo, sino que su Iglesia hablaría en todas las lenguas?» 
Se ha cumplido así lo prometido por el Señor: Nadie echa vino nuevo en odres viejos. A vino nuevo, odres nuevos, y así se conservan ambos
Con razón, pues, empezaron algunos a decir cuando oían hablar en todas las lenguas: Están bebidos. Se habían convertido ya en odres nuevos, renovados por la gracia de la santidad. De este modo, ebrios del nuevo vino del Espíritu Santo, podrían hablar fervientemente en todos los idiomas, y anunciar de antemano, con aquel maravilloso milagro, la propagación de la Iglesia católica por todos los pueblos y lenguas. 
Celebrad, pues, este día como miembros que sois de la unidad del cuerpo de Cristo. No lo celebraréis en vano si sois efectivamente lo que estáis celebrando: miembros de aquella Iglesia que el Señor, al llenarla del Espíritu Santo, reconoce como suya en medio de un mundo en crecimiento, y por la que es a su vez reconocido. Como esposo no perdió a su propia esposa, ni nadie pudo substituírsela por otra. 
Y a vosotros que procedéis de todos los pueblos, y que sois la Iglesia de Cristo, los miembros de Cristo, el cuerpo de Cristo, os dice el Apóstol: Sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz
Notad cómo en el mismo momento nos mandó que nos soportáramos unos a otros y nos amásemos, y puso de manifiesto el vínculo de la paz al referirse a la esperanza de la unidad. Ésta es la casa de Dios levantada con piedras vivas, en la que se complace en habitar un padre de familia como éste, y cuyos ojos no deben jamás ofender la ruina de la división.
R/. Dios, que penetra los corazones, ha dado a los gentiles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe.
V/. También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida.
R/. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe.

Rm 14,7-9


Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. 
En la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
V/. El Señor ha resucitado del sepulcro.
R/. El Señor ha resucitado del sepulcro.

HIMNO


Himno

¡El mundo brilla de alegría! 

¡Se renueva la faz de la tierra! 

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo! 


Ésta es la hora 

en que rompe el Espíritu 

el techo de la tierra, 

y una lengua de fuego innumerable 

purifica, renueva, enciende, alegra 

las entrañas del mundo. 


Ésta es la fuerza 

que pone en pie a la Iglesia 

en medio de las plazas 

y levanta testigos en el pueblo,

para hablar con palabras como espadas 

delante de los jueces. 


Llama profunda, 

que escrutas e iluminas 

el corazón del hombre: 

restablece la fe con tu noticia, 

y el amor ponga en vela la esperanza 

hasta que el Señor vuelva.

viernes, 6 de junio de 2014

Que los sacerdotes no olviden que Jesús es “e...

Que los sacerdotes no olviden que Jesús es “el primer amor”, dijo el Papa en su homilía
(RV).- (Con audio)  Pastores, antes que estudiosos, que no olvidan jamás a Cristo, su “primer amor”, y permanecen siempre en su seguimiento. Es el retrato que el Papa Francisco trazó en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

“¿Cómo va el primer amor?”. Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia, dijo el Papa. Y no sólo los cónyuges en la pareja, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Él – afirmó Francisco – quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Precisamente el Santo Padre inició su homilía a partir de este diálogo presentado por el Evangelio, en el que Cristo pregunta tres veces al primero de los Apóstoles si lo ama más que a los demás. Y dijo que se trata de un modo para llevarlo “al primer amor”: 

“Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Como va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe”.

“Jamás olvidar el primer amor. Jamás”, reafirmó el Papa Francisco y destacó otros tres aspectos que hay que tener presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús. Ante todo, antes del estudio, antes de querer convertirse en “un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología – afirmó el Santo Padre – debe ser un “pastor”, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: “Apacienta mis ovejas”. Y añadió: “El resto, viene “después”:

“Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la petrología, con lo que estudias, pero apacienta. Se pastor. Porque el señor nos ha llamado para esto. Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza son para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: ‘¿Cómo va el primer amor?’. La segunda es ésta: ‘¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?’. Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante”.

