jueves, 19 de febrero de 2015

Lectura Patristica

Lectura Patrística
Purificación espiritual por el ayuno y la misericordia

San León Magno
(Sermón 6 sobre la Cuaresma, 1-2: PL 54,285-287)
Siempre, hermanos, la misericordia del Señor llena la tierra, y la misma creación natural es para cada fiel verdadero adoctrinamiento que le lleva a la adoración de Dios, ya que el cielo y la tierra, el mar y cuanto en ellos hay, manifiestan la bondad y omnipotencia de su autor, y la admirable belleza de todos los elementos que le sirven está pidiendo a la creatura inteligente una acción de gracias. 
Pero cuando se avecinan estos días, consagrados más especialmente a los misterios de la redención de la humanidad, estos días que preceden a la fiesta pascual, se nos exige con más urgencia una preparación y una purificación del espíritu. 
Porque es propio de la festividad pascual que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, no sólo aquellos que nacen en el sagrado bautismo, sino también aquellos que desde hace tiempo se cuentan ya en el numero de los hijos adoptivos. 
Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, hay que insistir ante todo para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. 
Por ello en estos días hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que todos los cristianos deberían realizar en todo tiempo; así viviremos, en santos ayunos, esta Cuaresma de institución apostólica, y precisamente no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros propios vicios. 
Y no hay cosa más útil que unir los ayunos santos y razonables con la limosna, que, bajo la única denominación de misericordia, contiene muchas y laudables acciones de piedad, de modo que, aun en medio de situaciones de fortuna desiguales, puedan ser iguales las disposiciones de ánimo de todos los fieles. 
Porque el amor, que debemos tanto a Dios como a los hombres, no debe verse nunca impedido hasta tal punto que no podamos realizar libremente lo que es bueno ante Dios y ante nuestros hermanos. Pues de acuerdo con lo que cantaron los ángeles: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor, el que se compadece caritativamente de quienes sufren cualquier calamidad, no sólo es bienaventurado en virtud de su benevolencia, sino por el bien de la paz. 
Las realizaciones del amor pueden ser muy diversas y, así, en razón de esta misma diversidad, todos los buenos cristianos pueden ejercitarse en ellas, no sólo los ricos y pudientes, sino incluso los de posición media y aun los pobres; de este modo, quienes son desiguales por su capacidad de hacer limosna son semejantes en el amor y afecto con que la hacen.
R/. El tiempo del ayuno nos ha abierto las puertas del paraíso, recibámoslo con buena voluntad y seamos constantes en la oración. Para que en el día de la resurrección nos gloriemos con el Señor.
V/. Continuamente demos pruebas de que somos servidores de Dios.
R/. Para que en el día de la resurrección nos gloriemos con el Señor.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Convertíos

