martes, 26 de noviembre de 2013

El Año de la fe ha sido clausurado hoy, Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo,

 Padre en la BasÃlica Vaticana. A pesar del frÃo y de las posibilidades de lluvia, 60.000 fieles se han acercado hasta la plaza para participar de esta significativa celebración. Han concelebrado junto al Papa 1.200 personas entre cardenales, patriarcas y arzobispos mayores de las Iglesias orientales, arzobispos, obispos y sacerdotes.

Junto al altar han estado expuestas, por primera vez, las reliquias del apóstol Pedro (ver abajo vÃdeo), dentro de una caja de bronce con la inscripción “Ex ossibus quae in Arcibasilicae Vaticanae hypogeo inventa Beati Petri Apostoli esse putantur†(De los huesos encontrados en el hipogeo de la BasÃlica Vaticana, que se consideran del Beato Pedro Apóstol). Antes de la misa, se ha realizado una colecta para destinar a la población de Filipinas recientemente afectadas por el tifón Haiyan.



En su homilÃa, el Papa hizo brotar de su corazón una profunda oración que emocionó a más de uno en la plaza de San Pedro: "Cada uno de nosotros tiene su historia, sus pecados. Sus momentos felices y aquellos oscuros. En esta jornada nos hará bien pensar en nuestra historia y repetir con el corazón, en silencio: acuérdate de mÃ, Señor. Jesús acuérdate de mÃ, porque quiero ser bueno pero no tengo fuerza, soy pecador. Pero acuérdate de mÃ, Jesús. Tú puedes acordarte de mà porque eres el centro de todo. Qué hermoso, hagámoslo todos hoy, cada uno en su corazón".

En la homilÃa, Francisco ha recordado que este Año de la fe, esta "iniciativa providencial" convocada por Benedicto XVI, "nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el dÃa de nuestro bautismo". El hilo conductor de las lecturas del dÃa -ha indicado el Santo Padre- es la centralidad de Cristo, y sobre esta idea ha desarrollado toda la homilÃa. Tr es han sido los aspectos que ha subrayado: Jesús como primogénito de toda la creación, Cristo el centro del pueblo de Dios y Cristo el centro de la historia de la humanidad y de todo hombre.

Al final de la celebración, el Obispo de Roma ha entregado simbólicamente su exhortación apostólica "Evangelii gaudium" a 36 representantes del "pueblo de Dios" provenientes de 18 paÃses. La exhortación apostólica sobre la evangelización, que retoma contenidos del SÃnodo de los Obispos de octubre de 2012, será presentada y publicada el próximo martes.


HomilÃa completa del Santo Padre
La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronación del año litúrgico, señala también la conclusión del Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, a quien recordamos ahora con afecto y reconocimiento por este don que nos ha dado. Con esa iniciativa providencial, nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el dÃa de nuestro bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia. Un camino que tiene como meta final el encuentro pleno con Dios, y en el que el EspÃritu Santo nos purifica, eleva, santifica, para introducirnos en la felicidad que anhela nuestro corazón.

Dirijo también un saludo cordial y fraternal a los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales católicas, aquà presentes. El saludo de paz que nos intercambiaremos quiere expresar sobre todo el reconocimiento del Obispo de Roma a estas Comunidades, que han confesado el nombre de Cristo con una fidelidad ejemplar, pagando con frecuencia un alto precio.

Del mismo modo, y por su medio, deseo dirigirme a todos los cristianos que viven en Tierra Santa, en Siria y en todo el Oriente, para que todos obtengan el don de la paz y la concordia.

Las lecturas bÃblicas que se han proclamado tienen como hilo conductor la centralidad de Cristo. Cristo está al centro. Cristo es el c entro. Cristo centro de la creación, del pueblo y de la historia.

1. El apóstol Pablo, en la segunda lectura, tomada de la carta a los Colosenses, nos ofrece una visión muy profunda de la centralidad de Jesús. Nos lo presenta como el Primogénito de toda la creación: en Él, por medio de Él y en vista de Él fueron creadas todas las cosas. Él es el centro de todo, es el principio. Jesucristo, el Señor. Dios le ha dado la plenitud, la totalidad, para que en Él todas las cosas sean reconciliadas (cf. 1,12-20). Señor de la Creación, Señor de la reconciliación.

Esta imagen nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación; y asà la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Es asÃ, nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos, pensamientos de Cristo. Nuestras obras serán obras cristianas, obras de Cristo. Nuestras palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo. En cambio, la pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo.

