sábado, 7 de junio de 2014
La unidad de la Iglesia se expresa en todas las lenguas
Rm 14,7-9
HIMNO
Himno
¡El mundo brilla de alegría!
¡Se renueva la faz de la tierra!
¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!
Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.
Ésta es la fuerza
que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas
y levanta testigos en el pueblo,
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.
Llama profunda,
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza
hasta que el Señor vuelva.
viernes, 6 de junio de 2014
Que los sacerdotes no olviden que Jesús es “e...
“¿Cómo va el primer amor?”. Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia, dijo el Papa. Y no sólo los cónyuges en la pareja, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Él – afirmó Francisco – quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Precisamente el Santo Padre inició su homilía a partir de este diálogo presentado por el Evangelio, en el que Cristo pregunta tres veces al primero de los Apóstoles si lo ama más que a los demás. Y dijo que se trata de un modo para llevarlo “al primer amor”:
“Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Como va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe”.
“Jamás olvidar el primer amor. Jamás”, reafirmó el Papa Francisco y destacó otros tres aspectos que hay que tener presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús. Ante todo, antes del estudio, antes de querer convertirse en “un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología – afirmó el Santo Padre – debe ser un “pastor”, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: “Apacienta mis ovejas”. Y añadió: “El resto, viene “después”:
“Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la petrología, con lo que estudias, pero apacienta. Se pastor. Porque el señor nos ha llamado para esto. Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza son para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: ‘¿Cómo va el primer amor?’. La segunda es ésta: ‘¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?’. Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante”.
No hay “gloria” ni “majestad” – observó Francisco – para el pastor consagrado a Jesús: “No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces: en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… Pero inútil, allí, enfermo…”. El destino es “terminar – repitió el Papa – como terminó Él”: amor que muere “como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré”. En fin, el cuarto aspecto, la “palabra más fuerte” – indicó el Santo Padre – con la cual Jesús concluye su diálogo con Pedro, “sígueme”:
“Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos perores de la vida, en la enfermedad, Él dice: ‘Sígueme. Es ésta nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. ‘Sígueme”.
A todos nosotros, sacerdotes y obispos – terminó diciendo el Papa – que el Señor de “la gracia de encontrar siempre o de recordar el primer amor, de ser pastores, de no tener vergüenza de terminar humillados en un lecho o incluso con la cabeza perdida. Y que siempre nos de la gracia de ir tras Jesús, sobre las huellas de Jesús: la gracia de seguirlo”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
Presentación de la "Invocación por la paz"...
Ciudad del Vaticano, 6 junio 2014(VIS).- Esta mañana, durante un briefing, el padre Pierbattista Pizzaballa OFM, Custodio de Tierra Santa, y el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede han explicado cómo se desarrollará ''Invocación por la paz'', la iniciativa a la que el Papa Francisco ha invitado a los presidentes de Israel y Palestina, Shimon Peres y Mahmud Abbas, que tendrá lugar el próximo domingo en el Vaticano.
Peres y Abbas llegarán al Vaticano a breve distancia uno del otro ( a las 18,15 el primero y a las 18,30 el segundo), el Papa los recibirá a la entrada de la Casa de Santa Marta y departirá brevemente con cada uno de ellos. Una vez en Santa Marta se unirá a los presidentes y al Santo Padre el Patriarca Ecuménico Bartolomé y desde allí los cuatro irán en automóvil hasta los Jardines Vaticanos donde tendrá lugar la celebración que comenzará con una apertura musical y con la explicación, en inglés, de la modalidad de la misma. Se seguirá el orden cronológico de las tres religiones: judaísmo, cristianismo, islam.
Hacia las 19,00 comenzará, por lo tanto, la comunidad judía en lengua hebrea con una oración (creación), un breve intervalo musical, una oración de petición de perdón seguida por otra pieza musical, una plegaria de invocación por la paz y, al final, una meditación musical. La comunidad cristiana seguirá el mismo esquema pero la primera oración será en inglés, la segunda en italiano y la tercera en árabe. Al final la comunidad musulmana que procederá como las anteriores utilizando la lengua árabe.
A continuación un lector, en inglés, introducirá el último paso de la celebración que comenzará con la intervención del Papa Francisco invocando la paz. Después, el Santo Padre invitará a cada uno de los dos presidentes a formular la propia invocación. Así lo hará Shimon Peres seguido de Mahmud Abbas. Con un gesto de paz, en el que participa también, el Patriarca Bartolomé todos se darán la mano y después el Papa los acompañará a plantar un olivo, símbolo de la paz.