Lectura Patrística
Convertíos

San Clemente Romano
Carta a los Corintios 7,4-8,3; 8,5-9; 13,1-4; 19,2
Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios, su Padre, pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la penitencia para todo el mundo. 
Recorramos todas las generaciones y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, concedió un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a él. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido. 
De la penitencia hablaron, inspirados por el Espíritu Santo, los que fueron ministros de la gracia de Dios. Y el mismo Señor de todas las cosas habló también con juramento de la penitencia, diciendo: Por mi vida, oráculo del Señor, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta; y añade aquella hermosa sentencia: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo: «Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como púrpura y rojos como escarlata, si os convertís a mí de todo corazón y decís: «Padre», os escucharé como a mi pueblo santo». 
Queriendo, pues, el Señor que todos los que él ama tengan parte en la penitencia, lo confirmó así con su omnipotente voluntad. 
Obedezcamos, por tanto, a su magnífico y glorioso designio, e implorando con súplicas su misericordia y benignidad, recurramos a su misericordia y convirtámonos, dejadas a un lado las vanas obras, las contiendas y la envidia que conduce a la muerte. 
Seamos, pues, humildes, hermanos, y deponiendo toda jactancia, ostentación, insensatez y los arrebatos de la ira, cumplamos lo que está escrito, pues lo dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza; el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, para buscarle a él y practicar el derecho y la justicia; especialmente si tenemos presentes las palabras del Señor Jesús, aquellas que pronuncio para enseñarnos la benignidad y la longanimidad. 
Dijo, en efecto: Sed misericordiosos, y alcanzaréis misericordia; perdonad, y se os perdonará; como vosotros hagáis, así se os hará a vosotros; dad, y se os dará; no juzguéis, y no os juzgaráncomo usareis la benignidad, así la usarán como vosotros; la medida que uséis la usarán con vosotros. 
Que estos mandamientos y estos preceptos nos comuniquen firmeza para poder caminar, con toda humildad, en la obediencia de sus santos consejos. Pues dice la Escritura santa: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido, que se estremece ante mis palabras. 
Como quiera, pues, que hemos participado de tantos, tan grandes y tan ilustres hechos, emprendamos otra vez la carrera hacia la meta de paz que nos fue anunciada desde el principio y fijemos nuestra mirada en el Padre y Creador del universo, acogiéndonos a los magníficos y sobreabundantes dones y beneficios de su paz.
R/. Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad. Porque es comprensivo y misericordioso, se arrepiente de las amenazas, el Señor, nuestro Dios.
V/. El Señor no quiere la muerte del pecador, sino que cambie de conducta y viva.
R/. Porque es comprensivo y misericordioso, se arrepiente de las amenazas, el Señor, nuestro Dios.

sábado, 14 de febrero de 2015

Oración de los novios.

Oración de los novios
 
Dios Padre, fuente de Amor,
Abre nuestros corazones y nuestras mentes
para reconocer en ti el origen y la meta de nuestro camino de novios.
 
Jesús Cristo, esposo amado,
enséñanos la vida de la fidelidad y del respeto,
muéstranos la verdad de nuestros afectos,
haznos disponibles al don de la vida.
 
Espíritu Santo, fuego del amor,
enciende en nosotros la pasión para el Reino,
la valentía de asumir decisiones grandes y responsables,
la sabiduría de la ternura y del perdón.
 
Dios, Trinidad del Amor,
guía nuestros pasos,
Amen
 
Encuentro con Papa Francisco en Plaza de San Pedro, 14 de febrero 2014, San Valentín

martes, 3 de febrero de 2015

La Oración

(RV).- La contemplación cotidiana del Evangelio nos ayuda a tener la verdadera esperanza. Es cuanto subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, la primera del mes de febrero.

El Pontífice exhortó nuevamente a los fieles a leer el Evangelio cada día, al menos durante diez minutos, para dialogar con el Señor, en lugar de perder tiempo mirando una telenovela o escuchando los chismes del vecino.

¿Cuál es el centro de la esperanza?, se preguntó Francisco. Tener “fija la mirada sobre Jesús”, fue su respuesta. El Santo Padre desarrolló su homilía a partir del pasaje de la Carta a los Hebreos que se detiene precisamente sobre la esperanza.

Y subrayó que sin escuchar al Señor tal vez podamos igualmente “tener optimismo y ser positivos”, pero la esperanza “se aprende mirando a Jesús”.

Refiriéndose a la oración “de contemplación”, el Pontífice observó que “es bueno rezar el Rosario todos los días”, hablar “con el Señor, cuando tengo una dificultad, o con la Virgen o con los Santos...”. Pero – añadió  – es importante realizar la “oración de contemplación” y ésta sólo se puede hacer “con el Evangelio en la mano”:

“¿Cómo realizo la contemplación con el Evangelio de hoy? Veo que Jesús estaba en medio de la muchedumbre, que en torno a él había mucha gente. Cinco veces dice este pasaje la palabra ‘muchedumbre’. Pero yo puedo pensar: ¿Jesús, no descansaba?… Siempre con la muchedumbre. Pero la mayor parte de la vida de Jesús la ha pasado en la calle, con la muchedumbre. ¿Pero no descansaba?; Sí, una vez: dice el Evangelio, que dormía en la barca. Pero llegó la tempestad y los discípulos lo despertaron. Jesús estaba continuamente entre la gente. Y se mira a Jesús así, contemplo a Jesús así, me imagino a Jesús así. Y le digo a Jesús lo que me viene a la mente”.