2. Además de ser centro de la creación y centro de la reconciliación, Cristo es centro del pueblo de Dios. Y precisamente hoy está aquÃ, al centro de nosotros. Ahora está aquÃ, en la Palabra, y estará aquÃ, en el altar, vivo, presente, en medio de nosotros, su pueblo. Nos lo muestra la primera lectura, en la que se habla del dÃa en que las tribus de Israel se acercaron a David y ante el Señor lo ungieron rey sobre todo Israel (cf. 2S 5,1-3). En la búsqueda de la figura ideal del rey, estos hombres buscaban a Dios mismo: un Dios que fuera cercano, que aceptara acompañar al hombre en su camino, que se hiciese hermano suyo.

Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el «hermano» alrededor del cual se constituye e l pueblo, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En Él nosotros somos uno: un solo pueblo; unidos a él, participamos de un solo camino, un solo destino. Solamente en Él, en Él como centro, tenemos la identidad como pueblo.

3. Y, por último, Cristo es el centro de la historia de la humanidad y también el centro de la historia de todo hombre. A Él podemos referir las alegrÃas y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy.

Mientras todos los otros se dirigen a Jesús con desprecio -«Si tú eres el Cristo, el MesÃas Rey, sálvate a tà mismo bajando de la cruz»- aquel hombre, que se ha equivocado en la vida hasta el final pero se arrepiente, se agarra a Jesús crucificado implorando: «Acuérdate de mà cuando llegues a tu Reino » (Lc 23,42). Y Jesús le promete: «Hoy estarás conmigo en el paraÃso» (v. 43): su Reino. Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perdón, el Señor no deja jamás de atender una petición como esa. Hoy todos nosotros podemos pensar a nuestra historia, a nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno de nosotros también tiene sus errores, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos oscuros. Nos hará bien, en esta jornada, pensar a nuestra historia y mirar a Jesús y desde el corazón repetirle tanta veces, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros: "¡acuérdate de mÃ, Señor, ahora que estás en tu Reino!". Jesús, acuérdate de mÃ, porque yo tengo ganas de ser bueno, tengo ganas de ser buena, pero no tengo fuerza, no puedo: ¡soy pecador, soy pecador! Pero acuérdate de mÃ, Jesús: ¡Tú puedes acordarte de mÃ, porque Tú estás al centro, Tú estás preci samente en tu Reino! ¡Qué bello! Hagámoslo hoy todos, cada uno en su corazón, tantas veces. "¡Acuérdate de mà Señor, Tú que estás al centro, Tú que estás en tu Reino!"

La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la oración que la ha solicitado. El Señor siempre da más de lo que se le pide, es tan generoso, da siempre más de lo que se le pide: ¡le pides que se acuerde de tà y te lleva a su Reino! Jesús está precisamente al centro de nuestros deseos de alegrÃa y de salvación. Vayamos todos juntos por este camino.

lunes, 25 de noviembre de 2013

¿CÓMO ES LA VIDA DE UN PAPÁ?

Autor: Claudio De Castro 

Soy papá tiempo completo. Como diría un amigo mío: "Ser papá es mi oficio".
 
¿CÓMO ES LA VIDA DE UN PAPÁ?
¿CÓMO ES LA VIDA DE UN PAPÁ?
Soy papá tiempo completo. 

Como diría un amigo mío: "Ser papá es mi oficio". 

Claro, soy un papá lleno de inquietudes y defectos. Un papá que no siempre tiene la respuesta apropiada ni las palabras necesarias. Un papá que a veces sufre pensando en los problemas cotidianos. 

Honestamente, me gustaría ser mejor de lo que he sido. Hago lo que puedo. Y les amo todo lo que puedo.

La vida de un papá es una vida feliz y es una vida difícil. 

No hay tiempo para aburrirse y queda menos para pensar en nosotros.

Llego a casa al medio día y el pequeño, Luis Felipe, de 2 años, empieza a gritar ilusionado: 
—¡Papaaaá! ¡Papaaaá!
Y corre hacia mí para abrazarme con una hermosa sonrisa, saltando de alegría.

Es una emoción que no se puede describir. Una sola palabra definiría este encuentro: “ternura”.

He aprendido que el tiempo pasa demasiado rápido. Mis otros hijos, Claudio Guillermo y Ana Belén, están en la Universidad. José Miguel aún en el colegio. 