Terminada la celebración los cuatro permanecerán uno al lado del otro mientras las delegaciones pasan a saludarlos. A continuación el Santo Padre, los dos Presidentes y el Patriarca irán a la Casina de Pío IV para hablar en privado.
Por último, Shimon Peres y Mahmud Abbas dejarán el Vaticano mientras el Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé volverán a la Casa de Santa Marta.
LECTIO DIVINA. Amor a un alto precio
INVOCATIO Cristo nos amó derramando su sangre. (apoc 1,5)
LECTIO: Hech 25,13-21. Pablo apresado y juzgado en Roma, víctima de poderes
humanos. Dar la vida le exigirá someterse al martirio. Sal 102,1-2.11-12.19-20. El Señor puso su trono en el cielo. Jn 21,15-19. Pedro aprende de su maestro que amar es dar la vida. .
MEDITATIO: La autoridad civil no busca la justicia del acusado, busca la
buena imagen y la complacencia de la opinión pública. Hay una gran dicotomía entre
la filosofía personalista de las aulas universitarias, cuyo interés es la
persona en sí misma y la filosofía socialista que se vive en la calle, cuyo
interés es la complacencia de la comunidad. Políticamente siempre será más
importante la institución que la persona. Al mundo nunca le ha importado la
suerte del acusado: que se pudra y que pague.
La clave de este dilema encuentra su luz en la confesión de Pedro. No es
importante lo que hizo sino si ama. Da igual cuántas veces haya negado y
vituperado al Señor, ahora importa cuánto lo ama… Nada tiene que ver si Jesús
le pregunta 3 o 5 veces, el acento está en la certeza del amor. El tono de la
pregunta sube según el tipo del verbo: ¿me estimas? Bueno, sí; ¿Me quieres? Sí,
claro; ¿Me amas? Tú lo sabes todo y sabes que te amo… Jesús se sale por
peteneras… Se esperaría un “yo también, igual, yo más…” y en cambio dice:
entonces “cuida mis ovejas, apaciéntalas”, dales de comer, pero no de cualquier
manera, sino de tu propia sangre. El amor a Jesús no son palabras, son acciones
a favor de los demás. Ahí está el amor a Jesús: dar de comer al hambriento,
vestir al desnudo, visitar al encarcelado y al enfermo, atender al anciano y al
niño, darles todo, dejar el pellejo, hasta que duela, hasta morir en la raya,
hasta el escándalo, hasta morir desangrado. Jesús se esconde en el más
“degenerado”. Está sí en la Eucaristía, pero también en el más necesitado. Amar
a Jesús es no sólo visitarlo en el Sagrario sino dar al necesitado lo que me es
necesario. Bajarme del coche para subir al viajero; vaciar mi despensa para dar
al indigente; reducir mi vestuario para darlo al hospicio; borrar mis títulos
para enseñar en las cárceles; sonreír al enfermo; bailar ante el deprimido;
compartir mi sueldo con el del paro; dejar mi túnica y vestido de noche para
divertir a los niños de la calle; dejar la hamburguesa a medio morder para
donarla en el primer semáforo; usar mis títulos para restaurar al desamparado y
curar al ofensor. Esto y más está dentro de la pregunta de Jesús: ¿Me amas? No,
nadie sienta que está obligado al heroísmo del amor, pero al menos que se
reconozca que el heroísmo es lo más ordinario de un cristiano… El amor antes de
Cristo se entendía como complacencia, correspondencia, hedonismo; pero después
de Él se tiñe de sangre y no puede ser distinto del martirio y del patíbulo por
la simple razón del bien de mi hermano, cualquiera que sea, y más si es
desconocido y mucho más si es un ignominioso.
ORATIO: Señor mío y amor mío, enséñame con sangre la lección del amor.
Que entienda que confesar: “te amo” no son palabras, ni apariencias, sino
cubrirme de rojo, dar la vida, dejar el aliento por el otro. ¡Por qué no lo
entiendo!