El Papa también dijo comentando el Evangelio del día que Jesús se da cuenta de que había una mujer enferma en medio de aquella muchedumbre que lo toca. Jesús – explicó Francisco –  “no sólo entiende a la muchedumbre, siente a la muchedumbre”, “siente el latido del corazón de cada uno de nosotros, de cada uno.

¡Siempre se ocupa de todos y de cada uno!” Lo mismo sucede –  añadió –  cuando el jefe de la sinagoga va “a contarle de su hijita enferma gravemente: y Él deja todo y se ocupa de esto”.

El Santo Padre continuó imaginando cuanto sucedió en aquellos momentos: Jesús llega a esa casa, las mujeres lloran porque la niña ha muerto, pero el Señor les dice que estén tranquilas y la gente se burla de él. Aquí – dijo el Papa – se ve “la paciencia de Jesús”. Y después de la resurrección de la niña, en lugar de decirles “¡Fuerza Dios!”, les dice: “Por favor denle de comer”. “Jesús  – notó el Pontífice – tiene siempre pequeños detalles”.

“Lo que yo he hecho con este Evangelio – dijo también Francisco – es precisamente la oración de contemplación: tomar el Evangelio, leer e imaginarme en la escena, imaginarme qué cosa sucede y hablar con Jesús, como me viene del corazón.

“Y con esto nosotros hacemos crecer la esperanza, porque tenemos fija la mirada sobre Jesús. Hagan esta oración de contemplación. ‘¡Pero tengo tanto que hacer!’; ‘pero en tu casa, 15 minutos, toma el Evangelio, un pasaje pequeño, imagina qué cosa ha sucedido y habla con Jesús de aquello. Así tu mirada estará fija sobre Jesús, y no tanto sobre la telenovela, por ejemplo; tu oído estará fijo sobre las palabras de Jesús, y no tanto sobre las charlas del vecino, de la vecina…”.

“Y así  – reafirmó el Papa – la oración de contemplación nos ayuda en la esperanza. Vivir de la sustancia del Evangelio. ¡Rezar siempre!”.

Francisco invitó a “rezar las oraciones, a rezar el Rosario, a hablar con el Señor, pero también a hacer esta oración de contemplación para tener nuestra mirada fija sobre Jesús”. De esta oración –  añadió – “viene la esperanza”. Y así “nuestra vida cristiana se mueve en ese marco, entre memoria y esperanza”:

“Memoria de todo el camino pasado, memoria de tantas gracias recibidas por el Señor; y esperanza, mirando al Señor, que es el único que puede darme la esperanza. Y para mirar al Señor, para conocer al Señor tomemos el Evangelio y hagamos esta oración de contemplación. Hoy, por ejemplo, aparten diez minutos, no más de quince, lean el Evangelio, imaginen y digan algo a Jesús. Y nada más. Y así su conocimiento de Jesús será más grande y su esperanza crecerá. No se olviden, teniendo fija la mirada sobre Jesús. Y para esto la oración de contemplación”.

sábado, 31 de enero de 2015

Trabajé siempre con amor

Lectura Patrística
Trabajé siempre con amor

San Juan Bosco, presbítero
De las cartas (Epistolario, Turín 1959, 4, 201-203)
Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene, ante todo, que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana. 
¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar; amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez. 
Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia los llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor. 
Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor. 
Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor. 
Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón. 
Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente. 
Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como nos conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos. 
En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.
R/. Acercaban niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.»
V/. El que acoge un niño en mi nombre me acoge a mí.
R/. «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.»

miércoles, 28 de enero de 2015

El papa Francisco: “La ausencia de la figura paterna produce lagunas y heridas graves en los hijos”


dios-padre

En nuestra reflexión sobre la familia, hoy nos centramos sobre la palabra padre. Padre es una palabra universal, conocida por todos, que indica una relación fundamental cuya realidad es tan antigua como la historia del hombre. Es la palabra con la que Jesús nos ha enseñado a llamar a Dios, dándole un nuevo y profundo sentido, revelándonos, así, el misterio de la intimidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es el centro de nuestra fe cristiana.