Muchos podrían quejarse, que se les ha ido el tiempo y la vida, pero mi esposa y yo, estamos agradecidos. Hemos disfrutado y seguimos disfrutando, cada instante, cada actividad, cada salida.

No creas que todo ha sido fácil. Aún no lo es. Pero tengo un secreto, que tal vez te sea de utilidad. He aprendido a confiar en nuestro Padre Celestial. Cada vez que tengo una necesidad grande, un problema más allá de mi capacidad, él ha salido al rescate.

Guardo cientos de anécdotas simpáticas con el buen Dios. Vivencias cotidianas en las que se ha hecho sentir. Y con tanta claridad me ha dicho: “No temas. Aquí estoy”, que me devuelve la Paz interior, la alegría, el sentido de la vida.

Me encanta vivir en familia, me siento a gusto, y lo disfruto plenamente. Hay momentos tan jocosos y divertidos, que se vuelven inolvidables.

Una vez, cuando José Miguel estaba pequeño, lo llevaba al colegio en mi auto. Ese día iba muy pensativo. Lo miraba por el retrovisor y le veía tan callado. De pronto, rompió el silencio y preguntó preocupado:
— Papá.... cuando yo sea grande, ¿también voy a ser calvo?
— No mi rey — le respondí —, papá no es calvo. Lo que pasa es que mamá me corta el pelo muy bajito.
Aaaaah - suspiro!

domingo, 24 de noviembre de 2013

Un Rey "Perdedor"

Lucas 23, 35-43. Solemnidad Cristo Rey Ciclo C. Un rey que ejerce su poder únicamente con la fuerza del amor, del perdón, de la humildad y de la mansedumbre. 
Autor: P. Sergio Cordova LC | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 23, 35-43

Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: "A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido." También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!" Había encima de él una inscripción: "Este es el Rey de los judíos." Uno de los malhechores colgados le insultaba: "¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!" Pero el otro le respondió diciendo: "¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino." Jesús le dijo: "Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso."

Oración introductoria

Señor mío, acuérdate de mí. Tú eres mi Dios, mi Señor, mi Redentor. Inicio mi oración ofreciéndote mi libertad, mi voluntad, mi mente y mi corazón. Aleja de mi interior todo aquello que me distraiga; ayúdame a renunciar a mí mismo para dejar que seas Tú el único Rey en mi corazón.

Petición

Jesús, ayúdame a luchar todos los días para hacerte reinar más en mi corazón y en el de los demás. ¡Venga tu Reino!

Meditación del Papa Francisco

El Señor se toma su tiempo. Pero incluso Él, en esta relación con nosotros, tiene mucha paciencia. No solo nosotros debemos tener paciencia: ¡Él la tiene! ¡Él nos espera! ¡Él nos espera hasta el final de la vida! Pensemos en el buen ladrón, hasta el final, al final reconoció a Dios. El Señor camina con nosotros, pero muchas veces no se deja ver, como en el caso de los discípulos de Emaús. El Señor está involucrado en nuestras vidas, ¡esto es seguro!, pero muchas veces no lo vemos. Esto nos exige paciencia. Pero el Señor que camina con nosotros, Él también tiene mucha paciencia con nosotros. Ese es el misterio de la paciencia de Dios, que al caminar, camina a nuestro ritmo. A veces en la vida las cosas se vuelven muy oscuras, hay tanta oscuridad allí, que queremos, si estamos en problemas, bajar de la cruz. Es el momento preciso: la noche es más oscura, cuando se aproxima la madrugada. Y siempre cuando nos bajamos de la cruz, lo hacemos cinco minutos antes de que llegue la liberación, en el momento más grande de la impaciencia. (S.S. Francisco, 28 de junio de 2013).

Reflexión

Con este domingo llegamos al final del ciclo litúrgico. El último domingo de cada año, la Iglesia cierra con broche de oro el ciclo ordinario con la fiesta de Cristo Rey. Y el próximo domingo iniciaremos nuestra preparación para la venida del Señor en la Navidad: el adviento.