No hay “gloria” ni “majestad” – observó Francisco – para el pastor consagrado a Jesús: “No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces: en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… Pero inútil, allí, enfermo…”. El destino es “terminar – repitió el Papa – como terminó Él”: amor que muere “como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré”. En fin, el cuarto aspecto, la “palabra más fuerte” – indicó el Santo Padre – con la cual Jesús concluye su diálogo con Pedro, “sígueme”:

“Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos perores de la vida, en la enfermedad, Él dice: ‘Sígueme. Es ésta nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. ‘Sígueme”.

A todos nosotros, sacerdotes y obispos – terminó diciendo el Papa – que el Señor de “la gracia de encontrar siempre o de recordar el primer amor, de ser pastores, de no tener vergüenza de terminar humillados en un lecho o incluso con la cabeza perdida. Y que siempre nos de la gracia de ir tras Jesús, sobre las huellas de Jesús: la gracia de seguirlo”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Presentación de la "Invocación por la paz"...

Presentación de la "Invocación por la paz"

Ciudad del Vaticano, 6 junio 2014(VIS).- Esta mañana, durante un briefing, el padre Pierbattista Pizzaballa OFM, Custodio de Tierra Santa, y el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede han explicado cómo se desarrollará ''Invocación por la paz'', la iniciativa a la que el Papa Francisco ha invitado a los presidentes de Israel y Palestina, Shimon Peres y Mahmud Abbas, que tendrá lugar el próximo domingo en el Vaticano.


Peres y Abbas llegarán al Vaticano a breve distancia uno del otro ( a las 18,15 el primero y a las 18,30 el segundo), el Papa los recibirá a la entrada de la Casa de Santa Marta y departirá brevemente con cada uno de ellos. Una vez en Santa Marta se unirá a los presidentes y al Santo Padre el Patriarca Ecuménico Bartolomé y desde allí los cuatro irán en automóvil hasta los Jardines Vaticanos donde tendrá lugar la celebración que comenzará con una apertura musical y con la explicación, en inglés, de la modalidad de la misma. Se seguirá el orden cronológico de las tres religiones: judaísmo, cristianismo, islam.

Hacia las 19,00 comenzará, por lo tanto, la comunidad judía en lengua hebrea con una oración (creación), un breve intervalo musical, una oración de petición de perdón seguida por otra pieza musical, una plegaria de invocación por la paz y, al final, una meditación musical. La comunidad cristiana seguirá el mismo esquema pero la primera oración será en inglés, la segunda en italiano y la tercera en árabe. Al final la comunidad musulmana que procederá como las anteriores utilizando la lengua árabe.

A continuación un lector, en inglés, introducirá el último paso de la celebración que comenzará con la intervención del Papa Francisco invocando la paz. Después, el Santo Padre invitará a cada uno de los dos presidentes a formular la propia invocación. Así lo hará Shimon Peres seguido de Mahmud Abbas. Con un gesto de paz, en el que participa también, el Patriarca Bartolomé todos se darán la mano y después el Papa los acompañará a plantar un olivo, símbolo de la paz.

Terminada la celebración los cuatro permanecerán uno al lado del otro mientras las delegaciones pasan a saludarlos. A continuación el Santo Padre, los dos Presidentes y el Patriarca irán a la Casina de Pío IV para hablar en privado.

Por último, Shimon Peres y Mahmud Abbas dejarán el Vaticano mientras el Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé volverán a la Casa de Santa Marta.

LECTIO DIVINA. Amor a un alto precio

INVOCATIO Cristo nos amó derramando su sangre. (apoc 1,5)


LECTIO: Hech 25,13-21. Pablo apresado y juzgado en Roma, víctima de poderes

humanos. Dar la vida le exigirá someterse al martirio. Sal 102,1-2.11-12.19-20. El Señor puso su trono en el cielo. Jn 21,15-19. Pedro aprende de su maestro que amar es dar la vida. .