En nuestros días, se ha llegado a hablar de una “sociedad sin padres”. La ausencia de la figura es entendida como una liberación, sobre todo cuando el padre es percibido como la autoridad cruel que coarta la libertad de los hijos, o cuando éstos se sienten desatendidos por unos padres centrados únicamente en sus problemas, en su trabajo, o en su propia realización personal o caracterizados por su marcada ausencia del hogar. Todo esto crea una situación de orfandad en los niños y jóvenes de hoy, que viven desorientados sin el buen ejemplo o la guía prudente de un padre. Todas las comunidades cristianas y la comunidad civil deben estar atentas a la ausencia de la figura paterna, pues ésta deja lagunas y heridas en la educación de los jóvenes. Sin guías de los que fiarse, los jóvenes pueden llenarse de ídolos que terminan robándoles el corazón, la ilusión y las auténticas riquezas.

martes, 27 de enero de 2015

Mi querida Misa

Mi querida Misa… (La belleza de la Eucaristía y del domingo)
Misa
Libro con la explicación catequética y motivación para asistir a Misa. Dirigido a adolescentes que se preparan para la primera comunión, padres de familia y padrinos.


Por: Llucià Pou Sabaté, sacerdote | Fuente: Catholic.net



 

 


Agradecimientos:
Agradezco a Enrique Cases, Joaquín Monrós, Pilar V. Padial y Cristina Moreno Alconchel su ayuda en la corrección del texto.

Juan Pablo II, al trazar el programa del Nuevo Milenio, pedía dar “un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana... No sabemos qué acontecimientos nos reservará el milenio que está comenzando”, pero “en las manos de Cristo… cada domingo, la Iglesia seguirá indicando a cada generación «lo que constituye el eje central de la historia». Por tanto, quisiera insistir… para que la participación en la Eucaristía sea, para cada bautizado, el centro del domingo”. De la mano de este santo Papa y de san Josemaría Escrivá, quien vivía su día centrado en la Misa nos animamos a entrar en este misterio para vivir mejor centrados en Jesús como nuestro modelo. Si queréis ayudarme a mejorar el texto, hacer sugerencias, etc., me tenéis en llucia.pou@gmail.com.

Tomé fotos de uso público la red -si hay que pedir permiso con mucho gusto lo haré o las cambiaré-, alguna muy conocida como la del Padre recibiendo a Jesús del Greco o la Santa Cena de Dalí, otros autores me son desconocidos.


Quería dedicar estas páginas a la Virgen, la Mujer eucarística, y a la Iglesia y a todas las personas que nos rodean y nos ayudan a entrar en el misterio de la Misa, esos santos que nos encontramos día a día; a quienes nos han enseñado la piedad desde pequeños, y en primer lugar a mi madre.

Llucià Pou Sabaté, sacerdote, Granada, 1 de Septiembre de 2009 - Año de oración por los sacerdotes-, 18º aniversario de mi ordenación sacerdotal de manos del Siervo de Dios Álvaro del Portillo, mi Prelado del Opus Dei.


ÍNDICE


1 Sentido de la Misa del domingo………………… p. 4

2 La Misa, misterio de fe y amor………………… p. 14

3 ¿Qué es la Misa?............................................ p. 18

Catequesis de la Misa:
Explicación de sus partes………………………… p. 28

5 Conclusión: Cómo vivir mejor la Misa…….. p. 40

Bibliografía………………………………………………………. P. 47


Descarga el libro completo: Da click aquí

Recomendamos: 

La Misa, misterio de fe y amor: La Iglesia es la familia de los hijos de Dios, extendida por todo el mundo, y esta familia tiene un hogar en el que se reúnen todos. 

La misa. El sacrificio del Altar: Jesús baja a la tierra, obedeciendo las palabras de un humilde sacerdote. Y lo mismo sucede en las grandes catedrales como en las humildes Iglesias.

"Santificarás los domingos y las fiestas":El domingo, es el día de la alegría, el día del amor. Por eso hay que santificarlo, de manera especial.