Hoy celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas. Pero es "escandaloso" el modo como ejerce su realeza. Todos los reyes de este mundo mantienen su reinado con la fuerza de las armas, y ostentan el esplendor de su riqueza y de su poder. Como que es algo "connatural" a su condición y a su nobleza. Pero creo que nunca han existido, ni existirán jamás sobre la faz de la tierra, reyes "pobres" o "débiles". Serían víctimas fáciles de sus enemigos, que usurparían su trono sin ningún género de escrúpulos. Ésa ha sido la ley de vida a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Jesucristo es Rey. Pero un rey muy distinto. Es un rey sin armas, sin palacios, sin tronos, sin honores; un rey sin ejército y sin soldados. Un rey que ejerce su poder únicamente con la fuerza del amor, del perdón, de la humildad y de la mansedumbre. Un rey que no atropella ni violenta a nadie, y que no impone su yugo o su ley por capricho. El que lo acepte como rey, debe acogerlo libremente y abrazar su misma "lógica", que es la del amor y del perdón. 

Cristo es -si podemos hablar así- un rey "débil" porque Él mismo quiso escoger la debilidad para redimirnos. "Donde está la cruz, no hay lugar para los signos de la fuerza". No recuerdo dónde leí esta frase, pero es totalmente cierta. Cristo es Rey. Pero no tiene armas. Las armas las tienen sus enemigos. Cuando Pilato, antes de condenarlo a muerte, le preguntó si era rey, Jesús le dio una respuesta desconcertante: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado en manos de los judíos; pero mi reino no es de aquí (Jn 19, 36). Palabras misteriosas, pero profundamente reveladoras. 

Cristo es rey. Pero no según los cánones y criterios de este mundo. Su soberanía es la del amor, de la justicia y de la paz. Su trono es una cruz; su cetro, una caña con la que le golpean la cabeza; su corona, una corona de espinas. Su reino es para los pobres y humildes de corazón, para los mansos, los pacíficos y los misericordiosos; para los perseguidos por la verdad y la justicia. Su programa de vida se resume en el Sermón de la montaña, en las bienaventuranzas y el mandamiento de la caridad. Sus súbditos y sus amigos predilectos son los pobres y pecadores; sus compañeros de destino, los malhechores, como ese "buen ladrón" que encontramos en el evangelio de hoy.

Los judíos y los príncipes de los sacerdotes que ultrajan a Cristo crucificado hablan un lenguaje de poder y lo desafían a que demuestre su fuerza bajando de la cruz: "Si de verdad es el Hijo de Dios, que baje de la cruz, que se salve a sí mismo". Y lo mismo le dice el otro de los ladrones crucificados con Él. Pero Jesús no hace caso. Su fuerza es el perdón, el amor y la misericordia. Y así lo descubre ese "buen ladrón".

En efecto, este buen hombre -que, a pesar de haber sido un malhechor toda su vida- supo demostrar su nobleza de alma en el momento supremo de su existencia y pudo reconocer en Jesús al Mesías y al Salvador del mundo. Éste no le pide a Jesús que lo ponga a salvo y que lo libere de los dolores corporales; pero con su fe alcanza de Cristo la salvación completa de su alma y el premio del paraíso. 

Otra vez vemos a Cristo, como en el caso de Zaqueo, rodeándose de amigos "poco recomendables". Pero Cristo vino a salvarnos a todos, comenzando por los pecadores. Y sólo si nos reconocemos necesitados de la gracia, como el buen ladrón, seremos dignos de participar en el Reino eterno de Jesucristo.

¡Qué afortunado este buen ladrón! En el último instante de su vida supo "robarle" a Cristo también el cielo! Pero más que "robo", se trata de un regalo maravilloso e inmerecido de la misericordia de Dios. Así es Jesús. Su corazón es infinito porque es el corazón de un Dios, de un Padre con entrañas de ternura y de compasión. 

Para eso vino a este mundo y para eso se encarnó. Por eso está en la cruz con los brazos abiertos: para acogernos siempre, sin condiciones. Lo único que espera de nosotros es nuestra confianza, nuestro arrepentimiento y el abandono total en sus manos.

Propósito

Ojalá que este día de Cristo Rey, también nosotros queramos aceptar la soberanía de Jesucristo y le proclamemos Señor de nuestras vidas volviendo a Él de todo corazón, y haciendo que muchos otros hombres y mujeres, comenzando por los que viven a nuestro lado, se acerquen al amor misericordioso de nuestro Redentor. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!

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sábado, 23 de noviembre de 2013

Levantar los talones

INVOCATIO: Ha resucitado mi esperanza, Jesús.
 