MEDITATIO: La autoridad civil no busca la justicia del acusado, busca la

buena imagen y la complacencia de la opinión pública. Hay una gran dicotomía entre

la filosofía personalista de las aulas universitarias, cuyo interés es la

persona en sí misma y la filosofía socialista que se vive en la calle, cuyo

interés es la complacencia de la comunidad. Políticamente siempre será más

importante la institución que la persona. Al mundo nunca le ha importado la

suerte del acusado: que se pudra y que pague. 

La clave de este dilema encuentra su luz en la confesión de Pedro. No es

importante lo que hizo sino si ama. Da igual cuántas veces haya negado y

vituperado al Señor, ahora importa cuánto lo ama… Nada tiene que ver si Jesús

le pregunta 3 o 5 veces, el acento está en la certeza del amor. El tono de la

pregunta sube según el tipo del verbo: ¿me estimas? Bueno, sí; ¿Me quieres? Sí,

claro; ¿Me amas? Tú lo sabes todo y sabes que te amo… Jesús se sale por

peteneras… Se esperaría un “yo también, igual, yo más…” y en cambio dice:

entonces “cuida mis ovejas, apaciéntalas”, dales de comer, pero no de cualquier

manera, sino de tu propia sangre. El amor a Jesús no son palabras, son acciones

a favor de los demás. Ahí está el amor a Jesús: dar de comer al hambriento,

vestir al desnudo, visitar al encarcelado y al enfermo, atender al anciano y al

niño, darles todo, dejar el pellejo, hasta que duela, hasta morir en la raya,

hasta el escándalo, hasta morir desangrado. Jesús se esconde en el más

“degenerado”. Está sí en la Eucaristía, pero también en el más necesitado. Amar

a Jesús es no sólo visitarlo en el Sagrario sino dar al necesitado lo que me es

necesario. Bajarme del coche para subir al viajero; vaciar mi despensa para dar

al indigente; reducir mi vestuario para darlo al hospicio; borrar mis títulos

para enseñar en las cárceles; sonreír al enfermo; bailar ante el deprimido;

compartir mi sueldo con el del paro; dejar mi túnica y vestido de noche para

divertir a los niños de la calle; dejar la hamburguesa a medio morder para

donarla en el primer semáforo; usar mis títulos para restaurar al desamparado y

curar al ofensor. Esto y más está dentro de la pregunta de Jesús: ¿Me amas? No,

nadie sienta que está obligado al heroísmo del amor, pero al menos que se

reconozca que el heroísmo es lo más ordinario de un cristiano… El amor antes de

Cristo se entendía como complacencia, correspondencia, hedonismo; pero después

de Él se tiñe de sangre y no puede ser distinto del martirio y del patíbulo por

la simple razón del bien de mi hermano, cualquiera que sea, y más si es

desconocido y mucho más si es un ignominioso.


ORATIO: Señor mío y amor mío, enséñame con sangre la lección del amor.

Que entienda que confesar: “te amo” no son palabras, ni apariencias, sino

cubrirme de rojo, dar la vida, dejar el aliento por el otro. ¡Por qué no lo

entiendo!




CONTEMPLATIO:  Amor a un alto precio


ACTIO:

Ejercicios de caridad. Amar a Cristo es amarlo en

la Eucaristía y en plena calle. Es amar a la familia y al desconocido. Es amar

al que me acaricia y al que me hiere. Es dar, es dar la vida por el otro, sin

importar lo que hizo, sino lo que es: todo ser humano es hijo de Dios. Este sábado iré a visitar el hospital

más cercano, la cárcel de menores, el asilo de ancianos. Prepararé una cena

especial para la muchacha de servicio; invitaré a mendigos y prodioseros de la

calle a comer en mi casa. Acariciar y abrazar al harapiento es tocar la carne

de Cristo. En una reunión o en una recepción, sentarme al lado del que me cae

de la patada. Escribir una carta a quien no soporto.

jueves, 5 de junio de 2014

LECTIO DIVINA Hijos del mismo Dios

INVOCATIO Haznos un solo corazón para escuchar tu

palabra


LECTIO: Hech 22,30;23,6-11. Pablo apresado y juzgado en Roma, tiene que dar

testimonio de Cristo con habilidad. Sal 15,1-2.5.7-11. Protégeme,

Dios mío, porque me refugio en ti. Jn 17,1.20-26. En la oración

sacerdotal, Jesús continúa pidiendo por la unidad, para que todo discípulo esté

donde Él y con todos el amor del Padre.