CONTEMPLATIO: Amor a un alto precio
ACTIO:
Ejercicios de caridad. Amar a Cristo es amarlo en
la Eucaristía y en plena calle. Es amar a la familia y al desconocido. Es amar
al que me acaricia y al que me hiere. Es dar, es dar la vida por el otro, sin
importar lo que hizo, sino lo que es: todo ser humano es hijo de Dios. Este sábado iré a visitar el hospital
más cercano, la cárcel de menores, el asilo de ancianos. Prepararé una cena
especial para la muchacha de servicio; invitaré a mendigos y prodioseros de la
calle a comer en mi casa. Acariciar y abrazar al harapiento es tocar la carne
de Cristo. En una reunión o en una recepción, sentarme al lado del que me cae
de la patada. Escribir una carta a quien no soporto.
jueves, 5 de junio de 2014
LECTIO DIVINA Hijos del mismo Dios
INVOCATIO Haznos un solo corazón para escuchar tu
palabra
LECTIO: Hech 22,30;23,6-11. Pablo apresado y juzgado en Roma, tiene que dar
testimonio de Cristo con habilidad. Sal 15,1-2.5.7-11. Protégeme,
Dios mío, porque me refugio en ti. Jn 17,1.20-26. En la oración
sacerdotal, Jesús continúa pidiendo por la unidad, para que todo discípulo esté
donde Él y con todos el amor del Padre.
MEDITATIO: Es inaudito lo que sabemos de las correrías y
peripecias de los apóstoles para difundir la noticia de Jesús muerto y
resucitado. Nada les frenó el anuncio de la palabra: ni la piedras de los
judíos, ni las calumnias de los doctores de la ley, ni la burla de los griegos
o la cárcel de los romanos. Es un apelo a la conciencia de los cristianos de
hoy: se necesitan más como los de antes. Conociendo los avatares y
controversias, el Señor se aparece otra vez a Pablo para animarlo a ser
testigo. En aquel entonces y aún hoy día, para los judíos, durante un juicio,
el testigo no podía ser confrontado, sólo eliminado o aceptado; por eso muchos
buscaban, eliminar a los testigos auténticos de la resurrección de Jesús. Ante
este panorama de enfrentamiento por el Evangelio, cómo hablar de unidad. Hay
tantas religiones, pensamientos, culturas, ideologías, costumbres, maneras… ¿a
quién se le ocurre en este mercado plantear, tan siquiera la posibilidad de
unir al mundo? Unir el agua con el aceite, al judío con el musulmán, a los
merengues con los azulgranas, los sajones con los latinos, los ingenieros con
los abogados, liberales con conservadores, republicanos con demócratas, los
católicos con el resto de los cristianos… ¿Posibilidad o utopía? Mientras tanto
retumban todas las paredes cuando Jesús levanta la mirada y dice: “que sean
uno, como nosotros el Padre y yo somos uno”. Y acto seguido, por si quedara
duda, dice: “no ruego sólo por estos… Que TODOS sean uno…” Por la ofrenda
eficaz y la oración suplicante de Jesús al Padre, la unidad es posible. No es
una utopía, es el testamento del Señor, es su deseo, es su proyecto, es su
Iglesia: “habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Jesús no pide que todos sean iguales, que piensen
igual o que muestren la misma conducta, pide que sean UNO en la diferencia. Las
diferencias no son un obstáculo para la unidad, son una riqueza. Dios no ha
creado a los hombres en serie, como números o como productos de consumo; a cada
uno lo creó único e irrepetible. La diversidad es marca del cielo. En ese
pluralismo maravilloso de colores, perfumes, texturas la unidad aparece como el
sueño de Dios no realizado. No se trata de suprimir las diferencias para
encontrar un denominador común, sino más bien subrayarlas para respetarlas y en
el respeto y aprecio de las diferencias encontrar el denominador común que
logra la unidad. La estratégica bélica del maligno se cifra en el lema “divide
y vencerás”. La estrategia del Espíritu Santo encuentra su lema en “la unión
hace la fuerza”. La unión es posible porque entre todas las diferencias
inimaginables de tiempos y lugares, todos los hombres tienen la capacidad y la
necesidad de amar y ser amados. El amor es el lenguaje universal de la unidad.
ORATIO: Protégeme, Dios mío, porque
me refugio en ti. Señor, tú eres mi bien y decides mi suerte. Te bendeciré,
Señor, cuando me aconsejas la unidad. Hasta de noche instruyes mi conciencia
para reclamar mi egoísmo partidista.
CONTEMPLATIO: Hijos del mismo Dios
ACTIO:
Ejercicios de unidad: Mientras la unidad y el
ecumenismo se debaten en las altas esferas yo puedo hacer una gran labor.
Doblegar mi juicio para quitar la acepción de personas; quitar de mi apreciación
las categorías de mis hermanos: que no haya para mí ni judío ni griego, ni
americano ni latino, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ni sabio ni
tonto, ni bueno ni malo, ni hacendado ni pobre, ni creyente ni ateo: que todos
sean uno en Cristo.