LECTIO: 1Mac 6,1-13. Después de profanar el templo de Jerusalén, el Rey Antíoco es derrotado en Judea; el rey muere sumido en depresión y tristeza. Sal 9. Cantemos al Señor, nuestro Salvador. Lc 20,27-40. Ante los saduceos, Jesús revela que los muertos resucitan y Dios es Dios de vivos.
 
MEDITATIO: La existencia humana no termina con la muerte. Así lo atestiguan filosofías, religiones y culturas. De algún modo se percibe que no todo queda en el pellejo; la piel se arruga, los ojos palidecen y se cubren de cataratas, los dientes y el pelo se caen, los músculos cojean y los huesos se agujeran; señales de decrepitud, y sin embargo las banderas de la meta ondean por el otro lado del cosmos. Se siente que algo precede al nacimiento y trasciende la muerte, se manifiesta en el tiempo y se embarca en la eternidad, se coloca en la tierra y sube hasta el cielo, vive el presente y se proyecta en el futuro, transcurre en un aquí y ahora pero cruza la frontera del más allá, se experimenta en un cuerpo pero vive por el alma que ya intuye y se ve en la inmortalidad. Todo para decir: vida futura en la resurrección de la carne. Mientras tanto el tiempo se experimenta y se mide; y la eternidad, en cambio, toca una música inaccesible, hace cuentas imprecisas y ni la fantasía puede con ella. Dicen que todo en esta vida se paga y así le sucedió al rey de Persia. Antíoco vive dominado por la ambición de lo terreno e inmediato y no le preocupa un gran qué, la realidad futura. Cegado por el poder, su reino se cifra en saquear y acumular los botines que le permite su prepotencia. Al final del día algo falla, una derrota terrible que sólo deja depresión, tristeza y un después bastante sombrío. ¡Y pensar que el planeta Tierra aún no ha aprendido la lección! La ambición cobra vidas vacías, la prepotencia ciega conciencias, la posesión de lo terreno tapa la eternidad maravillosa. ¡Qué corto es el tiempo para lo mucho por hacer; el tiempo se acaba y se abre la eternidad. En este contexto de ultratumba y resurrección, contienden los saduceos y los escribas. Los saduceos pertenecen a la clase pudiente y rica, afirman que el hombre fue creado para cumplir la ley y punto. Lo mejor para ellos es alcanzar una buena posición social, comer bien, tener una bella esposa, y vivir del prestigio y del buen nivel porque todo termina con el último respiro, no hay tal resurrección. En franca discusión y diatriba, ambos bandos se presentan ante Jesús con la historia consabida de la mujer matamaridos. En el caso de 7 hermanos casados con la misma esposa, ¿de quién sería ella en el paraíso? Los saduceos se frotan las manos de contento por el hallazgo de un caso que probaría lo absurdo de la resurrección. Jesús cita la ley del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Si es Dios de los padres fundadores de Israel, es Dios de vivos y no de muertos. La autoridad misma del Maestro no da lugar a dudas ni mayores elucubraciones. A la luz de la eternidad, el tiempo del hombre es una brizna. Triunfa, sin duda, quien mira y programa su tiempo en función de la eternidad, quien vive aquí con la mira allá, quien deja la marca del alma en el pellejo de un cuerpo perecedero. Después de todo, quien cree en Jesús, aunque muera, vivirá para siempre. Es tiempo de abrir los ojos detrás de la cortina, es tiempo de levantar los talones, es tiempo de resucitar. 
 
ORATIO: Gracias, Señor, por lo pequeño de mi tiempo y lo inmenso de mi destino. Me llamaste a la vida en un mundo portentoso, lleno de alegrías y de tareas. Y pusiste en mis miembros frágiles y corruptibles, la semilla de la eternidad, prenda de la resurrección y del paraíso. Gracias, Dios mío por el don de la fe que me permite ver desde ahora las realidades que me esperan contigo para siempre.
 
CONTEMPLATIO:  Levantar los talonesImage and video hosting by TinyPic

ACTIO: Ejercicio de trascendencia. Hay en la vida muchas semillas de resurrección y de eternidad. La fe en la Palabra de Dios que revela para mí el panorama de la salvación en la vida eterna. Los consejos evangélicos del Cristo obediente, casto y pobre que anticipa los bienes futuros. La vida de gracia que permite ya desde ahora rasgar el más allá y participar de la vida misma de Dios. La contemplación de la resurrección de Jesús, como garantía y esperanza cierta del verdadero destino del hombre. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Con motivo de la clausura del Año de la Fe

Ciudad de México (Viernes, 22-11-2013, Gaudium Press) Con motivo de la clausura del Año de la Fe  y al conmemorarse 100 años de la consagración de los mexicanos al Sacratísimo Corazón de Cristo Rey, el Arzobispo y Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera renovará este acontecimiento en un acto que ocurrirá en el Santuario de la Virgen de Guadalupe.