MEDITATIO: Es inaudito lo que sabemos de las correrías y

peripecias de los apóstoles para difundir la noticia de Jesús muerto y

resucitado. Nada les frenó el anuncio de la palabra: ni la piedras de los

judíos, ni las calumnias de los doctores de la ley, ni la burla de los griegos

o la cárcel de los romanos. Es un apelo a la conciencia de los cristianos de

hoy: se necesitan más como los de antes. Conociendo los avatares y

controversias, el Señor se aparece otra vez a Pablo para animarlo a ser

testigo. En aquel entonces y aún hoy día, para los judíos, durante un juicio,

el testigo no podía ser confrontado, sólo eliminado o aceptado; por eso muchos

buscaban, eliminar a los testigos auténticos de la resurrección de Jesús. Ante

este panorama de enfrentamiento por el Evangelio, cómo hablar de unidad. Hay

tantas religiones, pensamientos, culturas, ideologías, costumbres, maneras… ¿a

quién se le ocurre en este mercado plantear, tan siquiera la posibilidad de

unir al mundo? Unir el agua con el aceite, al judío con el musulmán, a los

merengues con los azulgranas, los sajones con los latinos, los ingenieros con

los abogados, liberales con conservadores, republicanos con demócratas, los

católicos con el resto de los cristianos… ¿Posibilidad o utopía? Mientras tanto

retumban todas las paredes cuando Jesús levanta la mirada y dice: “que sean

uno, como nosotros el Padre y yo somos uno”. Y acto seguido, por si quedara

duda, dice: “no ruego sólo por estos… Que TODOS sean uno…” Por la ofrenda

eficaz y la oración suplicante de Jesús al Padre, la unidad es posible. No es

una utopía, es el testamento del Señor, es su deseo, es su proyecto, es su

Iglesia: “habrá un solo rebaño y un solo Pastor.  Jesús no pide que todos sean iguales, que piensen

igual o que muestren la misma conducta, pide que sean UNO en la diferencia. Las

diferencias no son un obstáculo para la unidad, son una riqueza. Dios no ha

creado a los hombres en serie, como números o como productos de consumo; a cada

uno lo creó único e irrepetible. La diversidad es marca del cielo. En ese

pluralismo maravilloso de colores, perfumes, texturas la unidad aparece como el

sueño de Dios no realizado. No se trata de suprimir las diferencias para

encontrar un denominador común, sino más bien subrayarlas para respetarlas y en

el respeto y aprecio de las diferencias encontrar el denominador común que

logra la unidad. La estratégica bélica del maligno se cifra en el lema “divide

y vencerás”. La estrategia del Espíritu Santo encuentra su lema en “la unión

hace la fuerza”. La unión es posible porque entre todas las diferencias

inimaginables de tiempos y lugares, todos los hombres tienen la capacidad y la

necesidad de amar y ser amados. El amor es el lenguaje universal de la unidad. 




ORATIO: Protégeme, Dios mío, porque

me refugio en ti. Señor, tú eres mi bien y decides mi suerte. Te bendeciré,

Señor, cuando me aconsejas la unidad. Hasta de noche instruyes mi conciencia

para reclamar mi egoísmo partidista.




CONTEMPLATIO:  Hijos del mismo Dios





ACTIO:

Ejercicios de unidad: Mientras la unidad y el

ecumenismo se debaten en las altas esferas yo puedo hacer una gran labor.

Doblegar mi juicio para quitar la acepción de personas; quitar de mi apreciación

las categorías de mis hermanos: que no haya para mí ni judío ni griego, ni

americano ni latino, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ni sabio ni

tonto, ni bueno ni malo, ni hacendado ni pobre, ni creyente ni ateo: que todos

sean uno en Cristo.