Como un gesto simbólico de este acontecimiento, el purpurado mexicano presidirá este sábado 23, a las 16:00 horas, la coronación del monumento a Cristo Rey construido en el Santuario mariano, como un legado de paz, amor y esperanza para el pueblo mexicano y las futuras generaciones, según notició el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME).

"El Cardenal Norberto Rivera Carrera invita a todo el presbiterio y laicos de la Arquidiócesis de México para que asistan a la renovación de la consagración mexicana al Sagrado Corazón de Cristo Rey, y pedir especialmente por las familias", dice nota de prensa de SIAME.

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El monumento fue esculpido en bronce por el maestro Pancho Cárdenas, quien se inspiró en la imagen del mosaico que regaló a México el Papa Emérito Benedicto XVI en su última visita al país latinoamericano / Foto: Diario Portal.

Como parte de las actividades que tendrán lugar este día, previo a la coronación, se realizarán las conferencias "El reinado de Jesucristo en la tierra", que ofrecerá Mariano Restrepo, y "La Real Presencia de Jesucristo en la Eucaristía", de parte del doctor Ricardo Castañón. También habrá una presentación musical con el coro de San Agustín de Polanco y la agrupación ‘Prey'.

Tras la coronación, igualmente habrá una procesión con una réplica de la corona que impondrá el Cardenal mexicano al venerado monumento, para luego pronunciar la consagración y el juramento de fidelidad al Sagrado Corazón de Cristo Rey en 1924. Estos acontecimientos tendrán lugar en el atrio del Santuario mariano.

Se espera que el Santo Padre Francisco dirija un mensaje al pueblo mexicano con ocasión del centenario y la renovación de la consagración.

La Consagración de 1914

La primera consagración al Corazón de Cristo Rey ocurrió el 11 de enero de 1914 durante una Santa Misa que presidió el entonces Arzobispo de México en la Catedral Metropolitana, quien depositó a los pies de la imagen las insignias reales. Esta consagración se realizó con la fórmula del Papa León XIII, renovándose con una forma especial en 1924 cuando México acogió el Congreso Eucarístico.

El monumento con el que se recordarán estos 100 años fue esculpido en bronce por el maestro Pancho Cárdenas, quien se inspiró en la imagen del mosaico que regaló a México el Papa Emérito Benedicto XVI en su última visita al país latinoamericano.

La obra, que tiene a Jesucristo de cuerpo entero, mide 6 metros de alto y se sostiene de pie sobre un mundo de 3 metros de diámetros. La imagen expone el Sagrado Corazón de Jesús, sostiene en su mano izquierda un cetro y bendice con la derecha.



Se autoriza su publicación desde que cite la fuente. 

La figura de Maria

La figura de María, "el ícono más expresivo de la esperanza cristiana", fue central en la meditación dictada por el Papa Francisco en la visita que este jueves realizó al Monasterio de San Antonio Abad de las Monjas benedictinas camaldulenses en el Aventino, con ocasión de la Jornada por la Vida Contemplativa y del Año de la Fe, que termina el domingo próximo.

"No sabemos esperar el mañana de Dios, queremos el hoy, no como María, para la cual el mañana de Dios es el hoy", aseguró el Santo Padre.

Con las 21 monjas de la comunidad, el Papa ha celebrado las Vísperas según la regla camaldulense: se rezó, entre otras intenciones, por las víctimas de los desastres naturales de Filipinas y de Cerdeña, así como por los cristianos perseguidos en tantas partes del mundo.

"Preguntaos: ¿Por qué?"
De la tragedia de Filipinas, el Papa había hablado un poco antes de dejar el Vaticano, cuando se encontró en la basílica de San Pedro a un grupo de filipinos. "En estos momentos de tanto sufrimiento no se cansen de decir. ¿Por qué? Como los niños... Y así elevaréis los ojos hacia nuestro Padre sobre vuestro pueblo, atraeréis la ternura del papá del cielo sobre ustedes. Como cuando un niño dice y pregunta: ¿por qué?, ¿por qué?".

Durante la visita del Papa a las monjas benedictinas, la atmósfera espiritual fue muy intensa. Las religiosas, envueltas en sus hábitos blancos, entonaron cantos alrededor del Papa.

El total confiar de María
El Pontífice habló de María, la vida de la cual es un total confiar desde la anunciación del Ángel. "La vemos, cuando Aquel que fue anunciado como Mesías nace en la pobreza... luego en la profecía de la espada que le traspasaría el corazón... y, sobre todo, en el Gólgota. María es la mujer del dolor", afirmó el Papa.

El Papa explicó así su constante confianza en Dios: "Todo parece terminado, hubiese podido decirle a las prome sas de la anunciación: fui engañada". Pero su fe no vacila, "sobre esta fe ve apoyado el futuro, sabe esperar el mañana de Dios. Para ella el mañana de Dios es el hoy".

"La única lámpara encendida en el sepulcro es la lámpara de la Madre". "Me pregunto- agrega- si en los monasterios, ¿está encendida aún esta lámpara?, si en los monasterios, ¿se espera el mañana de Dios?"

"Debemos mucho- fue la conclusión del Papa- a esta Madre de esperanza, que nos sostiene en los momentos oscuros, de dificultad, de aparente derrota, de derrotas humanas".

jueves, 21 de noviembre de 2013

“Con la ‘oración del por qué',

“Con la ‘oración del por qué', sin pedir explicación, pedir que nuestro Padre nos mire”, el Papa a los filipinos de Roma
(RV).- (Con audio) La tarde del jueves 21 de noviembre el Papa Francisco encontró en la basílica vaticana a la numerosa Comunidad filipina de Roma con ocasión de la bendición del mosaico que representa a San Pedro Calungsod (1654-1672), catequista católico filipino, mártir, proclamado santo por Benedicto XVI el 21 de octubre de 2012. Luego de la ceremonia de bendición de la imagen del mártir filipino, se llevó a cabo una Celebración eucarística presidida por el Cardenal Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila. 

El Obispo de Roma dirigió a los filipinos residentes en esta ciudad unas breves pero sentidas palabras recordando con emoción la catástrofe natural que ha devastado el centro de Filipinas, donde el tifón Haiyan ha ocasionado casi 5 mil muertos y millonarios daños materiales. “¿Por qué suceden estas cosas? No se puede explicar. Hay muchas cosas que nosotros no podemos entender”, reflexionó Francisco, invitando a todos: “en estos momentos de tantos sufrimientos no se cansen de decir: ‘¿Por qué?’, como los niños. Y así atraerán los ojos de nuestro Padre sobre su pueblo, atraerán la ternura del Papá del cielo sobre ustedes.”


Palabras del Papa Francisco a la Comunidad filipina en Roma: (audio) 

Agradezco a mi hermano, el Cardenal Tagle por la palabra llena de fe, llena de dolor, y llena de esperanza. En estos días, también yo estuve muy cercano a su pueblo, y he sentido que la prueba era fuerte, ¡demasiado fuerte! ¡Pero también sentí que el pueblo era fuerte! Aquello que dijo el Cardenal es verdad: la fe surge de las ruinas. La solidaridad de todos en el momento de la prueba. ¿Por qué suceden estas cosas? No se puede explicar. Hay tantas cosas que nosotros no podemos entender. Cuando los niños comienzan a crecer no entienden las cosas y comienzan a hacer preguntas al papá o a la mamá: “Papá, ¿Por qué…? ¿Por qué..? ¿Por qué…”. Los psicólogos lo llaman la edad de los “por qué”, la edad de los “por qué”, porque el niño no entiende… Pero si nosotros estamos atentos, veremos que el niño no espera la respuesta de su papá o de su mamá: otro porqué y otro porqué… el niño necesita en aquella inseguridad que su papá y su mamá lo miren. Necesita los ojos de sus padres, necesita el corazón de sus padres. En estos momentos de tantos sufrimientos no se cansen de decir: “¿Por qué?”, como los niños. Y así atraerán los ojos de nuestro Padre sobre su pueblo, atraerán la ternura del Papá del cielo sobre ustedes. Como hace el niño cuando pregunta: “¿Por qué…? ¿Por qué..?”. En estos momentos de dolor, esta fuerza sea la oración más útil: la oración del por qué. Pero sin pedir explicación, solamente pedir que nuestro Padre nos mire. También yo los acompaño a ustedes, con esta “oración del por qué”.